Javier Manjarín (Gijón, 1969) fichó por el Sporting con 15 años. Ganó fama en el club de su vida, fue campeón olímpico y formó parte del Superdepor, con el que ganó el primer título de la historia del club, la Copa de 1995. Últimamente ha ejercido como segundo entrenador de Cristóbal Parralo.

—La profesión de entrenador es complicada, pero la de segundo también lo parece. De momento, usted no ha tenido suerte como ayudante de Cristóbal Parralo: tres equipos (Deportivo, Alcorcón y Racing) en tres años…

—En los cuerpos técnicos actuales, el segundo entrenador hace una labor importante. Sirve de apoyo al primero en lo que precise y tiene autonomía para muchas cosas. Desde que estuvimos en el Deportivo, las experiencias que hemos tenido no han sido buenas por los resultados, pero eso no significa que no nos hayan servido o no nos hayan formado. En el caso del Deportivo, no pudimos terminar el proyecto que habíamos empezado. El último equipo en el que hemos estado ha sido el Racing. Lo cogimos en una mala situación y fue difícil sacarlos de allí abajo. Quizá ese trabajo no se vio reflejado en los resultados. En Alcorcón hicimos una buena labor. Salvamos la temporada con bastante antelación y durante muchos momentos fue un equipo importante en Segunda.

—A pesar de su buen papel en Alcorcón, hubo cambio de directiva y decidieron prescindir de ustedes…

—Suele pasar. Nosotros habíamos renovado en octubre porque la situación del equipo era buena. Antes de terminar la temporada, sabíamos que se habían iniciado movimientos para la venta del club. Se nos comunicó a principios de pretemporada que no íbamos a seguir.

—¿No le apetece empezar una carrera como primer entrenador?

—No me lo he planteado todavía. Empecé con Cristóbal cuando vino al Deportivo B, el Fabril, estoy cómodo con él y he aprendido bastante. Pero no lo descarto en un futuro.

—¿Qué es más importante para triunfar como entrenador, paciencia, suerte o buenos futbolistas?

—Lo importante es tener buenos futbolistas. Cuantos mejores futbolistas tengas, más suerte vas a tener. Obviamente, influye también tu trabajo, la interacción con los jugadores… Al final, los partidos los ganan los futbolistas y ellos son los más importantes.

—¿Su filosofía como técnico está más cerca de la de Simeone o la de Guardiola?

—Yo creo que todo tiene cabida dentro del fútbol. Habrá momentos en los que el equipo necesite una cosa u otra. Todos los equipos no pueden jugar como el Barcelona ni como lo hace Simeone. Son dos entrenadores con su filosofía y que lo hacen bien. Personalmente, intento coger lo mejor de cada uno.

—¿Qué le gusta más, el juego directo o de toque?

—Me gusta que mi equipo sea protagonista. Cuanto más tiempo tenga el balón, mucho mejor. Sin embargo, habrá situaciones en las que el equipo rival te domine y tengas que defender y salir al contraataque. Depende todo de las situaciones, porque el Barça no juega siempre en campo rival; hay veces que el contrario lo aprieta y tiene que jugar en campo propio.

—Usted ha sido compañero de Abelardo, Luis Enrique, Paco Jeméz y Guardiola. ¿Se notan los jugadores que tienen vocación de entrenador, qué los distingue?

—Hay jugadores que cuando terminan su carrera, por lo que han sido como futbolistas y por su personalidad, pueden tener recorrido como entrenadores. Hay otros que no. Conozco casos de jugadores que nunca me hubiera imaginado que serían técnicos, pero ahora tienen un reconocido prestigio y éxito. De los que me hablas, tienen todos carácter y durante su trayectoria profesional han sido importantes en sus equipos. Por tanto, han trasladado su manera de ver el fútbol al puesto de entrenador.

—Que Quique Setién haya llegado al Barcelona con 61 años, ¿es un mensaje de esperanza para los entrenadores modestos?

—Él ha demostrado en los equipos en los que ha estado que tiene una filosofía de juego muy clara y que podía encajar dentro del perfil que buscaba el Barcelona. El hecho de haber llegado con más años no tiene nada que ver. Como entrenador, mientras uno se sienta con fuerzas, no hay edad. Le ofrecieron la oportunidad y decidió dar un paso hacia delante. Y me parece perfecto.

