En 2019, el Sevilla fichó a Lucas Ocampos por 15 millones de euros. Sus problemas para asentarse en Europa eran notorios (Mónaco, Marsella, Genoa, Milán, todo revuelto), pero Monchi tuvo un presentimiento y volvió a acertar. Ocampos es uno de los futbolistas más codiciados del campeonato y su cláusula (70 millones) cada vez intimida menos. Lo confirmó de nuevo en el derbi sin público. Marcó un tanto de penalti (penaltito) y asistió de tacón (picadito) en el gol de Fernando.

El derbi no tuvo demasiada historia porque el Sevilla no tardó en mostrarse superior. Tiene más de todo. Así que no le costó encadenar ocasiones, ninguna tan estruendosa como el chutazo que Ocampos (siempre él) estrelló contra la madera.

Era cuestión de tiempo. Y el cántaro se rompió en el 53′, cuando Bartra se apoyó en De Jong para despejar la pelota. Mateu vio penalti y el VAR no le quitó la razón, aunque de esos incidentes hay media docena en cada partido y se pasan por alto. Ocampos marcó sin que se le alterara el pulso y todos los espectadores (los veinte o treinta) entendieron que el partido estaba sentenciado. Fernando puso el punto y final con una cabezazo vulgar en comparación con el taconazo de Ocampos, que engordó una pelota famélica con un toque excelso, de los que salen cuando no mira nadie. Lo anotaremos como otra ventaja de jugar sin público. Las musas se asoman más.

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