Empezaba la Eurocopa sin partidos que llamasen poderosamente la atención hasta el final de la primera ronda de encuentros, cuando Alemania y Francia se encontrasen en Múnich. Otros partidos despiertan curiosidad: el debut de España dentro dos días, quizá el reencuentro de Inglaterra con Croacia o el estado de forma de Ronaldo en la defensa del título. En cualquier caso, muy pocos aficionados neutrales estaban pendientes del partido jugado en Copenhague, por mucho que los organizadores se esforzasen en vestirlo de derbi escandinavo. Sin embargo, Dinamarca y Finlandia sorprendieron con un partido entretenido, con alternativas, y como no puede ser de otra forma, con errores que propiciaron muchas de las ocasiones de gol: ya conocen el tópico, en las pizarras no hay errores y los partidos acaban 0-0.

Finlandia cuenta los futbolistas de alto nivel en su historia con la frecuencia en la que España contamos esquiadores de fondo. Su llegada a la Eurocopa se ha basado, como en casi todas las selecciones pequeñas, en el trabajo de equipo y el acierto goleador de Teemu Pukki, un delantero bajito que se atrevió con el calor de Sevilla e hizo carrera por varios clubes sin dejar grandes cosas para el recuerdo hasta aterrizar en Norwich, donde ha tenido dos grandes temporadas como goleador, una en la Premier League y la anterior en la segunda categoría. Pasando desapercibido durante todo el partido, sin mucho apoyo de sus compañeros en la zona de ataque, aprovechó un pase lateral desganado de Kjaer para interceptar y plantarse delante de Schmeichel y batirle con un remate picado cuando el guardameta salía hacia él.

Apenas habían transcurridos siete minutos de partido y ya teníamos el primer gol. El siguiente no tardó en llegar y fue, esta vez, el resultado de una genialidad. Con Finlandia unos pasos atrás, un libre directo a 30 metros ofrecía a Dinamarca su primera ocasión de gol. Con medio equipo esperando el centro de Eriksen, el jugador del Inter prefirió lanzar directamente a puerta, con precisión y por la escuadra.

Dinamarca se encontraba cómoda y confiada y seguía atacando en busca del 2-1, pero descuidaba su defensa y Finlandia volvió a adelantarse con un gol clásico del futbol base inglés: el portero atrapó un balón en su área y lo lanzó en largo al delantero centro, que apenas tuvo que evitar caer en fuera de juego para plantarse de nuevo solo ante Schmeichel. El portero protestó visiblemente a sus jugadores: seguramente ya había avisado que de esa misma manera Pukki le había marcado un gol en Leicester.

En la segunda parte Dinamarca encerró a los finlandeses en su campo. Pukki intentó salir a la contra en un par de ocasiones, pero una jugada enlazada entre dos nombres tan poco daneses como Delaney y Braithwaite acabó con el jugador del Barcelona (Braithwaite, por si alguien se ha olvidado) empatando el partido. El desarrollo final parecía inevitable. Dinamarca había añadido delanteros a su búsqueda por el gol con Kasper Dolberg, ex delantero del Ajax. Una internada en el área de Eriksen tras pared con Schone dejó a Dolberg con el portero batido y listo para empujar a gol: 3-2.

Afirmar que este partido fue un clásico sería exagerar, aunque fue mucho más entretenido que el enfrentamiento entre Gales y Suiza en Bakú. Ambas selecciones hicieron cuentas: quizá empatando este partido y ganando a Turquía ambas se clasificarían. Bale volvía de su enésima lesión para hacer el gol de los británicos, desmarcándose, saltando más que el rival y rematando de cabeza, por ese orden, a centro de Ramsey, uno de los pocos jugadores que pasan más tiempo en la sala de rehabilitación que el jugador de golf del Real Madrid. Suiza logró empatar después por mediación de Seferovic, uno de esos delanteros que necesitan diez ocasiones claras de gol para quizá marcar uno, como recordarán en San Sebastián, pero que con su selección suele rendir mejor que en sus clubes. Revisado por posible fuera de juego, el VAR hizo su debut en el torneo para certificar la validez del gol. 1-1 y todos felices, menos los espectadores que se sentaron ante el televisor.

Bélgica se presentaba en Moscú ante una Rusia que en el Mundial había recomendado la autoestima, aunque no el fútbol, gracias en parte a la inoperancia de España. Rusia dependía del talento intermitente de Dzagoev o Golovin y la presencia en el área de Dzyuba, pero los belgas ponían mucho más sobre el campo: De Bruyne y Hazard se hicieron con el control del juego escudados por un muy cómodo Witsel en el papel de mediocentro con vocación defensiva, aunque tan poco tuvo que defender que en la segunda parte se permitió sumarse al ataque con frecuencia, y ya sin Hazard ni De Bruyne en el campo, hizo el 0-3 final con un disparo ajustado desde la frontal. Lukaku había marcado los dos primeros goles en la primera mitad, siendo la defensa rusa incapaz de contener la fuerza del delantero del Inter y la facilidad para romper líneas del ataque belga.

 Clasificaciones

Grupo A

  Pts. GF GC
Italia 3 2 1
Gales 1 1 1
Suiza 1 1 1
Turquía 0 1 2

Grupo B

  Pts. GF GC
Bélgica 3 3 0
Dinamarca 3 3 2
Finlandia 0 2 3
Rusia 0 0 3

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