A Alberto Albístegui (Éibar, 55 años) el fútbol le va en la sangre. Le viene de su padre, que fue futbolista. También jugaron a la pelota su hermano y su sobrino. Integró la recordada alineación del primer año del Súperdepor, en la temporada 92/93. Actualmente es concejal de Deportes y Desarrollo Económico por el PSE-EE en el Ayuntamiento de Éibar.

—Su nombre forma parte de la alineación del primer Súperdepor. ¿Todavía le recitan los aficionados ese once?

—Ahora vivo a 700 kilómetros de Coruña. Éramos 20 o 22 en la plantilla, pero había 12 o 13 futbolistas que lo jugábamos todo.

Deportivo 1992-93 – Liaño, Djukic, Aldana, Mauro Silva, Ribera y Albístegui; López Rekarte, Fran, Bebeto, Nando y Claudio.

—Usted llegó al Deportivo cuando estaba en Segunda, así que vivió en primera persona la construcción de aquel gran equipo. ¿Los jugadores sabían lo que tramaba Lendoiro, lo sabía Arsenio?

—Recuerdo que el verano que fiché vi un partido de promoción del Deportivo contra el Tenerife. Estuvo a punto de ascender, pero perdió. Al mes empezó la pretemporada y sabíamos que el club estaba haciendo un esfuerzo por tener un equipo que optara al ascenso. El Depor llevaba 19 años sin estar en Primera y al final lo conseguimos.

“Recuerdo que fuimos a Río de Janeiro a disputar un amistoso, por el fichaje de Bebeto. A partir de entonces, acusamos el tramo final”

—Se habla poco de la temporada 92/93, en la que Deportivo finalizó tercero a cuatro puntos del Barcelona. ¿Tuvieron opciones de ganar ese campeonato?

—Estuvimos disputando el campeonato, pero el Barcelona tenía una plantilla más larga. En un torneo que dura ocho meses eso es determinante. Nosotros no teníamos esa profundidad de plantilla y nos pasó factura. Ahí está la clave de por qué nos desenganchamos a partir de marzo. Ese mes fuimos a Río de Janeiro a disputar un amistoso por el fichaje de Bebeto y lo acusamos mucho.

—¿No le dolió marcharse del Deportivo cuando el equipo había cogido vuelo?

—Claro que me dolió. Es el sitio donde mejor nivel he dado. En el plano familiar, estábamos muy a gusto. Además, allí nació mi hija mayor. Mi deseo era continuar, pero sólo me ofrecieron un año de contrato. No me pareció suficiente, recibí ofertas y me decanté por la Real Sociedad.

—¿Cómo vivió el año siguiente el penalti de Djukic?

—Mal. Estaba cenando en Albacete con el equipo. Lo vi y me dolió. Porque lo merecía el equipo, la ciudad, la directiva, que hizo un trabajo sensacional… El portero del Valencia era amigo mío. Jugamos juntos en la Real, en los juveniles y en el filial. En teoría, el Valencia no se jugaba nada.

—¿Se hubiera atrevido a lanzarlo?

—No lo sé. En el Deportivo, tiré penaltis. Pero no se pueden hacer supuestos.

—¿Sospecha que estuvieran primados los jugadores del Valencia?

—No sospecho nada. El Valencia no se jugaba nada. Eso es lo que tiene el deporte, que un detalle marca la diferencia. Desgraciadamente, al Deportivo le tocó la parte mala.

—¿Cómo recuerda a Lendoiro?

—Augusto asumió responsabilidades desde muy pequeño en equipos pequeños. Se curtió ahí. Durante el tiempo que yo estuve, llevó una gestión muy buena y consiguió construir un gran equipo. Formamos una buena familia y el mérito fue de todos.

—Usted debutó en la Real en 1984, en la huelga de futbolistas. Había mitos en aquel equipo como Arconada, López Ufarte y Zamora. ¿Cómo se portaban con los jóvenes?

—En la huelga de futbolistas, yo era juvenil. Realmente, mi debut fue más tarde, frente al Hércules en Atocha. Aquella fue la mejor generación que ha dado la Real Sociedad. El fútbol que vi en Atocha no lo he vuelto a ver. Era un equipo impresionante en el que Arconada sobresalía por encima de todo.

—¿Qué tenía de especial el viejo estadio de Atocha? ¿Es verdad que el público golpeaba con los paraguas a los contrarios que se acercaban a la banda?

—Lo de los paraguas no lo he visto. No era tan poca la distancia que había. El público estaba muy encima, porque era un campo de los de antes. A mí me gusta más el Anoeta de ahora que el Atocha de antes. Atocha era un campo en el que estamos todos apelotonados, pero tampoco se veía muy bien.

—No es muy conocido que los Albístegui son una saga de futbolista. Su padre, Alberto, fue jugador de la Real Sociedad y de Osasuna, que se retiró a los 26 años…

—Nos viene por los genes. Mi padre jugó al fútbol y posteriormente lo hicimos mi hermano y yo. Él jugó en el Éibar. Actualmente, mi sobrino está en activo. No ha tenido suerte, porque estuvo lesionado dos años consecutivos por roturas del cruzado.

—Es raro encontrar a un exfutbolista dedicado a la política y usted es concejal socialista en el Ayuntamiento de Éibar. ¿De futbolista ya tenía inquietudes políticas?

—Siempre. Cuando jugaba al fútbol, cuando estaba en la universidad… Al poco tiempo de dejar el fútbol, el anterior alcalde me sondeó para incorporarme a las listas. No era el momento. La preocupación social siempre la he tenido presente.

—¿Existe alguna semejanza entre dirigir un club y un ayuntamiento?

