Ramón Vázquez (Alcalá de Guadaíra, Sevilla, 1964) dejó el fútbol con 30 años. Una lesión de rodilla tuvo que ver. Jugó en el Sevilla, Recreativo y Albacete y fue el primer fichaje del Súperdepor. Desde 1999 trabaja como ojeador. Primero en el Villarreal y ahora en el Sevilla, donde es el trabajador con más antigüedad de la secretaría técnica. Se incorporó en el 2000 junto a Monchi y hasta ahora.

—¿De qué manera ha cambiado el coronavirus su forma de trabajar?

—Por el momento, seguimos desde casa. Gracias a la tecnología podemos ver los partidos desde aquí. Hasta el momento no hemos hecho más viajes porque pueden acceder muy pocas personas a los estadios por el protocolo de LaLiga.

—En 1999, usted empezó su etapa como ojeador en Villarreal…

—Después de retirarme, colaboré en algunas cosas con el Sevilla, pero dejé el fútbol de lado. Caparrós fichó por el Villarreal y Manolo Jiménez era su segundo. Jiménez contactó conmigo y empecé mi andadura en el scouting. Trabajaba desde casa y me dedicaba a ver jugadores por Andalucía.

—Aquel Villarreal no es el que conocemos hoy. Estaba en Segunda tras haber disputado su primera temporada en Primera. ¿Ya estaban en marchas los cimientos que sostienen hoy el club?

—No tuve mucho contacto con el día a día del club, porque trabajaba desde Sevilla. Pero está claro que era y es un club bien organizado y que le da importancia al seguimiento de los jugadores. A pesar de ser pequeño, funciona mejor que otros clubes más grandes. De hecho, aquel año subió a Primera. Yo tenía contacto con el hijo de Fernando Roig, que controlaba el área de scouting.

—Ahora es más frecuente el teletrabajo, pero ¿cómo se las arreglaba desde casa en aquella época? ¿Usaba el VHS?

—Yo seguía el grupo IV de la Segunda B. Me dedicaba a ver partidos en directo. Seguramente en el club harían el seguimiento a través de vídeos. Pero yo no, porque no tenía las facilidades actuales que nos ha proporcionado la tecnología. Veía a gente de Segunda B que estaba en un segundo escalón, jugadores desconocidos… Los filiales los seguí mucho durante aquella época.

—¿Cuántos partidos veía en un fin de semana?

—Dependía de los que hubiera. Yo tenía que saber los horarios e intentar compaginarlos. Me desplazaba en coche y no me daba tiempo a ver tantos partidos los fines de semana. Los desplazamientos más lejanos eran Granada y Almería.

—Un año después, en el 2000, llega al Sevilla. Usted fue el primer compañero de Monchi en el área técnica…

—Yo seguía perteneciendo al Villarreal. Aunque fiché por el Sevilla para la temporada 2000/01, ya estábamos planificando esa temporada en el Villarreal. Contactó Monchi conmigo. Imagino que Manolo Jiménez tendría algo que ver, porque entró en el club como técnico del filial. Monchi quería poner los cimientos de una secretaría técnica. Hasta entonces, sólo trabajaban dos personas. Era una época bastante convulsa en el club. A mí me agradó mucho la propuesta, porque implicaba estar en el club de toda mi vida. Rescindí el contrato con el Villarreal, que se portó muy bien conmigo, y empecé a trabajar con el Sevilla.

—El Sevilla estaba en una de sus peores crisis. En aquellos años, salieron Reyes, Marchena, Jesuli, Ramos, Navas…

—Las bases de lo que hoy es el Sevilla empiezan con el reconocimiento de que nuestro club estaba en la ruina. Eso tenía que repercutir en el tema deportivo. Hasta entonces, no se había hecho. Hubo que tomar una serie de decisiones que les repercutían a todos; se apostó por la economía de guerra. Decidimos que la cantera iba a ser un tema primordial en el proyecto y nos salvó. Vendimos a Marchena y Jesuli, los activos más fuertes que tenía el club. Aquel año, trajimos a gente que finalizaba contrato y algún jugador más. Apenas invertimos. Además, Caparrós subió a los chavales que estaban apretando. Monchi tenía mucho potencial, pero ninguna experiencia en aquel momento. Hicimos un trabajo muy duro, pero dio sus frutos.

«La venta de Reyes, junto a las de Marchena y Jesuli, fue la salvación del club»

—Reyes irrumpió en aquel momento y en los primeros años se le comparó a Maradona.

