El mejor anuncio de su vida duró tres horas y media y pudieron verlo 1.500 millones de personas en todo el mundo. Esta charla con Luis Bassat (Barcelona, 1941) no dura tanto, pero hay tiempo para repasar aquel verano del 92, para conocer las claves de la comunicación en tiempos de crisis y hasta para diagnosticar los males de su Barça: «El club necesita ser independiente políticamente». Él se define como publicista y coleccionista de arte, aunque a lo largo de su vida ha hecho de casi todo, desde vender seguros a presentar un programa de televisión. Lo que tiene claro es que el tiempo para ser presidente culé ya pasó, «no estaba dispuesto a mentir para alcanzar el sillón presidencial», y ahora se conforma con que no agoten a Messi y este siga de por vida vinculado al Barça.

—Viendo su curriculum uno se pregunta si a sus 78 años le ha quedado algún faceta por desarrollar, si le queda algo por hacer…

—Pues me quedan por hacer muchas cosas. Me gustaría fomentar la lectura entre los niños, para que se acostumbraran a leer desde que son muy pequeños. Espero tener tiempo para poder hacer alguna de ellas, por eso me cuido, soy un gran fan de la bicicleta. Suelo salir con amigos uno o dos días a la semana y es una buena excusa para vernos y para mantenernos en forma. Salimos por la zona del Maresme, por esa zona el paisaje es precioso y aunque hay montañas no suelen ser muy altas. Más bien son collados.

—¿Cómo ha vivido estas semanas y meses tan complicados?

—Bueno, a pesar del coronavirus, yo afronto el futuro con optimismo, siendo positivo. Esta pandemia mundial pasará, se encontrará una vacuna y se convertirá en otra gripe común, la gente se vacunará y se podrá evitar el infectarse. Pero el mundo tiene que seguir avanzando hasta ese momento, con todas las precauciones que nos han impuesto, claro está. El progreso es inherente al avance de la humanidad y esta pandemia también supondrá un avance en términos sanitarios, tecnológicos, sociales. Así lo espero, al menos.

—Usted comienza en la publicidad en una época de cambio en España, con el país saliendo de una dictadura y comenzando una transición que no solo era política. Supongo que había todo un mundo por descubrir en la publicidad…

—Cuando yo era pequeño no sabía lo que quería ser, pero me gustaba hacer trabajos creativos. A los 12 años vi una película en el cine, cuyo protagonista era un señor que trabajaba en una empresa de coches americana. Tenía 13 hijos y en su hogar utilizaba los mismos métodos que en la empresa. Y funcionaba a la perfección. La forma de comportarse en casa, la forma de salir juntos, todo. Cuando yo volví a casa le pregunté a mi madre por qué hacía las cosas de la misma manera. Ella me contestó que porque siempre se habían hecho así. Producto de todo aquello me planteé que desde aquel día haría las cosas de otra manera o al menos pondría en cuestión cómo se hacían.

—¿Cómo se llamaba la película?

Trece por docena. Se la recomiendo.

—Antes de llegar a la publicidad flirteó con otras profesiones.

—Sí, al principio quise ser arquitecto, para construir casa con forma de cilindro. Pensé que así no habría patios interiores y todos serían exteriores. Pero un día mi profesor de dibujo en el colegio me dijo que no lo intentara, que no valía para aquello. Eso me echó para atrás. Luego hice un año de derecho, cuatro de económicas… pero a mí todo aquello no me gustaba. Finalmente hice un máster, lo que hoy sería un posgrado en la escuela de ingenieros para ser director general de una empresa. Allí te enseñaban publicidad, márketing, investigación de mercados… y aquello me encantó. Le confesaré que nunca fui buen estudiante en la universidad pero en el máster saque sobresalientes y alguna que otra matrícula de honor. De hecho dos profesores me ofrecieron trabajo, pero yo me aventuré a crear mi propia agencia de publicidad. Tenía 25 años y ya estaba casado.

—¿Lo hace solo, sin socios ni ayuda externa?

