Tras el pinchazo del Barça, el Madrid llegaba a Anoeta con la posibilidad de salir líder si ganaba el partido. Zidane, fiel a si mismo y a sus rotaciones, removió un poco la alineación que ganó al Valencia e introdujo tres cambios: Marcelo por Mendy, a James por Modric y a Vinicius por Hazard.

La apuesta de ambos técnicos era clara y se dejó ver ya en los primeros minutos. La Real presionaba muy arriba la salida del juego de los blancos (en San Sebastian de verdes) y eso dificultaba mucho la salida de balón desde atrás. El partido podría resumirse así, al menos en su primera mitad, los de Zidane en un ejercicio vano, incapaces de sumar pases para saltarse las líneas de presión donostiarra, y la Real sin más plan que presionar. Porque una vez que los Txuri Urdin recuperaban la pelota, apenas si inquietaban la portería de Courtois.

El medio campo del Madrid naufragaba una y otra vez. Casemiro, el que mejor comenzó, se apagó rápidamente al recibir una tarjeta. De Valverde no había noticias; James, perdido en banda derecha, no entraba ni en el partido ni daba soluciones al equipo. Solo Kroos, muy bien marcado, dejaba toques de calidad. Las aperturas terminaban en las bandas con lo que eran Marcelo y Carvajal, ambos poco acertados con el balón, los encargados de sacar la pelota. Ante ese decorado futbolístico tan pobre, el Madrid se agarró al plan Vinicius.

Los de Zidane no conseguían juntar pases entre las líneas rivales. Con dos extremos, Vinicius y James, arrancando los ataques posicionales muy abiertos cerca de la cal. En cuanto a los interiores, Kroos mantenía su posición por detrás de la pelota para ayudar a Casemiro en la base de la jugada, mientras que Valverde iba y venía pero con menos sentido táctico que de costumbre. Así que tenían que ser los laterales los que buscaran romper por fuera. Para asociarse con todos ellos volvía a surgir la figura de Benzema, aunque el galo parecía más impreciso que de costumbre. De nuevo la única escapatoria posible para el Madrid volvían a ser las piernas de Vinicius. El Madrid necesitaba velocidad y regate, no solo para profundizar (que también), sino sobre todo, para distraer atenciones. Y ahí la única alternativa era el brasileño.

Desde que llegó al Madrid, que el brasileño sea el mejor jugador del equipo, casi siempre ha sido sinónimo de penuria blanca en el juego. Ya con Solarí, el equipo se agarró casi en exclusividad a las locas arrancadas del extremo en demasiados partidos. En ese sentido, Atocha puede representar una regresión no precisamente positiva.

El problema es que a Vinicius, en su juego, aun le falta un mundo para poder ser ese jugador sobre el que se asiente la ofensiva de un equipo como el Madrid. Rápido, pero tremendamente atropellado, y con finalizaciones, tanto en los pases como en los remates, muy precipitadas. Eso hace que sus aportaciones al juego sean casi siempre ineficaces. Por eso que el brasileño sea el mejor de un encuentro como el disputado en Anoeta no habla bien del Madrid.

A los de Zidane les hace falta muchísimas cosas que no aparecen en su juego más que de forma muy esporádica, y en este periodo de partidos de pretemporada con puntos en juego, se le notan aun más. Los centrocampistas con Zizou viven demasiado cómodos, el equipo depende demasiado de los laterales tanto para defender, como para atacar. Sin Isco en el once, nadie es capaz de asentar el juego en campo contrario, y con la ausencia de Hazard y del repudiado Bale, los blancos carecen de viveza ofensiva. A falta de un modelo de juego más sofisticado (con Zizou yo ya he tirado la toalla), que generase ventajas desde la pizarra y potencie a la plantilla, Vinicius se antoja, pese a todo, como un recurso muy valioso para este final de temporada.

En Anoeta el Madrid ganó, no digo sin merecerlo, pero sí, sin mostrar credenciales como para confiar en este liderato. El problema va mucho más allá del desacierto ofensivo y las razones hay que encontrarlas en el armazón táctico del equipo.

