En aquel fútbol de tardes de radio, a los tres centrocampistas se les asignó un rol: si el mediocentro era el cerebro, los dos interiores eran el pulmón y el motor.

Los interiores o volantes son los dos futbolistas que, por izquierda y derecha, escoltan al mediocentro. En el fútbol de todos los tiempos, y más aún en el actual, las diferentes posiciones de los jugadores en el centro del campo definen en gran medida el perfil de un equipo.

La posición de volante es fundamental porque es la correa de transmisión del equipo, el engranaje clave.  En una estructura central-lateral-medio centro-interior-extremo, los interiores son el pegamento que une la fase defensiva con la fase ofensiva, el nexo de unión entre defensas y delanteros y, sobre todo, los encargados de buscar al tercer hombre, eso tan antiguo y tan de moda.

Pero no todos los interiores son idénticos. De entrada ya sabemos que no hay dos futbolistas iguales, por lo que cada jugador pintará una posición con los colores de sus cualidades. Pongamos por ejemplo al Real Madrid. Interiores izquierdos han sido Velázquez, Ángel, Gordillo, Martín Vázquez, Di María y Kroos, entre otros. Muy diferentes futbolistas, pero la misma posición. Si añadimos que cada sistema de juego tiene sus propios contextos e interacciones, el resultado es que el fútbol se ha llenado de miles de formas de ser interior.

Dicho esto, y sin entrar en zurdos y diestros —la lista podría ser interminable—, me he decidido a unirlos por parejas que salen solas al recitar una alineación, aunque por supuesto aparecerán nombres sueltos. Sin duda, me dejaré muchísimos en el tintero con tanta calidad o más que los que aquí aparecen.

Luis Suárez–Corso. El descomunal talento del Balón de Oro gallego junto al trabajo defensivo del italiano en el Inter de los 60.

Inter, 1963: Giuliano Sarti, Giacinto Facchetti, Aristide Guarnieri, Carlo Tagnin, Tarciso Burgnich, Armando Picchi; Jair, Bruno Petroni, Luis Suárez, Sandro Mazzola, Mario Corso.

Rivelino-Gerson: Un huracán de fútbol en ese Brasil campeón del mundo del 70, una selección con Pelé (Santos), Jairzinho (Botafogo), Gerson (Sao Paulo), Tostao (Cruzeiro) y Roberto Rivelino (Corinthians), cada uno de ellos con el dorsal 10 en sus respectivos clubes. Era el Brasil de los cinco dieces . Muchos creemos que La Roja de los bajitos, de los centrocampistas y el falso nueve es heredera de esa selección.

Pirri-Velázquez: Dos futbolistas de tremenda calidad. Uno, Velázquez, destilaba corrección, clase y elegancia; el otro, Pirri, era fuerza, pundonor y llegada. Gento fue el cordón umbilical que unía al Madrid yeyé —campeón de Europa— con el equipo de Puskas, Rial y Di Stéfano.

Van Hanegem.

Neeskens-Van Hanegem: La fuerza, el poderío y la llegada a gol del exculé, junto a la maravillosa zurda del volante del Feyenoord, uno de los más grandes y menos recordados zurdos de la historia del fútbol.

Bonhof- Overath: La clase, fuerza y determinación del valencianista Bonhof, poseedor de un cañón en su pierna derecha, y el magisterio de Overath, del que las malas lenguas decían que era el protegido de Beckenbauer.

Wolff-Brindisi: Los dos argentinos mundialistas en el 74 dieron su salto a Europa a través de Las Palmas, aunque Enrique Wolff fichase pronto por el Real Madrid. Brindisi poseía clase, elegancia y ese punto peleón de los argentinos, más en los 70. Wolff fue un comodín, capaz de jugar de volante, lateral y líbero siempre dándole a la posición un aire de técnica y elegancia.

Valdés-Reinoso:  Todo está inventado. Al igual que el debate Gerrard-Lampard o Zidane-Djorkaeff, la gran pareja de volantes chilenos del 74 dio pie a una polémica que se ha mantenido en la historia: la imposibilidad (o no) de que dos talentos jueguen juntos.

