Escribo estas líneas desde mi rincón preferido, desde hace ya bastantes años, para pasar los días de las vacaciones estivales. Todo el año agarrao a las preocupaciones y unos pocos días de asueto. Ese lugar no es otro que Cádiz, al que yo ya estoy cerca de poder llamarle “Cadi” por derecho y tiempo de estancia.

Una tierra que enamora a cualquiera que se deja caer por aquí. Lo tienen todo, y más ahora que han vuelto a Primera División con su equipo de fútbol. Aquí nació el “Hola Fondo Norte, Hola Fondo Sur”, aquí se grabaron las míticas imágenes de los aficionados siguiendo al linier por toda la banda en un partido, aquí jugó al fútbol Don MÁGICO GONZÁLEZ y su corolario Kiko, aquí se inventó el fútbol arte, ese que no entiende de resultados y que se asemeja más a un quite de Rafael de Paula. ¿Ha cortado alguna oreja? Qué oreja ni qué oreja…, ¿has visto las chicuelinas, alma de cántaro?

Por pedir, ya para pasarse todas las pantallas, a Cádiz les faltaría un equipo en la NBA: Los Canijos de Gadir o Los Atunes de la Bahía.

Dentro de esta provincia se dan los contrastes más extremos y son menos de 120.000 habitantes censados en poco más de 12 km2.

Mi lugar en el mundo gaditano es más concretamente Conil de la Frontera. Fue una de las primeras escapadas románticas con mi mujer y siempre nos ha enganchado esta tierra, pese a algunas infidelidades que hemos cometido y que no han hecho más que reafirmarnos en nuestro amor por estos lares.

El carácter de los gaditanos es una mezcla entre la gracia andaluza y la verdad castellana. Te los crees y van de frente, a diferencia de algunos vecinos de comunidad.

Eso que se ha dado en llamar “el arte” de los andaluces se inventó aquí. No se puede tener más gracia, salero y originalidad. Los Carnavales son la punta del iceberg y ese talento que se derrocha a raudales durante algunas semanas de febrero te lo encuentras en cualquier bar, chiringuito, restaurante o parque de Cádiz también el resto del año.

Aquí fue alcalde Fermín Salvochea y Álvarez en el siglo XIX, reconocido seguidor de Bakunin, anarquista declarado, y ha ostentado el bastón de mando muchos años Teófila Martínez, prototipo de rubia megapija popular.

Los contrastes continúan en algunas localidades muy próximas. En Sotogrande puedes comprar chanclas con borlas para navegar en tu goleta, y si te desplazas poco más de una hora te encuentras auténticos hippies en Caños de Meca con coleta y navegando a todas horas. La prueba para saber que son auténticos es que lleven perro y que sea flaco.

En estas tierras se denominaban “tirillas” a los que vivían intramuros y “beduinos” a los de fuera. ¿Son grandes o no?

Las kilométricas playas y el clima son otros puntos a favor. Olas atlánticas y sitio de sobra por un lado y noches por debajo de los 20º por el otro, con poca humedad gracias a los soplidos del Levante que en la canícula se imponen a los del Poniente.

Si nos detenemos en uno de mis temas favoritos (también de Pedro Duque), la gastronomía, Cádiz es otro paraíso. Puedes degustar los famosos langostinos rojiblancos en Sanlúcar de Barrameda. De pie son como yo de altos, por eso los ponen tumbados. En el famoso restaurante que hay en frente del Coto de Doñana y al que no voy a hacer publicidad y del que no voy a decir que se llama El Bigotes, los ponen espectaculares. En este lugar he llegado a pedir otra ración de almejas a la marinera después del postre, por la desazón de no saber cuándo iba a volver y tener oportunidad de degustar otra vez ese manjar de dioses.

Ayer leí en el periódico que Monedero intentó cenar allí y que lo echaron a gritos de “Jarabe democrático”. No voy a decir que esté bien, pero la hipocresía tiene un límite y si tienes unas ideas debes morir con ellas. El “langostinos para mí” y “Renta Mínima Vital” para la plebe no cuela. Con lo cerca que tenía la valla de Melilla para cenar con los represaliados…  Volvemos al “No es lo que hago, es lo que digo” (Ya he encargado camisetas).

¿Qué decir del atún, en todas sus formas…? Pues muy fácil, que está buenísimo. El atún rojo socializa más que Pedro Sánchez y sus bisagras. A la almadraba sólo tiene un pero, y es que hay que pedirlo antes de llevar tres cañas o no te entienden.

El pescaíto frito es otra de las maravillas de esta tierra. Lo he probado en otras ciudades de Andalucía y no es lo mismo que aquí, no sabe igual. Puede ser que no sea neutral, pero como soy yo el que escribe, no hay más que hablar.

La carne de retinto, los mariscos, los chocos, hasta las lechugas saben mejor aquí (me lo han contado de primera mano).

Cádiz no tiene Feria como tal, ya sería abusar, y en esta copla de Paco Alba de la chirigota Los Julianes se entiende el espíritu del gaditano mejor que en siete párrafos en los que yo pueda divagar. Y la pullita al señorito sevillano incorporada, que no falte;

«Hay quien dice que Cádiz no tiene fiestas ni feria que aventaje a otras capitales/ más queremos advertirle al que así desprecia, que qué nos dicen de nuestros festivales/ Ni romerías ni ferias en esta tierra, es verdad que no tienen los gaditanos/ pero que vengan muchos y se den cuenta que Cádiz está de fiesta todo el verano./ Si no es campero es porque es andaluz fino y marinero./ Si no sabe lucir el traje de montar es porque a los de aquí no le sirven caballos para ir a pescar».

Es una provincia que no te la acabas: son infinidad los pueblos con encanto, como Vejer de la Frontera, situado en un alto montañoso y con unas cuestas que replicaron posteriormente y sin pagar royalties en San Francisco. Castellar de la Frontera y su castillo, El Palmar y su famoso atardecer, Tarifa y sus ventoleras, el Puerto de Santa María y su lonja, La Línea de la Concepción, ese territorio por descubrir para Maradona, Algeciras y su afición por el cacao, Zahara de los Atunes con sus mansiones de megarricos empresarios alemanes (el año pasado vi una mansión en obras y había ocho camiones entrando y saliendo)…

Voy a ir acabando, que es la hora del aperitivo y tengo un fino de Jerez listo. Si fuera tonto y gordo me lo bebía igual, la verdad.

En resumen, que me gusta Cadi y sus gentes, y que no faltaré a mi cita anual mientras pueda.

Tengo un amigo, que vio a uno que iba por Cadi con unos zapatos dorados, pantalón de leopardo, camisa verde, corbata lila, chaqueta de cebra, gorro plateao con plumón amarillo chillón y gafas brilli brilli.

Se le acercó y le dijo:

—¡¡¡Adió, Caja fuerte!!!

—Uy, pero… ¿Por qué me dise eso picha?

—¡¡¡Porque la combinación sólo la sabes tú, joputa!!

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