A José Martínez Pirri (Ceuta, 1945) su 75 cumpleaños no le pilló bajo los rigores del confinamiento por los pelos. Aunque siempre fue inquieto lo está llevando «bien», con la compañía de su mujer, Sonia Bruno, la misma con la que ha compartido sus últimos 50 años. Arquitecto del Real Madrid ye-yé, el fútbol se abrió paso en él casi por casualidad, entre planos y diseños de otra vida. Pero la pasión por el balón ya estaba ahí desde bien pequeño, cuando imitaba las carreras y el golpeo de Gento. «El Madrid de Di Stéfano, no lo llegué a ver», se excusa, mientras reivindica su capacidad goleadora. Descubrimos así al futbolista, al médico y al director deportivo en una charla que es un torrente de recuerdos por los últimos 60 años del Madrid. Aunque Pirri se guarda alguno que otro: «Tengo todas las fichas médicas, lo que padecían unos y otros, pero no puedo revelar esas cosas».

—Lo primero que llama la atención de su biografía en internet es que oficialmente nació el 11 de marzo, aunque usted cree que fue cuatro días antes.

—Nací el 7 de marzo de 1945. Esa fue la fecha natural de mi nacimiento, pero luego en los documentos oficiales, en mi DNI y en todos los demás aparecen el 11 de marzo. Eso fue lo que me explicaron mis padres y no sé si se debe a un error  en el registro o qué.

—¿Cómo fue su infancia en Ceuta? ¿Qué ambiente se vivía en la ciudad?

—Tengo buenos recuerdos de mi infancia. Nací justo el año que concluyó la Segunda Guerra Mundial, me crié en el barrio de Hadú, San José, donde había una importante comunidad musulmana, y allí comencé a ir al colegio y no tuve nunca ningún problema. Había una buena convivencia entre los vecinos. Uno de esos vecinos se convirtió en uno de mis mejores amigos para toda la vida, Mohamed, que estudiaba conmigo y que murió hace ya unos años. Era una ciudad muy tranquila y en la que se vivía muy bien. Desde que fallecieron mis padres voy menos.

—¿Recuerda la última vez que fue?

—La última vez que estuve allí fue con mi amigo Vicente del Bosque. Él iba a dar una conferencia y yo le acompañé. Antes había estado también en una final de juveniles que jugó el Real Madrid contra el Rayo Vallecano, en el estadio Alfonso Murube. Yo me encuentro muy a gusto cada vez que estoy allí, me siento muy ceutí y estoy orgulloso de ser de allí.

—Ya fuera el 11 de marzo o el 7, usted acaba de cumplir 75 años, ¿Le pilló confinado?

—Pues todavía no. Yo me metí en mi casa el día 14 y desde entonces llevo sin salir hasta hoy, son cincuenta y tantos días. Siempre he sido muy  inquieto y no me gusta estar parado, pero bueno, ahora es lo que toca. Este confinamiento lo estoy pasando con mi mujer, los dos solos aquí en casa y la suerte es que nos llevamos muy bien, son cincuenta años de casados con ella, así que lo hemos llevado bien. Ahora ya se permite salir con los diferentes horarios que han puesto y me imagino que en pocos días iremos volviendo a una cierta normalidad. Al final este virus va a estar aquí entre nosotros bastante tiempo, por lo que hay intentar convivir con él, adaptarse a las restricciones y seguir las normas que nos manda Sanidad para salir adelante de la mejor manera posible.

—¿Cómo ve el doctor José Martínez todo lo que nos está pasando?

—Como médico quiero destacar, por encima de todo, a nuestros sanitarios, han estado de diez, increíbles. Ahora nos damos cuenta del valor que tiene un sanitario y del bien que hacen a la sociedad. Han hecho un trabajo durísimo, han sido días angustiosos con los hospitales colapsados, con gente durmiendo muy pocas horas y tratando a un paciente y luego a otro y luego a otro más. Ha sido muy duro. Tendremos que agradecérselo toda la vida.