—Estábamos mi mujer y yo. Ella era mi secretaria aunque después se sacó la carrera de publicidad. Me puse a aplicar lo que había aprendido durante la carrera, en la que compatibilicé mis estudios con trabajos de vendedor puerta por puerta. Ibas a comisión según lo que ganabas. En ese tiempo entendí bastante bien por qué la gente compra y por qué la gente no compra. Las otras referencias eran los libros de publicidad que había leído, por entonces existían una veintena y los devoré todos. Eso me sirvió luego para hacer una publicidad que vendiera, que llegara al cliente y tomara la decisión de comprar.

«Lo de saldremos mejores y más fuertes es una promesa demasiado exagerada»

—¿Ha sido esa la época más innovadora y donde se hacía una publicidad más fresca?

—Cuando yo empecé en España ya se hacía muy buena publicidad en prensa, en radio, en vallas, pero no en televisión. Y yo me interesé muy rápido por la televisión, pensé que tenía que aprender a hacer de verdad televisión. Así que entre 1975 y 1980 me marché a EEUU. En varias ocasiones para aprender a hacer televisión con la gente de Ogilvy. Aquello fue una experiencia maravillosa, un aprendizaje constante. Luego en la década de los 80 y principios de los 90 llegó el gran boom de la publicidad en televisión, fue la gran explosión de la creatividad en la publicidad. Esos fueron años extraordinarios también para nuestra agencia, tuvimos mucho reconocimiento internacional con premios en Cannes o en los Clio de Nueva York.

—A qué le suena el eslogan: “De esta pandemia saldremos mejores y más fuertes”.

—Creo que ha sido una campaña arriesgada, porque ¿es seguro que saldremos más fuertes? Los americanos dirían que esto es una overpromise, una promesa demasiado exagerada. Ellos dicen que si tú prometes demasiado, cuando el público ve que no se cumple lo que prometes puede desconfiar de ti. Eso de que saldremos más fuertes, en mi opinión modesta y sin querer criticar a nadie, promete un poco más de lo que razonablemente puede prometer un gobierno. Por eso digo que es arriesgada, quizá útil a corto plazo, pero se puede volver en contra del gobierno cuando los ciudadanos se den cuenta de que no salimos más fuertes.

—¿Qué valoración haría de la comunicación del gobierno en esta crisis sanitaria?

—Ha habido de todo. Hay algunos casos de buena comunicación, como el del doctor Fernando Simón. Salía con un jersey primero, en mangas de camisa después, desde un punto de vista protocolario daba una impresión muy normal y luego utilizaba un lenguaje muy entendible para todos. Por eso creo que es el que mejor se ha explicado en esta crisis. Otros no tanto ¡eh! Y encontramos ejemplos en el gobierno y en la oposición. Gente que siempre ha puesto el foco en lo mal que lo hacía el otro en lugar de buscar soluciones. Eso a mí personalmente es algo que me pone nervioso. Se puede criticar, claro que se puede hacer una crítica constructiva, pero esta situación que hemos vivido demanda soluciones, saber lo que tú harías o lo que te ves capaz de hacer. No entiendo tampoco cómo permiten unos y otros que se llamen mentirosos todo el día. Es como si hubiera normalizado la mentira y no nos importara, por tanto, que nos acusen de mentir, cuando debería ser una cosa muy seria. Yo no lo permitiría si fuera diputado. Es que no los elegimos para que nos mientan, los elegimos para que construyan un país mejor.

—¿Va a costar mucho volver a recuperar esa credibilidad perdida por los políticos?

—Sí, es algo imprescindible. Pero no solo los políticos, España también tiene que recuperar la credibilidad. La imagen exterior de España tiene que mejorar y tenemos que demostrar que estamos de nuevo preparados para ser un país donde se puede invertir, donde existe seguridad, donde se puede venir de vacaciones. Es que el turismo es nuestra principal industria, eso no se nos puede olvidar. Ahora mismo sería más imprescindible que nunca una campaña de la Marca España. Tenemos que explicar lo que es España hoy, lo que hemos vivido en esta pandemia y cómo va a salir adelante de esta situación.

