En esta redacción, formada, en general, por hombres de bien en su mayor parte, no hemos dejado de percibir ciertas carencias entre los más jóvenes, anonadados probablemente por las preocupaciones del siglo. Es por ello que nos hemos propuesto lanzar un decálogo de gestos faltos de masculinidad que ellos suelen hacer sin percatarse de sus terribles consecuencias pero que habrían de tomarse en serio, porque hay gestos que deberían ser irrenunciables:

  1. Orinar sentado: Este gesto a primera vista tan simple, empequeñece a quien lo práctica, lo convierte de manera inmediata en mindundi. Solo es válido si el doctor te ha dicho que no puedes levantar mucho peso. Entonces sí.
  2. Llevar mallas apretadas al gimnasio: Este gesto es absolutamente reprobable y deleznable. Si a usted por llevar pantalones le salen rozaduras en las ingles, se me aguanta, incluso si su entrepierna se asemeja al trasero de un mandril, porque cualquier cosa ante que llevar mallitas apretadas.
  3. Ducharse usando champú y gel: un hombre de bien, uno hecho y derecho, solo se ducha con uno de ellos; bien gel o bien champú, para todo, para la cabeza y el cuerpo, y si es con una pastilla de jabón, usted es de los grandes. Todo lo contrario de los que usan dos cosas y además, cremita acondicionadora.
  4. Comer muesli, quinoa y pan de espelta: Si tuviésemos un gobierno como Dios manda, la ingesta de cualquiera de ellos por un hombre debería estar tipificado en el Código Penal. Deben saber que todos estos alimentos producen disfunción…ahí.
  5. Ver Pretty Woman: A ver, esto solo puede hacerse en el caso extremo de haberlo cambiado por una visita a tu suegra. En todos los demás casos, verla te convierte en un blandito, en el típico moñas de toda la vida, y si lloras cuando Richard Gere llega en la limusina, o te emocionas cuando le dice a la dependienta que le haga la pelota, o te produce ternura ver a Julia Roberts en la bañera…ejem, bueno. Que no se puede ver.
  6. Mirarse al espejo: todo hombre que se precie, tiene que salir a la calle natural y con los pelos a como dé lugar. Acicalarse denota una carencia importante de testosterona, en especial si la miradita es en el espejo del gimnasio metiendo barriga y sacando pecho.
  7. Tomar Cerveza 0’0%: esta es una de las peores. Estos hombres son lo peor, son un quiero y no puedo, un me encantaría pero no llego. Un hombre que beba ese mejunje merece toda nuestra reprobación y desprecio, nuestra más profunda repulsa y asco, a menos, claro está, que sea usted Roberto Míguez, en cuyo caso, su ingesta nos parecerá elegante y sofisticada y denotará clase a raudales, así como amor al deporte.
  8. Practicar bricolaje: el único bricolaje admitido en un hombre, ni que se lo pidan de rodillas, es abrir una lata de cerveza en el sofá. No puede haber otro. Cambiar persianas, bombillas y demás es propio de seres primarios.
  9. Ir a reuniones del AMPA: esos son los típicos que conocen a todos los compañeros de clase de su hijo por el nombre y el apellido y que piden menos azúcar en los productos de las máquinas expendedoras. Un hombre de verdad nombra a los compañeros de su hijo con un adjetivo siempre inequívoco, como el gordo, el feo o el cabezón y no sabe quién en su profesor ni le importa.
  10. Llevar lista de la compra: un hombre de los de antes jamás lleva esa humillante listita. Un hombre lo lleva todo en la cabeza y no se equivoca nunca ni jamás olvida nada. Bueno, casi nunca. Bueno, casi nada.

      Espero que la tengan muy en cuenta y que no la echen al olvido, porque ser hombre no es fácil. Y bueno, les tengo que dejar, que me llama mi mujer, que me está diciendo que ya ha hecho la lista de la compra, que ha apuntado mi Just For Men, que se me había terminado, y me ha dicho que no me olvide de comprar las bombillas y que me dé prisa porque en un rato empieza Pretty Woman, que la vemos todos los años y que me arregle frente al espejo, porque cuando acabe hay reunión de padres…..

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