Mayo 2026

Las ligas europeas empiezan a llegar a su final. En Alemania, el Bayern ha logrado clasificarse para la próxima edición de la Recopa, reinstaurada por la UEFA después de que varios clubes del G-7 insistieran en la necesidad de recuperar el antiguo trofeo. El Schalke y el Borussia Moenchengladbach se han disputado el título de liga hasta el final de la temporada, cayendo del lado de los azules de Gelsenkirchen. El Gladbach se despistó al final, entretenido en su semifinal europea contra el Everton. En la final de la Copa de Europa, en el Estadio Bernabéu, espera el Brujas, que ha eliminado al Atalanta. El Real Madrid tendrá que conformarse en esta ocasión con disputar la final de la Copa de la UEFA frente al Bolonia italiano, quizá así justificando una temporada en la que no ha podido pelear el título al Sevilla y el Celta de Vigo. La final de Copa la jugarán el Oviedo y el Getafe por segundo año consecutivo. El Getafe cayó en las semifinales de la Recopa ante el Rapid de Viena. Ganar a la Juventus y el PSV no fue tan difícil, pero los austriacos fueron una ecuación demasiado compleja. Sus rivales en la final serán los suizos del Basilea, un derby alpino que se disputará al calor de Atenas.

Lo anterior no deja de ser una fantasía, pero hace un tiempo clubes como el Gladbach, el Brujas, el Everton o el Rapid de Viena disputaban títulos europeos hasta el final. Era un tiempo donde las distancias entre los más ricos y la clase media no era insalvables en el terreno de juego y la sentencia Bosman no había cambiado radicalmente el mercado de futbolistas. La Copa de Europa no se llamaba Champions League y te podías ir a casa el 15 de septiembre: las eliminatorias se jugaban a cara o cruz desde el principio.

Creo que la crisis del coronavirus cambiará el futbol europeo de alguna manera y, de paso, el mundial. Es probable que no llegue a democratizar tanto las cosas como para que cualquier equipo de cualquier liga sea capaz de ganar un título europeo, pero sí creo que, durante un tiempo, las sorpresas serán menos sorpresas. La industria del fútbol va a sufrir una erosión que en términos porcentuales y absolutos será más severa en las ligas mas ricas. Es difícil imaginar que la liga suiza vaya a sufrir las mismas consecuencias que un club de media tabla de la Serie A. Es fácil que los salarios que se paguen en el Atalanta y el Basilea, por citar dos clubes de la fantasía inicial, no sea tan distintos y que los jugadores empiecen a pensarse si merece la pena cambiar de país cuando tienen las mismas opciones de ganar algo con su equipo actual… Las distancias deportivas no serán tan acusadas si los salarios dejan de ser un elemento diferencial.

¿Cuánto durará? Quizá ni empiece, porque la fuerza de los grandes clubes es considerable y ya estarán pensando en cómo salir del pozo, ya sea en grupo o cada cual por dónde pueda. En parte, el propio fútbol tiene la solución. Es fácil que haya perdido aficionados, no muchos, durante la crisis del coronavirus. Habrá quien haya disfrutado de otras actividades en casa, o que revisando vídeos haya apreciado otros deportes, o que crea que merece más la pena pasear con los perros y la familia que ver un Norwich-West Brom o un Éibar-Leganés, y que el dinero de los canales de TV se podría dedicar a salir a cenar.

En definitiva, el fútbol nos debería tratar mejor, ahora que ha quedado claro que con los estadios vacíos el producto es otra cosa. Sin embargo, me temo que la estrategia de las televisiones, de la UEFA y de las ligas profesionales va a ser inundarnos de nuevo apostando más por la cantidad que por la calidad. Sería preferible que se diseñaran unas temporadas más cortas pero más emocionantes. Surgida la crisis del coronavirus, ya parecía claro que Liverpool, PSG o Celtic ganarían sus ligas. Y estábamos en marzo.

Dejando claro que soy del Madrid y quiero ganar siempre y a todo, me gusta la idea de un fútbol menos millonario y más abierto a nuevos candidatos. Temporada tras temporada repetimos partidos europeos como si fueran visitas ligueras. Ningún encuentro se ha repetido más que el Bayern-Real Madrid en Europa: 26 partidos europeos, con un balance de 12 victorias del Madrid, 11 del Bayern y tres empates, con 41-39 para el Madrid en goles marcados. El primer encuentro fue en 1976 y el último en 2018. En esos 42 años de enfrentamientos, los primeros 21 (1976-1997) nos depararon seis partidos. Entre el año 2000 y 2018 se han jugado 20.

Esta proliferación de duelos contra un mismo equipo hace que sean menos especiales: la gracia de las copas europeas es que jugar contra clubes que te encuentras pocas veces. Y desde ese punto de vista me gusta que el rival a batir pueda ser el Estrella Roja, el Göteborg o el Anderlecht, y no quede todo a repartir entre LaLiga, la Premier, la Serie A, el Bayern y el PSG.

Del mismo modo, me gustaría que el título de Liga lo peleasen más clubes. Que no sean todas las temporadas una carrera entre el Barcelona, el Atlético —hasta que el futbol no le llega— y el Madrid —hasta que pone sus ojos en la Copa de Europa—, que clubes como el Valencia, el Sevilla, el Athletic o el Celta, por dar cuatro nombres, puedan disputar el campeonato. Sería un futbol más emocionante y un producto, por tanto, mejor, lo cual haría que la industria se recuperase financieramente más rápido. La clave es dejar que los grandes vuelvan a quedarse con el pastel o distribuirlo en beneficio de todos.

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