—¿Es en las dificultades donde aflora el talento, donde los mejores salen siempre a flote?

—Eso es cierto. A pesar de lo que solemos pensar de nosotros mismos, los españoles tenemos cierta facilidad para salir de estas dificultades, quizá porque hemos vivido varias crisis y nos sabemos reinventar. La creatividad española es muy buena, una de las mejores del mundo. Y creo que la creatividad nos va a ayudar en este momento. Porque toca pensar diferente. Lo que hacíamos antes es muy probable que ya no valga o no dé el mismo resultado. Ahora hay que poner en práctica la creatividad, hay que ser capaz de no copiar, de buscar caminos diferentes y de demostrar que somos capaces.

—Hace tiempo que la comunicación y la publicidad se subieron a ese caballo desbocado que son las redes sociales, cualquier marca está ahí. Lo que no tengo tan claro es si todos saben utilizarlas.

—La gran revolución de este siglo son las redes sociales. Pero no hay que llevarse a error, son herramientas. Es como si yo para hablarle de un cirujano le dijera que tiene un bisturí maravilloso y que utiliza unos rayos láser fantásticos. Usted me podría decir, “oiga pero, ¿operar, saber operar?”. Lo digo porque a veces perdemos de vista el objetivo de la comunicación, y el objetivo no debe ser usar una herramienta u otra. El objetivo es conseguir un cambio de actitud del ciudadano, nosotros le tenemos que ayudar a pensar en nuestro producto, a que se decida por él. A que cambie su coche diésel por uno híbrido o eléctrico, por ejemplo. O a que se olvide de la comida prefabricada y cuando llegue a casa se abra un tomate y se lo coma con aceite y sal. Es decir, lo fundamental es la eficacia del mensaje y no tanto el canal o la herramienta que utilizamos para transmitirla.

—Usted en un declarado filántropo y en este país siempre se mira con cierto recelo a las grandes fortunas o personajes públicos que hacen donaciones a la salud pública o ayudan a ONGs. ¿Qué le diría a los que defienden que la mejor donación posible es pagar impuestos o tributar en tu país?

—Mire, le contaré una situación que viví hace unos días a colación de este tema. Me peleé con un amigo precisamente por las donaciones que hace Bill Gates. Él estaba convencido de que Bill Gates sacará tajada de todo esto, que le ayudará a tener beneficios para su empresa y en el fondo lo que quiere es manejarnos y controlarnos a través de sus empresas. Yo le decía que se dejara de historias, que Bill Gates es una de las personas que más dinero da en el mundo, sino el que más. Y te aseguro que podría vivir igual de bien sin hacerlo, incluso podría ser más rico. Pero es que a veces nos cuesta creer que haya personas generosas o que cedan parte de lo suyo a los demás. Hay personas que son conscientes de la buena vida que tienen y también son conscientes de que hay otras personas que lo pasan mal. Por seguir con el mismo ejemplo, gran parte del dinero que se destina a la lucha contra la malaria es donado por Bill Gates, lo sé porque mi hijo es médico y ha trabajado durante muchos años en África con diferentes ONGs. Él ha colaborado con la fundación de Bill Gates y ha estado varias veces en la sede en Seattle organizando proyectos. Sin esa ayuda mucha más gente hubiera muerto en África por la picadura de ese terrible mosquito.

—¿Consiguió convencer a su amigo?

—No, en esos casos lo que suelo hacer es responder con una pregunta: ¿Y tú que haces por los demás? ¿Tú das parte de tu sueldo? ¿Te has planteado que a lo mejor puedes prescindir de una parte de lo que ganas para ayudar a alguien que está mucho peor que tú? Parece que no somos capaces de plantearnos esto en algún momento, porque volvemos al criticar por criticar, sin mirarnos nosotros mismos. Por eso yo siento un gran respeto hacia la gente que ayuda a los demás.

