Convertir el relato de un partido en una autopsia de jugadas polémicas es un ejercicio profundamente desagradable. Siempre acabas salpicado de algún fluido. Supone, además, la negación del fútbol, como si no hubiera existido nada más allá de la investigación forense. Y lo hubo. Vinicius fue el elemento desequilibrante (y/o desequilibrado) que inclinó el partido antes de que el VAR entrara en acción. Y no imaginen que lo que sigue es un elogio encendido de Vinicius porque sigo sin saber si este futbolista es una estrella sin confianza o un muchacho voluntarioso con una confianza del tamaño del Taj Majal.

En casi todos los balones de los que dispuso, Vinicius desafió a su defensor. Generalmente sin pausa y sin meditar otras opciones. En ocasiones se trastabilló, en otras salió bien librado pero centró mal y en la más relevante provocó un penalti. En cierto sentido, su contribución es una cuestión estadística. Y así parecieron entenderlo también sus compañeros, que eligieron su banda para conducir la mayoría de las acciones de ataque. Con bastante esperanza y con infinita paciencia. Que corra Vinicius y ya veremos.

En su enésima carrera llegó el penalti. No queda claro si Llorente tocó la pierna de Vinicius, si la rozó, o si el delantero se deshizo como tantas veces ante la proximidad de la portería, los precedentes juegan en su contra. Esa acción desestabilizó por completo a la Real Sociedad, que tampoco había hecho grandes cosas hasta el momento. Su disposición táctica era impecable pero su indisposición futbolística evidente. Odegaard andaba medio compungido, Portu negado y nadie acompañaba los ardores guerreros de Isak. De modo que el equipo no daba salida a las circulaciones del balón en el mediocampo.

Al Madrid tampoco le sobraba nada (sólo Vinicius) y durante la primera mitad se enredó en la maraña del centro del campo, sin grandes ideas y sin la ayuda de James, que fue una sombra en su regreso a la titularidad. No obstante, la aparente igualdad no era completa. El equipo de Zidane siempre parecía más cerca del triunfo, por centímetros o por metros.

El gol anulado a Januzaj tiene poca justificación. Merino no estaba en la trayectoria de su disparo, sino en los alrededores, y entender que afectaba la visión periférica de Courtois no parece un argumento suficiente. Sobre el gol de Benzema caben menos dudas. Controló con el hombro y remató mientras los jugadores de la Real esperaban que el árbitro hiciera sonar su silbato.

La lesión de Sergio Ramos fue el precio (caro) que pagó el Madrid en Anoeta. El capitán estaba como nunca y en su ausencia mediremos su importancia en el equipo, seguramente enorme dada la inconsistencia de Militao.

El liderato, sin embargo, hace desaparecer cualquier mal augurio. El equipo gana con el aplomo de los campeones que saben que siempre encontrarán una manera de llegar a destino. Por los caminos de la lógica o por los de Vinicius.

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