Faltan 10 jornadas y el Atleti sigue fuera de los puestos que dan derecho a jugar la próxima edición de la Champions. A pesar de la derrota del Getafe, el Sevilla continúa por buen camino (donde lo dejó) y el imborrable recuerdo de Anfield no sirve para que el equipo de Simeone mejore sus prestaciones en la Liga. Y sevillistas y azulones no son los únicos aspirantes al objetivo del Atlético. Ahí están la mejor Real Sociedad de los últimos años y un Valencia capaz de lo mejor y de lo peor.

Frente al Athletic, el Atlético de Madrid entró en la nueva normalidad con las viejas costumbres que pudimos ver antes del confinamiento. La parada de cada día de Oblak, el espectacular físico de Llorente o las asistencias de Koke son algunos de los argumentos que siguen destacando tras muchas semanas de parón. El problema viene cuando estos argumentos pasan de ser «algunos» a ser los «únicos». Con la ausencia de Joao Félix, la nueva adaptación (igual que la última) de Carrasco al sistema de Simeone y un Correa lejos todavía del jugador con mejores cifras y mayor regularidad del equipo rojiblanco, la falta de ideas en los últimos metros sigue distinguiendo por desgracia al equipo de Simeone del resto de candidatos a jugar la máxima competición europea.

Detalles como esos marcan la diferencia. Carrasco tuvo el 0-1 en la ocasión más clara hasta ese momento, resbalón incluido de Unai Simón. Pocos minutos después eran los locales los que iban por delante tras un remate de Muniain con varios futbolistas alrededor pero ninguno capaz de tapar el tiro del capitán rival. El belga parece que va a necesitar más tiempo y partidos de lo que parecía, precisamente para afinar la puntería de cara a puerta y volver a marcar diferencias en tres cuartos de campo como antaño.

Correa llegaba tocado y no estaba a su mejor nivel, lo cual dejó el trabajo en manos de Koke y Llorente. El primero intentó jugar por sí mismo y por el resto a la hora de crear peligro; el segundo se mostró exuberante en lo físico e igual de desinhibido en lo futbolístico; para que cualquiera le saque ahora del once del Cholo. Los cinco cambios que dieron aire al equipo no fueron suficientes para generar mayor peligro más allá de la ocasión creada por Lodi y cerrada por el otro lateral entonces, Arias. Ni Morata ni Lemar ni el mencionado Correa consiguieron mejorar a los titulares.

Sobra decir que si no es por Oblak el Atlético podría haberse marchado de Bilbao incluso con menor bagaje que el punto final. Síntoma de la nueva normalidad y las viejas costumbres. El portero continúa siendo referente y salvador mientras que Llorente parece capaz de aportar mucho y bien en cualquier posición del campo. La vuelta de Joao Félix y Felipe en próximas fechas debería servir para dar un salto suficiente para que el equipo recupere en un mes la plaza Champions a la que aspira y a la que está obligado por su actual estatus. Siempre y cuando, claro, las intenciones no se queden en argumentos y el equipo vuelva a la antigua normalidad, la que dejó en Anfield.

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