—Desde que entró en el Sevilla, se vio que era un jugador diferente y para equipos grandes. La fortuna que tuvimos es que lo disfrutamos en una segunda etapa. En la primera, estuvo poco, porque el Arsenal lo fichó. Para el club, fue su salvación, junto con las ventas de Marchena y Jesuli. Sabíamos que íbamos a disfrutar poco de él. Es diferente a Maradona, porque son jugadores distintos. Tenía un talento fuera de lo común. Hacía más falta entrenarlo fuera del campo: la alimentación, tenía que cuidarse… En su segunda etapa, también dejó muestras de lo que era.

—Él debutó a los 16. Si un jugador no ha roto a los 19, ¿conviene seguir esperándolo?

—Cada vez debutan más jóvenes. También hay veteranos que duran más. No siempre los debutantes deben ser demasiado jóvenes. Los hay muy buenos que con 21 o 22 años dan el salto a Primera. Por ejemplo, en el filial no debes mantener a jugadores mayores de 22 o 23 años. Hay que dar paso a jugadores que vienen desde atrás. Además, a esas edades los jugadores ya no quieren seguir en un filial.

—Hay algunos jóvenes que vienen apretando fuerte como Ferrán, Vinicius y Ansu Fati…

—Son jugadores por hacer. Tienen potencial y demuestran muchas cosas. Sin embargo, deben madurar todavía. Los que ha nombrado son extraordinarios. Ellos tienen que procurar no tener altibajos, algo normal por su edad. En el momento que aparecen, ya dejan detalles de lo que pueden ser. Por ejemplo, la irrupción de Ferrán viene influenciada por una mala racha económica que venía sufriendo el Valencia.  

—¿Valorarán los clubes más la cantera tras la crisis del coronavirus?

—Influirá el coronavirus. Normalmente, la irrupción de los jugadores de cantera se produce cuando los equipos sufren una crisis económica. Hasta que se estabilice la situación, veremos a muchos jugadores debutar. Sin embargo, cuando volvamos a la normalidad, volverán los fichajes millonarios.

«Baptista había jugado de central, lateral derecho, centrocampista… Caparrós le encontró su sitio ideal»

—Hay algunos grandes fichajes en los que usted ha estado involucrado, como el de Baptista.

—Sí. Fuimos a Brasil a ojear algunos jugadores de la Liga brasileña. El que más nos gustó fue Baptista. En esos casos, lo más duro son las negociaciones, algo que no me corresponde. Baptista era un jugador cuyo físico era espectacular, pero al que no le encontraban su ubicación adecuada. En Brasil, había jugado de central, lateral derecho, centrocampista… En Sevilla, Caparrós le encontró su sitio ideal y su etapa aquí fue muy buena.

—¿En la contratación de Alves tuvo algo que ver?

—En ese caso no tan directamente. A Alves lo descubrieron cuando vieron unos partidos con la selección sub-20. En esos casos, Monchi se saca el conejo de la chistera. Tiene mucho mérito negociar esos fichajes a los precios que él lo hace.

—Habla de Brasil… ¿Cuentan ahora con colaboradores en todas las zonas del mundo?

—No. Nos seguimos desplazando si tenemos que ver a un jugador. Lo que ha cambiado es la estructura del departamento. Antes, nos ocupábamos todos de todo. Ahora somos 14 y cada uno tiene asignadas unas ligas.   

—En 2005, se marchó Ramos. ¿Fue clave su venta para el club?

—Sí. Fue la primera gran venta del Sevilla. El miedo era invertir erróneamente el dinero. En aquel momento, ya habíamos superado la situación tan drástica que sufrimos, pero el club aún tenía deudas. Sobre su venta hay mucho bulo. Yo no tuve acceso a esos documentos confidenciales.

Su etapa como futbolista

—Usted debutó como futbolista en 1982 en el Sevilla. Sin embargo, se marchó cedido en 1985 al Recreativo de Huelva…

—Hasta 1985 fui alternando el primer equipo con el filial. En 1985, yo tenía 21 años y necesitaba jugar más. Huelva estaba muy cerca y no me importó irme, aunque el Recre estuviera en Segunda. El entrenador era Víctor Espárrago, un tipo muy serio y buen entrenador. Me convenció. Él jugó al fútbol hasta los 40 años y sabía muchísimo. El año siguiente regresé al Sevilla y tuve mi oportunidad en el primer equipo.  

—Au buen hacer en el Sevilla le llevó a la Selección en 1987. Debutó en el Camp Nou frente a Holanda (1-1). ¿Qué recuerda de aquel día?

—Holanda tenía un equipazo: estaban Gullit, Van Basten, Rijkaard… Recuerdo que en el primer tiempo nos bailaron, aunque sólo nos fuimos al descanso 0-1. Daba gusto verlos jugar. Yo disputé la segunda parte entera. Cuando salí, parece que el equipo jugó bastante mejor. A pesar de ser mi primer día, no estuve nervioso. Fue una alegría inmensa vestir la camiseta de la Selección.

