Por alguna extraña razón, o simplemente porque los españoles de más de 30 años era a lo que estábamos acostumbrados, siempre me han atraído más los derrotados que los vencedores. Y si hay un equipo que ha trascendido a la derrota ha sido la Holanda del 74.

El Mundial de Alemania fue la frontera entre dos modos de jugar al fútbol. Ese Mundial evidenció que el juego estaba cambiando. Nacía el fútbol moderno y la selección que protagonizaba ese cambio era la holandesa.

Decía Luis Aragonés que en el fútbol lo importante es ganar, ganar y volver a ganar, pero a veces no sólo importa el resultado. Por eso, y como le ocurrió también al Brasil del 82, Holanda pasó a la historia por su forma de jugar. Un estilo al que se bautizó como fútbol total.

Johan Cruyff, durante la final del Mundial 74.

Todo había empezado años antes en el Ajax. En 1965, los de Amsterdam luchaban por la permanencia. Entonces apareció Rinus Michels, heredero de la pizarra del británico Jack Reynolds —del que fue discípulo en el Ajax— y seguidor del entonces novedoso estilo de Gusztáv Sebes como seleccionador de Hungría. Michels revolucionó aquel equipo, que pasó de pelear por el descenso a luchar por títulos europeos, viaje que culminó con la conquista de la Copa de Europa en 1971. En ese Ajax comenzó el fútbol moderno y a partir de ese estilo se construyó la «Naranja Mecánica». 

Holanda asombró en el Mundial 74 con un juego rapidísimo, con futbolistas de gran movilidad; cualquier jugador podía aparecer en cualquier zona del campo. Era un equipo perfectamente sincronizado para la época y el fútbol de los 70, que además presionaba y utilizaba la norma del fuera de juego como herramienta defensiva, algo que para el fútbol clásico resultaba demoledor. Selecciones poderosas como Uruguay, Argentina o Brasil fueron prácticamente ridiculizadas por esta forma de entender el juego.

Cruyff era el líder de aquella generación. Lo era hasta el punto de presionar a la federación para que destituyeran al entrenador húngaro, František Fadrhonc, que brillantemente había clasificado a los holandeses para el Mundial, eliminando a su eterno rival por entonces, Bélgica. Su objetivo era poner al mando de la selección a Michels, que había sido su entrenador en el Ajax, y de paso vetar a futbolistas, fundamentalmente del PSV, como Jan Van Beveren, en ese momento uno de los mejores porteros europeos, o René Van der Kuijlen, el máximo anotador histórico de la liga holandesa.

Van Beveren y Van der Kuijlen volvieron a ser convocados tras el Mundial. Según cuentan, dos años después, en la concentración de un Polonia-Holanda —clasificación Eurocopa 76—, la selección esperaba la llegada de Cruyff y Neeskens, que ya estaban fichados por el Barça. Tres días más tarde de lo indicado se unieron a la concentración. A su llegada, Van der Kuijlen, dijo en voz alta, en mitad de una comida: «¡Qué suerte tenemos! Por fin llegaron los reyes de España». Fue la última vez que portero y el delantero compartieron convocatoria con Cruyff.

Futbolísticamente hablando, en el 74 la mayoría de los equipos aun mantenían el marcaje individual como principal arma defensiva, con el objetivo de recuperar el esférico. En la final del Mundial podemos ver como Alemania “vive” descolocada por ese marca individual que practican ante los holandeses, mientras sus rivales desarrollan la novedosa zona presionante, una herramienta de la que se sirvió Michels para transgredir una de las leyes hasta ese momento inquebrantable: el juego de pares.  De ahí nace la idea más innovadora de esta Holanda, que partiendo de un dominio posicional, utiliza un nuevo concepto, el pressing.

Las bases de su juego eran claras. Holanda partía de un clásico 4-3-3 con una salvedad, Cruyff. Él actuaba con total libertad, lo que convertía el dibujo por momentos más en un 4-4-2 . El fútbol de Michels estaba creado en base a continuos relevos y coberturas dependiendo del movimiento de cada uno de los jugadores, de forma que todos defendían o atacaban, según el devenir de la jugada. Todos podían ser defensas, centrocampistas o delanteros, lo importante es que el equipo siempre conservase el orden y su estructura táctica.

Holanda era posesión de balón (entendida la posesión en clave años 70), triangulaciones hasta llegar al área rival, presión alta muy adelantada, tirar el fuera de juego hasta muy arriba y un grupo de jugadores muy técnicos individualmente con una gran preparación física.

El  Mundial del 74 convirtió a Cruyff en uno de los cuatro mejores jugadores de la historia. Pero Holanda era más. No solo estaba Cruyff. En ese once jugaban futbolistas como Neeskens, Rep, Krol, Haan o Rensenbrink, todos de altísimo nivel en ese momento. Y eso que el equipo no pudo contar con Hulshoff, central del Ajax, de enorme poderío físico, fuerza y capacidad para sacar limpio el balón, posiblemente el mejor central de Europa en ese momento.

