Discernir el bien del mal no está al alcance de todos. Ya ocurría al principio del milenio. El pueblo salvó a Barrabás y mandó a Jesús a la crucifixión. Un error garrafal que ejemplifica la ceguera humana a la hora de juzgar los acontecimientos. Que se lo digan también a quienes dejaron pasar a Michael Jordan en el draft de 1984.

La lucha por los derechos civiles, muy intensa en la segunda mitad del siglo XX, ha intentado equilibrar la balanza de la justicia con aquellas personas perseguidas por su raza, religión, etnia, género o condición sexual. En buena parte del mundo, esta lucha todavía es muy incipiente y requiere de mayores esfuerzos para dotar de humanidad a las personas.

La noción con la que se crearon los derechos humanos, después de la Segunda Guerra Mundial, consiste en considerar que todo ser humano, por el hecho de serlo, lleva adherido desde que nace el derecho a vivir con dignidad. Como señala la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, todo hombre tiene derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. La discriminación impide este último fin.

Pues bien, ha costado mucho, pero se han ido dando pasos para acabar con esa discriminación. Hasta hace nada, la hoy muy mencionada Organización Mundial de la Salud incluía en su lista de enfermedades mentales la transexualidad, y, no hace mucho, la homosexualidad.

Ahora bien, vayamos a lo que nos ocupa. Para quienes no están familiarizados con el talent show de cocina Masterchef, en estos momentos se emite su octava edición. Una de sus concursantes es Saray, gitana y transexual. Esta semana, el lunes, se emitió un programa de Masterchef donde Saray era eliminada por presentar en la última prueba una perdiz cruda (con plumas y tal cual estaba cuando la cazaron) encima de un mejunje.

Los jueces se cabrearon, con razón, y Jordi la expulsó ipso facto, echándole en cara que había faltado al respeto a las miles de personas que intentaron entrar en el concurso y no lo consiguieron. El problema no estuvo solo en que Saray presentase un plato que es un insulto a los concursantes, a los jueces, al buen gusto, a la cocina y a la inteligencia. El plato es una más de la concursante más irrespetuosa  que ha pasado nunca por las cocinas del talent show (lo dice un acérrimo seguidor).

Justo antes de empezar la prueba ya se había metido con otra concursante, con ese estilo tan habitual del matón que se cree que hace gracia insultando a los demás. “Vas de maja y en casa estás todo el día con las gafas esas y la cara de amargá”, soltó. Pero es que sus insultos a otros concursantes vienen de atrás. A José María, otro de los concursantes, también le soltó lindezas en otro programa.

Por no hablar de sus constantes faltas de respeto a los jueces. Desde simular que apuñalaba a Jordi con un cuchillo, llamar amargados a los jueces (todos la que le critican son unos amargados, la única alegre es ella que se pasa el día tocando la pandereta)… Por otra parte, la graciosa de Saray se pasó toda la prueba llamando «bicho moribundo» a la perdiz.

Con los momentos difíciles que atraviesan ahora tantas familias, no quiero imaginar qué se les pasará por la cabeza cuando ven a esta señora decir “qué asco” o “bicho moribundo” a una perdiz que en un restaurante te cuesta un ojo de la cara. Encima, retransmitido en una televisión pública. Es una falta absoluta de respeto. De las primeras cosas que le enseñan a uno de pequeño es que la comida es un tema serio, y que de “qué asco” nada. No tenemos derecho. No se lo pierdan, que la tal Saray es educadora social. Espero que demuestre más respeto y más ganas de trabajar en su ámbito.

Pues bien, los representantes en RTVE del sindicato Comisiones Obreras no han podido dejar pasar esta ocasión para demostrar cuán ciegos están. ¿Creen que han criticado la actitud de la concursante o el hecho de que se haya emitido en una televisión pública semejante comportamiento? Vean el comunicado ustedes mismos:

“A CCOO en RTVE no le alegran los índices de audiencia en TVE si para obtenerlos se vulneran las normas del respeto a las personas y a los principios que las construyen. Saray, lo sabían desde la productora Shine Iberia, es una persona que debe ser cuidada y protegida dadas las especiales circunstancias que la conforman como persona. Saray es mucho más que una perdiz puesta en un plato, Saray es mucho más que una concursante a la que puedas maltratar y hacer de ese maltrato un objetivo para mejorar la audiencia”. El sindicato ha pedido a la productora que pida disculpas a la concursante en la siguiente emisión.

He aquí el fracaso de un sindicato que ha entendido mal de qué va esto de la lucha por los derechos civiles, la igualdad y contra la discriminación. Los jueces no solo se han portado con absoluta educación con Saray, sino que han tenido el temple suficiente de no bajarse a su nivel. Ser gitana y transexual no te da derecho a pisotear a los demás con insultos y a faltar al respeto. ¿Qué quiere decir que debe ser cuidada y protegida dadas las circunstancias especiales que la conforman como persona? ¿Que hay que hacer la vista gorda a sus ataques por ser gitana y transexual?

Lo siento, pero no va así. El respeto a los demás es una obligación de todos, nadie queda exonerado de ello, sea cual sea su condición sexual, raza, género… He visto todas las ediciones de este programa, y a todos los concursantes que se han pasado de la raya se les ha puesto límites. La verdadera desigualdad habría venido de perdonar las faltas de respeto a Saray por ser transexual y gitana. No ha habido nada de maltrato a Saray por parte de los jueces. Ha sido tratada como una más, como debe ser. Ella, en cambio, es la que peor se ha comportado de todos.

Con su comunicado, el sindicato camina por la peligrosa línea de aquellos que para defender a los discriminados, consideran que debe permitírseles hacer el mal. Es el mismo débil argumento de  aquellos que confunden feminismo con no poder criticar a una mujer cuando hace algo mal.

Me preocupa el concepto de protección que tiene CCOO RTVE en este asunto. ¿Quién nos protege a los espectadores? ¿Qué clase de imagen recibe la sociedad de una televisión pública que admite estos comportamientos? ¿Es educativo que Saray llame «bicho moribundo» a un plato de comida que muchas personas hambrientas —y no— cocinarían y comerían a gusto?

CCOO RTVE ha escogido a Barrabás y los buenos son los que van a la hoguera. Todo en nombre de una supuesta lucha que, en realidad, es falsa, pues no ayuda a nadie. En realidad, su postura no es más que postureo. Si no, no perderían el tiempo para defender lo indefendible.

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