Todo el mundo conoce al Brasil del 70, el equipo de los cinco dieces: Pelé (Santos), Tostao (Cruzeiro), Jairzinho (Botafogo), Rivellino (Corinthians) y Gerson (Sao Paulo). Es el ejemplo más brasileiro, más poderoso y más representativo del jogo bonito que se vio jamás. Pero no todo fue fútbol en ese equipo. La historia de cómo se creó nos habla de intereses, intrigas y, sobre todo, de política.

Tras su golpe de estado en 1964, el general Emilio Garrastazu Médici puso sus ojos en la selección de Brasil y sus vistas en el Mundial de fútbol de México 70. Como se ha hecho tantas veces con peores o mejores intenciones (Mandela), el general quería legitimar un modelo de gobierno a través de un grupo de deportistas.

En 1970, la selección brasileña ya tenía en su palmarés dos Mundiales (58 y 62), pero había fracasado estrepitosamente en el último, Inglaterra 1966. Allí había sido eliminada por la Portugal de Eusebio. Esa derrota, y la frustración que generó, fue utilizada por la dictadura militar como herramienta de propaganda para recuperar el honor perdido. Para triunfar en México había que realizar una serie de correcciones imprescindibles. El primer problema era el seleccionador, Joao Saldanha.

Saldanha había sido corresponsal en la Segunda Guerra Mundial, lo que le dio reputación de periodista serio y comprometido; más tarde se asentó como crítico deportivo, especialista en fútbol (había sido jugador y entrenador). Fue un personaje con mucha influencia en la opinión popular, el analista más afilado y crítico con el equipo brasileño.

Joao Havelange, presidente de la Federación Brasileña de Fútbol, supuso que poner como seleccionador a un periodista relajaría a la prensa y haría un frente común de propaganda en favor de la Seleçao. Se dice que Havelange era admirador del nazismo y se inspiraba en las técnicas de Goebbels. Pero la opción Saldanha le salió rana. Era la crónica de una muerte anunciada.

Joao Saldanha.

El seleccionador no fue bien recibido por la prensa de Sao Paulo (él era carioca) y su carácter complicado tampoco ayudó. A esto hay que añadir ciertas decisiones técnicas controvertidas, como sus dudas a la hora de juntar a Tostao con Pelé, con quien no se llevaba bien y al que acusaba de no trabajar en los partidos. O su empeño por no convocar a Dadá Maravilha, el ídolo en Atlético Mineiro, el equipo del general Garrastazu Médici. O no apostar decididamente por Rivellino. Entrenadores como Yustrich (Flamengo) le acusaban de intrusismo y de incultura táctica…

Con todo y con eso, lo que le sacó de la selección fue su pasado como miembro del partido comunista.

Saldanha permaneció 406 días como entrenador del equipo y, aunque fueron jornadas tumultuosas en los despachos, le dio tiempo a sembrar una idea de fútbol que terminó enamorando al mundo con un juego vistoso, alegre y espectacular. Él devolvió el jogo bonito a Brasil. O sea, la felicidad.

Su selección era una máquina. En 1969, Brasil se impuso en todos los partidos de clasificación para el Mundial con un balance demoledor: 23 goles a favor y solo dos en contra.

No obstante, Saldanha se convirtió en un problema para la dictadura militar. El seleccionador denunció el maltrato del gobierno a los presos políticos y lo acusó de torturador. Desde ese momento se canalizó una campaña de acoso y desprestigio en los medios afines a los militares y se le acusó de alcohólico y depresivo. Se le relacionó con un asesinato y se aireó su pésima relación con Pelé, haciéndole culpable de su bajo rendimiento. La destitución estaba cantada.

A Saldanha lo sustituyó Mario Zagallo, ex campeón del mundo y con una idea futbolística similar. Era un hombre de fútbol querido y respetado, sin compromisos ideológicos que condicionasen su currículo y muy cercano a algunos de los futbolistas de la selección, fundamentalmente a los líderes del grupo, con los que había jugado. Su primera decisión zanjó uno de los conflictos tácticos del anterior seleccionador y fue la piedra filosofal del nuevo Brasil. Zagallo juntó en su once a los cinco futbolistas más talentosos del país, cada uno de ellos portador del número 10 en sus equipos: Pelé, Jairzinho, Gerson, Tostao y Rivelino.

Tácticamente, la novedosa idea generaba conflictos en la ocupación de espacios y roles. El equipo que se había clasificado brillantemente para el Mundial tenía en general conceptos similares, pero algunos eran muy diferentes. Saldanha, obsesionado por los cambios que se estaban produciendo en el fútbol europeo, dibujó un sistema de extremos abiertos y laterales ofensivos, con un medio campo talentoso, pero ordenado y trabajador.

