Todos sabemos que un reloj parado acierta con la hora dos veces al día y que hasta un mal partido deja cuestiones para debatir. Podríamos hablar del novedoso sistema ideado por Zidane, un 4-2-3-1 con cuatro delanteros en el once ( Karim, Bale, Hazard y Vinicius) o intentar explicar los problemas de Valverde y Modric para mezclar bien. También podríamos analizar la altura a la que jugaron de nuevo Carvajal y Mendy, o valorar la nueva posición de Hazard como segunda punta. Sin embargo, la realidad sigue siendo solo una: estamos en pretemporada jugando partidos cada tres días y por mucho que haya una Liga en juego después de tres meses parados no se puede hablar de táctica, de sistemas o de variables. Sólo de supervivencia.

Con brocha gorda, que es la única forma más o menos justa de analizar estos partidos, la impresión es que el Mallorca estuvo mejor colocado y con una idea más clara de lo que tenía que hacer. Zidane, por su parte, había improvisado un once más o menos lógico, intentando dar descanso a gente como Marcelo o Kroos y tapando la ausencia de Casemiro. Su plan para ganar era confiar en la enorme diferencia de calidad entre unos y otros.

Arrigo Sacchi decía que un grupo de menos calidad pero bien organizado era capaz de ganar a uno de mayor calidad desorganizado. Esta vez el Madrid se encargó de tirar por tierra parte de esa teoría, pero solo una parte. Los isleños no ganaron, pero sí jugaron mejor y, sobre todo, jugaron de forma más ordenada. Su problema fue que el talento vestía de blanco.

Los de Zidane se manejaron de forma menos ordenada, con problemas en la primera parte para desactivar la banda izquierda mallorquina, donde Lago Junior superaba a un Carvajal deshubicado y lento. Tampoco en el mediocampo hubo dominio madridista: Karim, Hazard, Bale y Vinicius, los cuatro por delante del doble pivote, nunca se supieron asociar como grupo. Todos acarreaban el balón y no había una cadena de pases que asentase el control del juego.

Pero ya lo sentenció Cruyff, “esto va de meter goles”, y en eso el Madrid fue más certero. Vinicius y Ramos hicieron dos, ambos espléndidos, mientras que el Mallorca, pese a tener durante muchísimos momentos el control del juego, fue incapaz de traducir ese dominio en ocasiones de gol.

El Madrid ganó como lo lleva haciendo desde la vuelta del parón, sin ser muy superior a su rival. En muchos momentos dejó una sensación de debilidad que no invita a ser especialmente optimista, aunque el Barcelona tampoco está para tirar cohetes, con Messi intentando volver a ser la Santísima Trinidad.

Calificaciones

Zidane: El rendimiento de Vinicius le obligaba a juntarle en la delantera con Hazard y era de ley mover al belga. Zizou colocó a Hazard por dentro junto a Karim, en una especie de segundo delantero, y su partido no fue brillante. Menos aun lo fue el de Bale, que volvió a pasar por el partido de puntillas, más implicado si acaso en labores defensivas que en ofensivas. Su equipo fue por momentos un ejército de Pancho Villa, con todos muy concienciados en correr y trabajar en defensa, pero también sin una aparente idea clara de juego. Utilizó los cambios para dar descansos y minutos a jugadores, más que a solucionar problemas de juego. Si en la Liga normal las cosas de Zidane ya son difícilmente entendibles, en esta nueva normalidad resulta del todo imposible.

Courtois: Con veneno le llegaron solo dos veces y en las dos respondió con dos paradones. Se mostró todo el partido como un portero sobrio y seguro.

Carvajal: En la primera parte se vio desbordado por la velocidad de Lago Junior, lo que obligó a Bale a tener que echarle más de una mano. Desfondado el mallorquín, en la segunda parte creció su juego sobre todo en ataque, donde le faltó pausa en alguna jugada.

Varane: Ha vuelto en un estado de forma envidiable. Fuerte, rápido y dominante. Fue un cerrojo para los ataques isleños. Con el balón estuvo más participativo, dejando varios detalles de clase. Sin duda es el jugador más destacado de la defensa blanca.

Ramos: Se las tuvo tiesas en la primera parte con Budimir. Duro, centrado y desbordando personalidad con el balón, hizo un fantástico gol de falta. Jugó en el papel de líder, algo que anímicamente el equipo agradece.

Mendy: Sin duda su presencia dota esa banda de músculo defensivo. Tácticamente está claro que le cuesta entender su rol en el engranaje del juego blanco. Jugó mucho por dentro y a una altura sorprendente.

Valverde: Como mediocentro posicional su rendimiento es muchísimo menor que como volante. La rigidez posicional le obliga a frenar sus arrancadas, algo básico en su juego. Con el balón se le nota una falta de jerarquía evidente. No es de los jugadores que mejor han regresado del parón.

Modric: Como pieza del doble pivote, Luka dejó muestras de ser con diferencia el único del mediocampo blanco que entendía lo que había que hacer, pero su físico ya no le permite hacerlo y menos durante 90 minutos. Sobrado de clase pero falto de piernas, Modric es víctima de su edad.

Bale: Decir que estuvo voluntarioso en defensa como definición de su partido deja a las claras quién es en este momento el galés. Solo un disparo lejano y poco más ofreció en ataque. Ver lo que hizo Kubo en el Mallorca, jugando en su misma posición, explica el sinsentido que es este año la plantilla blanca.

Hazard: Extrañó muchísimo su nueva posición y, pese a jugar más cerca del mediocampo, apenas sí encontró espacios donde participar. Dos taconazos de clase, un par de buenas paredes y poco más en 60 minutos. Acoplar a Vinicius con el belga parece el gran problema de Zidane.

Vinicius: Todo el ataque blanco salió de sus botas y de sus carreras. Trabajó a destajo y no paró de pedir la pelota y correr la banda. Hizo un golazo y demostró que ahora mismo es la única pieza blanca que está en un estado de forma diferencial.

Benzema: Le sobraron minutos de juego. Tuvo dos muy claras y esta vez no las convirtió en goles. Dio la sensación de cansancio que ya mostró la jornada anterior. Con tanto cartero jugando detrás de él, apenas sí se pudo asociar con ninguno.

CAMBIOS:

Kroos: Salió y el Madrid comenzó a triangular, tan sencillo y tan difícil como eso.

Isco: Entró con ganas de correr y de jugar, pero la faltó acierto en casi todos los balones que tocó. Se le notó que era su primer partido.

Asensio: Sustituyó a Bale y en los pocos balones que tocó quedó claro que lo de su gol fue una anécdota. Será jugador para la temporada que viene.

Brahim: Llevaba meses sin jugar y en los diez minutos que estuvo en el campo se mostró chispeante, poco más se le puede pedir.

Mariano: Como Brahim, jugó apenas diez minutos. Salió acelerado y atropellado. Falló una ocasión precisamente por su exceso de ganas.

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