«Dime quién es tu medio centro y te diré qué equipo eres».

Hoy toca hablar de centrocampistas. El mediocampo de un equipo se suele comparar con la sala de máquinas de un barco; es donde se define el movimiento, el funcionamiento y el perfil. Por esa zona circulan jugadores de muy diferentes características que al asociarse forman a su vez múltiples centros del campo.

Como en el recorrido por las diferentes demarcaciones estamos haciendo una revisión con futbolistas de diferentes épocas, mi primera opción ha sido hacer una clasificación vintage. En la época en la que el fútbol se escuchaba y leía más que se veía, cuando las radios y los periódicos eran nuestros ojos, había cuatro tipos de centrocampistas: el cerebro, el motor, el pulmón y, si se jugaba con cuatro y aparecía un mediapunta, el fantasista.

Al mediocentro se le consideró durante años el cerebro del equipo, el faro que iluminaba el juego del conjunto. Solo había que mirar quién era el futbolista que ocupaba el centro de la cancha para entender a qué equipo te enfrentabas o qué equipo ibas a ver. Con el paso del tiempo y de los diferentes sistemas tácticos eso dejó de ser así. Es más, se llegó a dar el caso de que el mediocentro de un equipo fuese la antítesis del concepto del grupo, véase al Madrid galáctico. Con un equipo con un caudal de talento y fantasía pocas veces visto, Makelele ejercía de cerebro.

Digamos que durante los 70 y los 80 el mediocentro era el organizador y que a partir de la explosión táctica de los 90 el mediocentro mutó en mil caras diferentes. Fue así como vimos convivir a los cerebros con futbolistas puramente defensivos, e incluso a centrales gobernando el mediocampo, ay Clemente. También asistimos a la aparición del doble pivote que, como su nombre indica, está formado por una pareja de mediocentros de toda índole y condición.

Si tomamos como ejemplo el Real Madrid, hemos visto a Redondo jugando solo o con Milla a su lado, a Makelele solo o con Flavio Conceiçao o Helguera en el doble pivote… Con Queiroz llegamos a ver a Helguera y Beckham —no era fácil esa mezcla— y con Lopéz Caro presenciamos lo más surrealista, un doble pivote con Pablo García y Gravesen, algo que ni el replicante Roy Batty pensó ver nunca.

El fútbol cambió y con él lo hizo el mediocentro. Brasil se europeizó y donde un día estuvo Falcao apareció Dunga. En Alemania, donde había reinado Netzer, apareció Sammer. En la Holanda donde distribuía Jansen, aparecieron jugadores como Van Bommel o el brutal De Jong. En Austria, donde daba clases Prohaska… no apareció nadie. España, entretanto, se volvió el Brasil de Europa, aparecieron Guardiola, Xavi… Y de los países africanos nos llegaron multitud de de dobles pivotes del corte de Diarra, Essien, Toure Yaya…

Muchas caras y muchos estilos para ser justo, así que dividiremos a los mediocentros en dos clases, los organizadores y los defensivos.

LOS GRANDES CEREBROS

Netzer: El rubio alemán fue un tiralíneas. Su visión de juego y potente disparo eran dos de sus tarjetas de visita, aunque también cierta lentitud y alguna desidia defensiva. Futbolista de clase, poseía una exquisita técnica y un preciso pase largo. Apodado el Karajan, en referencia al director de orquesta. Dicen que en la selección, por celos, Beckenbauer le vetó a favor de Overath.

1976. Netzer, Del Bosque y Pirri. CORDON PRESS

Dirceu: Volante reciclado en medio centro. Muy dinámico, ágil y de buen dribling, a su visión de juego sumaba un disparo demoledor. Uno de los grandes especialistas del balón parado de la historia. Jugó en el Atlético de Madrid, donde las lesiones no le dejaron demostrar su mejor cara. Voló al calcio y en cinco años jugó en cinco equipos: Verona, Nápoles (del que se tuvo que ir cuando llegó Maradona), Áscoli, Como y Avellino. De su paso por México queda una frase legendaria: «Yo les entregaba balones y ellos me devolvían sandías».

Kasperczak: El polaco era un jugador peculiar. Alto y desgarbado, sin una gran habilidad técnica, pero con una gran visión de juego y, sobre todo, con mucha inteligencia para activar tanto a Lato como Boniek.

Prohaska, con el Inter.

Prohaska: El austriaco era una computadora viviente, un jugador frio, pero que manejaba los tiempos del fútbol a su antojo. Fichado por el Inter, el calcio italiano se le atragantó, su fútbol no estaba hecho para esos sistemas tan cerrados.

Falcao: Palabras mayores. El brasileño era un arquitecto de fútbol, siempre estaba bien colocado, salida limpia de la pelota y además una llegada más que interesante. Rodeado de talento y filigrana en ese Brasil de los 80, Falcao era el jugador que daba equilibrio a esa selección. Marcó una época como mediocentro en Italia.

Antognoni: Para que lo entiendan los milenials: Pirlo fue un Antognoni 2.0. Debutó como profesional a los 16 años y a los 18 ya estaba en Primera con la Fiorentina, donde jugó 15 temporadas. Fue el cerebro de la mejor Italia. Al igual que Netzer, en muchas ocasiones jugó como volante izquierdo.

Del Bosque: A algunos puede que les sorprenda ver al ex seleccionador en esta lista, pero es que Del Bosque fue un notabilísimo organizador. Futbolista muy técnico, de tranco lento, parsimonioso, pero con muchísima rapidez de ideas.

Bernd Schuster.