—¿Cómo ayuda usted?

—Nosotros lo hacemos a través de la Fundación que tenemos con mi mujer. Lleva en funcionamiento hace unos años y no pedimos dinero a nadie, por tanto, no damos el dinero de otros. Se financia a través de los beneficios que consiguen mis libros y de las conferencias que doy. Mi planteamiento es dar esa parte que perentoriamente no necesitamos para vivir. Y entre otras cosas donamos para la lucha de la malaria en África. Como le decía antes, mi hijo ha vivido siete años en Mozambique, es médico y sabe lo que se necesita allí y también canalizar ese dinero para que sea efectivo. En los primeros años de la crisis en España en 2008 o 2009, entendimos que lo más necesario era ayudar a Cáritas o al Banco de Alimentos y eso hicimos. Con toda nuestra modestia y sin decirlo en público o darlo a conocer.

—Su último libro publicado en 2020 se titula Sueña como Luther King, habla como Obama, manda sin mandar y sé tú mismo. Y en estos días de protestas raciales en medio mundo, no sé si a un negro, por increíble que parezca, le sigue costando mucho soñar con tener un futuro mejor.

—Ha habido quien me ha dicho que he puesto dos negros en el título del libro. Sí ¿y qué? No veo ningún problema. Hablar de un soñador como Luther King y de un convincente comunicador como era Barack Obama siempre tiene vigencia. Es que Obama llegó a ser presidente de los Estados Unidos, un negro, con todo lo que eso significa allí, bien lo sabemos y lo estamos comprobando ahora. Eso también habla de su poder de convicción. En este libro hablo de la comunicación entre personas porque el ciudadano normal no está acostumbrado a comunicarse y cada vez menos. Nadie que no lo necesite sabe hablar en público y eso es fundamental para lanzar cualquier mensaje, también contra el racismo.

Barcelona 92

—Usted se encargó de las ceremonias de apertura y clausura de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 e imagino que nunca se había enfrentado a algo parecido, ¿sintió vértigo?

—Bueno, lo primero que le dije a Pascual Maragall es que no contara conmigo. Le dije que me parecían horrendas estas ceremonias. Había visto una de fútbol americano en EEUU y alguna de los Juegos Olímpicos por televisión y eran todas muy malas. Le comenté que, en todo caso, le podía hacer la publicidad de Barcelona 92. Y con esa inteligencia que tenía Pascual, me explicó: ‘Es que no haremos publicidad de los Juegos, no haremos vallas o anuncios para la prensa. A mí lo que me gustaría es que la ceremonia de inauguración fuera como un gran spot de publicidad de lo que pueden ofrecer Barcelona, Cataluña y España. Y esa idea se me quedó grabada en la cabeza, pensé que ahí sí podía aportar algo y cambié de opinión. Entonces me plantee cómo podía yo comunicar lo bueno que tenía nuestra tierra, nuestro país. Entonces decidí presentarme al concurso.

Ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 en el Estadio de Montjuïc. CORDON PRESS

—Y lo ganó claro.

—Bueno, fue curioso porque terminamos haciendo una alianza. En la ronda final quedábamos la empresa Ovideo y nosotros. Entonces el consejero delegado del comité organizador, José Miguel Abad, no quería desprenderse de ninguna de las dos ideas que habíamos presentado y optaron por que nos fusionáramos. De esta manera a mí me nombraron presidente del comité de las ceremonias de inauguración y clausura, Pepo Sol fue el productor ejecutivo y Bigas Luna fue el director artístico. Aprovechamos cosas de ambos proyectos, pero al final hicimos prácticamente una ceremonia nueva.

—¿Cuánto tiempo dedicó a aquellas ceremonias?

—Fueron tres años de trabajo extraordinario. Nos juntamos 126 personas solo para la creación de las ceremonias. Ese fue el tiempo que tardamos en prepararlas. Tal y como dijo Samaranch, fueron las mejores ceremonias de inauguración y clausura de unos Juegos Olímpicos.

