No creo que haya que hacer mucho hincapié en la importancia de contar con un buen plan (en la vida o en el mus). Desde una novia minuciosa al General Patton (pasando por Kasparov o el profesor de La casa de papel). Cualquiera de ellos podría hablarnos sobre la importancia de trazar una hoja de ruta correcta que nos libre de escollos imprevistos.

Y en esto de previvir los acontecimientos, pocos le sacan ventaja a Cervera. En el trascendental partido que enfrentaba en El Alcoraz al Huesca y al Cádiz y que terminó —digámoslo ya— con empate a uno, el míster de los amarillos disponía de un Plan A: cemento armado y disciplina prusiana. El trivote formado por Bodiger, José Mari y Edu Ramos debía maniatar a los creadores aragoneses (Mosquera, Rico, Juan Carlos) y, por lo demás, que no pasará nada. Y en efecto, durante el primer tiempo no pasó nada, pero nada de nada (posiblemente en discreto homenaje a Carmen Laforet, a pocos meses de celebrar el centenario de su nacimiento).

Se hizo evidente desde el principio que a los gaditanos les valía el empate. Tan evidente como que los locales debían ganar para no verse descolgados de la lucha por el ascenso. Tanta responsabilidad cargó de kilos las piernas de los protagonistas, que parecían nerviosos y desnortados, como un opositor inaplicado en los momentos previos al examen. Las imprecisiones se sucedían, las entregas eran defectuosas y algunos jugadores controlaban el balón con la elegancia de un fauno: como si tuvieran cascos en lugar de pies.

Las escasas gotas de calidad que se vieron sobre el verde llegaron de las botas de Ferreiro y de Jurado. El excadista fue el más vertical de los suyos y hasta puso a prueba a Cifuentes en un disparo lejano. El sanluqueño nos deleitó con su repertorio de gestos técnicos, tan estéticos como intermitentes.

Durante el descanso, los cadistas construíamos castillos en el aire con el hipotético Plan B de Álvaro: cuando a los oscenses les falte fuelle, saltarán al verde Álex, Salvi, Nano Mesa… Cambiaremos cemento por flores, iremos a por el partido, comeremos perdices.

Y algo de cierto había en ello porque todos los citados comenzaron a calentar justo al reanudarse el encuentro. Pero —¡ay!— el infierno está empedrado de buenas intenciones y el destino pegó un volantazo: en una falta lateral, lejana y lacia, Okazaki aprovechó una serie de rebotes y de errores defensivos para anotar el primer gol del choque, VAR mediante.

Los cambios cadistas se realizaron, sí, pero ahora el semblante era serio y las prisas, muchas. Álex le ponía un poco de sentido a la circulación de balón, pero la aportación del resto de suplentes era escasa. Los locales intentaban guardar la ventaja como quien conserva un tesoro largamente añorado: la victoria les metía de lleno en la pelea por subir a primera y el encuentro iba languideciendo, sin demasiadas ocasiones que llevarse a la libreta (acaso, un buen lanzamiento directo de Jurado que encontró el travesaño).

En aquellos momentos ignorábamos la clave del asunto: Cervera tenía un Plan C.

Y es que la machaconería gaditana en anotar siempre en el descuento no puede ser casual. Tal vez se deba a la fe y a la lucha, o quizá a algún sortilegio ignoto, o a los ojos benévolos de un dios misericorde, yo qué sé…

Sea como fuere, ocurrió.

Pombo cruzó un balón de lado a lado y Luisinho midió mal. El balón pasó sobre su cabeza y aterrizó en la bota derecha de Salvi que controló y encaró la portería a unos palmos del área pequeña. En el instante siguiente, el lateral derribó al sanluqueño en una acción a medio camino entre el fútbol y el Aikido. Álex convirtió el penalti con seguridad y destreza y el empate se hizo carne.

El Cádiz mantiene su ventaja con el Huesca, seguirá de líder una jornada más y se pertrecha con toneladas de moral para los compromisos venideros.

Me encanta que los planes salgan bien.

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