Alfonso Cabeza (Bubierca, Zaragoza, 80 años) no ha cambiado tras enfermar de coronavirus. Unos le recuerdan por su etapa como presidente del Atlético de Madrid (1980-82) y otros por dirigir el hospital La Paz. Sin embargo, la polémica siempre estuvo presente en cualquiera de sus ocupaciones. El 23-F le pilló viajando a México para negociar el gran fichaje de su mandato, Hugo Sánchez. Pensó en quedarse a «limpiar zapatos» si el golpe triunfaba, pero volvió a España. A ese país “de carnaval” que siempre ha criticado.

—Usted es una persona autorizada para hablar del coronavirus, en primer lugar porque lo ha sufrido. ¿Cómo lo ha pasado?

—Lo he pasado muy mal. Han sido los peores quince días de mi vida. Me trataron en el hospital Infanta Sofía y les debo la vida. Ingresé el 1 de abril a las 16:30 y le dijeron a mi hija que se despidiera de mí, porque no pasaría de aquella noche. Aprovecho para decirle a la gente que tenga cuidado, porque este tema es muy gordo. En este país somos unos irresponsables en todos los aspectos, sólo hay que ver las playas… Lo malo es que la pandemia aún no ha terminado. Y va a durar muchos meses.

—Supongo que como exdirector de La Paz habrá tenido algún trato de favor…

—Ninguno. Una ambulancia vino a buscarme a casa porque mi médico de cabecera me vio muy mal. Iba sentando allí y recuerdo que me moría. Después de aquello, sólo me acuerdo de que ingresé en el hospital. Los cuatro o cinco que se encontraban a mi alrededor estaban peor que yo. Nadie venía a verme, sólo me llamaban. Tengo que agradecerles a los médicos y a las enfermera el trato recibido. Si hubiera estado en La Paz, quizá me hubieran hecho algún favor…

—¿Cómo cree que ha gestionado el Gobierno esta crisis?

—Simón no me cae bien, me parece un pobre hombre.

—¿Qué le parece que la cartera de Sanidad la lleve un licenciado en Filosofía?

—Este es un país de irresponsables. Desde el primero al último. España es un país de cachondeo, tanto que hay más de los 20.000 muertos. Eso dicen, pero yo pienso que hay más. Porque hay algunos casos en los que las causas de los fallecimientos son insuficiencias respiratorias, paradas cardiorrespiratorias… Como no aparece la palabra coronavirus, no figuran. Yo creo que hay 10.000 o 15.000 muertos más de los que han dicho. La manifestación del 8-M fue una irresponsabilidad. También el mitin de Vox en Vista Alegre, los partidos de fútbol… No ha habido carnaval, pero en este país estamos de carnaval continuamente. Las distancias no se están guardando ni en las playas ni en la calle. No tendrían que haber declarado el estado de alarma, sino de súper excepción. Este virus lo han soltado de algún laboratorio y está generando un crack económico enorme. Seguro que hay algún país que se está beneficiando.

—Los médicos se han jugado la vida…

—Se han contagiado casi 50.000 sanitarios y han fallecido bastantes. Un médico gana al mes 3.000 o 4.000 euros brutos mensuales, tirando por lo alto. Luego, tienen que pagarle a Hacienda. ¿Cuánto cobra un futbolista o un jugador de baloncesto? No es serio que haya estas diferencias cuando el médico se juega la vida. Así van las cosas. La gente se tomó el coronavirus como una gripe algo más fuerte. Por favor, no podemos ser imbéciles, porque esto es algo muy serio. Tendríamos que haber estado encerrados seis meses.

«No le digo lo que son los de Podemos porque no tengo ganas de ir al juzgado»

—¿Usted también ha hecho sonar su cacerola desde el balcón?

—Mis balcones no dan a una calle… Todos los políticos son unos incompetentes, aunque los de derechas menos que los de izquierdas. En cuanto a los Podemos, esos son otra cosa. No le digo lo que son, porque no tengo ganas de ir al juzgado.

—Hablando de Podemos, no sé si ha visto el vídeo de Irene Montero en el que sugiere que el coronavirus ya era una amenaza el 8-M….

—Eso es una negligencia gorda. El coronavirus está en nuestro país desde enero. La manifestación tendría que haberse prohibido, los partidos de la jornada también, el mitin de Vox… Además, tendrían que haber prohibido el viaje a Liverpool de los aficionados del Atlético de Madrid. Y a los del Atalanta venir a Valencia. Se lo repito: esto es país de un atraco. Los políticos son de chichinabo. Cuando veo el Congreso, me pregunto cómo esos hombres pueden estar ahí. Con mis 80 años, no he visto nada igual. Están en política porque ninguno destaca en su profesión.