Schuster: Puede que sea el gran mediocentro de la historia. Fuerte, técnico, de una privilegiada visión del fútbol, lanzador de faltas, líder…le apodaban El Ángel Rubio y solo su carácter rebelde y las lesiones le impidieron ser el líder de la selección alemana.

Redondo: Apodado El Príncipe, Redondo fue uno de los mejores futbolistas de la década de los 90 y de la historia del fútbol mundial. Jugador inteligentísimo, elegante, duro, habilidoso, con mucha clase y una gran jerarquía. Curioso que se le recuerde fundamentalmente por una jugada con el Real Madrid en la que se disfrazó de extremo izquierdo.

Jankovic: Para definir al gran mediocentro yugoslavo (jugó un año en el Madrid) usaremos una frase que Guardiola le dijo en su día a Busquets: “A tres toques eres un jugador discreto, a dos eres bueno y a uno eres el mejor del mundo”. Jankovic jugaba a un toque. Por cierto esa frase de Pep, ya se la había dicho Cruyff a él 20 años antes.

Pirlo: Fue el último gran regista italiano. Ancelotti retrasó su posición desde la mediapunta para hacerle jugar de mediocentro y aprovechar su extraordinario desplazamiento de balón. Jugador de gran virtuosismo técnico y una capacidad de lectura asombrosa para asistir a los delanteros. Para mí, en demasiadas ocasiones —hablo de partidos y temporadas— Pirlo fue más bonito que bueno.

Xabi Alonso: Ha sido el gran mediocentro español de la última década (con permiso de Busquets, aún en activo). Jugador completísimo, poseedor de un fantástico posicionamiento tanto defensivo como en la circulación del balón, inteligente en la salida limpia del juego, dominador del primer pase en el contraataque… Para mí su mayor virtud es su condición de jugador de equipo, nada de lo que Xabi hacía en el campo era para su lucimiento o para la galería; todo era para mejorar a su equipo. 

LOS GRANDES MUROS

Jansen: Fue el futbolista que daba equilibrio a la naranja mecánica, a la máquina de jugar al fútbol que era la Holanda del 74. Su fútbol se basaba en corregir posicionalmente aquella locura de movimientos implantada por Rinnus Michels. Con buen manejo del balón, su gran valor es lo que hizo sin él.

Ricardo Villa: El cinco argentino por excelencia. Duro, fuerte, dominador de su espacio y con un buen manejo de balón.  De una notable inteligencia táctica, supo entender perfectamente el cambio de jugar en Argentina al paso a jugar en la Premier a 100 km/h.

Dunga: Carlos Caetano Bledorn Verri, apodado Dunga, fue un mediocentro rudo, implacable, expeditivo, férreo, de gran jerarquía y enorme talento defensivo. Viéndole jugar más parecía alemán o italiano, algo que no es casual: jugó seis años en Italia y dos en Alemania

Mauro Silva: El mejor mediocentro defensivo que yo he visto en mi vida. Un futbolista dotado de una capacidad única para la pausa y la aceleración, fundamental para robar el balón o anticipar un pase. Fortísimo físicamente, aunque su manejo de balón y sus cualidades en la distribución eran más bien pocas. Su capacidad defensiva hace que haya que incluirlo entre los grandes. Una curiosidad: siendo un jugador eminentemente defensivo, fue muy limpio en el juego y en las entradas.

Roy Keane: Durante sus casi veinte años de carrera profesional se ganó el dudoso honor de ser el futbolista con mayor cantidad de tarjetas rojas de la historia de la Premier League, lo que le convirtió en un ídolo en el United y también en uno de los jugadores más odiados por el resto de las hinchadas. Keane fue un mediocentro dominante, futbolista de calidad, clase, pero sobre todo de ritmo, empuje y carácter. Como curiosidad: según cuenta en su autobiografía, le rompió a propósito la rodilla al noruego Haaland, padre del hoy futbolista de moda.

Makelele: Fichado para cubrir el hueco que dejó la venta de Redondo. Makelele era un jugador de equilibrio, bueno en defensa, bueno en las ayudas y muy trabajador. La constelación de estrellas de aquel Madrid galáctico no le dejaba hueco y se le vendió… Fue entonces fue se reconoció su trabajo.

Emerson: Futbolista brasileño de gran capacidad física y enorme trabajo en mediocampo. En Italia, tanto en la Roma como en la Juve, fue un jugador básico, pero cuando salió del calcio y fichó por el Madrid, el fútbol español de más toque, más abierto y de más calidad técnica le superó. En el Madrid no se pudo ver al mejor Emerson, un futbolista muchísimo más brillante que el recuerdo que dejó en el Bernabéu.

Rijkaard: El crack en la sombra. Sacchi creó un Milán terrible al que dio brillo con sus holandeses. Gullit y Van Basten eran las joyas, mientras que Rijkaard fue el gran trabajador en la sombra. Jugó de mediocentro junto a Ancelotti, de central junto a Baresi y hasta sustituyendo al capitán italiano. Bueno en todas las fases del juego, con un gran físico y una depurada técnica, capaz de mover a un equipo y a la vez sostenerlo defensivamente.

Ancelotti: Un gasoil con un cañón en la derecha. Futbolista fundamentalmente inteligente, que supo hacer brillar sus virtudes y esconder sus defectos, acoplándose a la perfección al sistema Sacchi.

Patrick Vieira: Un coloso con una gran capacidad para abarcar campo. El francés además tenía una buena técnica, lo que le permitía jugar a pocos toques, que es lo que Wenger demandaba a su medio centro. Tras dejar el Arsenal su carrera fue de más a menos, pese a jugar en los grandes del calcio como Juve, Inter y Milán.

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