Durante más de un siglo las Islas Británicas fueron terreno vedado a los entrenadores continentales. Como si el conocimiento, el desarrollo y la esencia del juego solo pudieran transmitirse de generación en generación entre aquellos que allá por mediados del siglo XIX reglamentaron el juego de la pelota. La puerta comenzó a abrirse a partir de 1992. Lo que aparentemente fue un simple cambio de nombre con el nacimiento de la Premier League, supuso un aperturismo total no solo en el aspecto global del negocio, también del juego. A través del Canal de la Mancha empezaron a fluir las ideas y los técnicos. Hoy en día, en la liga inglesa están los mejores entrenadores del mundo pero curiosamente ningún inglés ha vuelto a levantar el título desde aquel lejano 1992.

Escoceses e ingleses se repartieron los trofeos entre 1889 y 1997. En ese tiempo relucen nombres como los de Bob Paisley y sus 6 títulos con el Liverpool, los mismos que George Ramsey con el Aston Villa. Uno menos consiguió Sir Matt Busby con el United y en cuatro se quedó el gran Herbert Chapman entre Huddersfield y Arsenal. Cuatro alcanzó también Kenny King Dalglish, tres con su Liverpool y uno con el sorprendente Blackburn Rovers. Precisamente fue Dalglish el último en levantar una liga para los reds allá por 1990, ahora tres décadas después ha tenido que llegar un alemán a Anfield para acabar con esa sequía. En la era Premier fue otro escocés el único capaz de mantener el orgullo de la Pérfida Albión a flote. Sir Alex Ferguson y sus 13 Premier Leagues suponen un récord hoy por hoy inalcanzable. De hecho desde su retirada en 2013, ningún otro técnico nacido en las Islas ha conseguido levantar el título.

Howard Wilkinson, el último mohicano

Como si de El último mohicano se tratara (película estrenada, por cierto, en 1992), hay que rebuscar en la historia del campeonato inglés para encontrar al último de su estirpe. Howard Wilkinson había llegado a Elland Road a finales de 1988, cuando el Leeds United vivía una seria crisis deportiva y navegaba por mitad de la tabla en la segunda división inglesa. Su llegada supuso un revulsivo para el equipo aunque terminó en décima posición esa temporada 1988/89, lejos de los puestos de ascenso. La incorporación del veterano Gordon Strachan en el centro del campo dio el salto necesario al equipo para asaltar el ascenso. Algo que el Leeds consiguió solo año y medio después de la llegada de Wilkinson al banquillo proclamándose campeón de la Second Division en 1990.

Tras el ascenso a la First Division se fichó a Gary McAllister, quien se convirtió en el creador del juego del Leeds. Un juego que ganaba en dinamismo y verticalidad con la savia nueva que aportaban canteranos como Gary Speed. Otros como David Batty eran los encargados de guardarles la espalda. Wilkinson y los suyos terminaron en una sorprendente cuarta posición en su vuelta a la élite. “Nunca les hablé a los chicos acerca de ganar esto o de ganar lo otro. Nunca estuvo en nuestros pensamientos, pero yo como entrenador sí me daba cuenta de lo lejos que podía llevar a ese equipo”, confesaba el técnico.

Eric Cantona tenía 25 años cuando llegó a Leeds. Allí demostró su genio en todos los sentidos. CordonPress.

El asalto al título llegó en la siguiente temporada. Cuando a la columna vertebral formada por Lukic (portero), Fairclough (Central), McAllister (mediocentro) y el veterano Strachan (interior) se unió un genio incorregible: Eric Cantona. The King llegó en el mercado de invierno, en los primeros días de 1992. Tenía 25 años y ya había sido sancionado en su país con dos meses de suspensión tras pegar un pelotazo a un árbitro. Cantona probó primero con el Sheffield Wednesday, pero no terminó de convencer al entonces técnico de Los Búhos, Trevor Francis, quien pensaba que era un jugador demasiado caro. De todo aquello se enteró Howard Wilkinson, que se lanzó a por el delantero galo. Después de pagar 900.000 libras, Eric aterrizó en Elland Road.