«Cuando San Pedro se enteró de que yo iba para arriba, pensó que les iba a organizar la de Dios y me mandó para abajo»

—¿Esta crisis enterrará a la actual generación de políticos?

—Ha enterrado primero a los de 70 años para arriba, porque nos hemos escapado cuatro. Cuando San Pedro se enteró de que yo iba para arriba pensó que les iba a organizar la de Dios y me mandó para abajo. Nací en la posguerra y nunca he tenido un problema. En mi época de estudiante, estuve en la tuna y me lo pasé de maravilla. Los políticos de aquella época eran de categoría. Después de UCD, la categoría ha ido decreciendo. Actualmente, es cero. A los políticos actuales les daría una brocha y a pintar rayas. Solamente cómo van vestidos lo dice todo. Si vas al médico y te lo encuentras con la camisa arrugada, un vaquero… ¿se fiaría de que le haga algo? Lo lógico es encontrarse a alguien limpio.

—¿Qué se tenía que haber hecho que no se hizo?

—Las medidas tendrían que haberse aplicado un mes o dos antes. Al Gobierno les habían avisado en enero de la peligrosidad del virus. Simón dijo que la enfermedad era algo de dos o tres días y les cogió el toro. En las residencias ha influido más, porque los mayores somos más vulnerables. Además, no se les trata bien. Se lo digo porque yo lo he visto durante mi etapa como forense. Las comidas son malas, también las limpiezas…

—¿Entiende que haya ministros que defiendan la sanidad pública, pero que cuando enfermen se vayan a hospitales privados?

—Lo entiendo porque en la privada tienen su habitación; ellos no lo pagan. Si lo tuvieran que pagar, no irían. Mi mujer tuvo un trasplante renal y la atendieron de maravilla en La Paz. Yo siempre he ido a la sanidad pública. Sólo he ido a la privada para ponerme unos implantes.

—¿Cree que sufriremos rebrotes?

—Estamos sufriendo ya rebrotes. Me da pánico que vayamos a volver a la normalidad. Es necesario, porque no podemos estar así toda la vida. Pero da miedo. Ahora están hablando de limitar los aforos, pero si hay presentes dos contagiados puede haber muchos afectados. En los bares pasa lo mismo.

—Como médico que es, ¿comprende que no se permita el traslado entre provincias para ir a las segundas residencias?

—Eso no lo entiendo. Para qué hacen esto, si después se les escapa un señor a Lanzarote que tenía coronavirus. Tenían que haber hecho los tests rápidamente.

—¿Eso de que proviene del murciélago es un cuento chino o hay que creérselo?

—Yo no me lo creo. Es lo que le dije antes del laboratorio. El único murciélago fue un señor que fue ministro de Hacienda hace tiempo.

—¿Cree que es prudente la vuelta del fútbol?

—No. Que el fútbol aparezca dentro de ocho o diez días, me parece una bestialidad. En primer lugar, porque va a haber contactos. Seguro que habrá positivos después de una o dos jornadas. En el campo no habrá público, pero sí habrá 200 o 300 personas… Más los vestuarios, los viajes… El problema es gordo porque el virus sigue presente.

«El Atlético debe ganar la Champions antes de morirme. Si no, no me puedo presentar arriba»

—Sería muy propio del Atlético de Madrid ganar la Champions este año…

-Creo que la vamos a ganar. Alguna alegría debemos tener. Por lo menos que ganemos una Copa de Europa antes de morirme. Si no, yo no me puedo presentar arriba.

—¿Cómo se justifica que el Atlético y el Barcelona estén hablando de fichajes millonarios después de haber hecho un ERTE?

—Repito que este es un país de coña marinera.

—¿Usted es cholista o empieza a tener dudas?

—No soy cholista. Reconozco que Simeone ha revaluado al Atleti, pero debió irse tras perder la segunda final. El actual fútbol del equipo no me gusta nada. Siempre está racaneando.

—¿Qué siente cuando ve desde la M-30 el Calderón derruido?

—No he pasado por allí, pero he visto las fotos. Me da mucha pena porque yo fui al campo desde su inauguración en 1966. Desde aquel día, pocos partidos me he perdido en el Manzanares hasta que dejé de ser presidente. Después, ya no aparecí más.

—¿No se podría haber mantenido algo del estadio en pie como recuerdo? Por ejemplo, la fachada de Highbury sigue presente aunque alrededor se hayan construido pisos…

—Yo no me hubiera ido del Calderón. El estadio actual es una maravilla, pero podrían haber empleado el dinero de otra manera.

—¿Cómo valora la gestión de Enrique Cerezo y Miguel Ángel Gil Marín?

—Lo están haciendo bastante bien. Me sorprende la cantidad de millones que se pagan; no sé de dónde salen. Al menos, los resultados son buenos.

—¿Sigue creyendo que le robaron la Liga de 1981?