“La grandeza del buen entrenador es adaptarse a los jugadores que tiene”

—Si Klopp o Guardiola entrenaran al Racing, ¿serían capaces de salvarlo?

—No lo sé. Hasta que no se vieran trabajando en una situación parecida no se sabría. Ellos han entrenado a grandes equipos y en un caso así tendrían que adaptarse a los jugadores. Creo que esa es la grandeza del buen entrenador, saber adaptarse.

—¿Dónde siente que lo quieren más, en La Coruña o en Gijón?

—En los dos sitios. En Gijón, porque soy de allí y me considero muy gijonés. Además, el Sporting fue el equipo que me dio la oportunidad de ser profesional. Estuve cuatro años. En un momento dado, aunque era de la casa, tuve que dar un paso hacia delante y decidí marcharme. En Gijón han sabido reconocer que de la cantera hemos salido muchos jugadores y yo he sido uno más. A La Coruña llegué en un momento en el que el equipo estaba creciendo y eso dejó una huella importante en la afición. Cuando paseo por la ciudad me reconocen en cualquier lado.

El Sporting

—Usted llegó al Sporting con 15 años, procedente del Colegio Inmaculada. ¿No fue un poco tarde?

—Yo estudiaba en el colegio y mis padres y yo estábamos contentos. El Sporting ya nos quiso antes a mi hermano y a mí. Pero hubo un problema con la persona que llevaba los equipos de fútbol en el colegio y estuvimos seis meses sin jugar. Fue cuando aprovechamos para ir al Sporting.  

Sporting 1991-92. Luis Sierra, Abelardo, Emilio, Oscar, Joaquín y Muñiz; Luhovy, Alcázar, Manjarín, Juanele y Iordanov.

—Supongo que para un gijonés como usted Quini fue el ídolo de la infancia…

—Quini, Ferrero, Mesa, Joaquín… Cuando era pequeño, los tenía a ellos de referentes porque iba a El Molinón. Para nosotros, Quini era lo más grande. Luego tuve la suerte de conocerlo como persona, porque me entrenó en mis primeros años en el Sporting. Y era un fuera de serie, una persona excelente. Lo único que puedo decir de Quini son buenas palabras.

“Los amigos de Quini le pedían el coche, él se lo dejaba y se buscaba la vida para volver a casa”

—¿Qué es lo que más le llamó la atención de Quini?

—Su humildad después de todo lo que había sido. Prefería dar todo y quedarse él sin nada. Algunas veces, venían amigos suyos a pedirle el coche porque lo necesitaban y él se buscaba la vida para volver a casa. Él prefería dejárselo a los que realmente lo necesitaban.

—Con lo que cuenta de Quini, supongo que le inculcaron buenos valores en Mareo…

—Lo que se intenta trasladar en la cantera es sacrificio, trabajo, humildad… Al final, no dejas de ser un niño cuando estás en la cantera. Tienes cosas que aprender y el fútbol es una segunda escuela.  

—¿De qué depende que salga una buena camada de futbolista en Mareo?

—No lo sé. Serán importantes el scouting, el trabajo formativo en la cantera, los entrenadores, los psicólogos…

—Cuando llegó al primer equipo con 19 años, coincidió con veteranos como Joaquín o Jiménez. ¿Qué le enseñaron?

—Lo principal fue cómo nos acogieron. El fútbol antes era completamente diferente, porque la gente más veterana era la que más se hacía respetar, sobre todo si procedías de la cantera. Esos jugadores, que habían significado tanto en la historia del club, nos integraron muy bien. En el campo, nos daban consejos y nos ayudaban a gestionar situaciones.

—¿Qué tenía aquel Sporting que no tenga el actual?

—Lo bueno de aquel Sporting es que estaba en Primera y este no. En Primera las cosas son más fáciles, porque hay más medios. Estar en Segunda te condiciona mucho, aunque se haga todo lo posible porque el equipo recupere la categoría. Para los jugadores jóvenes, en Primera las cosas son más accesibles que en Segunda.