Su aportación en goles no fue tan abrumadora como se pudiera pensar. Cantona jugó ocho partidos en aquel campeonato, anotó tres goles y dio una asistencia en Liga. Pero su compenetración con el resto de compañeros resultó fundamental para entender el salto de calidad que dio el equipo. Todos parecían mejor con Eric al lado, desde el delantero tanque Lee Chapman, al extremo Gary Speed o el propio McAllister. Y el Leeds volvió a conquistar Inglaterra 26 años después. Wilkinson y sus pupilos apenas perdieron cuatro partidos (en una Liga de 22), fueron el segundo equipo más goleador (74 goles) y superaron al Manchester United por cuatro puntos. Ese será el destino de Cantona apenas seis meses después para cambiar definitivamente la historia del fútbol inglés de la mano de Sir Alex Ferguson.

“Para mí, lo más memorable de esa temporada fue la recepción al final de la misma. Cuando nos subimos al autobús descapotable. No lo puedes comprender hasta que no lo has visto una vez, lo importante que puede ser eso para una ciudad. La ventaja que tiene Leeds es que es una ciudad de un único club, eso es una gran ventaja. Tener una ciudad detrás de ti es una gran ayuda”, rememoraba Howard Wilkinson en el 20 aniversario de la conquista de la última First División de la historia.

Premier League: ejemplo de globalidad

El remodelado campeonato inglés dio el pistoletazo de salida en medio del Annus Horribilis de la Reina Isabel II, tal y como declaró la soberana después de varios escándalos que habían golpeado a la familia real británica. Mientras tanto los aficionados al balompié abrieron el curso futbolístico con una espectacular Charity Shield (supercopa inglesa) que supuso la coronación definitiva de Eric Cantona. El encuentro entre el Liverpool y el Leeds terminó con un ajustado 4-3 en el que los hombres de Wilkinson se impusieron gracias a un hat-trick del atacante galo. Para entonces Eric se había dado cuenta de que el Leeds se le empezaba a quedar pequeño y la relación con el técnico empeoró. En octubre dio otro volantazo a su carrera para poner rumbo a Old Trafford. Un teatro donde seguir cumpliendo sueños.

En noviembre de 1992 Eric Cantona es presentado como nuevo jugador del Manchester United. CordonPress.

Esa temporada, la 92-93, los 22 entrenadores de la Premier son originarios de las Islas Británicas. Hay una mayoría de ingleses (16), seguida de escoceses (4). Incluso Gales y la República de Irlanda están representados en los banquillos con un miembro cada uno. Pero la nueva era del fútbol inglés tiene un dominador claro. Alex Ferguson y su Manchester United gobiernan con puño de hiero la década de los 90 con seis títulos. La Clase del 92 combina a la perfección con el genio de Cantona para abrir una nueva era. Solo el Blackburn Rovers de Dalglish y el Arsenal de un revolucionario Arsène Wenger son capaces de arrebatarles un par de Ligas en esa década.

Precisamente Wenger y su Arsenal ejemplifican esos nuevos vientos que corren en el fútbol inglés. Su éxito intenta imitarse desde otras latitudes, como en Liverpool, donde también llega un compatriota suyo, Gerard Houllier. Casi por primera vez en su historia el football mira al continente para ampliar sus horizontes. Al Liverpool se le resistirá la gloria doméstica pero volverá a sentirse importante en Europa con la Copa de la UEFA de 2001, para desgracia de nuestro Alavés. Esa apertura de ventanas con las que el añejo fútbol británico intenta airearse para dejar atrás el canónico Kick and Rush tendrá cada vez más adeptos y más ramificaciones. El Catenaccio también salta el Canal de la Mancha. Lo hace a través de Claudio Ranieri y su Chelsea. Esa semilla germinará en las siguientes décadas en este opulento barrio de Londres, donde el contragolpe y las defensas pétreas siempre serán admiradas. La vía ibérica es abierta por José Mourinho. Su Chelsea pondrá fin al duopolio que hasta entonces tenían United y Arsenal. Sus dos títulos consecutivos de Premier lo encumbran como el entrenador revelación del momento después de haber conquistado Europa con el Oporto. El viejo continente, sin embargo, se le resistirá siempre desde el banquillo de Londres.

