El Atleti es de derechas. Por ese costado ha fraguado su resurrección en la vuelta de La Liga tras el confinamiento. En Balaídos dio un nueva muestra de su zona fetiche. Esa en la que se arremolinaron hoy Arias, Llorente y Correa, un triángulo de las Bermudas con el que los de Simeone están engullendo a todos sus rivales. En Vigo tardó menos de un minuto en golpear por ese flanco a los celtiñas. Morata fue el encargado de remacharlo en boca de gol. Habían transcurridos 54 segundos de partido y Óscar, técnico del Celta, ya dibujaba en su rostro la misma expresión que los rivales de Myke Tyson. Sí, el mismo que decía: «Todos el mundo tiene un plan hasta que le cae la primera hostia».

El Celta de Óscar es un equipo en plena reconstrucción, porque las ideas siempre tardan más en calar que los resultados. Un equipo incluso paciente a pesar de las urgencias. Pero frente al Atleti sin Denis Suárez, lesionado, y Rafinha, en el banquillo siempre pareció falto de juego y fluidez en los primeros 45 minutos. Con y sin ellos, los vigueses son el cuarto equipo que menos remata en toda La Liga y por ahí pueden explicarse también el excesivo sufrimiento en un plantilla confeccionada para cotas mayores.

Solo dos disparos de Brais, la zurda más exquisita que saltó a Balaídos esta noche, llevaron la intranquilidad a las filas rojiblancas. El primero seco, buscando el palo corto supuso el de mayor suspense para Oblak. El desvío de Giménez envenenó un disparo que golpeó la red por el lateral. El segundo, rondando el descanso, buscó con una plástica comba el palo largo. Al golpeo le sobró vuelo y le faltó veneno.

Poco antes del descanso tuvo la sentencia el Atleti, en una contra de nuevo por la derecha. La carrera de Llorente le ganó la partida a todos. Su pase atrás, quizá demasiado tenso, le pilló por sorpresa a Correa, incapaz de dirigir su remate.

A falta de Aspas, hoy más islote que brazo de mar de su equipo, el Celta se abrazó a la pierna izquierda de Brais Méndez para agarrar el empate. Necesitó eso sí, la colaboración de Fran Beltrán que se incrustó entre líneas para prolongar de volea el centro de su compañero. El balón voló como una cometa por la Praia de Carril. Indescifrable para Oblak. El empate rellenó el tanque de confianza de los celtiñas que bien podían haber dado la vuelta al marcador con otro latigazo de Brais que Oblak se sacó de encima como pudo.

El impulso celtiña se asentó en ese 3-5-2 que empezó a atragantársele a Simeone y sus chicos. Los cambios insuflaron nuevo brío a los celtiñas y quizá por primera vez después del confinamiento, el Atleti amenazaba con diluirse como un azucarillo. Con Rafinha y Santi Mina los vigueses redoblaron su apuesta aunque el dominio local resultó efervescente y se apagó definitivamente tras la pausa de hidratación y la posterior lesión de Rubén Blanco. Eso supuso que Iván Villar, el tercer portero de la plantilla hiciera su debut esta temporada. No era fácil la papeleta pero su tarjeta de visita fue un despeje a un disparo con muy mala uva de Lemar.

En el ocaso del choque hubo protagonismo para el VAR. Hasta dos veces detuvo el juego Sánchez Martínez por posibles manos en sendas áreas. Ninguna de las dos supuso un viaje a los once metros. Así que Celta y Atleti terminaron dando por bueno el empate, porque los vigueses ven un punto más lejos el abismo y los colchoneros afianzan la Champions. Y la racha alcanza ya los 15 partidos consecutivos sin perder para los rojiblancos.

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