Sócrates-Toninho Cerezo: En el 82, Brasil volvió al talento y puso sobre el campo todo lo que pudo, que fue mucho. Cerezo era un volante de mucho vuelo que hacía de todo y todo bien. Sócrates fue algo diferente, jugaba de volante, de media punta, de delantero y de lo que le diese la gana y todo en un mismo partido.

Brasil 1982. Waldir Perez, Leandro, Oscar, Falcao, Luizinho, Junior. Abajo, Sócrates, Cerezo, Serginho, Zico, Eder.

Giresse-Luis Fernández:  Si hace unos años a España se la conoció por el tiquitaca, a la Francia de Platini se la conoció por el fútbol champagne. En ese medio campo burbujeante jugaban de interiores Giresse y Luis Fernández; por cierto, ambos con madres españolas. Giresse era parecido a Iniesta en su juego y Fernández era un todoterreno beligerante y con llegada.

Míchel-Martín Vázquez: los dos interiores de La Quinta del Buitre. Míchel, nacido para gobernar partidos, decidió ser un puñal en la derecha y sus centros hicieron goleador a Hugo Sánchez. Martín Vázquez era talento puro, un tiralíneas con llegada, cuya carrera se quedó en nada pensando en lo que podría haber sido.

Valderrama-Leonel Álvarez: Valderrama era un jugador excepcional, dotado de una gran técnica individual, dribling y una gran habilidad para saltarse líneas con el pase. En dos ocasiones le fue otorgado el Balón de Oro como mejor jugador americano. Sin embargo, para el fútbol europeo era físicamente muy lento. Leonel era un volante de brega y pelea, con más técnica de lo habitual para ese rol. Buen futbolista, con una amplísima carrera en Sudamérica y EEUU.

Stielike-Ángel: Uli Stielike marcó una época como volante en el Madrid, un huracán desatado en el mediocampo, volante de ida y vuelta que además sumaba goles. Terminó jugando de libre y mantuvo un nivel altísimo de rendimiento. Ángel fue un jugador eminentemente inteligente. Cerebro en el Salamanca, entendió cuál era su rol en un Madrid con Del Bosque y Stielike en mediocampo. Su papel era trabajar y trabajar. Un muy buen futbolista, uno de los grandes olvidados.

Hoddle-Robson: Dos futbolistas tremendos que coincidieron en la selección inglesa. Clase, talento, elegancia y ese punch inglés. Hoddle era un jugador técnico y de calidad, alejado del estereotipo inglés. Robson, al contrario, era el típico jugador con clase y dinamismo propio de las islas.

Calderé-Víctor Muñoz: Jugaron en ese Barça tan británico de Venables. Dos pulmones que escoltaron a Schuster en el medio campo en los 80. Futbolistas de trabajo y pierna fuerte, de sudor y presión… era un Barça que había pasado de Lattek a Menotti y luego a Venables.

Scholes-Beckham: Volantes de uno de los mejores Manchester United de la historia. Scholes era un jugador completísimo, posiblemente uno de esos tapados a los que no se les ha sabido valorar en su medida. Ritmo, visión de juego, habilidad y, sobre todo, futbolista de tremenda seguridad en sus acciones. En el caso de Beckham diremos que, detrás de un gigantesco icono publicitario, había un extraordinario jugador.

Joe Cole-Lampard: Ambos compartieron dos veces equipo, West Ham y Chelsea. Cole fue un fantástico volante ofensivo, hábil y dinámico. Lampard fue un gigantesco box to box.

Seedorf-Davis: El exmadridista fue un talento natural dentro de un físico poderosísimo. Técnico, hábil y dominante, le costó asumir su rol. Cuando lo hizo, ya en el Milán —tras pasar por Sampdoria, Madrid e Inter—, se convirtió en uno de los reyes de Europa en el centro del campo. A Davis le apodaban el rottweiler, era una fiera en los balones divididos, posiblemente el volante de fútbol más agresivo que he visto en mi vida.

