Junio suele constituir un mes de desenlaces antes que de comienzos. En el asunto académico, en el plano sentimental y, sobre todo, en el terreno deportivo. En este último ámbito, únicamente los campeonatos de selecciones nacionales, con su carácter siempre festivo —prácticamente asimilables a un heterodoxo campamento de verano—, matizan la aseveración anterior. Aunque solo muy ligeramente; en realidad estos trofeos suelen interpretarse como una prórroga pintoresca del curso antes que como un inicio genuino. De modo que en este 2020 el mes de junio ha adquirido una condición excepcional, convirtiéndose indiscutiblemente, por primera vez en ochenta y nueve años de torneo liguero, en un nuevo punto de partida para la competición.

Tras el cosquilleo expectante que se siente al ver aproximarse las fechas del calendario, uno no puede evitar reflexionar acerca de lo fácilmente desmontable que era la farsa de los sucedáneos, vendidos como maná en mitad de la hambruna. Hablo, claro, del cuento aquel de la Bundesliga, cuyo interés se encoge ridículamente ante el primer derbi sevillano que echarse a la boca. Como A la Contra ejerce a ratos de periódico deportivo, no me resisto a invocar la sentencia que corresponde a las primicias: aquí lo leyeron primero. Por otro lado, Enrique Ballester, probablemente el mejor cronista futbolero de España, también ha acusado a quienes hace unas semanas desayunaban cerveza caliente y se hallaban dispuestos a aprender alemán, y que ahora con la vuelta de la LFP abjuran de la pobre Bundesliga. En la vida, concluye Ballester, todos tenemos nuestra particular Bundesliga y, peor aún, somos la Bundesliga de alguien.

De entre los múltiples regresos que trae bajo el brazo la vuelta del fútbol, hay unos cuantos que nos incumben especialmente a los madridistas. Verbigracia, la reincorporación de Hazard, quien a fuerza de recibir patadas en la placa de titanio de su peroné casi termina como el cojo Manteca, valga la metáfora reivindicativa ahora que también en los barrios con posibles se ha puesto de moda lo de protestar en la calle.

Además, retornará el inédito Asensio, dispuesto desde la pasada pretemporada a acallar a los chistosos malintencionados que lo bautizaron como Ausencio por su discontinuidad, pero al que una inoportuna lesión de rodilla envió al dique seco en agosto. El Madrid contará al fin con el tridente previsto en los planes originales para la delantera 2019-20: solo han sido necesarios una pandemia y tres meses de confinamiento. No te extrañes si observas a más de un antimadridista correr a Google a comprobar si Florentino posee algún contrato de construcción de autopistas en China. Como dicen los taurinos del toro bravo, está en su naturaleza: si no, se extinguen.

Mientras tanto, Vinicius quedará relegado a la suplencia, en principio. Justo cuando, albricias, había conseguido meter un gol, nada menos que al Barça. Recuerda un poco a aquellas noches en las que el grupo de amigos se llevaba a alguno a rastras de la discoteca tras una deplorable actuación, ajenos todos a sus compungidas quejas: “Ahora que por fin una me ha hecho caso”. Precisamente, se le respondía con una taxativa negación de cabeza. Precisamente.

La versión que nos mostrará el equipo supone una auténtica incógnita. El conjunto de Zidane ofrecía una fiabilidad a prueba de bombas en la primera etapa del francés en el banquillo del Bernabéu: se jugase mejor o peor, al final un zapatazo de Cristiano, una exquisitez de Benzema, la cabeza de Ramos o incluso el futbolista anteriormente conocido como Gareth Bale conseguían el inevitable desenlace feliz en los encuentros verdaderamente cruciales. Hasta el punto que se acuñó el término “flor” para atribuir a un azar exento de mérito la explicación de todos los triunfos. Los críticos acababan igual de desquiciados que Frank Grimes con Homer Simpson, incapaces de asumir que el carisma improvisador de un tipo sencillo y en apariencia incluso simplón pudiera funcionar mejor que el estudio y la preparación de los empollones. Sin embargo, la segunda época de Zizou en el Madrid parece haber perdido ese mojo, y ha incluido la derrota como posibilidad real. Ahora los partidos son verdaderamente impredecibles en cuanto al resultado final, y no solo al cómo se llegaría a un amable destino aparentemente prefijado. Los amantes del suspense estarán contentos; yo no tanto. Pero me conformo con la vuelta de la liga. No es escaso botín.

Saludos afectuosos.

P.

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