Ponerse a escribir sobre The Last Dance a estas alturas te hace sentir como el séptimo marido de Liz Taylor en la noche de bodas… imposible sorprender. Un chiste muy malo, lo sé, pero no quiere más que reflejar la cantidad de artículos y noticas que ha generado este nuevo éxito de Netflix en todo el mundo. La fiebre Jordan regresa con fuerza y el 23 vuelve a estar de moda y está dando de qué hablar: ¿Quién no lo ha visto?

Air Jordan o simplemente Michael Jeffrey Jordan, el mejor jugador de baloncesto de la historia y, para muchos, el mejor deportista de todos los tiempos. Así lo describió Larry Bird, tras una exhibición de Jordan en el Garden: «Creo que Dios se ha disfrazado de Michael Jordan». Esta vez sí, parece que un ser superior.

Un adolescente problemático que encontró en el baloncesto su camino, convirtiéndolo en una de las historias deportivas de más éxito de la historia. Seis veces campeón de la NBA, otras tantas MVP, 14 participaciones en el All Star Game, integrante del Dream Team —el mejor equipo de baloncesto jamás reunido— y doble medalla de oro en los Juegos Olímpicos. Un jugador irrepetible.

El documental es extraordinario. Imágenes inéditas y una historia bien contada que hace que entendamos mejor el porqué de los éxitos de Jordan, con sus virtudes y defectos. Un jugador con un temperamento especial. Partía de la base de que en la vida hay que dar para recibir, y él daba siempre lo máximo buscando cualquier excusa para contagiárselo al resto de su equipo. Su pasión por ganar podía resultar enfermiza, quizá la gran clave para su éxito.

Supongo que eso lo trasladó a todo lo que hacía, y otro de sus grandes logros fue su impecable gestión de marketing. En The Last Dance hay guiños a lo largo de todos los capítulos, quedando claro la capacidad de atracción que tenía Jordan. Él lo cambio todo. Construir sobre el valor de su marca personal fue innegociable y eso le llevó a convertirse en un verdadero icono.

Todo comenzó en el draft de 1984 cuando Jordan fue elegido por los Chicago Bulls con el número tres. Las grandes marcas deportivas se acercaron a él, estaba llamado a convertirse en una gran estrella. En la vida pequeños detalles marcan la historia, y aquí sus 1,98 centímetros fueron fundamentales ya que por aquél entonces el jugador quería firmar con Adidas. Su marca deportiva favorita. En este caso la fiabilidad alemana falló —probablemente la excepción que cumple la regla— y dudaron de Jordan por un simple hecho: en esa época se inclinaban a patrocinar solo a jugadores altos. Nunca la altura de un jugador fue una variable tan relevante para una empresa.

Nike se aprovechó de eso. Quería abrirse hueco más allá del atletismo y le ofrecieron convertirle en su principal icono al estilo de Converse con Larry Bird y Magic Johnson. La historia de Nike cambió para siempre.

Nació Air Jordan con un éxito sin precedentes. Esa icónica zapatilla rompió tendencias de todo tipo. Una marca para un jugador —antes solo visto en el tenis— que se saltó todos los códigos de vestimenta que por entonces tenía la NBA, ya que existía una regulación para el color de las zapatillas. Cada vez que Jordan saltaba a la pista con sus zapatillas le multaban con unos 5.000 dólares. Probablemente la mejor campaña de publicidad que Nike pudiera imaginar, de la que por supuesto se hacía cargo. El resto es de sobra conocido: un extraordinario éxito de ventas sin precedentes. “¿Is it the shoes?”.

Air Jordan sigue siendo a día de hoy ese ser superior, una de las grandes y más exitosas creaciones del marketing en la historia. Jordan Brand, y su logotipo Jumpman, es un negocio de incalculable valor que ya cuenta con los jóvenes más brillantes de la NBA como Zion Williamson o Luka Doncic, saltando también a otros deportes como el fútbol a través del PSG o jugadores como Neymar. Según la revista Forbes, el 23 más famoso del mundo es responsable de generar ganancias anuales por encima de mil millones de dólares para Nike.

Más allá de Nike, Jordan ha sido la imagen principal de marcas como Coca-Cola, Chevrolet, Gatorade, Hanes, McDonald’s y un largo etcétera. Fue protagonista de una mítica película de dibujos animados junto a Bugs Bunny: Space Jam. Todo lo que toca lo convierte en oro.

The Last Dance, una silueta de Jordan volando hacia el aro que parece no será su último baile. Curioso para un Michael Jordan que nunca quiso jugar con unas Nike.

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