Olga Viza (Barcelona, 1958) hizo radio-patio antes de que lo hiciesen los vecinos de Aquí no hay quien viva. Su disyuntiva fue dedicarse a la medicina o al periodismo, pero eligió la comunicación. Ha presentado eventos de todo tipo, desde la inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona al segundo debate electoral de 2008 entre Zapatero y Rajoy. Actualmente, colabora en Telemadrid en el programa 120 minutos, con Máxim Huerta en A partir de hoy, con Carles Mesa en RNE y con Josep Cuní en la Ser.

—¿Qué le interesó antes, el periodismo, el deporte o la medicina?

—Fue en paralelo, porque no creo en la vocación única. Yo jugaba a las dos cosas. Estudié ciencias, porque pensaba realmente que me iba a dedicar a eso y, además, me gustaba. Sin embargo, jugaba a hacer periodismo: escribía, hacía periódicos de mentira, gritaba por la ventana como si hiciera programas de radio… Te pasas parte de adolescencia pensando qué elegir y finalmente lo decides en cinco minutos.

—A finales de los 70, no debían ser muchas las mujeres atraídas por el deporte…

­—Yo tampoco. Fue una absoluta casualidad que un compañero de facultad, que trabajaba en un programa de deportes de TVE, me dijera que hacía falta una persona. Sin embargo, no me presenté al casting. Al día siguiente, mi compañero me dijo que el director me había estado esperando, así que fui y ya me quedé. Era un programa de deportes y a mí me gustaba, porque yo soy hija de jugador de baloncesto y ese ha sido un ambiente natural para mí. De ahí, a que yo quisiera ser periodista deportiva…

—Mari Carmen Izquierdo era de las pocas mujeres que se atrevían con la información deportiva. ¿La conoció en TVE, le sirvió de alguna manera de inspiración, qué otros referentes tenía?

—Cuando hablas de referentes, se te acaban las páginas, porque no hay un único referente. Cuando yo empecé no tenía experiencia ninguna; aprendí de los que estaban a mi alrededor. Tuve la suerte de que los que me rodeaban eran muy buenos: Juan José Castillo, José María Casanova, Sergio Gil, Quique Guasch, Pedro Barthe… Yo vivía en Barcelona y Mari Carmen en Madrid, así que no la conocí hasta mucho más tarde. Éramos muy pocas mujeres, creo que cinco cuando yo llegué.

—¿Recuerda la primera vez que entró en una redacción de deportes?

—Perfectamente. Fue en los estudios de Miramar, que estaban en lo alto de la montaña de Montjuïc. Era un palacete maravilloso con vistas al mar, un sitio pequeño. Muy poca gente hacía el programa, Polideportivo se llamaba. Creo que éramos quince personas.

—¿Cuánto machismo había entonces y cuánto queda ahora?

—Mari Carmen Izquierdo, que más que un referente ha sido una amiga y una hermana mayor, decía que empezamos en un momento «difícilmente fácil». Cuando yo comencé en los deportes, entendía que la vida y la profesión era unisex; que no había nada que igualara más que estar bien preparado y hacer la pregunta concreta con el micrófono en mano. En el mundo del deporte, el deportista quiere contarte lo que ha hecho, lo que está haciendo, lo que espera hacer… Los deportistas fueron todos muy sanos con nosotros. También era una época de comida, vino y puro, y ahí sí que estábamos fuera de juego. No tuve problemas, aunque algún tonto siempre hay.

—¿No tuvo ningún episodio en el que le discriminasen por ser mujer?

—No. En la redacción de Barcelona éramos tres mujeres. Lo importante no es dónde estás, sino con quién. El director, Sergio Gil, tenía 28 años. Se puso al frente con los grandes, pero también con gente joven. Lo primero que hice fue Fórmula 1 y Moto GP.

—Pedro Jota Ramírez también fue nombrado director de Diario 16 con 28 años…

—Era una generación de periodistas que tomaban el relevo, aunque convivían con los grandes del periodismo. Supongo que era el momento de hacerlo. TVE en Barcelona, en aquella época, tuvo un aire innovador, moderno y transgresor. Pusieron a gente joven, que llamó a su vez a gente joven. No tiene ningún misterio más.