El 1×1 del Madrid

Zidane: Tercer partido en siete días, y como no podía ser de otra manera, al equipo se le vieron las costuras. Sin una base táctica más avanzada y con un plan de juego tan plano, clásico y previsible como el que el francés pone sobre la mesa, que su equipo sobreviva gracias a las carreras alocadas de Vinicius nos retrotrae al Madrid de Solari. La aparición de James como extremo derecho, que no jugaba desde la eliminación en copa ante los propios donostiarras y su titularidad, ya no sorprende a nadie, como que Rodrygo, titular en la primera jornada, haya desaparecido de las alineaciones y de los cambios. Zizou vive en Matrix, un mundo paralelo donde todo es posible y justificable si el Madrid gana. Nadie se sorprende que un jugador, esté en el estado de forma que esté, juegue o no, aparezca o desaparezca de los onces, sea cual sea su rendimiento, eso dejó de ser noticia para mal en un equipo que se ha acomodado en el sin sentido, en el que las victorias, sean como sean, lo justifican todo.

Courtois: El belga vivió un partido sin apenas sobresaltos. Mejoró sus acciones con el pie de otros partidos. En el gol de Merino y el anulado a Zanuzaj, demostró que no es no Oblack ni Ter Stegen, o sea que no se para las imparables

Carvajal: Físicamente da la sensación de ser el que mejor está de la plantilla. Dominador en los duelos individuales en defensa, donde se comió a Oyarzabal, y activo en ataque, el lateral fue de lo mejorcito de un equipo soso y plano. Le faltó acierto en algunas jugadas de ataque para sacar provecho de su despliegue.

Varane: En el papel que mejor le va, el de escudero silencioso. Firme y sobrio en defensa y sin complicarse en la salida de balón. Junto a Ramos volvió a formar una solida pareja que dominó el área blanca. Como siempre, una pena su falta de liderazgo.

Ramos: Está siendo uno de los baluartes desde que el equipo el regreso a la competición. Jugó con la jerarquía que necesitan los equipos cuando les falta físico, faceta en la que por cierto está destacando el camero. Marcó otro gol de penalti.

Marcelo: Extrañamente regañado con el balón, el hecho de que Portu estuviese más pendiente de dar ayudas a Odegaard para tapar a Kroos que de atacarle, hizo que apenas sufriese en defensa. El partido se le ponía de cara para que brillase, pero paso por él sin pena ni gloria.

Casemiro: Comenzó muy fino con el balón y bien colocado, pero tras una temprana amarilla, que pudo ser roja, desapareció. No parece que sea de los que mejor han vuelto físicamente. Le está costando ser importante en el juego.

Kroos: Muy marcado y sin compañeros con los que jugar, notó muchísimo la ausencia de Modric. Al alemán le costó un mundo encadenar secuencias de pases, que es en lo que él brilla porque no tenía con quién. Pese a todo, los pocos toques de calidad los dejó él.

Valverde: De momento, del box to box que impresionó al comienzo de la temporada, no hay nada y solo vemos a un trotón sin jerarquía en el juego. El uruguayo ha regresado sin la chispa que tenía. Tácticamente descolocado e insustancial con el balón, ante la Real pasó desapercibido.

James: Ni está ni se le espera. Él sabe que no cuenta y además, en las pocas ocasiones que lo hace, Zidane tampoco lo ayuda y lo coloca en una posición para la que no tiene condiciones, ayer extremo derecho. Ni física ni anímicamente está en condiciones de sumar. En la segunda parte y tras cambiar de posición a la de interior izquierdo, al menos dejó algún toque de calidad con su zurda.

Benzema: De cara al gol sigue de racha, pero sin duda su tercer partido en siete días le pasó factura. Pensar que Karim va a ser siempre el pegamento que una al equipo es un error, que además le castiga físicamente. Le costó entrar en juego, además sin Marcelo cerca y sin nadie que hable su idioma por los alrededores, Vinicius y James no lo hacen, sus movimientos pierden valor.

Vinicius: El brasileño tiene tres cualidades fundamentales, es rápido, es activo y sobre todo es descarado, y en un equipo plano y pausado como este Madrid, es indispensable. Pero nada de lo que le hizo importante ayer ante la Real parece producto de un plan preconcebido, nada. Ayer Vinicius volvió a ser el Vinicius de la etapa Solari, un verso suelto que se anima a hacer cosas fuera del guión y al que le faltan muchas virtudes para saber terminar con acierto, lo que inicia por descaro y velocidad.

CAMBIOS

Militao: Salió por el lesionado Ramos. Vivió los peores minutos del Madrid y apenas tuvo peso defensivo.

Mariano: Jugó apenas doce minutos, tuvo una clarísima, pero con su remate precipitado y casi ridículo demostró que el ariete no está en dinámica de juego.

Asensio: Apenas tocó el balón.

Modric y Mendy: Jugaron tres minutos. 

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