Para los primeros representantes de la Generación X (los nacidos entre 1965 y 1979), el Mundial de España tuvo una influencia decisiva en nuestra maduración a todas luces incompleta. Muchos culpan a Naranjito, que hoy cumple 41 años, pero tampoco conviene cargar las tintas. Las alternativas eran todavía más terroríficas. Debemos dar gracias por que Naranjito se impusiera tal día como hoy a los otros finalistas, el niño torero Brindis y el mutante Toribalón. Si estas fueron las mejores creaciones, hay que preguntarse por los 586 dibujos que se presentaron a concurso. Quien encuentre la carpeta con todas esas propuestas tendrá en sus manos un tesoro de valor incalculable y probablemente radiactivo.

Naranjito fue una idea del publicista sevillano José María Martín Pacheco, al que no le resultó difícil inspirarse entre los naranjos y los azahares de su ciudad. Su intención era huir de los tópicos del torero, la flamenca y la pandereta, y en este sentido su esfuerzo fue encomiable. Apuesto a que entre los dibujos a concurso no faltó un Pandereto, un Olé, una banderilla (con arpón o con anchoa) y una Carmen con los lunares del traje sustituidos por balones. El diseño correspondió a la cordobesa María Dolores Salto y el dibujo convenció a un jurado que debía estar falto de vitamina C.

La polémica fue inmediata. Los creadores del Un, Dos, Tres denunciaron el parecido de Naranjito con la calabaza Ruperta. La periodista Rosa Montero describió a Naranjito como “un futbolista climatérico vestido como un obispo del Palmar de Troya”. Juan Benet lo señaló como el “enemigo público número uno que debe ser suprimido, aniquilado y enterrado”. El Fary se sintió igualmente ofendido en lo más profundo de su ser: “Tenemos otros símbolos con más sangre española”.

La serie de dibujos animados no ayudó a mejorar las cosas. En Fútbol en acción, Naranjito se acompañaba de su novia Clementina y su amigo Citronio (un limón) para luchar contra un malvado llamado Zruspa, evidente acrónimo de “zurraspa”.

Han tenido que pasar más de cuarenta años desde su proclamación como mascota para que Naranjito se convierta en un apreciadísimo logo vintage que identifica a los más modernos entre los hipster. La naranja que irritó a la intelectulidad (y al Fary) es ahora un símbolo de la lucha contra el mainstream y una reivindicación de la inocencia ochentera. En ocasiones, tener razón lleva décadas.

Toribalón y Brindis, las terribles alternativas a Naranjito.
Toribalón y Brindis, las terribles alternativas a Naranjito.

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