«Los pilotos de Fórmula 1 sabían que la enviada especial de España siempre era una chica»

—Usted sustituyó a Mercedes Milá en 1978. Menuda responsabilidad…

—Entonces Mercedes no era la Mercedes que hoy conoces. Mercedes era una extraordinaria reportera de deportes, era buenísima. Había hecho cosas que nadie había hecho, las motos, la Fórmula 1, el golf… Me parecía una responsabilidad tremenda hacer reportajes, porque yo llegué muy virgen al mundo del deporte. Incluso en el baloncesto, que es un mundo en el que yo he crecido. En Fórmula 1 y en las motos, ella allanó mucho el camino. Cuando yo iba a los grandes premios, los pilotos, que conocían a todos los periodistas porque no éramos tantos, sabían que para España siempre había una chica. Me preguntaban por Milá y yo les decía que se había ido a Madrid.

— En aquella época, sin internet, no debía ser fácil ponerse al día…

—Yo me preparé de sol a sol, revisé muchos archivos, estudié mucho y hablé con los que sabían. El primer reportaje que hice fue en Niza a Alberto Juantorena, mítico del atletismo. No existía Google y las hemerotecas no estaban ordenadas, así que llamé a Carlos Martín, un especialista en atletismo. Entonces había mucha generosidad. Él me dijo lo que tenía que leer, qué revistas tenía que comprarme, me contó cosas… Así fui a Niza.

—Hemos hablado de Milá. ¿Cree que existe una escuela catalana de periodistas?

—La hubo en su momento, sí lo creo. En aquella época, de TVE en Barcelona salió gente muy buena en deportes como Joaquim María Puyal o Mercedes Milá, además de los nombres que he citado, Barthe, Quique Guasch, Casanova, Gil… Había gente joven que aprendió de los que sabían mucho. Y los que sabían mucho fueron muy generosos. En realidad, era una forma de hacer televisión.

—¿Cree que la repercusión mediática de Sara Carbonero sirvió a la causa de las mujeres periodistas?

—No tengo ni idea. Lo único que dije en aquel momento fue que la dejaran crecer en paz. Ella quería ser periodista deportiva; me consta que cuando estaba en Marca era una tipa muy trabajadora. Que fuera hipnóticamente bella, no significaba que la desviaran… Que la dejen crecer tranquilamente como a cualquier otra.

—Usted ha vivido en Barcelona y Madrid. ¿Cuándo cree que se rompió el amor entre Cataluña y España y viceversa?

—Se rompió con el procés, clarísimamente. En cuanto hay una ley de unilateralidad, se rompen muchas cosas. Cuando llegué a Madrid, hubo una cena de periodistas catalanes en Madrid, éramos muchísimos y no conocía a casi nadie. La capilaridad de Madrid respecto a la gente de Barcelona era extraordinaria. Yo me volví hace 10 años.

Lorenzo Milá y Olga Viza, en la entrega de los premios Zapping. CORDON PRESS

—¿Barcelona 92 fue un momento de reconciliación nacional o de tregua nacional?

—Fue un momento de éxito. Un éxito conjunto, de todos, de lo público y lo privado, de los atletas, de la creatividad… La historia de Barcelona 92 desde su génesis tiene muchísimas historias de recelos, porque siempre ocurren en los grandes proyectos.

—¿Recelos por parte de quién?

—El Estado decía que estaba la Expo. También los hubo por parte de la Generalitat y el Ayuntamiento… Al final fue un éxito de todos y cada uno de los actores o espectadores de aquello. Lo pueden considerar suyo.

—Usted retransmitió junto a Matías Prats la inauguración de los Juegos. Supongo que fue algo inolvidable para una barcelonesa…

—Matías y yo no vimos nada de los Juegos. Nos encerrábamos en una habitación en el IBC, donde estaban las televisiones de todo el mundo, y allí nos pasábamos el día. Me daba tiempo para ir a ver un set de un partido de tenis, un poco de gimnasia… Allí estábamos hasta el programa de por la noche.

