Este miércoles regresa la Premier League tras el parón impuesto por el coronavirus. Una Premier League que puede ser histórica en lo deportivo si se confirma el campeonato del Liverpool, pero que también podría ser la del cambio de ciclo tras lustros de dominio en el mercado futbolístico mundial. La Premier League se enfrenta por primera vez desde su creación en 1992 a una serie de condiciones que ponen en peligro su indiscutible liderazgo económico dentro de las competiciones nacionales del fútbol.

La Premier League cimentó su superioridad económica en un modelo de gestión y explotación comercial muy estable durante los últimos quince años. Con el liderazgo algo autocrático de su presidente ejecutivo Richard Scudamore (en la foto de Cordon Press), la Premier League construyó un producto global gracias a los ingresos por derechos de televisión generados en un mercado con tan sólo dos operadores en el Reino Unido, la atracción de talento extranjero y una expansión comercial en Asia principalmente. A todo ello contribuyó la creación de una imagen de marca homogénea. Nada lo ejemplifica mejor que la multitud de turistas que llegan a Londres queriendo ver un partido de la Premier League. En general (aunque hay excepciones, claro), lo mismo les da que sea del Chelsea, del Tottenham, del Arsenal o del Crystal Palace. La marca es (o era) la Premier League, no el club.

Pero en poco tiempo muchas de esas bases han cambiado. Posiblemente el primer aviso serio llegó hará unos tres años. En la última subasta de derechos de televisión para el mercado británico el valor por partido cayó un 10%. Sí, el total recaudado fue muy similar a la subasta anterior, pero la liga tuvo que ofrecerle a Sky y a BT Sport más partidos por el mismo dinero. Casi a la vez empezaba a resquebrajarse la unidad de los clubes, con el Manchester City en el punto de mira de todos. Y por si fuera poco, el 26 de junio de 2016 los británicos votaron en favor del Brexit, rompiendo parte de ese modelo global de la Premier League.

Ha pasado ligeramente desapercibido para la mayoría que la Premier League ha tomado una medida histórica para retomar la competición tras el Coronavirus. De los 90 partidos que quedan por disputarse (9 jornadas), se van a televisar en directo todos. Además, de esos 90 más de un tercio (33) se emitirán en abierto en el Reino Unido. Es la primera vez desde que la Premier League se fundó en 1992 que emite un partido en abierto. Nunca había pasado. Nunca lo había necesitado. Son dos decisiones que tienen toda la lógica desde el punto de vista empresarial. La Premier League necesita reconectar con sus seguidores. Y también necesita que les vaya bien a Sky y a BT Sport, porque si las cadenas no recuperan clientes difícilmente pujarán fuerte en la próxima subasta de derechos de televisión prevista para dentro de un año. Pero no por tener todo el sentido deja de ser histórica. La Premier League se ha visto forzada a tomar una medida inaudita en el contexto del fútbol británico. Es la prueba de la situación en la que se encuentra la liga.

Por supuesto que la Premier League sigue teniendo una salud envidiable. Todos sus clubes han registrado beneficios las dos últimas temporadas. Algo casi tan insólito en el fútbol europeo como la transmisión de partidos de la Premier en abierto. Pero no es menos cierto que hay una marejada de fondo que podría crearle problemas a la Premier League. Sobre todo porque crecer cuando ya se es el líder es mucho más complicado.

Los problemas a los que se enfrenta la Premier League son variados. Algunos son sistémicos y fuera de su control, lo que complica aún más la situación. Se podrían resumir en tres: la doble crisis económica y social como consecuencia del Brexit y del Covid-19, la desunión de los clubes y falta de liderazgo, y la pujanza de La Liga.

El Brexit iba a ser siempre difícil de negociar para una liga tan global como la Premier. Sólo un tercio de sus jugadores son nacidos o educados en el Reino Unido. La adaptación de los clubes, las canteras y los sistemas de entrenamiento al nuevo régimen de inmigración a partir del 1 de enero de 2021 será complicado. Aún así, es el aspecto económico del Brexit lo más preocupante. Con predicciones de una fuerte recesión de hasta un 8% del PIB británico, los ingresos comerciales de los clubes podrían sufrir mucho. Si a ello ahora le sumamos los problemas añadidos por el Coronavirus, la ecuación es fácil de resolver. No sólo eso, sino que hay una presión añadida por parte de la opinión pública e incluso del gobierno para que la Premier League ahora comparta un porcentaje mayor de sus ingresos con el fútbol modesto. Es decir, cuando quizás entre menos dinero, les piden que repartan más. De primeras, no parece halagüeño.

