Para los rivales del Real Madrid, habitualmente encarnizados, debe resultar desesperante su forma de sacar adelante los últimos partidos. Con penaltis que lo son. Si no lo hubieran sido el consuelo estaría servido y Piqué habría tenido razón y el clamor sería general. Pero lo son. Del género tonto, es muy cierto, pero la tontería sólo es atribuible a quienes cometen faltas tan innecesarias en momentos tan trascendentales.

En este caso, creo, la polémica no se centrará tanto en el penalti a Marcelo —pisotón de Dani García en la pugna—, sino en el que reclamó Raúl García por otro pisotón, esta vez de Sergio Ramos, en una jugada bien diferente porque el balón no estaba en la disputa entre ellos y porque el defensa pareció tropezar o trastabillarse. La jugada sólo es limítrofe si la interpretamos a partir de un supuesto agravio. Entonces podremos proclamar el ojo por ojo y el pisotón por pisotón. Pero si observamos con cierta distancia y con la mínima experiencia que nos dieron los campos de tierra, esa jugada no es penalti. Si acaso es putada, concretamente para quien la sufre, que se lleva un zarpazo y tendrá que comprarse medias nuevas. Aunque en el fútbol hay jurisprudencia de todo, dudo que encontremos muchos penaltis señalados por un pisotón dentro del área con la pelota fuera del encuadre.

Como Raúl García es un tipo listo (casi balcánico), provocó la intervención del VAR al permanecer tumbado en el área. A sus cuentas (factor agravio, penalti anterior caliente…) sólo le falló el público, concretamente su ausencia. Es muy posible que un rugido de San Mamés hubiera condicionado en otro sentido la decisión del árbitro, nunca lo sabremos. Pero esa hipótesis no tiene peso suficiente en comparación con el partido y su reparto de méritos. Así como marcar al Getafe parecía una opción remota antes del penalti de Olivera, en esta ocasión el Madrid estaba mejor encaminado, controlador desde el descanso, más próximo a la portería de Unai Simón. Estaba muy claro que el equipo de Zidane no barajaba el empate como alternativa.

Su capacidad para resistir las acometidas del Athletic, que las hubo, fue encomiable. El Real Madrid ha ido adquiriendo una robustez que es independiente del juego, porque, al contrario que la mayoría de los equipos del mundo, el Madrid gana primero y juega bien después… si acaso. Nuevamente, la imposición fue anímica antes que futbolística. También aprendimos en los campos de tierra que hay equipos que empiezan a ganar con la mirada. Lo explicó mejor Luis Aragonés. En el fútbol tienes que saber si eres toro o torero.

Tras el gol de Sergio Ramos (19 de 19), el Athletic se frustró sobremanera y en eso gastó sus últimas energías. Entretanto, el virtual campeón se dedicó a jugar sin alterarse, sin extravagancias, convencido de que tiene la razón. Hay veces en la vida (pocas y generalmente en verano) que el mundo se despeja de obstáculos y los enemigos se disparan a los pies. En esa cuesta abajo se encuentra el Madrid, a cuatro partidos del chapuzón en las refrescantes aguas del triunfo.

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