—¿Hubo algún artista o algún número que se les resistiera y tuvieran que optar por el plan B?

—Mire, una vez le preguntaron a Julio Iglesias si estaba enfadado porque no hubiéramos contado con él para ninguna de las dos ceremonias, siendo el artista español más internacional en ese momento. Y Julio contestó de una forma muy inteligente: “No, no. Es que nosotros en música pop no somos nadie. Nuestra tradición es otra. En cambio en ópera no hay ningún país con tantos tenores, sopranos y barítonos tan buenos: José Carreras, Plácido Domingo, Alfredo Kraus, Montserrat Caballé… si queremos dar una buena imagen de la música en España esta es la mejor que podemos dar”. Y eso fue lo que intentamos nosotros. Fuimos a buscar para cada cosa lo que mejor transmitiera la calidad española. Queríamos un diseño de espectáculo muy moderno y en la inauguración contamos con la Fura dels Baus y en la clausura con los Comedians. Para la música contratamos a José Carreras. Y, claro, Carreras llamaba a cualquier músico del mundo y se le ponía al teléfono. Cuando la Fura dels Baus representó aquel Mar Mediterráneo, pensamos que el mejor para musicalizar esos casi 20 minutos de actuación era Ryüichi Sakamoto, que acababa de ganar el Oscar a la mejor banda sonora con la película El último emperador. Carreras le llamó y a los cinco minutos estaba contratado. Quizá lo que más quebraderos de cabeza nos dio fue la flecha.

«El Barco que utilizó La Fura dels Baus en la inauguración ha estado en el jardín de mi casa durante casi 20 años»

—¿A quién se le ocurrió lo de encender el pebetero con una flecha?

—La idea partió de un arquitecto que estaba diseñando un escenario que luego finalmente no se pudo construir porque no nos encajaba en el número final. Él sugirió que si no había escaleras para subir al pebetero no había mayor problema, lo podíamos encender con un arco y una flecha. La idea era preciosa y yo la acepté enseguida. La única condición que puse es que yo pudiera ver con mis propios ojos como un arquero tiraba 100 flechas o mil sin fallar ninguna. Lo que pretendía hacer ver es que no quería riesgos. Pero entonces nos apareció otro problema: la federación de tiro con arco no nos podía dejar a ningún arquero porque nos decían que todos estaban preparándose o compitiendo antes de los Juegos. Además, suponía cambiar su entrenamiento porque el lanzamiento era en diagonal hacia el pebetero y no horizontal como es lo habitual. Lo único que nos podían facilitar era un arquero paralímpico, ya que estos competían un mes después. Entonces apareció Antonio Rebollo, que vivía en Madrid y que venía cada jueves a Barcelona a entrenarse, a lanzar flechas al pebetero. Surgieron más problemas de los que la gente se piensa: al principio la flecha no llegaba, luego se apagaba el fuego… Pero afortunadamente lo pudimos resolver. Creo sinceramente que fue el momento culmen de los Juegos Olímpicos, el que todos recordamos.

—¿Esas ceremonias fueron los spots de su vida?

—Sin ninguna duda, en ningún otro spot he estado trabajando tres años. Es el trabajo de comunicación más importante que he hecho en mi vida, y he hecho muchos, eh. Entre 3.000 y 4.000 spots publicitarios y guardo recuerdos de cada uno de ellos, pero esto es otra cosa.

—¿Guarda algún recuerdo especial de aquellas ceremonias?