—Vio poco deporte en directo…

—Esa es la cara B de las cosas. Nos pasábamos la jornada en el IBC porque desde las pantallas podíamos controlar todas las pruebas. Si yo me iba, por ejemplo, a ver tiro con arco, gastaba dos horas de mi tiempo. Vi dos o tres cosas, la gimnasia, por devoción, y el tenis. Hicimos centenares de entrevistas, porque en aquel programa se abría la puerta y entraba alguien con la medalla colgando. No existía guion. Sabíamos qué había pasado porque lo seguíamos a través de las pantallas. Intentábamos verlo todo, pero por la tele.

«Mientras los deportistas españoles entrenaban, les ponían ruidos de aplausos para que se acostumbraran a la ovación»

—Hay quien dice que las 22 medallas españolas en Barcelona 92 no se explican sólo con la ilusión de los deportistas y el proyecto ADO. ¿Qué opina usted?

—Se explican de muchas maneras y hay algún libro que lo explica muy bien. Se explica por una ley del deporte que hizo Javier Gómez Navarro y que se implementó años antes. Esa ley permitía que los deportistas se preocuparan de entrenarse, no de ganarse la vida. También hay que resaltar que por primera vez el deporte español tuvo métodos, porque se trajo a los mejores entrenadores, que establecieron un método de preparación durante años. El deportista español, que hasta ese momento sólo surgía de forma espontánea, tuvo centros de alto rendimiento, psicólogos, fisioterapeutas, entrenadores, médicos, asistentes… Lo tuvieron todo para preparase como cualquiera de las potencias que siempre ganaban; eso se tradujo en medallas. Mientras los deportistas españoles se entrenaban, les ponían ruidos de aplausos para que se acostumbran a la ovación. Llevaban toda la vida jugando en los estadios sólo con los padres, novios y amigos… Hasta eso se calculó. Hubo mucha seriedad en la preparación.

Olga Viza, junto a Luis Suárez, entrevista a Messi en la entrega de la Bota de Oro de 2013. CORDON PRESS

—España ganó el oro en fútbol frente a Polonia. ¿Había confianza en el equipo o miedo de que la Selección se la volviera a pegar?

—Con el fútbol siempre se miraba hasta cuartos de final; la historia aconsejaba no ser muy optimista. Aquella nueva generación prometía alguna sorpresa, lo que nadie podía imaginar era el oro. Ellos estaban bastante convencidos de que podían conseguir medalla, pero realmente fue una gratísima sorpresa. Como la de Fermín Cacho.

—¿Ha tenido usted que callarse algún positivo a lo largo de su carrera?

—En la vida.

—¿El deporte español dejó de ser inocente con la Operación Puerto?

—Aquello fue extraordinariamente feo. De todas maneras, aconsejo la lectura de un libro, Pedaleando en la Oscuridad. Es un libro que escribió un ciclista escocés, David Millar, que compartió equipo con Amstrong. En ese libro, el tipo explica que él se negaba a doparse hasta que claudicó. Él explica lo que ocurría en los hoteles españoles. Cuando lees eso, te desgarras. Cuando hay temas sucios, no se puede salir de rositas. Ese tema me pilló haciendo información general, por eso no pude entrar mucho.

—¿Cuál ha sido el momento más feliz de su carrera?

—No hay uno. Si me dices donde fui más feliz personal y profesionalmente, me quedo con Barcelona 92. En TVE se hizo una gran apuesta por los Juegos y salió todo bien. La ciudad era una maravilla. Nosotros terminábamos de trabajar a la una de la madrugada y había un ambientazo en la calle. Era como vivir en una feria. También he tenido otros momentos profesionales muy intensos: cuando me enviaron como enviada especial al 11-S, a unas elecciones en Estados Unidos… Pero si hay que destacar uno, me quedo con Barcelona.

«Blanca Fernández Ochoa se cayó en Calgary y se puso a llorar en mi hombro»

—¿Y el más infeliz?

—Deportivamente, me quedo con la caída de Blanca Fernández Ochoa en Calgary. Ella vino directa a donde yo estaba y se puso a llorar en mi hombro. También recuerdo la eliminación de España en Corea, porque había seguido al equipo desde el primer momento.

