Dicen que nacieron con el 4-4-2, que son extremos reconvertidos para jugar por dentro o arietes a los que les faltó físico o gol. Pero, ¿qué es en realidad un segunda punta? Generalmente son futbolistas que juegan en torno al delantero centro. Sus labores son mixtas, ya que caen a banda sin ser extremos, cargan el área para hacer gol sin ser verdaderos arietes y también se asocian con el mediapunta o los volantes para crear espacios. A diferencia con los enganches ofensivos tradicionales o mediapuntas, los segundos delanteros pueden moverse por todo el frente de ataque buscando espacios. Lo normal es que a un enganche ofensivo no se le exija gol, sino juego, visión, creatividad y despliegue ofensivo, pero al segundo delantero sí se le pide gol, rapidez, desmarque, desborde y despliegue.

Como es habitual en el fútbol, muchos de los jugadores que aparecerán en esta lista como segundos puntas han jugado en más posiciones, unos como nueves, otros como extremos, otros como mediapuntas y algunos en las tres posiciones. También encontrareis a alguno inclasificable. Vamos a ellos.

Kempes: Apodado El Matador. Kempes fue un delantero con gol, muchísimo gol. De hecho, ese era su fútbol: no organizaba, no tocaba, él se aprovechaba de los espacios que le creaban los nueves con los que jugó (Diarte en el Valencia y Luque en la selección argentina). No tuvo la carrera que apuntaba su gran arranque. Con 22 años era el líder del Valencia y con 24 ganó un Mundial siendo la figura y el goleador. A los 26 volvió a Argentina, a River, para regresar con 28 como jugador en declive. Tras una temporada de suplente en el Valencia, jugó un año en el Hércules y terminó en equipos de tercera fila centroeuropeos como el First Vienna, el Sankt Polten o el Krems.

Boniek: El juventino es considerado junto a Lato (pichichi del Mundial 74) y Deyna (Balón de Bronce tras Beckenbauer y Cruyff en ese mismo campeonato) como uno de los mejores futbolistas polacos de todos los tiempos. Participó en tres Mundiales 78, 82 y 86. Rápido, técnico, inteligentísimo y con mucho gol. Coincidió con Platini en la Juve.

Lato: Bastantes le recordarán como extremo, y no les falta razón, pero es que Lato era muchísimo más que un jugador de banda, era un todocampista, un llegador y un asesino de cara al gol, máximo goleador del Mundial de 1974, con siete goles. Muy veloz y de gran habilidad, era un futbolista que continuamente pisaba el área rival.

Cantona: El francés es uno de los muchos inclasificables de esta lista. Un talento puro. Futbolista con todo, inteligencia, rapidez, clase, velocidad, fantasía, uno de esos versos libres del fútbol capaz de hacer cosas increíbles y siempre relacionado con el gol. Su peculiar personalidad le convirtió en un personaje que terminó devorando al jugador. Un futbolista menos recordado de lo que su fútbol mereció.

Futre: Asumo que muchos pensarán, y no sin razón como con Lato, que Futre debería estar en la lista de los extremos. Me declaro culpable, pero es que para mí fue mucho más “un delantero”, así que confinarle solo en la posición de extremo me parece limitar la idea que tengo del portugués. De hecho debutó en el Atleti compartiendo delantera con López Ufarte y Julio Salinas. Era una flecha, un futbolista de gran velocidad, buen regate y muchísima verticalidad. Destacó pese a tener 17 entrenadores en sus seis temporadas de rojiblanco, un disparate del que es muy difícil salir ileso. Sus logros deportivos nunca estuvieron a la altura de su talento.

Gullit: Uno de los tulipanes de Oro del Milán de Sacchi. Lo de Gullit es la historia del futbolista total. El holandés aparece en la Eredivisie con 16 años en el desaparecido Harlem, jugando como extremo (en 91 partidos hace 31 goles). A los 19 lo fichó el Feyenoord, donde coincidió con un Cruyff aun en activo, que le convenció para jugar de 4, es decir, de líbero adelantado o centrocampista. Hizo más de 30 goles y fue fichado por el PSV. En su nuevo equipo jugó de extremo derecho y/o delantero centro: 46 goles en dos años. Lo contrató el Milán y con Sacchi jugó de todo. Aunque en su primera temporada en Italia le nombraron Balón de Oro, la realidad es que las lesiones no le dejaron brillar con continuidad: se perdió dos temporadas casi completas (jugó dos y ocho partidos) y otra más de la mitad (apenas 15 partidos). Gullit lo tenía todo, clase, técnica, elegancia, velocidad, potencia, juego aéreo, fue un todofutbolista.

Hagi: Apodado el Maradona de los Cárpatos. El rumano era un talento indiscutible, un futbolista fantástico que nunca rindió en ningún equipo al nivel de lo que hizo en su selección. Llamado a ser uno de los elegidos, su fútbol discontinuo, su falta de regularidad y cierta apatía competitiva, hicieron que su carrera, a nivel de clubes, no sea la que por su talento se esperaba. Jugó dos años en el Real Madrid y dos en el Barça, donde su fútbol apenas apareció con cuentagotas y de los que salió sin pena ni gloria.

Butragueño: El Buitre fue un talento formidable. Futbolista con regate y una chispeante arrancada, muchos hablan de esa cualidad que tenía de pararse dentro del área y detener el tiempo. No obstante, su gran virtud fue la inteligencia. Quizá haya sido uno de los delanteros que mejor ha entendido el fútbol. Supo convivir con arietes como Santillana, Hugo Sánchez, Zamorano, Alfonso o Dubovsky, manteniendo unas cifras goleadoras aceptables.