—Guardo un montón de cosas. Durante mucho tiempo el barco que utilizó La Fura dels Baus en la ceremonia estuvo en mi jardín. Cuando se acabaron los Juegos Olímpicos nos comentaron que querían subastarlo todo para recuperar parte de la inversión. Insistí mucho a Pasqual Maragall para que hicieran un Museo Olímpico, pero finalmente no se hizo. De aquella subasta yo compré bastantes cosas; le diré que me gasté más dinero en aquella subasta de lo que cobré por organizar las ceremonias. El Barco ha estado veintitantos años en el jardín de mi casa, pero se fue deteriorando porque no estaba preparado para estar tanto tiempo a la intemperie. Un día vino una racha de viento y una de las chapas salió volando. En ese momento decidimos que lo teníamos que quitar de ahí, podía provocar un accidente y se lo llevaron. Ya era peligroso tenerlo ahí. Lo que sí conservo es alguna de las olas que se utilizaron, algún rayo de sol, la maja desnuda que dibujó Mariscal. Tengo bastantes cosas que guardo con mucho cariño.

Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. Ceremonia de clausura 09-08-1992. J. A. MIGUELEZ

«Un grupo de personas está preparando la candidatura de Barcelona 2030 para la Expo Universal, ojalá así se recupere el impulso que para la ciudad supusieron los Juegos Olímpicos»

—¿Ha perdido Barcelona, y por extensión España, el espíritu olímpico de aquel verano del 92?

—Esto puede ser una primicia, yo al menos no se lo he dicho todavía a nadie, pero hay un grupo de personas que estamos organizando la candidatura de Barcelona como sede de la Expo Universal de 2030. Sería la tercera después de la de 1881 y 1929. Han pasado muchísimos años y es cierto que Barcelona necesita un revulsivo. Igual que le digo que Madrid ha tenido un crecimiento como ciudad muy importante y muy positivo en estas últimas décadas; creo que está en el buen camino. Y sin querer culpar a nadie, Barcelona ha perdido pistonada (perder comba), como decimos aquí en Cataluña. Y por eso creemos que hay que hacer algo para que Barcelona recupere esa ilusión y ese avance que supusieron los Juegos. Después de un evento así lo único que se puede comparar con ellos es una Expo Universal. Es un evento que dura seis meses y, por lo tanto, se puede aprovechar aún más que unos Juegos, que son dos o tres semanas. Esta idea no es mía, pero yo les voy a apoyar definitivamente. Creo que esto podría ser el acicate para que todos volviéramos a tirar del carro en la misma dirección y para que los ciudadanos no pensemos tanto en echarnos las cosas en cara y sí en construir un futuro mejor.

—¿Y cómo encaja en todo ese proyecto el sentimiento independentista que hay en Cataluña? ¿Usted cree que la relación entre España y Cataluña está en una fase de no retorno?

—No tengo inconveniente en decir que no soy independentista. Cuando me preguntan en público siempre he dicho lo mismo, yo no quiero ser independiente, no ya de España, sino de Europa. Porque nos ha costado mucho entrar en la Unión Europea, no entramos de primeras. Y ahora que formamos parte de una de las potencias mundiales ¿nos queremos salir? No nos engañemos, no hay tantas potencias mundiales, son cuatro: Rusia, China, Estados Unidos y Europa. ¿Cataluña quiere salir de ahí? Creo que eso no es bueno para Cataluña y como yo quiero lo mejor para Cataluña pues no quiero que se independice. Y le digo más, creo que la efervescencia del independentismo se ha calmado, se ha rebajado algunos puntos. No sé si volverá a aparecer con más fuerza. Pero lo que sí sé es que juntos somos más que separados.

Bassat y el Barça

—Una de las paradojas de su vida es que se ha presentado dos veces a la presidencia del Barça y no ha ganado. Usted que es experto en crear campañas de publicidad y marketing no supo ganarse al aficionado culé, ¿qué falló?