Los jugadores

Jongbloed: Portero raro, más aun en su época. Enchufado por Cruyff tras su veto a Beveren. Hasta el Mundial, y con 33 años, había jugado cuatro minutos en un partido internacional. Como curiosidad decir que Jongbloed era miope.

Suurbier: Lateral rápido, fuerte, con una enorme vocación ofensiva, de un gran sentido táctico, muy inteligente. Un lateral muy completo y eficaz.

Rijsbergen: Notable defensor central que podía jugar tanto en la defensa como en mediocampo, un fuera de serie. En el 78 se convirtió en noticia y héroe, al visitar en pleno Mundial de Argentina a las Madres de la Plaza de Mayo.

Jongbloed, Rijsbergen, Haan, Neeskens, Krol, Suurbier. Abajo, Rep, Cruyff, Rensembrink, Jansen y Van Hanegen. CORDON PRESS

Haan: Si Cruyff era el símbolo, Haan era el perfecto ejemplo de lo que era esta selección. Mediocentro, con mucha calidad técnica, inteligencia y visión de juego, tenía una gran llegada a portería. En la ausencia de Hulshoff, Michels le colocó de defensa libre. Valía para todo.

Krol: Comenzó jugando de lateral izquierdo, posición en la que aunaba técnica, clase y físico, pero su jerarquía y calidad le llevó al eje de la defensa y acabó convirtiéndose en un fantástico y elegante libero.

Neeskens: Era un futbolista multitarea, que defendia con fiereza y llegaba al área con determinación. De buena tecnica y habilidad con el balón, Neeskens era un volante casi perfecto.

Jansen: Era el trabajador oscuro de esa selección. Él jugaba sin balón, daba coberturas y equilibraba la defensa. Un notable jugador, oscurecido por el brillo que había en su entorno.

Van Hanegem: Volante de trabajo y una zurda de oro. Sentía un odio profundo a los alemanes, ya que su infancia quedó marcada por el bombardeo nazi a su ciudad natal, Breskens, donde fallecieron dos hermanos, una hermana y su padre. Jugó la final crispado y por debajo de su fútbol habitual.

Cruyff: Un genio, un jugador que se anticipó 30 años en su fútbol y también una personalidad particular. Un día le preguntaron a Neeskens: «¿Quién mandaba en esa selección, Michels o Cruyff?». Él respondió:  “Si está Johan, manda Johan. En el Ajax, en Holanda, en el Barça y si estuviera aquí, también”.

Rep: Extremo rápido, hábil y con llegada a gol. Trabajador y con muchísimo desequilibrio. Dijeron de él que era el Best holandés. La realidad es que lo fue más fuera que dentro de las canchas.

Rensenbrink: Extremo izquierdo rápido y driblador, con una enorme capacidad para el 1×1. Dicen de él que la timidez no le dejó ser mejor futbolista, y fue muy bueno.

Holanda nos enamoró con su fútbol y Cruyff con su inteligencia y su liderazgo sobre el campo. Pocas veces se había visto a un jugador dar tantas órdenes a sus compañeros como lo hacía él. Cruyff se convirtió para los holandeses en el sucesor de Pelé. Sin embargo, aunque muchas veces se nos olvide un dato al hablar de la Holanda del 74, de la Naranja Mecánica o del fútbol total, la realidad es que fue Alemania quien acabó ganando el Mundial al imponerse, con toda justicia, en una inolvidable final.

Con el paso de los años, Cruyff justificó la derrota: “Creo que fue un problema de mentalidad. Los alemanes tenían un equipo muy bueno, pero en circunstancias normales nosotros éramos mejores. Nosotros, los holandeses, tenemos una mentalidad y es que nos sentimos satisfechos bastante rápido. En cierto sentido haber llegado a la final ya era histórico. De no haber jugado contra los alemanes habríamos ganado”. Se le olvidaba que, dos años después, fueron eliminados de la Eurocopa del 76 por Checoslovaquia y de nuevo en la final del 78 por Argentina.

Ronald Koeman tiene otra opinión: “Holanda siempre juega para el espectador, de forma muy ofensiva y atractiva. Eso ya es un triunfo. Siempre hemos escogido el camino más difícil hacia la victoria. Otras selecciones han elegido otra vía, la de esperar y defender. Ese es nuestro método, aunque nuestras posibilidades se reduzcan. El fútbol es un juego y a nosotros nos gusta jugar”.

Franz Beckenbauer fue más pragmático al respecto. “Dicen que Cruyff es mejor jugador que yo y que la mejor selección era la holandesa. Es posible. Pero el campeón soy yo”.

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