—Por supuesto. Eso lo saben en todos los sitios. El nefasto Álvarez Marhuenda sigue en mente. Hubo una reunión cuatro meses antes en un pueblo de Madrid y allí se reunieron don Vicente, Porta, Agustín Domínguez y Armando Sisqués. Se organizó el complot, porque el doctor Cabeza molestaba muchísimo. Fueron a por mí económica y deportivamente. Ruiz-Mateos me echó una mano en lo económico. Los bancos no nos daban un crédito y él nos lo dio casi a fondo perdido.

—Hace 15 días, el árbitro de la final de 2016 confesó que el gol de Sergio Ramos era ilegal. ¿Sorprendido?

—No, porque estuve procesado por decir que había árbitros que se vendían. Y en libertad condicional con 250.000 pesetas de fianza. Donde hay dinero, hay trampas. En el fútbol, en el boxeo… las hay.

—¿No ha cambiado su opinión de los árbitros desde que el VAR entró en vigor?

—Para nada. Cada vez son peores. Si el árbitro dice una cosa y los de arriba otra, ¿quién tiene razón? Al final hacen lo que les da la gana. Los equipos de arriba tiran mucho. Ser presidente del Madrid, Barcelona, Valencia, Atlético de Madrid, Athletic de Bilbao… es fácil. Pero serlo del Alcorcón, Leganés, Cartagena… es más complicado porque te machacan de todos lados. Es mejor acercarse al de arriba que al de abajo.

—¿Florentino Pérez manda más que un ministro?

—Creo que tiene más poder. El palco del Madrid, del Atlético o del Barcelona es más importante que un Consejo de Ministros. Ahí se cuecen muchas cosas.

«En la época de Franco, el Madrid fue el responsable de relaciones exteriores»

—Al Madrid siempre se le ha identificado como el equipo del régimen. ¿Qué se puede decir después de que haya ganado tres Champions en cuatro años?

—En la época de Franco, el Madrid fue el responsable de las relaciones de exteriores. Gracias a aquellas cinco Copas de Europa, el equipo merengue nos abrió España al resto del mundo. Éramos una mierdecita. Y los que están ahora nos están llevando a ser una mierda gorda.

—¿Es populista decir que el Atlético de Madrid es el equipo del pueblo?

—El Madrid era de los señoritos y de la gente con dinero. Sin embargo, el Atleti éramos el equipo más pobre, de trabajadores… Éramos los pupas, como dijo Calderón.

—¿Qué futbolista le hubiera gustado ver de rojiblanco?

—El mejor futbolista que ha habido es don Alfredo Di Stéfano, que estaba a años luz del resto. A mí también me gustaba Ben Barek.

—¿Algún fichaje fallido durante su mandato?

—Tuvimos dos a punto, Platini y Cruyff. Pero no teníamos un duro y debíamos mucho.

—¿Usted pensó en meterse en política?

—A mí me tiraron los tejos en noviembre de 1980 para la alcaldía de Madrid. Hace 25 años nos presentamos en Alcobendas a unas elecciones y nos dieron un repaso de arriba abajo.

—Usted era presidente del Atleti y director de La Paz el 23-F. ¿Cómo lo vivió?

—Estaba en Canadá. Hice escala en Montreal porque iba a México, para negociar el fichaje de Hugo Sánchez. La prensa me preguntó si me había enterado lo que había pasado en España. Les dije que sí, que eran como niños: en cuanto yo me iba se armaba un follón.

«Les dije que aprovecháramos el vuelo para ponernos hasta arriba de caviar y champán. Si triunfaba el golpe, no sabíamos si trabajaríamos en México limpiando zapatos»

—¿Pensó en algún momento que se tendría que quedar en México?

—En el aeropuerto de Montreal intenté hablar por teléfono con mi mujer, pero no me lo cogió. Venía con nosotros nuestro representante en México. Él me informó durante la escala del golpe de Estado, porque a él se lo había dicho su esposa. Cuando subimos al avión, se lo comenté a los pasajeros, pero no me creyeron. Un momento después, salió el comandante y contó lo que estaba ocurriendo. A México, fui con Héctor Núñez, con otro directivo y el mexicano. Les dije que aprovecháramos el vuelo para ponernos hasta arriba de caviar y champán. Si el golpe triunfaba, no sabíamos si trabajaríamos en México limpiando zapatos. Cuando eres presidente de Madrid, Barça o Atlético viajas en primera y como un señor.

—¿Cómo trataría de convencer a los catalanes y los vascos para que se quedaran en España?

—Una de las cosas malas que hizo Franco fue mimar a los catalanes y los vascos. Ahí empezó el problema. Todos los gobiernos democráticos les han dado lo que querían para que no molestaran. Si al burro lo engordas, te cojea. Tiene que salir alguien que los ponga firmes, porque no son de fiar.

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