—Usted fue campeón olímpico en 1992. Apuntaba a titular, pero Kiko entró en su lugar. ¿Cómo recuerda aquellos Juegos?

—No es fácil ir a unos Juegos, y más en el mundo del fútbol. Y menos en tu país. Fue una experiencia increíble, a pesar de lesionarme antes del primer partido. No obstante, me permitieron quedarme con el equipo, intentando recuperarme para tener algún minuto. De hecho, estuve en el banquillo en la semifinal y la final. La convivencia en aquel grupo fue muy buena; éramos sub-23, pero ya nos conocíamos de la sub-20, sub-21… Los recuerdos que tengo de aquel momento son únicos. Conseguir el oro quizá fue lo de menos después de todo lo que pudimos ver y vivir en aquellos Juegos Olímpicos.

España 3-2 Polonia, final de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92.

—Ustedes no estuvieron alojados en la Villa Olímpica, sino en Valencia, donde jugaron la fase de grupos… ¿Se perdieron algo?

—Cuando acudes a un evento de este tipo no te quieres perder nada. El fútbol empezó un día antes de la inauguración y nosotros jugamos el partido inaugural frente a Colombia. El técnico no quería que fuésemos a la inauguración, porque estaba mirando más por el descanso y la recuperación del equipo. Pero los jugadores queríamos vivir una experiencia como esa. Vicente Miera no quiso venir y nos fuimos los jugadores con gente del cuerpo técnico en un chárter.

—Tras ganar el oro, les dieron a los campeones un plan de pensiones que empezaría a los 50 años, su edad actual…

—Cumplí en diciembre y este año tengo que recuperarlo, pero no he podido con todo lo ocurrido. Ha habido compañeros que sí…

—¿Cree que en Barcelona 92 el fútbol español empezó a tener mentalidad ganadora?

—A nivel de selecciones inferiores, la Selección siempre había tenido buenos equipos y había logrado Eurocopas y Mundiales. Pero nos faltaban éxitos a nivel absoluto. A nivel olímpico, no recuerdo cómo habían sido los precedentes. Para el fútbol y para nosotros fue un espaldarazo ganar los Juegos Olímpicos en nuestro país, sobre todo por la repercusión que tuvo. Ojalá que sirviera como punto de partida para los éxitos posteriores de la Selección.

El Súperdepor

—En 1993 le llegó la oferta del Deportivo. ¿Qué fue lo que le convenció? ¿Hubo otros clubes interesados en su fichaje?

—Yo tenía un año más de contrato con el Sporting. En aquel momento, el Barcelona tenía un convenio con el Sporting y todo parecía indicar que yo iba a ser el jugador del Barça. Se habló del tema durante toda la temporada. Quizá en aquel momento se me exigió más como canterano, porque decían que estaba pensando más en el Barcelona que en el Sporting. Finalmente, no me marché, porque eligieron a Iván Iglesias. Pero yo necesitaba un cambio en aquel momento y el Deportivo pagó la cláusula de rescisión. Jiménez y Joaquín habían dejado de jugar, se convirtieron en agentes y me estaban representando. Me dijeron que el Depor estaba interesado en mí y me marché. Era un equipo que estaba creciendo y había quedado tercero compitiendo con Madrid y Barcelona.

“Me hubiera encantado jugar en el Barcelona, pero no me arrepiento de ir al Deportivo”

—¿Se quedó con la espina clavada de no jugar en el Barcelona?

—Finalmente escogieron a Iván… No puede jugar en el Barcelona, algo que me hubiera encantado como futbolista, pero tuve la oportunidad de ir al Deportivo y no me arrepiento de aquella decisión.

Manjarín, durante su etapa en el Deportivo. CORDON PRESS

—Cuando llegó a La Coruña en la temporada 92/93, ¿había nacido ya el Súperdepor?

—Sí, sí. Era un equipo que se metió entre Madrid y Barcelona y les estaba compitiendo la Liga. Cuando yo me incorporé, perdimos la Liga en la última jornada por el penalti de Djukic…

—¿Qué vestuario se encontró?

