Empezó el retorno del Barça a esta nueva normalidad con buenas noticias: a las pre-rotaciones inesperadas con Araujo y Braithwhite titulares, bajando ampliamente la media de edad del equipo, se sumaba el ver a Messi con el pelo más largo de lo normal y afeitado, a contracorriente de la pandemia de barbas que puebla la península. Y eso es algo que siempre trae buenos augurios: con ese look de jovenzuelo levantó sus cuatro Champions.

Siguieron las buenas noticias porque en el primer minuto llegó primer ataque azulgrana con la primera internada de Jordi Alba tras robo de De Jong y el primer gol del Barça obra de Vidal de cabeza. Sigue el chileno empeñado en cerrar la boca a quienes pensamos que su fútbol y el estilo Barça van a contrapelo. Contracresta en su caso.

Unos muy buenos quince minutos y una nueva clara ocasión incitaban a pensar que sería un partido plácido para los visitantes… si es que mantenían así de enchufados. Pero el alto ritmo de juego no ha sido precisamente la seña de identidad del equipo en esta temporada y con 10 partidos por delante en apenas un mes, este no iba a ser la excepción. En vez de buscar el 0-2, se optó por la especulación y el Mallorca aprovechó para merodear el área de Ter Stegen. Afortunadamente para los de Setién, el ataque del Mallorca solo empezaba y terminaba en Kubo y los (pocos) destellos del japonés chocaron con las manos de Der Heilige. Y antes de que los de Moreno soñasen con complicarle el partido al líder, D10S se sacó una pseudo-asistencia de cabeza que remató a gol Barry White, ejerciendo de 9 puro. Como anécdota: el último danés que había marcado con la camiseta del Barça había sido Michael Laudrup.

Lo que ya no es anécdota sino dura realidad es que la integración, actitud y ganas del Larsson danés en sus pocos minutos con el Barça contrastan con el nulo aporte de El Hombre Gris. Y eso sin poner en la balanza lo que costó cada uno. Ni sus números le salvan: sólo lleva un gol más en liga que Arturo Vidal. La terna Dembelé-Coutinho-Griezmann empieza a parecer la versión 2.0 de la mítica Geovanni-Rochemback-Saviola. Para consuelo del culé, y dado que el fútbol es muy dado al “mal de muchos…” queda el alivio de saber que el Atleti se fundió lo ingresado por el francés en João Félix.

Con 0-2 y tufillo a partido sentenciado, era el momento de analizar el nuevo entorno del fútbol. El hecho de que no hubiera público apenas se notó en Son Moix: los estadios con pistas de atletismo siempre han dado esa misma sensación de vacío y falta de ambiente. Viéndolo desde casa, más de un telespectador debió parafrasear a Borges con eso de “habla sólo para mejorar el silencio” porque el sonido del PC Fútbol 95 no mejoraba en nada el silencio de las gradas. Tampoco insertar público digital en las mismas se puede decir que esté muy logrado: si hasta el público del mítico Fernando Martín Basket Master (Spectrum 1987) se movía. Es justo reconocer, sin embargo, el holograma de Griezmann: ese sí se veía muy realista. Por último, la nueva normalidad ha traído graves consecuencias para los minutos intrascendentes y la prensa amarillista: las  mascarillas nos impidieron leer los labios de Eder Sarabia.

Tras el análisis ambiental, la segunda parte arrancó con el canto del cisne del Mallorca: en el primer minuto, un disparo de Budimir limpió la base del poste de Ter Stegen. Fue la última ocasión de los bermellones de meterse en un partido que entró en un tedioso carrusel de cambios, señal de que ambos equipos daban el resultado por válido, y cuya calma solo se vio alterada por la entrada de un espontáneo, de nombre Francisco, deseoso de tocar a D10S. Al menos, para compensar, se sacó del campo a otro espontáneo, de nombre Antoine.

El Señor del Fútbol decidió desagraviar a su detenido admirador y cuando una parte del público ya empezaba a desfilar hacia la Papelera de Reciclaje, él comenzó a repetir asistencias a diestro y siniestro. Los fallos de Barry White y Araujo le convencieron de que era mejor buscar a su socio de siempre: Jordi Alba invirtió los papeles y crujió por bajo a Reina. Y como parece que Lewandoski está decidido a disputarle la Bota de Oro de este año, Leo decidió marcar un gol sin aparente esfuerzo en el último minuto. Seguro que pese a sus diez goles de ventaja ese gol no deja dormir al polaco. Porque la nueva normalidad se sigue pareciendo mucho a la vieja: un Barça líder bajo el mando del mejor jugador del mundo.

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