Baggio: Uno de los más grandes talentos que ha dado el fútbol italiano. Sorprendentemente, jugó en  Fiorentina, Juventus, Milan e Inter, cuando lo normal habría sido convertirse en el ídolo de uno de ellos y pasar allí toda su carrera. Jugador adorado pero al que su talento le colocó en el calcio siempre bajo sospecha. Su posición en el campo es difícil de analizar, porque Baggio jugaba de Baggio, donde entendía que era mejor para él en cada partido. Se le podía ver caído a banda o pegado al nueve, de la misma forma que actuando en la mediapunta.

Rivaldo: Llegó al Depor con la difícil misión de suplir —no en la misma posición pero sí en el rol—, al que había sido el ídolo durante años, Bebeto. Inicialmente, Rivaldo era el típico volante ofensivo brasileño, técnico, hábil, de gran zancada y visión de juego, un perfil muy marcado en Brasil desde Rivelinho. Su extraordinaria relación con el gol hizo que le colocaran más adelantado jugando como un falso extremo, con libertad para moverse en el frente de ataque. Así lo hizo tanto en el Depor como en el Barça, donde compartió delantera con Kluivert.

Bergkamp: Uno de los más grandes talentos de la historia del fútbol por el que tengo absoluta debilidad. Típico delantero de la escuela del Ajax, todo elegancia, finura, clase y fantasía. Cometió el error de fichar por el Inter, en un calcio que siempre será el calcio y más en los 90, un campeonato donde el 0-0 no ofende a nadie. Tras su salida de Italia fichó por un Arsenal a la baja, pero Wenger le convirtió en el líder silencioso de un formidable equipo. En Holanda había sido un 9 goleador, pero el técnico francés le transformó en el asistente perfecto, mucho más involucrado en la creación que en la finalización. Henry, el astro francés, dijo de él: “He jugado con Zidane, Messi, Iniesta, Xavi, Ronaldinho, Etoo…, pero siempre diré que el mejor futbolista con el que he jugado es Dennis Bergkamp”.

Raúl: Hubo quien dijo que “no era un diez en nada pero era un ocho en todo”. No comparto la definición porque Raúl fue un diez en muchísimos aspectos del juego. Titular indiscutible en el Real Madrid desde los 18 años, si en algo sobresalía, además de en su destacable técnica individual, fue en su inteligencia para leer los partidos. Era un descomunal animal competitivo, lo que le permitió jugar en cualquier posición del ataque acompañado de todo tipo de delanteros: Zamorano, Suker, Mijatovic, Morientes, Ronaldo Nazario, Owen, Baptista, Van Nisterooy, Higuaín, Benzema y Cristiano Ronaldo.

 Zola: El fantástico delantero del Nápoles, Parma y, sobre todo, Chelsea es uno de los extranjeros que más rendimiento han dado en la Premier League. En Nápoles, Maradona le hizo de Pigmalión, de ahí la gran similitud de gestos e ideas del juego de ambos futbolistas (evidentemente Zola varios escalones más abajo). En Italia nunca entendieron a futbolistas como Baggio, Del Piero o él, de ahí que juntar a dos de ellos en el mismo once sonase sacrilegio, por lo que apenas si tuvo relevancia con la azzurra.

Owen: Fue un jugador que apareció en el fútbol como un tsunami. Debutó, con gol incluido, en el Liverpool con 17 años, con 18 era titular indiscutible, pero entonces comenzó su calvario de lesiones que le acompañó toda su carrera. Balón de Oro a los 21 años. En su biografía, él mismo comenta: «Estaba en mi mejor momento a los 17, 18 y 19. Luego a los 21, 22 todavía estaba allí, pero ya no igual, y a los 23 años ya estaba en declive». Futbolista rápido, eléctrico, muy vivo, vertical y con gol.

Del Piero: Siempre he pensado que si Del Piero hubiese nacido en Brasil, España u Holanda, el italiano estaría en los altares del fútbol, pero nació en el país del catenaccio. Agnelli, su presidente, dijo de él: «¿Del Piero? Es como Godot. Siempre le estamos esperando». 

Marcelo Salas: Le apodaban El Matador. Para muchos es considerado como el mejor jugador de la historia de Chile. Salas era un notable delantero de una gran intuición para el gol. Con una zurda endemoniada, hábil y con instinto asesino.  Su paso por Italia, sin ser malo, nos dejó la impresión de que el calcio es el infierno de los delanteros y que muchos grandes futbolistas no han “sobrevivido” a ese fútbol tan especulativo. En sus años en River se vio a un delantero de talla mundial.

Ronaldinho: El brasileño no fue un futbolista, fue un showman, algo ajeno a lo que hacian los otros 21 jugadores que compartian partido con él. Ronaldinho fue uno de esos pocos talentos desbocados a los que un partido de fútbol se les quedaba pequeño. Velocidad, potencia, una imaginación desbordante, una calidad técnica individual y un dominio de la pelota circense, le permitieron ser durante unos años, pocos, el gran lujo del fútbol mundial. Campeón del mundo con la selección brasileña en 2002, ganador del Balón de Oro en 2005, son apenas cuatro años los que le duró el reinado… Desde ese momento, y con solo 28 años comenzó el declive: descalabros en el Milán con tres años para olvidar, en el Flamengo, Atlético Mineiro, Querétaro y Fluminense.

Por último, una sentencia de Tele Santana: “Ser delantero al lado de un gran delantero es lo más difícil del fútbol».

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