Algún día alguien hará algo. Algún día se escribirán poemas y loas, que es lo que siempre suele hacerse ante lo sublime, pero al mismo tiempo y desgraciadamente a lo que se fue para ya nunca más regresar. La Historia, esa que nunca se equivoca porque termina colocando a cada uno en el lugar que se merece, escribirá su nombre en las puertas de la Gloria con letras de oro, para que no se le olvide nunca a nadie quién fue Karim Benzema, el insigne, cuyo nombre en griego, Koinè, significa “aquel cuyos etéreos movimientos subliman la belleza”

Porque esta es la grandeza del fútbol, que yo volvería a nacer solo por verlo de nuevo volando junto a la línea de fondo, mariposa que carga cañones, frente al Atlético en Champions, durante aquellos siete segundos, aquellos siete sublimes segundos. Sólo está al alcance de los elegidos que siete segundos sean capaces de pagar una entrada sin que el resto importe, sin que nada perdure en nuestra memoria a excepción del tan sublime como efímero instante que Él nos ha regalado y que ha servido para que ese escudo se nos pegue un poco más en el corazón. Siete segundos que te graban en la cara una sonrisa infantil, como aquella que pusiste la primera vez que tu padre te llevó al estadio.

Porque siete segundos también duró ese taconazo frente al Espanyol para regalarle el gol a Casemiro y por eso esos siete segundos valen mucho más que el intercambio de posición del volante de enganche y la subida escalonada de los centrales. Ese taconazo lo es todo. Y aunque en el sutil derechazo de anoche contra el Granada le sobraron tres segundos de los siete, su gol sirvió para dejar al querido Granada en la cuneta y al Coro de Plañideras hecho unos zorros, murmurando, buscando una excusa que jamás van encontrar porque no existe ante una nueva victoria del Madrid en su camino a la gloria.

Quien no aprecie esto no ama el arte por encima de todas las cosas y simplemente mira aburrido partidos de fútbol. Quien no se postre ante algo así, es un simple entendido futbolístico y, para ellos, Él solo será alguien que hace cosas sin sentido y que no vale para partidos grandes. Mirándonos y torciendo un poco la boca, nos dirán que esa suerte es simplemente una  gollería que ha salido bien pero que enmascara el mal fútbol que desarrolla Zidane. Sin embargo, esto va más allá del fútbol, porque esto es belleza en estado puro y ganar un partido con un pase de gol (Juanma dixit) así es mucho mejor que ganarlo por 5-0.

 Y lo peor de todo es que habrá quien diga que el 10 del Barça, que no se cómo se llama ni me importa, es mucho mejor que Él, pero eso no es cierto, porque no hay nadie como Él y nunca jamás lo volverá a haber y esta Liga es suya y se la debemos. El día que se retire lo extrañaremos como si nos faltase el aire que respiramos, y extrañaremos verlo bailar en medio metro de césped frente a tres contrarios, porque hace ya mucho que dejó de ser un simple jugador y pasó a ser Benzediós.

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