Zagallo tuvo problemas para crear su once, lo que le obligó a más de un salto mortal. Él quería mantener el 4-2-4 que tan buenos resultados le había dado al equipo, sobre todo en el pasado, pero Tostao, verdadero líder de esa selección y piedra angular del sistema como falso 9, no terminaba de recuperarse de una lesión en la retina. Las alternativas que manejó (Dirceu Lopes y Roberto Miranda) no le convencieron. Ninguno entendía el movimiento dentro-fuera que permitía mezclar bien con Pelé, que actuaba junto a Gerson como mediapunta.

Zagallo buscó soluciones: abrió muchísimo a Jairzinho en banda derecha y en la izquierda confió en Edu, un extremo rápido y habilidoso del Sao Paolo. Pero la idea no cuajó. Hasta que colocó a Rivelino como falso extremo izquierdo. Entonces Gerson, que había jugado siempre por la derecha, encontró en Rivelino al compañero ideal.

Zagallo apenas pudo disponer de su once de gala hasta el debut en el Mundial ante Checoslovaquia. Hasta el último momento se vio obligado a realizar cambios, alguno de ellos con sorprendente resultado. Al Mundial llegó con problemas defensivos. Fontana, el central, se había lesionado y el míster se la jugó con dos decisiones valientes. Bajó a Piazza, su mediocentro, a la posición de central, lo que le dotó de una notable distribución desde el inicio de la jugada. Además, decidió colocar en el eje del mediocampo a Clodoaldo, un joven mediocentro del Santos, que terminó siendo uno de los grandes cracks en la sombra de ese campeonato.

También tuvo que solucionar un problema en la banda izquierda. Marco Antonio, lateral izquierdo muy ofensivo, sumaba mucho en ataque pero debilitaba su zona en defensa. Como ni Gerson ni Rivelino ayudaban mucho en esa faceta, al final se decidió por Everaldo, más defensivo y, para muchos, el peor jugador de ese combinado. Con él consolidó su sistema defensivo.

Zagallo se inventó un equipo con Félix, Carlos Alberto, Brito, Piazza, Everaldo, Clodoaldo, Gerson, Jairzinho, Tostao, Pelé y Rivelino. Con un sistema de juego complejo, cuya llave era Tostao, que ejercía de falso delantero centro, pero que bajaba continuamente a la zona de la mediapunta, donde combinaba con Pelé o Gerson. Ese vacío que dejaba en la punta, lo solía ocupar Jairzinho, que pese a saltar al campo como extremo derecho, normalmente era el jugador del once que más pisaba la zona del delantero centro. Si Pelé basculaba a la derecha, Gerson o Tostao ocupaban su zona en el medio; si Gerson se adelantaba era Rivelinho quien bajaba al mediocampo, mientras Clodoaldo se multiplicaba a su espalda. Un vals de movimientos perfectamente armonizados, que Zagallo se inventó, pero que solo la inteligencia y la calidad de estos jugadores pudo llevar a cabo.

Brasil ganó el Mundial con una tremenda exhibición en la final ante Italia. El equipo ha quedado para la historia como una locura de juego ofensivo, pero esa selección jugó y ganó siempre desde el orden. Quizás por eso ellos fueron campeones y la selección de España 82 no lo consiguió.

Si hablamos del Brasil de los 70 nos viene a la mente Pelé, pero Carlos Alberto, Brito, Piazza y Everaldo, su bloque defensivo, tuvieron una actuación deslumbrante, aunque poco se habla de ellos salvo para comentar el gol en la final de Carlos Alberto. Clodoaldo fue junto a Gerson lo mejor de Brasil. Gerson fue sin duda su MVP. Rivelino fue el que más nos enamoró su fútbol de seda. Tostao, lastrado por su inactividad resultó más efectivo que brillante, algo que sí fue Jairzinho. Pelé tuvo muy poco que ver con el jugador del 58 y el 62. O’ Rei asumió su rol de vedette del equipo y, aunque dejó detalles, Pelé estuvo muy lejos de ser Pelé.

Pelé, Tostao, Saldanha, Zagallo y las conjuras palaciegas de Havelange. ¿Quién creó el Brasil del 70? Para muchos fue Zagallo quien armonizó esa idea y la dio cuerpo cuando se atrevió a juntar los cinco dieces. ¿Pero quién fue su ideólogo? Para otros tantos fue Joao Saldanha, devolviendo a Brasil su fútbol, su magia y su jogo bonito.

El Mundial de México 70 no sólo nos dejó al mejor Brasil de la historia, también nos trajo cosas nuevas. Adidas patrocinó por primera vez un evento deportivo. Por primera vez se pudieron ver partidos de fútbol en color y aquel fue el primer Mundial en el que se pudieron realizar cambios, quizá como símbolo de la transformación del fútbol.

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