—Fue la primera vez que Joaquín no nos hizo llorar de risa…

—Fue el primer Mundial de fútbol que retransmitió una televisión privada, Antena 3. Nosotros estábamos delante de donde se concentraba la Selección. Cada día, en el programa que yo presentaba, venía un jugador y lo entrevistábamos. Cuando fueron eliminados, nosotros tuvimos que hacer el último programa al día siguiente. En aquellos momentos, ningún jugador quería venir y se presentó Joaquín a dar la cara. Fue cosa suya y se lo agradeceré toda la vida. Me acuerdo que, horas después de fallar el penalti, me preguntó si creía que ese fallo se lo perdonaría la afición. Yo le dije que sí, porque él tuvo la valentía de lanzarlo.

—¿Cuál ha sido su mejor entrevista?

—No lo sé, porque he hecho muchísimas. Ha habido entrevistas en las que no esperaba mucho y al final han sido sorprendentes y viceversa. Hay algunas que no olvidaré, como una que le hice a Severiano Ballesteros. Él estaba en Pedreña y me dijo que quería hablar para dar las gracias. Tuvimos que posponerla varias veces, porque él no estaba en condiciones.

—¿Es bueno hacerse amigo de los deportistas? ¿No resta eso imparcialidad? Lo digo porque he leído que usted era amiga de Severiano Ballesteros…

—Yo era amiga de Severiano por generación espontánea. Fue una de las primeras entrevistas que hice en 1978 y fue en su pueblo. Tuve que mirar un mapa, porque no sabía dónde estaba Pedreña. Él acababa de ganar su primer torneo en Estados Unidos. Yo era muy imberbe y él mediáticamente también lo era. Le pregunté si le importaba ir diciéndome sus resultados, si podía llamar a alguien para preguntarle… Siempre mantuvimos esa relación. Él me ha contado sus momentos malos profesionalmente y también lo he hecho yo; él me ha hecho entender lo que es ser un gran campeón. Si lo había hecho rematadamente mal, que en algunas ocasiones fue así, no impedía que yo le pudiera preguntar. Si la amistad te inhibe de contar la verdad, es mala. Sin embargo, si esa amistad la reconviertes en hablar de lo malo con cierto tacto, no pasa nada. No es lo mismo ser amigo de un deportista que del presidente del Gobierno.

—¿A quién le hubiera gustado entrevistar y no ha podido hacerlo?

—Cuando dejé deportes, pensé cómo no había sido capar de entrevistar a Steffi Graf. Al final la pude entrevistar en el premio Príncipe de Asturias. A la que no pude entrevistar nunca es a Martina Navratilova.

—¿Quién es el deportista más inteligente que ha conocido?

—Hay varios, pero destacaría a Pau Gasol y Rafa Nadal.

—¿Son los mejores deportistas de la historia de España?

—Creo que lo son junto a Severiano Ballesteros. También pienso que deberíamos definir qué es ser el mejor. ¿Los que han hecho más por el deporte español? ¿Los que han tenido mayor proyección? En proyección destacaría a Pau, Rafa, Alonso, Seve… Un buen deportista suele ser alguien inteligente, porque es capaz de soportar la presión de la élite, que es bestial. Hay que tener talento y estar preparado.

«Michael Robinson decía que eran fan total de Estadio 2 y que intentaba recuperar aquellos reportajes»

—Dicen que salir en la tele cambia la vida y que la fama se sube a la cabeza. ¿Es eso cierto?

—Puede ocurrir. Si no estás preparado, puede pasarte. Yo juego con una ventaja, que pertenezco a una generación que hizo una televisión única. TVE estaba sola, porque sólo existían la primera y la segunda cadena. Si tú salías en La 1, te conocían en todos los lados. Yo salía en La 2 y podía ir por la calle, pero a una compañera de La 1 le costaba. Un día teníamos que coger un avión y cuando llegamos al puente aéreo, me preguntaba la gente los deportes que íbamos a dar. La 2 no encumbraba a nadie, encumbraba productos. El programa que hacíamos, Estadio 2, fue el gran programa de deportes que ha habido. Michael Robinson era fan total y siempre me decía que intentaba recuperar aquellos reportajes en Informe Robinson. La gente lo veía porque dábamos todo; teníamos los derechos deportivos. En La 2 no te creías nunca nada. Posteriormente, conocí la televisión privada… Antes había poca gente que salía en la tele; ahora, muchísima.

