Ángel Cappa: “Simeone no representa la identidad del fútbol argentino” .

Tras escuchar esa frase me vinieron inmediatamente a la mente Carlos Bilardo y César Luis Menotti.

Argentina fue campeona del mundo en el 78. Ganó, pero no enamoró a nadie; es más, hay un partido con Perú de protagonista, que lo oscureció todo. Menotti se había echado a la espalda una gran tarea, algo muchísimo más importante que vencer. Recobrar para los argentinos la memoria.

Menotti fracasó pese a ganar, pues luchaba contra la crisis existencial del fútbol argentino, una crisis que aun hoy persiste. Futbolísticamente intentó modernizar el juego con conceptos en ese momento tremendamente vigentes, y a la vez utilizó palabras como “sentimiento” o “nación” para buscar un nexo que uniese propuestas. Ganó, sí, pero no logró su verdadero objetivo.

Menotti había elegido una idea y creado un equipo ganador que giraba en torno a Kempes y Ardiles. Al aparecer Diego, tuvo que elegir entre una estrella que necesitaba un equipo entorno a él o mantener su idea de equipo. Hizo lo segundo y no acertó. Bilardo optó por lo contrario, por rodear a Maradona de lo que necesitase y, como en el 78, Argentina ganó, pero sin enarmorar. Sí lo hizo Maradona, que se convirtió en un mito futbolístico para el país. Pero con un problema: cuanto más grande se hacía el 10, más pequeña se hacía la selección.

Menotti y Bilardo & Bilardo y Menotti. Dos campeones del mundo, dos escuelas, dos estilos, dos formas diferentes de ver y entender el fútbol, ¿pero alguna de las dos es la esencia del fútbol argentino? Posiblemente ninguna o posiblemente las dos, no seré yo quien desate semejante nudo. La imposible fusión entre las dos escuelas en una sola hace imposible sintetizar menottismo y bilardismo en una sola esencia. Realmente ambas han tenido grandes éxitos y sonadísimos fracasos, hasta el punto de convertirlas en irreconciliables.

Menotti simboliza la lírica, la estética, la defensa del “buen fútbol”, el jugar bien como idea principal. El fútbol, decía Menotti, es espacio, tiempo y engaño. Se puede dominar el espacio con y sin balón, se puede engañar al rival con y sin él,  pero nunca se puede marcar el tiempo de un partido sin la pelota. Bilardo es todo lo contrario. Él aboga por la pierna fuerte, el choque, el combate,  hasta la trampa. Uno, Menotti, defiende el juego por encima del resultado; para Bilardo ganar es lo único que importa, el cómo carece de importancia.

Angel Cappa, que es menottista declarado, cuando dice que “Simeone no representa la identidad del fútbol argentino”, sólo deja ver una realidad. En Argentina llevan más de 40 años polarizados por dos estilos o escuelas que no les deja crecer. Ni Menotti ni Bilardo lograron crear y, sobre todo, definir una identidad futbolística . «Simeone representa al fútbol argentino, pero no la identidad del fútbol argentino. Lo admiro por todo lo que consiguió, pero ese fútbol a mí no me interesa».

Sólo Marcelo Bielsa, y durante un periodo corto de tiempo, logró que en la albiceleste se conjugasen parte de ambas ideas en una sola. Fueron seis años en los que pareció que se estaba creando algo, aunque fue un espejismo. Tras su salida todo volvió a lo de siempre, a los bandazos, a las críticas de unos y otros, de nuevo menottistas y bilardistas tirándose los trastos a la cabeza.

Montescos y Capuletos, aceite y agua. Difícil dar identidad al fútbol de un país cuyo gol más emblemático se metió con la mano.

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