—Aquel día jugaron Míchel y Butragueño. ¿Cómo eran los integrantes de La Quinta?

—Apenas tuve relación con ellos, porque fui muy poco a la Selección. Eran jugadores de élite. Los futbolistas de Madrid y Barcelona eran jugadorazos.

—¿Cree que tendrían sitio en el Madrid actual?

—No me gusta comparar épocas, porque el fútbol ha cambiado. Lo que no tengo dudas es de que si se prepararan para el fútbol actual seguirían siendo grandes futbolistas.

—Otro encuentro que jugó con la Selección fue en el Bernabéu frente a Inglaterra (2-4). Aquel día, usted marcó, pero Lineker hizo un póker…

—Inglaterra era otro buen equipo, pero no tan impresionante como Holanda. Tenían buenos jugadores como Lineker, Fenwick, Butcher, Shilton… Sin embargo, era un fútbol más físico.

—En 1992, con 28 años, usted dejó el Sevilla, club al que llegó con 14 años. ¿Por qué decidió no continuar?

—Yo llevaba toda la vida en el club y la decisión no fue fácil. Tenía 28 años y era la oportunidad de tener mi último contrato. Y mi última experiencia en el fútbol. No llegué a un acuerdo con el Sevilla y me marché. Salí amistosamente del club y me marché al Deportivo.

«El Depor estaba construyendo un gran equipo, pero su departamento médico era igual que el de los clubes de abajo»

—Usted fue el primer fichaje del Súperdepor en 1992. Sin embargo, en su último partido con el Sevilla se fracturó la rodilla…

—Aquello fue horrible. Yo ya tenía firmado un precontrato con el Deportivo y quise jugar mi último partido con el Sevilla. Tuve la mala fortuna de lesionarme. A pesar de la lesión, el Depor me fichó. Algunos dirigentes del conjunto gallego fueron a verme al hospital. Lendoiro vino a verme a mi casa. En La Coruña, sólo estuve una temporada, la 92/93. Fue complicado marcharme, porque yo estaba muy cómodo en Sevilla: llevaba en el club desde los 14 años, tenía a mi familia, amigos… Me había ido a Huelva unos años antes, pero venía con mucha frecuencia. En el Deportivo, apenas tuve contacto con los futbolistas, porque yo me ejercitaba solo. El club no tenía departamento médico y yo hice solo la recuperación. Estaban construyendo un gran equipo, pero en ese aspecto eran iguales que los clubes de abajo. En La Coruña se portaron muy bien conmigo.

—¿Cómo recuerda a Arsenio?

-Era un buen entrenador y un tipo muy respetado por los jugadores. Todos conocían su experiencia y su bagaje en el fútbol. Supo gestionar muy bien el equipo.

—En la temporada 93/94, jugó el Teresa Herrera y marcó. Sin embargo, se marchó al Racing, donde no pasó las pruebas médicas…

—Yo estuve una semana entrenando en Santander. Estaba esperando para firmar el contrato, pero me dijeron que tenía un problema en la rodilla y tuve que volverme a La Coruña. Creo que no se hicieron ahí bien las cosas, porque a posteriori no tuve ningún problema. Ese fue uno de los peores momentos de mi carrera.

—El caso es que usted acabó en el Albacete, donde jugó la temporada 93/94. ¿Recobró sensaciones aquel año?

—Muy pocas. Jugué partidos, pero solía salir para 15 o 20 minutos. El Albacete era un equipo modesto, que acababa de subir a Primera.

—Tras aquel año, usted iba a fichar por el Salamanca. Sin embargo, durante el trayecto decidió que dejaría el fútbol. ¿Por qué?

—Con la rodilla no tenía problemas, pero no me sentía como antes y me costaba. Era joven, porque tenía sólo 30 años. No obstante, pensé que lo mejor era dejarlo. Y así lo hice.

—Usted montó una escuela de fútbol, que cerró hace unos años. ¿Qué enseñanzas quería transmitirles?

—Mi pasión por el fútbol, pero no mi experiencia. Yo he tenido la suerte de vivir de lo que me gusta toda la vida. Eso es un privilegio que no tiene todo el mundo. Aquella etapa fue muy bonita. Además, en la escuela me ayudó gente que sabe mucho de fútbol.

—Por último, su padre fue futbolista y bético. ¿Cómo salió usted tan sevillista?

—No lo sé. Voy a contar una anécdota curiosa con esto. Mi abuela se marchó a Sevilla a trabajar en una casa, curiosamente la de Ramón Sánchez Pizjuán. Mi padre estudiaba en el internado de los Salesianos de la Trinidad. Estando en casa del presidente del Sevilla pudo salir sevillista. Pero jugó en el Betis y fue bético. Conmigo pasó lo mismo: con 14 años ya estaba en la cantera del Sevilla.

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