La pandemia del Covid-19 ha hecho que el mundo se paralice para tomar las medidas pertinentes y combatir este flagelo que nos afecta a todos por igual. El deporte no podía ser la excepción y los calendarios y competencias se han suspendido, en algunos casos aplazado, y en otros, como la Ligue 1, terminados de tajo.

El debate del regreso del fútbol, no solo en Europa, sino al otro lado del Atlántico, desde donde escribo estas líneas, es constante. En Colombia, algunos colegas que trabajan en el canal poseedor de los derechos de transmisión de torneo local tratan de presionar para que vuelva el negocio, es decir, el fútbol colombiano.

Otros, más resignados a la realidad, se han dedicado a informarnos a través de redes sociales sobre la actualidad de las ligas de Turkmenistán y Bielorrusia, aparentemente más interesantes que la de Nicaragua. Nunca dudé del potencial de Slutsk o el Ahal para dominar sus ligas.

Para el resto de nosotros la cuarentena ha sido un verdadero viaje en el tiempo. Aprovechando las herramientas tecnológicas —y con la ayuda de varios propietarios de derechos— se han podido rememorar grandes partidos de la historia de los Mundiales a través del canal de la FIFA en YouTube, o las repeticiones de las grandes gestas —tampoco es que sean muchas, eh— de la Selección Colombia en Brasil 2014 y Rusia 2018 a través de la TV nacional.

¿Volver a ver el gol de James Rodríguez contra los uruguayos por el que se ganó un Puskas? Sí, para muchos puede sonar aburrido ver algo que sabemos cómo acaba, pero, seamos justos, cuando James Cameron estrenó en 1997 Titanic el título ya nos indicaba algo sobre el desenlace de la película, lo que no impidió que fuera una de las más taquilleras de la historia.

Ver aquellos juegos de antaño le permiten a uno analizar e incluso corregir los recuerdos. En mi mente, algo borrosa, estaba la final del Mundial 2002 entre Brasil y Alemania. Recordaba los goles de Ronaldo, su inimitable corte de cabello y su importancia en aquella Copa del Mundo. Sin embargo, volviendo a ver el partido 18 años más tarde, noté que su actuación fue floja, falló goles muy claros y apareció poco. Eso sí, cuando Oliver Kahn falló, Ronaldo estuvo en el lugar adecuado y evitó otra vergüenza para él y para Nike como en Francia 98.

Este ejemplo parece lejano, pero volviendo a aquel gol de James a Muslera en 2014 he podido entender lo que es la verdadera pasión al gritar un gol repetido. Seis años más tarde, sabiendo en qué minuto pasó, cómo se hilvanó la jugada y cómo terminó, la piel se me ha vuelto a erizar como aquel 28 de junio cuando Abel Aguilar se la devolvió a Rodríguez y él la clavó en el arco charrúa para cimentar el histórico paso de Colombia a cuartos de un Mundial.

Sí, puede parecer poco para un aficionado que salió campeón del Mundo, pero recuerden: nosotros estuvimos 16 años viéndolo por TV y los máximos logros eran un empate 4-4 ante la URSS (¡existía aún!) y un 1-1 ante Alemania.

Una tristeza nostálgica también me cobijó en ese momento. Al ver a James en todo su esplendor convirtiéndose en el primer —y único— colombiano goleador de un Mundial, y al pensar que lo he visto jugando más torneos de Play Station que partidos con el Real Madrid, me pregunto si todo tiempo pasado fue mejor. Tal vez, depende de quién lo vea. Parece que para James sí…

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