—¿Cuántas cartas de amor recibió durante sus años como presentadora?

—No muchas, pero alguna sí. Ninguna me enamoró.

—¿Cuándo le pidieron el último autógrafo?

—No hace tanto, justo antes del confinamiento.

—¿Por qué cree que los periodistas, y especialmente los deportivos, han perdido tanto prestigio en los últimos tiempos?

—Hay periodistas de enorme prestigio y buenísimos. Hemos hecho un periodismo de trincheras, de club, de bufanda, infoshow… El que quiere una información más rigurosa dice que la profesión está desprestigiada, pero hay quien se pone la bufanda y sabe muchísimo. En la televisión, los formatos han variado. Estadio 2 sería imposible hacerlo ahora por muchas razones, entre ellas la económica y el tema de los derechos, porque no hay una televisión que pueda aglutinarlos todos. Nosotros trajimos a Ayrton Senna en un helicóptero al plató, algo imposible ahora. La crisis hizo mucho, porque ha habido que hacer formatos más ajustados económicamente; tener derechos ahora es una quimera.

—¿Usted ha sentido alguna vez la necesidad de decir de qué equipo era?

—Yo lo he dicho desde que puse un pie en Madrid, soy del Barça. Lo dije porque no tenía que informar sobre eso. Soy del Barça, pero tengo buena relación con jugadores del Madrid o del Atleti. Cuando llegué a Madrid, como yo era la catalana, y toda la redacción de Antena 3 de aquel momento era madridista, acentúe la coña. Me colgaban de las cámaras los resultados los lunes si eran adversos para el Barcelona, admití el envite de ir a un Barça-Madrid con todos ellos en el Bernabéu… Profesionalmente, no he necesitado nunca decir mi equipo, sobre todo cuando hacía información deportiva. Tampoco he sido muy futbolera.

—Usted moderó el debate electoral entre Zapatero y Rajoy en 2008. ¿Fue la ocasión en la que estuvo más cerca de ser el árbitro?

—En la radio he sido árbitro de debates mucho más encarnizados que ese. En cualquier caso, fue como ser juez en un partido de tenis, porque sólo había dos candidatos. Fue un momento extraordinario en mi vida y de enorme tensión.

—¿Me equivoco si digo que Matías Prats y usted eran el Fred Astaire y la Ginger Rogers del periodismo deportivo?

—Hemos bailado en un plató también… Nos pillaron bailando en el Mundial de Italia. Teníamos una muy buena empatía el uno con el otro. Éramos una pareja que jamás compitió, que siempre se ayudó, que nos tenemos un gran cariño y que sabemos lo bueno y lo malo de cada uno. Matías y yo sabíamos apoyarnos y hacer brillar al otro. Éramos una buena pareja.

—¿Quién será antes presidente, Piqué en el Barcelona o Casillas en la Federación?

—Lo del Barcelona se precipita mucho. Creo que Piqué va a esperar a colgar las botas.

—¿Qué veremos antes una mujer presidenta del Gobierno o directora de Marca?

-Siempre he dicho que el día que vea a una mujer presidir la FIFA significará mucho. Es probable que sea más fácil lo de Marca. Podrían ocurrir las dos cosas al mismo tiempo, porque no creo que las velocidades de la política y del periodismo sean muy diferentes. En política, al menos ha habido mujeres vicepresidentas, pero en Marca no ha habido subdirectoras.

—¿Cree que el coronavirus ha supuesto un punto y final en el deporte tal y como lo conocíamos?

—No es tiempo de certezas. Las únicas certezas que podemos imaginar son las de estadios no repletos, al menos durante mucho tiempo. Cuando digan media entrada en un estadio, igual hablamos de la mitad de la mitad.

—Dele un consejo a un becario…

—Yo no fui becaria, porque pertenezco a un tiempo en el que se entraba de otro modo. El alma de becario me parece extraordinaria. Ese nivel de curiosidad, de ganas de aprender, de tener la vista periférica, la humildad, la ambición, el sentido de la perfección… He trabajado con becarios y me ha encantado que me hicieran olvidar a la semana que lo eran. Lo hacen con una ambición y unas ganas que quieres que se queden. Cuando uno es becario es joven, así que no pasa nada si se duerme menos esos días.

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