Si algo caracterizó a la Premier League desde 1992 fue su unidad. Era una liga a la americana. Una imagen corporativa, un reparto equilibrado de los derechos de televisión, una toma de decisiones por mayoría cualificada (14 de 20 clubes han de votar a favor para cualquier reforma). Era, en definitiva, un club bien avenido. O quizás sólo lo parecía, pero el liderazgo de su presidente ejecutivo, Richard Scudamore, lo escondía. Él hizo mucho del trabajo sucio para convencer a dueños de clubes, políticos e incluso comisarios europeos de que el modelo de negocio de la Premier League era el ideal para todos. Cuanto más dinero ha ido llegando, y sobre todo desde hace seis años con el aumento de los derechos de televisión nacional y global, esa unidad se ha resquebrajado. Hay quien apunta a la llegada de capital emiratí al Manchester City como un momento clave en esa dinámica, pero es muy probable que simplemente haya acelerado lo que ya estaba ocurriendo.

Hace dos años, tras un ataque al corazón y después de sudar muchísimo para obtener un compromiso de los clubes en el reparto de los derechos internacionales de televisión, Richard Scudamore decidió jubilarse. Nunca lo ha dicho claramente, pero sí ha dejado entrever que cada vez era más difícil convencer a los clubes. Sobre todo, a los más ricos. El conocido como el Top-6 (Manchester United, Arsenal, Chelsea, Tottenham, Manchester City y Liverpool) cada vez quiere compartir menos con el resto y cualquier excusa es buena para intentar sacar mayor tajada.

El vacío que ha dejado Scudamore es preocupante. Y la falta de liderazgo notoria. Hasta tres intentos fallidos tuvo la Premier League para buscarle un sucesor. Al final se decantaron por alguien de la casa, Richard Masters, director comercial y de marketing durante muchos años. A su favor tiene que conoce perfectamente la situación. En su contra, que posiblemente no sea el perfil de dirección ejecutiva fuerte e independiente que requiera la liga. A pesar de su perfil bajo, hay que reconocerle el mérito que ha tenido al navegar con maestría las complicadas negociaciones a muchas bandas para reiniciar la liga tras el parón del Coronavirus.

De los tres intentos fallidos para renovar la dirección general, posiblemente la renuncia de David Pemsel, que venía de pilotar con éxito la transformación digital de The Guardian, haya sido el golpe más duro. Pemsel aceptó el puesto, pero luego tuvo que dimitir antes de asumir el cargo por un escándalo relacionado con mensajes privados de índole sexual. Pemsel parecía un candidato ideal dada la necesidad que tiene la Premier League de adaptarse al nuevo contexto digital, sin duda uno de los puntos débiles de la liga en estos momentos.

Si la Premier se haya huérfana de liderazgo en la cima, no puede decirse lo mismo de La Liga. La personalidad de Javier Tebas divide opiniones casi tanto como el Marmite (típico producto inglés para untar en pan que odias o amas, no hay medias tintas). Pero lo que es incuestionable es que bajo su dirección La Liga se ha transformado. Todos los especialistas que he consultado en los últimos años coinciden en que La Liga presenta ahora una imagen fresca, de competición innovadora y con una estrategia comercial mucho más acertada.

La Premier League tiene por primera vez un rival serio, y llega justo en un momento de crisis económica nacional que puede dificultar su reacción. Cualquier teoría económica explica que siempre es más fácil crecer si se va por detrás. Es lo que les pasa a los países en vías de desarrollo. En condiciones normales el crecimiento económico anual de un país como Brasil era mayor que el de Alemania simplemente porque tiene más espacio para desarrollarse. La situación entre la Premier y La Liga es similar. Por supuesto es mucho aventurar que La Liga pueda desbancar a la Premier League, más cuando el mercado nacional de la Premier es el doble del de la competición española. Pero elefantes más grandes han caído; y si no que se lo digan al Calcio. En todo caso, La Liga representa un problema para la Premier League en el mercado internacional, justo el que los clubes ingleses esperan que sea la salvación ante los problemas creados en casa por el Brexit y, ahora, el Coronavirus. En resumen, otro problema añadido.

A pesar de su indiscutible atractivo, la Premier League regresa con más preguntas que respuestas. El campeón quizás esté claro, pero el futuro de la liga inglesa de fútbol mira hoy al abismo más que nunca en sus casi treinta años de historia.

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