Entrenada desde 1966 por Helmut Schön, la selección de Alemania Federal  comenzó bajo su dirección una notable transformación hacia el fútbol moderno. Si bien ya había obtenido grandes resultados en torneos anteriores dirigidos por él, fue en la antesala de la Eurocopa 72 cuando Schön comenzó a dar forma al primer equipo que ganó una Eurocopa y un Mundial de forma consecutiva, una hazaña que sólo repitió 40 años después la España de Aragonés y Del Bosque.

A comienzos de los años 70, mientras el Ajax de Rinus Michels ponía en marcha el fútbol total, la Alemania de Schön crecía con un fútbol abierto, de extremos rápidos y trabajadores, con juego elaborado, y al que supo sumar el talento individual de una brillante generación de futbolistas. En esa Eurocopa 72 ganada en la final a la URSS destacaron jugadores como Maier, Breitner, Müller, Netzer y, por supuesto, Beckenbauer. Pero también brilló una idea clara de juego.

Alemania se presentó en su Mundial con un equipo sólido y bien trabajado. Su dibujo estaba claro, 4-3-3, con un posicionamiento defensivo de bloque bajo, marcas al hombre y un juego ofensivo dinámico y vertical, pero no directo.

Dos años antes, en la Eurocopa, los alemanes habían dominado gracias a un fútbol combinativo en el que Netzer y Beckenbauer eran quienes movían los hilos desde la zona central. Estaban apoyados por el trabajo portentoso de los dos interiores, Wimmer y Hoeness, tan dominantes fisicamente como dueños de una notabilísima calidad técnica. Asimismo, el equipo explotaba la velocidad de sus dos extremos, Heynckes y Kremer, y todos mantenían un ritmo altísimo y un constante subir y bajar que ahogaba fisicamente a los rivales. La idea para el Mundial 74 no era muy diferente.

No obstante, iniciado el Mundial, Schön se encontró con un problema de egos, el denominado Affaire Beckenbauer. La historia, nunca confirmada, cuenta que, tras un inicio de campeonato nada brillante (derrota 0-1 contra la Alemania Democrática), Beckenbauer aprovechó para deshacerse de Netzer. El Káiser veía cómo el rubio centrocampista le había ganado en popularidad. Netzer no sólo era un fantástico jugador, además era un hombre de una personalidad muy atractiva, un  joven futbolista que había entendido perfectamente el cambio cultural que se dio entre los años 60 y 70. El exmadridista era un líder natural y la prensa le apodó Karajan, como el talentoso y carismático director de la Filarmónica de Berlín.

Se dice que Beckenbauer hizo y deshizo hasta que convenció a Schön para que ciertos jugadores del Moënchengladbach no jugaran más. Verdad o mentira,  leyenda o no, la realidad es que Netzer y Heynckes desaparecieron de la alineación titular y Karajan, reemplazado por Overath, apenas volvió a jugar durante el Mundial.

Los alemanes hicieron un campeonato coherente con su fútbol, pero no muy brillante. Es más, en semifinales, ante la Polonia de Lato, sufrieron lo indecible en un campo embarrado por una tremenda tormenta que dejó el césped poco menos que impracticable. Un gol de Müller y una antológica actuación de Maier llevaron a los teutones a la final.

Alemania jugó el partido por el título con Maier; Vogst, Beckenbauer, Schwarzenbeck, Breitner; Hoeness, Overath, Bonhoff; Grabowsky, Müller y Hoelzenbein. Enfrente, la Naranja Mecánica, Cruyff y el peso de la responsabilidad del país anfitrión. Y, por si fuera poco, un 0-1 a los dos minutos. Pero son alemanes y ya sabemos lo que dijo Lineker.

La final, pese a lo que muchos creen, fue un partido extraño e igualado. Alemania siguió siendo Alemania y Holanda fue mucho menos Holanda que a lo largo del campeonato. ¿Merito de los germanos? ¿Demérito de los holandeses?

La final del 74 devolvió a Europa la hegemonía futbolística mundial. Ganó Alemania y Holanda enamoró. La selección germana estuvo liderada por tres nombres propios: Beckenbauer, Maier y Müller. Pero en realidad ganó una idea de fútbol.

Alemania fue una selección seria, física, muy bien plantada tácticamente y con un puñado de futbolistas de enorme calidad. Posiblemente lo más moderno y diferencial fue su altísimo ritmo de juego, y Alemania lo ha conservado como identidad propia.

La Alemania del 74 está representada fundamentalmente 13 jugadores.

Maier:  Portero clásico. Buena colocación, ágil, dominante en el juego aéreo y gran personalidad.

Vogts: Un marcador feroz. Rápido, fuerte y muy disciplinado.

Schwarzenbeck: Uno de los grandes tapados. Fuerte, rápido, inteligente y de buena técnica, perfecto para combinar con el Káiser.

Beckenbauer: El lider del equipo. Él inicia el juego, marca el ritmo y defiende con solvencia. Un gestor del fútbol.

Breitner: Lateral izquierdo diestro con mentalidad de centrocampista. Mucha proyección ofensiva y presencia en el juego.

Bonhoff: Un centrocampista box to box incansable. De haber nacido treinta años más tarde, Khedira nunca habría sido internacional.

Overath: Un Pirlo zurdo con mucho trabajo. Técnico y de gran visión de juego, tenía un notable desplazamiento del balón en largo.

Hoeness: Volante de ida y vuelta, potentísimo en conducción y con mucha llegada al área. La opción ofensiva a los pases en profundidad de Overath gracias a sus desmarques de ruptura.

Grabowski: Extremo derecho rápido, hábil, regateador, pero muy disciplinado en tareas defensivas.

Holzenbein: Un extremo izquierdo alemán de manual, rápido, que buscaba siempre encarar. Profundo y con llegada.

Müller: Delantero centro referencial. Sobrio, tosco, durísimo en la pelea y demoledor en el área.

Netzer: Era el cerebro del equipo. Sus pases largos a la espalda de las defensas eran demoledores. Además, poseía mucha llegada a la frontal del área rival. Gran visión de juego .

Heynckes: También extremo, pero mejor fútbolista que Holzenbein, con más tendencia a buscar el gol. Gran definidor de las jugadas de ataque.

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