—Hay algunas similitudes. Muchas decisiones que tomas están bajo el foco, porque tienen repercusión mediática. Todo lo que haces en política tiene un impacto mayor que en una empresa normal. Siempre estás de cara al público y tienes que dar las explicaciones a la gente. Eso sí, los objetivos de un ayuntamiento y de un club son muy diferentes. El club lo enfoca todo al resultado, mientras que en el ayuntamiento lo más importante no es el dinero, porque intervienen otras cuestiones. Sólo te das cuenta cuando estás dentro.

—Usted es concejal de Deportes y Desarrollo Económico. ¿Cree que los efectos de esta crisis van a ser tan graves como en 2008?

—La crisis de 2008 fue financiera. Vino de los bancos y de las cajas. En cambio, esta crisis afecta a todas las actividades, salvo las esenciales. La incidencia que va a tener en el empleo va a ser mayor que en 2008. Creo que se van a cerrar más empresas. Tendremos que esperar hasta septiembre u octubre para saber dónde estamos realmente. Ahora, nos encontramos en un momento de stand-by con los Ertes, metiendo liquidez al sistema… Si hubiera un rebrote, sería fatídico.

—¿Es usted partidario de prorrogar los Ertes hasta septiembre?

—Depende de dónde pongas las prioridades. Creo que hay que ponerlas en lo social y en el sostenimiento del tejido productivo. Lo que está haciendo el Ejecutivo es mantener los Ertes hasta que las empresas empiecen a facturar, tengan una cartera de pedidos… Acertar no es fácil, más aún cuando no tienes certidumbre. Ahora no hay certezas y no sabemos qué pasará.

—¿Es bueno que los futbolistas se posicionen políticamente?

—No lo sé. Vivimos una etapa de despreocupación y desapego político por parte de la juventud. No debe ser así. Nuestro bienestar y desarrollo depende de las decisiones que tomemos. Debemos tener una opinión y tomar parte. Eso lo echo en falta en la sociedad, sobre todo en la gente joven.

«Los clubes de fútbol deben mantener la neutralidad política porque los socios son de diferentes espectros políticos»

—¿Y que lo hagan los clubes?

—No, porque tanto el accionariado como los socios son de distintos espectros políticos. El club debe respetar sus opiniones y creencias. Deben mantener una neutralidad.

—¿Qué diferencia hay entre el nacionalismo y el independentismo?

—Es lo mismo, porque un partido político que es nacionalista tiene como objetivo la independencia. Aunque en el nacionalismo también hay grados.

—Usted que está acostumbrado a tratar con independentistas quizá me pueda explicar por qué hay gente en el País Vasco y Cataluña que quiere independizarse de España…

—Hay una parte que dice eso, pero otra no. Algunos nos sentimos vascos y españoles. Lo que hay que hacer es respetar el Estado de Derecho. Toda aspiración, si no conlleva el uso de la violencia, es legítima. Pero toda tiene unos cauces de legitimación y consecución. No nos debe parecer mal que otros piensen distinto. Hace un tiempo, en el País Vasco el independentismo se ligaba a violencia. Desde hace seis años estamos en otra situación. Con Cataluña no queda otra que dialogar. Hay más de dos millones de personas que quieren la independencia, así que hay que escucharlos y llegar a acuerdos.

—¿Fue partidario de la aplicación del artículo 155?

—Sí. Lo que hicieron los independentistas fue una chapuza, porque estaba fuera de la ley y no tenía ninguna legitimación democrática. Lo que tienen saber es que las acciones traen consecuencias. Dieron una imagen lamentable. Hay que hablar y llegar a acuerdos, pero nadie se puede saltar el Estado de Derecho.

«Un equipo de fútbol es una representación de la sociedad»

—¿Por qué es tan difícil encontrar futbolistas de izquierdas?

—Yo creo que hay de todo. Un equipo de fútbol es una representación de la sociedad. Aparte de jugar al fútbol, cada uno tiene sus ideas. No es muy distinto a una empresa o a cualquier grupo humano.

—En su última etapa, jugó en el Alavés. Allí se retiró en 1999. Dos años más tarde, fueron subcampeones de la UEFA. ¿Ya se estaba gestando aquel equipo?

—Estuve año y medio allí, porque llegué en diciembre de 1997. El primer año ascendimos. Había buenos jugadores jóvenes en aquel equipo: Javi Moreno, Téllez… También gente veterana que vio la oportunidad de aspirar a algo que habían intentado, pero que no pudieron lograr. Era una segunda oportunidad. El equipo tuvo un entrenador que lo entendió. Ascendimos y nos mantuvimos el año siguiente. Se ficharon a jugadores de calidad y se fue construyendo el equipo. La final fue una pena.

—¿Cómo recuerda a Mané?

—Era un entrenador con mucha experiencia y muy claro con lo que quería. Yo estaba en el ocaso de mi carrera y pensaba que iba a correr poco. Pero fue el equipo en el que más corrí. Le sacó mucho rendimiento al equipo, ese fue su gran mérito. Nos dio nuestro espacio. Era el entrenador que nos hacía falta para aquel momento.

—¿Qué nota le pondría al Gobierno en la gestión de la crisis del coronavirus?

—Un ocho.

«La reacción de Bilardo me dio igual, pero a mí mujer no le sentó bien»

—Hay quien le recuerda por la patada que le dio Maradona y la reacción de Bilardo, el «pisalo, pisalo». ¿Qué recuerda de aquel día?

—Fue una jugada fortuita. Quise interceptar un balón y Maradona me dio en la nariz. Luego me enteré de lo que dijo Bilardo, pero no le di más importancia. A mi mujer no le sentó bien, pero a mí me dio igual.

—¿Cuándo firmó su último autógrafo?

—Hace un año, nos juntó el Alavés a los que ascendimos en 1998. Coincidimos bastantes compañeros, acudió mucha gente y allí firmé alguno.

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