El primer gol post-confinamiento lo marcó Luis Advíncula, un peruano predestinado. Antes de saber dónde quedaba Vallecas le apodaron el Rayo, por cómo jalaba. Antes de probarse la camiseta ya sabía que le quedaría bien. Por razones bien diferentes, Perú y el Rayo visten igual, con una franja roja que les cruza el pecho. Los peruanos estrenaron su uniforme en 1936, en los Juegos de Hitler, en un partido en el que fueron atracados en favor de Austria (no hace falta extenderse en los motivos). El Rayo, blanco nuclear en origen, estrenó la franja en 1948 como guiño al Atlético de Madrid, que había ayudado económicamente al club.

Por si nada de lo anterior les ha impresionado les diré que en Vallecas se erige desde el siglo XVI la Iglesia de San Pedro Ad-Vincula (San Pedro encadenado), ubicada (y aquí me la juego) en la misma dirección del zurdazo de Luis Advíncula.

Así es la vida. Cada uno se fija en lo que le da la gana. Pude centrarme en las tonalidades fucsia del uniforme del Alba y en sus devastadores efectos sobre las pupilas sensibles; pude poner el foco en Zozulya y en su calva reluciente (quizá radiactiva) o en el peinado de Lucas Alcaraz o en las diversas medidas profilácticas, o en los árboles que se asoman por el fondo de los bukaneros o en los vecinos con balcón preferente.

Sin embargo, fue Advíncula quien me llevó al diccionario con la esperanza de encontrar un significado formidable. Advíncula: dícese de cada semilla del tamarindo antes de ser germinada por un colibrí. Advíncula: borla del poncho nupcial. Advíncula: campanilla del recibidor asociada al clítoris en la jerga popular. Algo así esperaba. Y en cambio encontré una carambola cósmica, nada menos. Y un gol que nos anuncia que el mundo ha vuelto a moverse, de modo caótico, como una advíncula mecida por el viento que se desprende de un tamarindo para caer en el poncho de una joven novia que siente su pecho candoroso atravesado por un rayo.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here