—Lo que falló es yo no estuve dispuesto a mentir para ganar las elecciones. A pocos días de los comicios del 2003, Laporta anunció que tenía fichado a David Beckham. Ese mismo día me llamó un director de periódico deportivo de los que se editan en Barcelona y me dijo: “Di que tú tienes fichado a Thierry Henry y yo mañana te lo coloco en portada”. Le contesté que no, que habíamos pactado con Pep Guardiola y que no daríamos ningún nombre como promesa electoral. Le dije que nuestro camino sería otro y que anunciaríamos los fichajes una vez estuviéramos en la presidencia. Es que si el Barcelona anuncia que va a fichar a un jugador eso automáticamente aumenta la ficha del jugador y lo hace más caro. Así que por eso respondí que no, quería ser consecuente con mi forma de pensar. En todos mis años de trabajo yo me he ganado la confianza de mis clientes sin engañar a nadie. No iba a cambiar en ese momento. No quería ser presidente del Barça a toda costa, no quería engañar a toda una ciudad, a toda una afición. Aquel director me advirtió que si no anunciaba ningún fichaje se iba a producir el sorpasso y Laporta me iba a remontar. En eso sí que llevaba razón, aunque Laporta no terminó fichando a Beckham. Al menos le sirvió para dar la vuelta a la carrera electoral.

«Di que tienes fichado a Thierry Henry y yo mañana te lo coloco en la portada del periódico’. Eso me dijeron. Y yo me negué»

—¿Ha pensado muchas veces en cómo hubiera sido su Barça?

—No, no. Yo me alegro de no haber sido presidente del Barça, porque no hubiera hecho en mi vida todo lo que he hecho después de aquello, crear la fundación, montar un museo de arte contemporáneo para artistas jóvenes. En estos 20 años he hecho un montón de cosas de las que estoy muy orgulloso y me hubiera dolido mucho no poder hacerlas. No lo cambio, la verdad. Aunque también le reconozco que en su momento me supo mal perder, eso no se lo niego, porque estaba convencido de que lo que hubiera aportado al Barcelona también habría sido bueno para el club. En cualquier caso lo doy por bien empleado.

—¿Cuándo vio más factible ganar, en 2000 frente a Gaspart o en 2003 frente Joan Laporta?

—En el 2000 el favorito era Gaspart, era el vicepresidente de Nuñez, la opción continuista y contó con gran parte del apoyo de la afición. Luego se arrepintieron ¡eh! Hubo pañoladas y tuvo que salir por la puerta de atrás. En 2003 sí que iba como favorito. Según las encuestas tenía un 42% de intención de voto y el segundo que era Laporta tenía un 9%, o sea estaba lejísimos. Entonces se inventó lo de fichar a Beckham y en pocas semanas se puso casi a la par conmigo. Luego, como bien predijo aquel director de periódico, me sobrepasó en los últimos días.

—En 2003 usted opta a la presidencia con un staff deportivo donde sobresalen Pep Guardiola como director deportivo y Juanma Lillo como entrenador. ¿Cómo se fraguó ese tándem?

—Lo primero que hicimos fue contratar a Pep Guardiola. En el 2000 por ejemplo, nuestro director deportivo hubiera sido Txiki Beguiristain, pero en 2003 Laporta le pidió a Txiki que fuera con él, aunque públicamente aseguró que no iría con nadie. Entonces nosotros nos presentamos en Roma para hablar con Pep, para intentar convencerle porque yo creía que era el director deportivo ideal, todavía no era entrenador. Estuvimos un día entero explicándole nuestro proyecto. Él me puso algunas condiciones: no quería que anunciáramos los fichajes, ni quién sería nuestro entrenador… y finalmente nos pusimos de acuerdo. Es cierto que el nombre de Juanma Lillo se puso encima de la mesa, pero al principio no se anunció que fuera nuestro entrenador de manera rotunda. De hecho, estuvimos también en conversaciones con Ronald Koeman. Vino a mi casa y estuvimos hablando Pep, Koeman y yo para saber su predisposición y las opciones que había de que fuera el entrenador.

Luis Bassat y Pep Guardiola en 2003. CORDON PRESS.

—Lo que no consiguió el Barça lo ha conseguido ahora el Manchester City, juntando de nuevo a Lillo y a Pep. ¿Cree que con ellos dos el City puede estar más cerca de ganar la Champions?

