No hay nada más heterodoxo que estar en desacuerdo con la mayoría. Quizá esta frase desentrañe más al Zidane entrenador que las decenas de teorías que intentan encontrar explicaciones ortodoxas a su proceder como técnico.

Hace ya muchos años, había pocos partidos de fútbol que yo no viese junto a mi padre. A mi viejo le salió el acné juvenil en el fondo norte de Chamartín y dejó de ser socio cuando se jubiló para vivir en Benidorm. Jamás le escuché (miles de partidos después) hablar de líneas de pase, bloques medios o triángulos de asociación. Me miraba, y con el rictus más feliz o infeliz, me decía «qué bien estamos jugando» o «nos van a dar hasta en el carné de identidad».

En estos tiempos, parece que para hablar de fútbol hay que leer libros de táctica y ver como los “verdaderos entendidos “ nos asaetean con vectores virtuales que indican si la transición ofensiva es acoplable al buen juego o si ese gol tiene o no mérito dependiendo de los pases que se hayan dado antes de meterlo. La decisión de sí se juega bien o mal ya no es del aficionado, sino de lo que nos cuenten los expertos delante de un croma. Paralelamente a este fútbol de estudio (en todos los sentidos) existe un entrenador que vive, gracias a Dios, en un mundo bastante lejano. Se llama Zinedine y se apellida Zidane.

Cuando la ortodoxia manda el mensaje del estereotipo de entrenador que ha de venir con un sistema de juego determinado y acoplar a los jugadores a esa manera de jugar, Zizou se inventa diferentes contextos para poner en el campo a los once que quiere que jueguen cada partido. Si son 178 alineaciones distintas, es porque también ha imaginado 178 situaciones diferentes para que los suyos estén a gusto en el césped. Si casi todos los entrenadores utilizan la táctica para llegar al Santo Grial del triunfo, Zidane usa la emotividad para coronar esa meta. Y los resultados le suelen dar la razón.

El problema llega cuando se quiere pasar la heterodoxia por el tamiz de la nueva normalidad del fútbol. Como he escrito un poco más arriba, ahora parece que no es cool decir que nos gustó El hombre tranquilo sin desglosar el guión, analizar las escenas, buscar los posibles errores de iluminación y saberse toda la filmografía de John Ford. Si antes se decía que dentro de cada español había un seleccionador, ahora parece que también nos cabe un entrenador frustrado. El fútbol está para disfrutarlo, señores, no para diseccionarlo.

Cuatro Champions, una Liga y el liderato en la presente deberían ser suficientes razones para estar buscando halagos a Zidane, porque en buena lógica los más comunes deberían haberse agotado. Pero está siendo al revés,  la triste realidad pasa por ponerle a parir como técnico.

Seguramente, mientras usted lee esto, Zizou está imaginándose como va a plantear el partido frente al Espanyol para que jueguen Isco y Asensio desde el principio. El sistema al servicio de los jugadores. El planteamiento acoplado a los que Zidane quiere que comiencen ese partido. Hubo un tiempo en que el fútbol era así.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here