El derbi entre el Sevilla F.C. y el Real Betis Balompié abrirá el telón de la vuelta del fútbol a la Primera División española. Pocos encuentros poseen una rivalidad similar, construida a base de numerosas anécdotas, efemérides y polémicas. Aunque si hubiera que destacarse una de entre todas ellas, probablemente la más importante —y la que marcó un antes y después en las relaciones entre ambos clubes— fue el caso Antúnez en 1946.

Francisco Antúnez, nacido en Sevilla el 1 de noviembre de 1922, entró a formar parte del Sevilla F.C. hasta alcanzar la categoría de juvenil. Con un rendimiento aceptable en la posición de mediocentro, terminó abandonando la disciplina rojiblanca para integrarse en el Betis, con quien debutaría en 1941 a los 19 años. Durante cuatro temporadas vistió la elástica de las trece barras dejando abundantes muestras de su calidad en el pase, lo que provocó que el enero de 1946, en mitad de la temporada, el entrenador sevillista Ramón Encinas se fijase en él para sustituir a Andrés Mateo, quien había tenido que abandonar la práctica deportiva por causa de enfermedad. La directiva del Sevilla se puso entonces en contacto con la del Betis, y el 23 de enero se produjo el traspaso en la propia casa de Eduardo Benjumea, presidente verdiblanco. El Betis se hallaba en un momento financieramente delicado, de modo que la venta suponía cierta dosis de alivio económico. Sin embargo, Benjumea dudó en el último instante, y el documento, firmado por varios directivos —incluyendo al vicepresidente Carlos Hernández—, no contuvo la rúbrica del jefe de la entidad. No obstante, el Sevilla abonó las 80.000 pesetas del acuerdo y se quedó con el jugador.

La mañana del 24 de enero la noticia salió a la luz y de inmediato la indignación cundió entre el sector bético. Los aficionados, al enterarse de la ausencia de la firma del presidente Benjumea, alegaron ilegalidad en el traspaso. Como podía esperarse, el Sevilla no tuvo en cuenta las protestas de la hinchada rival e insistió en que ese mismo domingo Antúnez —cuyas inclinaciones béticas se habían transformado en sevillistas con las condiciones del nuevo contrato— debutaría con su equipo en Chamartín contra el Real Madrid. El viernes 25 de enero una multitud de béticos se dirigió a la estación de ferrocarril para evitar la partida del futbolista con el resto de la expedición. Los cronistas refieren que Antúnez nunca llegó a subir al tren, sino que fue trasladado en automóvil hasta Córdoba, donde se unió a sus compañeros. Sea como fuere, acabó disputando el partido contra el Real Madrid, que finalizó con el resultado de empate a uno. En la misma jornada, en el encuentro en Heliópolis que enfrentó a los locales con el Nàstic de Tarragona, algunos intentaron recaudar fondos pidiendo donativos en las gradas para revertir el fichaje —el dinero original había servido para subsanar deudas improrrogables—, sin conseguirlo.

El Betis de Benjumea protestó ante las instituciones deportivas. Antonio Calderón, presidente de la Federación Sur, no objetó nada al traspaso. La Federación Española coincidió en el veredicto un poco más adelante. La polémica se fue incrementando y el caso Antúnez constituyó el tema de conversación por antonomasia jornada tras jornada. Incluso Dolores Ibárruri, Pasionaria, tuvo una intervención al respecto en Radio Moscú en medio de su exilio. La dirigente comunista efectuó un encendido discurso en el que calificaba al Sevilla como al club de las élites latifundistas adineradas andaluzas, mientras que el Betis representaba a los estratos más humildes de la ciudad. El acto había sido, pues, “una cacicada más cometida por la oligarquía contra las clases populares y una injusticia cometida por un equipo capitalista contra otro proletario”. Para más inri, el Sevilla terminó proclamándose campeón de la liga 1945-46, por primera y única vez en su historia.

Acaso movido por el despecho de dejar de ser el único equipo sevillano campeón liguero, el Betis dio un paso más y, tras escasos días de la finalización de la competición, denunció el caso a la Delegación Nacional de Deportes, órgano dirigido en aquellas fechas por el general Moscardó. La decisión final fue de carácter paradójico: Moscardó anuló el traspaso de Antúnez, obligado a regresar al club verdiblanco, pero al mismo tiempo no invalidó los puntos conseguidos por el Sevilla, al haber actuado de buena fe y de acuerdo a lo resuelto en un principio por la Federación Española. Los presidentes de las federaciones anteriormente consultadas en el pleito dimitieron y Antúnez hubo de enfundarse de nuevo la camiseta bética, contrariado por la consiguiente reducción de salario. Benjumea, instado a devolver al Sevilla un importe que la entidad ya había gastado, renunció a su cargo. Uno de los vicepresidentes asumió sus funciones y salvó las cuentas volviendo a vender a Antúnez al rival, en esta ocasión por un precio algo mayor. Después de una escalada de tensión sin precedentes y con el coste de varias cabezas, la situación quedó en idénticas condiciones que en el punto de partida. Aunque las relaciones entre ambas instituciones se enturbiaron para siempre. Cincuenta años más tarde, el 17 de agosto de 1994, se disputó un Betis-Sevilla en el trofeo municipal de la capital andaluza. Manuel Ruiz de Lopera se negó a guardar un minuto de silencio por la muerte de Antúnez, acontecida un día antes. En la vida existen heridas que nunca cierran del todo. Hoy, a las 22:00 horas, un nuevo episodio.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here