Deco-Rui Costa: El brasileño fue una inteligencia siempre al servicio del grupo, un jugador que entendía el juego. Rui Costa tuvo un momento en que parecía que iba a ser uno de los grandes de la historia, justo cuando lo fichó el Milán. Se pensaba en alguien del nivel de Kaká o Zidane, pero no llegó. Se quedó en un genio intermitente, con grandes vacíos entre las intermitencias.

Simeone-Verón: El Cholo fue un volante de ida y vuelta con calidad y mucha-mucha mala leche. Futbolista impetuoso y entregado, compartió mediocampo en Argentina con la Bruja Verón, un todocampista que lo era todo en Italia, en un fútbol que le permitía dominar los partidos desde su ritmo. Cuando saltó a la Premier, al United, el ritmo lo devoró. Lo suyo era recoger y repartir, pero en Manchester no podía.

Savicevic-Boban: Coincidieron en el Milán post Sacchi. El montenegrino Savicevic fue un volante ofensivo de un talento deslumbrante y de fútbol imaginativo. Tuvo que pelear en la liga menos ofensiva de Europa y con Capello, un entrenador de rigores tácticos. Boban fue un interior de todo el campo, pero que en italia comprendió que para ser bueno o muy bueno no hay que quererlo hacer todo. Fue uno de esos futbolistas, como hoy el madridista Kroos, que toca y toca y en cada toque mejora la jugada.

Pantic-Caminero: Milinko era un gran desconocido que llegó al Atleti con casi treinta años y se encontró con un equipo en el que encajó como un guante. Técnico y muy inteligente en su fútbol, se le recuerda como un fantástico lanzador de faltas, aunque en cuatro años apenas convirtió ocho lanzamientos. Caminero fue un verso suelto, un futbolista que jugaba de delantero en el Castilla, de libre en el Valladolid de Cantatore y de volante en la mejor temporada de su vida, con Antic en el Atleti. Caminero realmente fue un jugador de tres años a nivel top.

Moller-Thomas Hassler: Pareja de interiores en la Alemanía del 94. Dos futbolistas de talento, dinámicos y muy marcados tácticamente por su paso por Italia. Siendo muy buenos, ambos coincidieron con el peor periodo de la selección alemana. Moller era un volante de clase y llegada, mientras que Hassler era una especie de interior tipo La Roja, un Cazorla.

Xavi-Iniesta: Aunque Iniesta siga en activo, no hablar de ellos sería un insulto. El imperio de la clase, la calidad y la inteligencia. Nunca dos futbolistas con tan poca pinta de futbolistas dominaron tanto la escena en un campo de fútbol.

Sin duda me he dejado muchos, la calidad del donostiarra Zamora, de Scifo, Vanenburg, el Beto Alonso que era una maravilla, del gran Ardiles, la finura de Van der Elst, del talento uruguayo de Bengoechea, la pareja Barbas-Señor —que coincidió veinte años antes de lo debido—, el poderío del italiano Berti o el brasileño Alemao, la fuerza de Paul Ince, el trabajo de Aaron Winter, la presencia de Jugovic, la pujanza del Kily González,  la agresividad de Gattuso, la clase de Mendieta y Farinós, el talento desperdiciado del holandés Sneijder, el trabajo táctico de Deschamps, el dinamismo de Paulo Sousa, la verticalidad de Zavarov, el trabajo de Colombo, la utilidad de Evani y la clase de Donadoni en el Milán de Sacchi, el saber estar de De Napoli en aquel Nápoles de Maradona, la inteligencia del villarrealista Senna o el culé Cocu, también el trabajo y la llegada de Luis Enrique

2 Comentarios

  1. Es casi ofensivo que no pongas en este artículo a Gullit a Caminero, a Nayim.
    y hay cosas que no son coherentes en absoluto el Gran Paul Scholes jugaba por el centro y en las Bandas jugaban primero kanchelkis y después Beckham por la dereche y Ryan Giggs.
    Que pongas como Interior a Paul Ince dice bastante poco de tus conocimientos, cuando jugaba también en el Manchester United siempre de mediocerntro junto con Roy Keane.

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