—Un vestuario normal con grandes jugadores como Bebeto, Mauro, Djukic, Fran… También había otros que, sin tener tanto nombre, eran excelentes como Aldana, Claudio, Donato, Alfredo, Nando… Esos jugadores habrían sido titulares en cualquier otro equipo de la categoría.

—¿Quién era el alma de aquel equipo, Arsenio o Lendorio?

—El que formó aquel equipo fue Lendorio, pero el carisma que tenía Arsenio era increíble. Era el ser más querido dentro del club.

“Quizá nos pesó la responsabilidad de hacer al Deportivo campeón de Liga por primera vez”

—El día del penalti de Djukic, usted fue titular. ¿Cómo recuerda los días previos al partido, había miedo o exceso de confianza?

—La mayoría de nosotros nunca habíamos estado en esa situación. Quizá nos pesó la responsabilidad de tener la oportunidad de hacer al Deportivo campeón de Liga por primera vez en su historia. Salvo algunos jugadores, que ya habían sido campeones de Liga, el resto no habíamos vivido ese momento a nivel profesional. Los días anteriores los vivimos con euforia, porque la ciudad se preparó para celebrar un título que finalmente no les pudimos dar. Esa es la espina que nos ha quedado clavada a los jugadores.

El penalti de Djukic frente al Valencia, en la última jornada de la temporada 93/94.

—La plantilla y los aficionados eran optimistas, pero Arsenio no tanto. ¿Cómo era el ánimo de la plantilla?

—Arsenio era el que intentaba poner algo de cordura. A nosotros nos podía controlar, pero venía mucha euforia desde fuera. En la penúltima jornada jugamos en Logroño. Después de aquel partido, la gente que viajó celebró que habíamos ganado la Liga. Arsenio nos recordó todos los días de la semana que no habíamos ganado nada y lo hizo en todas las ruedas de prensa, entrevistas…

—¿Qué les dijo en la charla previa al partido?

—No recuerdo, porque fue hace mucho. Creo que fue como cualquier día, intentando minimizar la situación para darnos confianza y concienciarnos de que el partido se podía ganar. No fue excepcional, fue como cualquier otra.

—¿Habían ensayado los penaltis durante la semana?

—No me acuerdo, la verdad. Donato había fallado antes, Bebeto también… Por eso lo tiró Djukic.

«Nando le quiso entregar el balón a Bebeto, que no se vio con fuerzas para tirarlo»

—¿Es cierto que Bebeto se rajó? Alfredo Santalena comentó en una entrevista que, cuando el árbitro pitó, se fue a Bebeto y le dijo: “Mételo, cabrón, pero que él estaba rezando”. ¿A usted se le pasó por la cabeza tirarlo?

—No, porque yo tampoco era de los que tiraban los penaltis. Había tres personas que eran los encargados, Bebeto, Donato y Djukic. A Nando le hicieron el penalti y le quiso entregar el balón a Bebeto, pero no se vio con fuerzas para tirarlo. Entonces Djukic asumió la responsabilidad.

—¿Eran conscientes de que el Valencia estaba primado?

—No, no. Más prima para nosotros que ganar una Liga… Lo importante es que nosotros teníamos como premio ganar la primera Liga en la historia del Deportivo. Contra eso no hay nada.

Liaño; Voro, Djukic, Mauro Silva, Donato, Albístegui. Abajo, Manjarín, López Rekarte, Bebeto, Fran y Nando.

—¿Cómo se quedaron los jugadores?

—Destrozados, llorando… La decepción fue muy grande a nivel personal y colectivo, porque no les pudimos dar a la gente lo que deseaba.

—Un año después, se reencontraron con el Valencia en la final de Copa. ¿Había ánimo de venganza?

—No. Creo que eso queda más para la afición que para los jugadores. Nosotros entendimos que el Valencia vino a La Coruña a ganarnos de manera profesional y no podemos reclamarles nada a los jugadores del Valencia. Sí teníamos ganas de ofrecerle a la afición un título, algo que no habíamos conseguido el año anterior. La coincidencia fue que nos enfrentamos al Valencia y por fin logramos el primer título en la historia del club.

