Sé que no resultaré original si digo que la vida es un rosario de momentos más o menos afortunados, más o menos tristes (pero a veces hay que sacrificar la originalidad en el altar de la verdad). La dicha y el sufrimiento se entremezclan en una macedonia aleatoria y al que le caigan en su plato más porciones de besos, o de risas, o de goles a favor, ya puede alzar los brazos al cielo y agradecer al destino su buena estrella.

Y sí, ya sé que el fútbol, al fin y al cabo, no es tan importante.

Y sí, ya sé que en nuestro bol también hay sollozos, y algún ya no te quiero escondido, y un dolor en la rodilla, todos ellos esperando su turno para colonizar nuestro ánimo.

Ya sé todo eso, pero no me lo recuerden.

Porque también sé que esta noche Cádiz es la ciudad más bonita del mundo, aunque tal vez no lo sea.

Y también sé que el Cádiz es esta noche el mejor equipo del mundo, aunque tal vez no lo sea.

Porque, a veces, la felicidad consiste en engañarse un poquito, solo un poquito. Y habrá que abstraerse de lo casual de nuestro nacimiento, de nuestros afectos, de nuestras camisetas. Y habrá que dejarse abrazar por la fantasía compartida de la pertenencia a una tribu (amarilla y azul), porque a veces es hermoso tener fantasías y compartir sueños con otros miembros de la tribu. Y porque el abrazo cálido de un sueño cumplido abriga y calienta como el regazo de una madre.

Vista desde fuera, la temporada ha sido más plácida de lo que nos ha podido parecer a los hinchas cadistas; es posible que el polvo de la batalla nos haya dificultado la perspectiva en ocasiones, pero el equipo ha estado siempre en puestos de ascenso directo, casi siempre líder, a veces con una ventaja humillante para los rivales. No ha desplegado el equipo gaditano un fútbol vistoso, pero siempre ha tenido la eficacia como santo y seña. El librillo de nuestro míster (creo que ya lo he dicho otras veces) no tiene muchas páginas, pero su redacción es tan clara que no deja lugar a la duda: la lucha no se negocia, lo importante ocurre en las áreas, la calidad puede penalizar. Es Cervera un entrenador tan didáctico (sus ruedas de prensa son lecciones de fútbol) como transparente. Con su ideario llegó, con su ideario ha triunfado. Creo que no hay ni un solo pero que objetar a su trayectoria esta temporada: décimo presupuesto, primera posición. Que venga otro y lo mejore.

La liga no ha terminado, todavía hay equipos que se juegan cosas, pero para serles sincero yo lo veré como el que ve una serie de televisión: con interés, pero sin pasión. Porque mi pasión la reservo para el Cádiz y el Cádiz ya ha conseguido su meta.

Y yo, prudente y timorato, celebraré el ascenso de mi equipo guardando las distancias.

A un poco menos de dos kilómetros de la riada de cánticos amarillos y azules.

A un poco menos de dos metros de mi familia, de mis amigos.

A un poco menos de dos milímetros del recuerdo de mi padre.

Enhorabuena a todos. Nos vemos en unos meses. En Primera.

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