Este texto empezaba con Asensio de protagonista, goleador diez meses después de romperse el ligamento. Una buena historia, sin duda. Para desplazar a Asensio de los primeros párrafos tenía que suceder algo sobresaliente. Y sucedió. Se pueden contar con los dedos de una mano los jugadores que podrían marcar un gol como el segundo de Benzema. Maradona y Messi, por supuesto. Y Pelé, claro. Zidane, casi seguro. Tal vez Van Basten. Y pocos más. Sublime control con la derecha y empalme con la zurda. Sí, dije empalme.

Será complicado que Benzema marque un gol mejor (que lo marque cualquiera), aunque es posible que no se valore lo suficiente porque el partido estaba resuelto o porque todo ocurrió en un estadio vacío en el páramo de Valdebebas. Pero hay joyas que no necesitan estuche.

Dicho esto, me declaro un paso por detrás de los apóstoles de Benzema. Sigo pensando que es un jugador con más fútbol que goles (a pesar de la joya) y esa puntualización es un enorme asterisco en su expediente como delantero. Su talento necesita de un goleador para completar las necesidades atacantes de un gran equipo.

Volvamos a Asensio, 24 años (aún). Cuando irrumpió en el fútbol profesional algunos pensamos que era un futbolista con condiciones para ganar el Balón de Oro. Algún día, tampoco le pusimos fecha. La estimación provocó la risa de los escépticos. Y Asensio no les llevó la contraria. Su luz era excesivamente intermitente y su carácter empezó a dejar dudas: “Yo no tengo que tirar del carro”. Ya lo dijo el sabio: no hables si no es para mejorar el silencio.

Su lesión (rotura del ligamento cruzado) pudo entenderse como el final de sus días como estrella. Sin embargo, cabe dentro de lo posible que haya supuesto su renacer como futbolista. No quisiera despertar de nuevo la ira de los críticos, pero en ocasiones sólo hace falta pensar un rato, y en diez meses caben muchos ratos. El caso es que Asensio marcó a los treinta segundos de reintegrarse en el mundo de los vivos, lo que confirma su curación plena, traumática y traumatológicamente.

Por cierto. Es de justicia destacar el desborde de Mendy y su asistencia a Asensio, especialmente cuando el lateral parece tantas veces por debajo del nivel técnico del equipo. Es fácil que nos hayamos vuelto a equivocar.

Después de todo lo contado, no queda rastro del Valencia. Su excelente primera parte (gol anulado y poste) se desintegró a partir de un mal pase de Gameiro, el error que desencadenó la tempestad. Y esa es, al mismo tiempo, la mejor noticia para el Real Madrid. Tiene mucho por fuera y una tormenta por dentro.

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