—Juanma Lillo es un técnico con unos conocimientos impresionantes. Si Pep se lo ha llevado al Manchester City es por algo. Eso te demuestra que es consecuente con lo que opinaba en 2003 de él, siempre lo ha tenido como un referente. Me alegré mucho cuando conocí la noticia y les mandé un mensaje a Pep y a Juanma, felicitando a ambos y deseándoles éxitos en su aventura juntos. Me parece que forman un equipo técnico buenísimo y quizá Juanma pueda aportar ese plus a Guardiola, que para mí es en cualquier caso el mejor entrenador del mundo. Eso sí, ganar la Champions es siempre es muy complicado.

«La asignatura pendiente del Barça es tener a un Monchi en su equipo, porque lo que ha fallado es la política de fichajes en los últimos años»

—Y a su Barça, ¿qué le ocurre?

—Bueno, en el Barça creo que lleva años fallando precisamente la política de fichajes, que es de la que se encarga el director deportivo. A los resultados me remito. Ha habido fichajes de todo tipo. Algunos sí han rendido, pero ten en cuenta que el mejor fichaje de los últimos 20 años ha sido Messi, que se le fichó siendo un niño, no hubo una gran inversión por él. Pero lo que parece claro es que los últimos fichajes no han estado a la altura del dinero que se ha gastado en ellos. Y sigo pensando que el Barça no cuenta en estos momentos un equipo que pueda aspirar a todas las competiciones, no lo tiene. Creo que la Liga está muy difícil este año y aún más difícil veo que podamos ganar la Champions. A pesar de lo extraordinaria que está siendo esta temporada, el Barça tendría que estar organizando la plantilla para el año que viene. Los fichajes deberían estar previstos y las bajas prácticamente también. La asignatura pendiente del Barça es no tener un Monchi en su equipo. Si Monchi no puede ser, debería buscar a alguien de ese perfil. Alguien con esa capacidad de encontrar jóvenes promesas, no excesivamente caras y que luego tienen un gran rendimiento. A mí me hubiera gustado contar con Monchi en mi equipo, lo hubiera intentado fichar si hubiera sido presidente.

—El año que viene hay elecciones en el Barça, ¿cómo cree que debe ser el futuro presidente?

—Debe tener varias virtudes. Lo primero es que tenga una visión del mundo del fútbol a medio y largo plazo para convertir al Barça en el mejor club del mundo. Va a llegar a un club que es uno de los primeros clubes del mundo en todos los sentidos: económico, social, deportivo, etc. Pero hay que volverlo a colocar en el primer plano deportivo, y digo deportivo, porque no es solo un club de fútbol, hay más secciones. Tenemos que volver a ser la referencia y no es imposible. Se podría volver a hacer. Lo segundo que tendría que conseguir es que el Barça fuera independiente, independiente de todo partido político. El Barça debe tener su propia junta directiva que dependa solo de sus socios y no de un partido político, no de una idea, no de un grupo de comunicación. Tiene que ser independiente en el sentido más amplio de la palabra. Y, por último, el club debería ser rentable sin que eso suponga que los socios del Barça tengan que pagar auténticas fortunas para acudir al Camp Nou o que se pueda remodelar el estadio sin tener que endeudarse con créditos. El Barça, por tanto, tendría que buscar los ingresos de otra forma que no sea exprimiendo al socio.

—A ese presidente le va a tocar gestionar el adiós de Messi, no va a ser tarea fácil, ¿no cree?

—Lo primero que se debe hacer con Messi es ofrecerle un contrato de por vida, para que siga en el Barça como técnico porque hay que aprovechar su conocimiento. Messi podría enseñar a tantísima gente, a tantos niños, a tantas jóvenes promesas. Messi tiene un talento que todos conocemos con la pelota en los pies, pero es un talentazo como conocedor del juego, leyendo los partidos. Por tanto, ese Barça del futuro que tiene que ser el mejor club deportivo del mundo no se puede permitir no contar con Messi. Hay que intentarlo por todos los medios para que Messi siga enamorado de Barcelona y del club que le ha hecho tan grande.

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