Apenas unos días después de celebrar los 75 años de la victoria en Europa en la Segunda Guerra Mundial, Inglaterra ha tenido que mirar a Alemania. Mientras la Bundesliga, aun sin público y ya casi sin emoción tras la victoria del Bayern en Dortmund, se está instalando en nuestra rutina y LaLiga da pasos hacia delante, la Premier se ha visto obligada a hacer pública la fecha del regreso: el 17 de junio.

Pese a todo, el país no encuentra soluciones en un gobierno nacional que literalmente balbucea respuestas a preguntas semi complejas y que ofrece consejos tan confusos a sus ciudadanos que las asambleas regionales de Escocia, Gales e Irlanda del Norte desautorizaron al Primer Ministro para sus territorios: El consejo de Boris «Stay Alert” (estén atentos), fue reemplazado en las tres naciones británicas por el habitual “Stay at home” (quédense en casa).

Entretanto, la Bundesliga progresa adecuadamente y ha puesto sobre sí los ojos de los aficionados del mundo, hambrientos de fútbol actual y competitivo. No obstante, hay defectos: extraña la restricción de las celebraciones cuando se trata de un deporte de contacto. Vamos, que celebrar un gol debe ser menos peligroso que agarrar a un rival en un córner. También estamos viendo partidos con poco ritmo de juego, como en pretemporada, y lesiones, precisamente porque falta pretemporada y nos han entrado prisas por acabar.

La Premier, como organización, quería continuar con su competición. Entre los argumentos se citaban motivos de buena salud mental para el ciudadano medio que puede seguir el fútbol, por darle algo que hacer durante este tiempo. Si bien los aficionados daremos la bienvenida la competición, el argumento ya no es tan cierto cuando las restricciones se han ido levantando y, en realidad, no tanta gente ve fútbol a diario en comparación con el total de la población. El motivo para continuar es puramente económico, el mismo motivo de LaLiga y la Bundesliga. A la Premier le da pánico tener que dejar de ingresar o tener que devolver dinero de las retransmisiones. Por eso puso en marcha el llamado Project Restart.

El proyecto ha ido dando tumbos. Algunos clubes no querían volver si no se concedían todas sus demandas, como el que se atrinchera en un banco y pide un rescate. No querían jugar en campo neutral y querían abolir los descensos. La primera intención de la Premier era jugar en campos donde los aficionados tuviesen dificultad para congregarse: Anfield, Old Trafford y los estadios de Londres eran sedes imposibles. Brighton, que tiene el estadio a las afueras de la ciudad, era uno de los elegidos. Curiosamente fue el Brighton uno de los clubes que más se oponían a jugar en campo neutral, antes de saber que su estadio sería una de las sedes.

Abolir el descenso era una de las ideas expuestas, casualmente, por los clubes en las últimas posiciones de la tabla. Si repasamos la clasificación, con el Liverpool prácticamente campeón, y con el City (pendiente de su sanción), el Leicester y el Chelsea con pie y medio en la próxima Champions League, los partidos dejarían de ser competitivos en un par de semanas, cuando las matemáticas certificasen esas posiciones. Sin ambiente, sin nada en juego, ¿para qué volver? Por el dinero, claro.

Mientras los clubes no terminaban de ponerse de acuerdo en cómo volver, los jugadores abrieron otro frente en la discusión. Troy Deeney, el capitán del Watford y jugador que no suele callarse, ha dicho que no se siente seguro volviendo a jugar porque tiene un hijo con problemas respiratorios. Esto significa un problema para el Watford, que esta inmerso en la pelea por la permanencia. Kanté, el centrocampista del Chelsea, acudió al entrenamiento el primer día y ya no volvió más.

Los cínicos creen que es maldita casualidad que fueran precisamente Bournemouth o Watford, clubes en la zona baja de la tabla, los que presentasen positivos entre sus jugadores (un caso cada uno), en un vano intento de retrasar lo más posible el reinicio de la Liga. La teoría conspirativa podría tener recorrido si miramos al ejemplo del Hull City, del Championship. Días después de la filtración de una carta en la que pedía la nulidad de la temporada, el club anunció hasta tres positivos en la plantilla en una zona mucho menos afectada por el virus que otras. Y aunque hay jugadores tan torpes como para hacer lo mismo que los del Sevilla, parece casualidad o incompetencia grave que el porcentaje de infectados en el club de futbol sea muy superior al del resto de habitantes de la ciudad.

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