«La primera vez que jugué con Enzo, no le pasaba la
pelota, tenía la marca pegada a la espalda. Se me quedó mirando y me
dijo: “¡Qué hacés!…¿Qué importa la marca?…¡Vos pasame la pelota!
»

Santiago Solari


Habitualmente, cuando hablamos de cine, acudimos a las películas de
culto porque después de ellas siempre hay un antes y un después, o son
la referencia perfecta para definir un género cinematográfico. Son esas
que suelen ser más valoradas por los profesionales del gremio que por los típicos aficionados de domingo de multicine y bolsa de palomitas
.
Trasladado al fútbol, ese cine de autor lo representa Enzo Francescoli.

Con él comenzó la elegancia, el arte del giro acariciando un balón y esa
especie de súper poder que permite a los elegidos jugar la pelota con la
cabeza alta. La de Enzo desafíaba la gravedad. Si un mecanógrafo es
capaz de acumular cientos de pulsaciones sin mirar un teclado,
Francescoli gobernaba el partido como los buenos toreros, mirando al
tendido. Ver es mejor que mirar.

Eternamente con un chicle en la boca, El Príncipe —porque así le
llamaban—, es uno de los grandes tapados cuando hablamos de los
mejores futbolistas de la historia. Entiendo perfectamente que Zidane le
admire hasta el punto de tomarle prestado el nombre para ponérselo a
uno de sus hijos, porque es imposible que Nureyev no admire a Nijinsky
.

Uruguayo, nacido en 1961, El Príncipe, jamás jugó en el Madrid, Barça,
Juventus, Bayern o en equipos europeos de alta alcurnia. Quizá ahí
encontremos la causa de su poco reconocimiento popular para el estatus
de los más grandes. Comenzó su carrera en Montevideo Wanderers. Dos temporadas después, con 22 años, River Plate compró su pase y se
convirtió en leyenda del fútbol argentino
. Estuvo allí cuatro temporadas,
y salvo en la tercera —se lesionó—, destacó como un gran
goleador que, además, hacía jugar al equipo. Enzo era capaz de terminar
lo que él mismo había comenzado, después de llevar la manija y asociarse con los compañeros. Intervenía en todas las fases de ataque de River.¿Alguien se imagina a Xavi Hernández con gol?

Su siguiente destino estaba en Francia. Matra decide invertir en el Racing
de París y edifica un equipo a golpe de talonario. Juntó a Enzo, Littbarsky, Ginola, Bossis y Rubén Paz, para competir con el Paris Saint Germain
. El primer año no salió bien el experimento, pero Francescoli ya era el mejor extranjero de la Liga. Tras tres temporadas en este equipo, El Príncipe salta al Olympique de Marsella. Otro club al que le florecían los cheques como a los pavos reales las plumas en el cortejo. Jugó una temporada con ellos y con 29 años comenzó la aventura italiana.

Repartió cuatro temporadas entre Cagliari y Torino, para con 33 años,
regresar al club de sus amores, River Plate.
Allí todavía tuvo tiempo de devolver a los Millonarios a la gloria, tras cosechar tres torneos Apertura y un Clausura. Aunque lo que le convirtió en una de las máximas leyendas de River fue la consecución de la Copa Libertadores en 1996 en un equipo dirigido desde la banda por Ramón Díaz y donde dos jovencitos como Hernán Crespo y Ariel Ortega se abrían paso aprendiendo del maestro. Si las leyendas se miden en canciones, Francescoli también tuvo la suya. Fue compuesta por el músico bonaerense Copani y unía a todo el estadio al grito de ¡U-ru-gua-yo!

En total, El Príncipe consiguió 7 títulos con River Plate y 3 Copas América con su selección (1983, 1987 y 1995), además de multitud de reconocimientos individuales. Todos sus títulos, sin embargo, los cosechó a ese lado del Océano Atlántico, en Europa su palmarés se mantuvo virgen y quizá por ello su mito aquí se escribió siempre con minúsculas. Pero Enzo fue siempre una de esos filmes que revisados con el paso del tiempo mantienen intactas las características propias del cine de autor. Ya saben, ese que degustan los paladares más exquisitos. Paladares como el de Zinedine Zidane que siempre tuvo en Francescoli a uno de sus ídolos.

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