—Fue la final del diluvio…

—Durante gran parte del partido, el equipo estuvo muy bien. Llegamos 1-0 al descanso con opciones de haber hecho algo más. La segunda parte la empezamos muy bien: me hicieron un penalti que no pitaron, tuvimos opciones de marcar el segundo… Es cierto que el Valencia empezó a apretar y nos empataron en una falta. Cuando lo estábamos pasando mal, se suspendió el partido.

Manjarín, durante un encuentro con la Selección en 1996. CORDON PRESS

—Tras aquel título, se marchó Arsenio y el Deportivo no se recuperó hasta que llegó Irureta. ¿Qué le aportó al equipo?

—Cuando llegó el primer año, se encontró muchísimos jugadores, porque era una plantilla muy amplia y difícil de gestionar. En pretemporada, nos juntamos aquel año cerca de 40 jugadores. Quizá no fue lo ideal para trabajar aquel año, pero era un equipo con grandísimos futbolistas. La primera vuelta que hicimos no fue buena y en la segunda estuvimos algo mejor y conseguimos terminar sextos. A partir de aquel año, el equipo fue creciendo con Irureta e hizo cosas importantes en Champions, ganó la primera Liga, la Copa en el 2002… Aportó cosas al equipo, pero tenía muy buenos jugadores.

“Rivaldo era increíble, pero Bebeto era especial, porque te sorprendía en cada entrenamiento”

—Usted coincidió con Bebeto y Rivaldo, ¿con quién se queda?

-Son jugadores diferentes. Le tengo muchísimo cariño a Bebeto y con Rivaldo sólo coincidí un año, porque, por desgracia, nos lo quitó el Barcelona. Cuando llegó, Rivaldo estuvo un poco desubicado y le costó media temporada adaptarse al fútbol español. Sin embargo, en la segunda vuelta, marcó muchísimos goles… Rivaldo era increíble, pero Bebeto era especial, diferente, porque te sorprendía en cada entrenamiento.

—También coincidió con Djalminha, que es muy recordado por una lambretta que hizo frente al Madrid…

—Djalminha era un jugador que siempre hacía algo que no te esperabas. En La Coruña no se le dio la importancia que pudieron tener en su momento Mauro, Bebeto o Rivaldo. La afición estaba esperando que él cogiera el balón para ver qué hacía. Era diferente y aportó mucho.

—Usted fue convocado para la Eurocopa de Inglaterra de 1996. España fue eliminada por penaltis en cuartos frente a la anfitriona y usted fue titular. ¿Cómo vivió aquel partido?

—Fue increíble, porque jugar unos cuartos frente a la anfitriona en Wembley… Tuvimos mala suerte, porque en nuestro mejor partido en el torneo no fuimos capaces de ganar. Si alguien mereció pasar fue España.

“Las ruedas de prensa en la Eurocopa, eran una batalla para ver quién salía victorioso, Clemente o el periodista”

—Aquel equipo estaba dirigido por Javier Clemente, que prescindió de jugadores como Bakero y Guardiola, que no fueron convocados. ¿Cómo era el técnico?

—Conviví poco con él, porque coincidí sólo en la Selección. Es un hombre con mucho carácter y que tenía en aquel momento una disputa importante con un sector de la prensa. Muchas ruedas de prensa durante aquella Eurocopa eran batallas para ver quién salía victorioso, Clemente o el periodista. Era un entrenador que estaba del lado del jugador y prefería asumir él la crítica antes de que la sufriera el jugador. Creo que en números ha sido de los mejores de la Selección antes de que llegaran Luis Aragonés y Del Bosque.

España en la Euro 96. López, Zubizarreta, Abelardo, Pizzi, Kiko, Hierro. Abajo, Nadal, Manjarín, Sergi, Amavisca y Alkorta.

—¿Qué jugador actual le recuerda a usted?

—No recuerdo ni cómo era yo como jugador… No te podría decir uno, porque actualmente no juegan extremos, sino carrileros o jugadores a pierna cambiada que se meten hacia dentro.

—Los extremos puros están en extinción…

—Es cierto. Yo me iba por banda, centraba… Quitando algunos equipos que juegan al 4-3-3, apenas quedan jugadores de ese estilo. Ojalá haya jugadores que le recuerden a los aficionados lo que yo fui.

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