El Liverpool, deseoso de recuperar el cetro inglés, ahondará en la vía ibérica con la contratación de Rafa Benítez, un Mourinho a la española (futbolísticamente hablando). Rafa no conseguirá la Premier pero sí que devolverá la gloria europea a los reds. Además de la inolvidable final de 2005, el Liverpool pierde la del 2007, hazañas más que suficientes para que Benítez se convirtiera en uno de los mitos de Anfield. Esa época coincide con los años de esplendor del United en Inglaterra, ahora con un nuevo 7, Cristiano Ronaldo, Ferguson sigue engrosando su palmarés. La réplica a los red devils vendrá nuevamente desde Chelsea. En 2010 otro italiano, Carlo Ancelotti levanta la Premier para los blues en un equipo convertido en una torre de babel. Solo Lampard y Terry aportan la cuota british a la escuadra de Ancelotti. Ambos jugadores serán protagonistas cuando el Chelsea consiga su mayor hito deportivo, la Champions League de 2012. Entonces otro italiano que llegó como apagafuegos completa el milagro. ¿Se acuerdan de Roberto Di Matteo?

Para entonces la tendencia ha empezado a inclinarse en Manchester. El ruidoso vecino es algo más que eso en los últimos coletazos de Ferguson al frente del United. El City de Roberto Mancini con los jeques ya invirtiendo millones a chorros consigue alzarse con la Premier League en un dramático final de temporada. Dos años después, en la temporada 2013/14, los citizens repiten título. Aunque este es si cabe más histórico. Al frente del equipo está un chileno, un tal Manuel Pellegrini, que se convierte en el primer entrenador nacido en el continente americano que conquista la liga inglesa. Desconocemos si fue aquel título lo que motivó la vuelta de Mourinho a Stamford Brigde, pero el portugués volvió a Londres para levantar otra Premier (su tercera), tras su tumultuoso paso por el Real Madrid. Un año después la Premier vivió la mayor sorpresa del mundo del fútbol desde que Grecia se impusiera en la Eurocopa 2004. Ranieri y su Leicester dieron lustre a esa expresión tan británica, underdog (en deportes o en política se designa así los candidatos o equipos que tienen mínimas opciones de ganar), para hacernos creer en imposibles.

Jurgen Klopp y Pep Guardiola han mantenido una vibrante pelea en las últimas dos Premier League. CordonPress.

La Premier está ya dominada por los entrenadores extranjeros. El capital foráneo y los ingresos de televisión han abierto definitivamente los horizontes y después de que los conjuntos ingleses hayan perdido peso en la Champions, los propietarios se vuelcan en fichar para los banquillos a los mejores estrategas. La llegada de Klopp (2015), Guardiola (2016) o Conte (2016) dan lustre a unos banquillos donde ya se encuentran los Mauricio Pochettino, Ronald Koeman o el propio Mourinho, ahora en el United. Precisamente es Antonio Conte el que demuestra que la Premier siga hablando italiano al conquistar la edición 2016/17 con su Chelsea. La vía italiana siempre ha dado réditos a los blues. Los siguientes dos campeonatos se los lleva el City de Pep. Guardiola se convierte en el primer técnico español en ganar la Premier y su dominio parece incontestable después de alcanzar los 100 y los 98 puntos respectivamente en esas dos ligas.

En la actual temporada de la Premier League 11 banquillos cuentan con técnicos británicos. Nueve de ellos eran ingleses, pero en la práctica solo el Chelsea de Frank Lampard partía con opciones de poder disputar el título. Aunque ha sido Jurgen Klopp, un alemán, quien ha terminado haciendo historia. Klopp se ha convertido en el primer alemán que levanta el título inglés y su equipo lo ha hecho antes que nadie, con siete jornadas de antelación. En esa lucha por sumar creyentes a su causa, Klopp hizo el viaje a la inversa. Primero conquistó el continente y luego acabó con una sequía histórica. 30 años y una pandemia después el Liverpool levantó la Premier. Un campeonato cada vez más cosmopolita donde otra sequía parece tener peor remedio. A corto plazo solo Lampard podría cortarla, al menos mientras Southgate, el otro gran entrenador inglés de nuevo cuño, siga liderando a los Pross. Hace demasiado tiempo que la Pérfida Albión perdió a sus mejores estrategas, aunque en el fútbol han hecho como en el British Museum: coger lo mejor de cada país y exponerlo en sus banquillos.

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