—Todo hace indicar que la Liga se reanudará en verano.

—Si fuese jugador yo estaría ya loco por jugar. Es evidente que hay que tener la protección adecuada, pero creo que jugar al aire libre y en un gran espacio va a beneficiar a este deporte frente a otros para volver antes. El único problema es que hay que jugar sin público, aunque entiendo que en esta situación es un problema menor. Creo que la mayoría de jugadores tendrán ganas de volver a jugar.

—¿Van a poder los futbolistas controlarse en las celebraciones, sin abrazarse, sin festejar un gol en el último minuto?

—A eso también se van a acostumbrar. Igual que nos tenemos que acostumbrar al resto de medidas los ciudadanos, a llevar la mascarilla, a no saludar, a no dar besos a la gente, pues el futbolista también se acostumbrará a no abrazarse tras un gol. Quizá sea una oportunidad para volver a las celebraciones antiguas, con los brazos en alto y saltando de alegría.

—Hay quien critica que para el fútbol haya test y no estén a disposición del resto de ciudadanos…

—Si los futbolistas tienen ese acceso a los test es porque los clubes los han comprado. Real Madrid, Barcelona, Atlético de Madrid y otros se han hecho con ellos es para estar seguros con sus jugadores. Si los sanitarios no han tenido los test que necesitaban o las protecciones que demandaba la situación es problema del Gobierno. El fútbol sólo está haciendo su trabajo.

—Volvamos a su infancia en Ceuta. ¿Quién fue su primer ídolo?

—Mi ídolo era Paco Gento, al que admiraba cuando era pequeño. Me gustaba mucho su estilo de juego, me fijaba en todo lo que hacía y luego tuve la suerte de jugar en el Real Madrid con él. Cuando yo llegué, él era un veterano ya de treinta años, y yo apenas tenía 19. Jugué bastantes años con él y para mí siempre fue mi referencia como persona y como jugador. Cuando lo conoces como persona te das cuenta de lo grande que es.

—He leído que siendo un niño ya se rompió un brazo y siguió jugando al fútbol. ¿Su umbral del dolor siempre ha estado tan alto?

—Sí, así es. De chavalín ya había jugado con el brazo escayolado. Lo que sabe menos gente es que también me atropelló un coche y terminé volando a un jardín de al lado. Cuando vi llegar al coche, salté, el impacto fue en la cadera y estuve cojo como tres o cuatro meses. Y aún con la cojera yo intentaba jugar al balón, golpearlo. Aunque no quiero dar la impresión de que era un supermán o algo así, cuando se puede jugar se puede y cuando no, no. Recuerdo una vez en el estadio del Atlético de Madrid que me dieron un pisotón y me rompieron un dedo del pie. El entrenador era Miguel Muñoz y el doctor del equipo era Cadenas. Me fui a la banda y le dije que me había roto un dedo. Es como todo. Hay veces que corres riesgo, el dolor está ahí, pero al final tú decides si prefieres agravar un poco más la lesión con tal de ayudar a tu equipo, de seguir jugando. Como todo, depende de cada jugador.

—De niño qué le decía a sus padres que quería ser de mayor, ¿arquitecto o futbolista? ¿Entendieron que optara por el balón?

—Yo les decía que quería ser arquitecto. Mi ilusión no era ser futbolista, yo empecé a jugar al fútbol por casualidad. De hecho empecé la carrera de arquitectura en Granada. Allí comencé mis estudios y allí me encontró Pepe Millán, que me conocía de las categorías inferiores del Ceuta. Me llamó para ir a entrenar con ellos. Tuvieron varios lesionados y me preguntaron si quería tener una ficha de amateur para jugar con ellos. Como es natural, lo consulté con mi padre. Así fue como empecé a jugar en el Granada, como amateur.  Pero mi intención siempre fue estudiar.

—Imagino que les dio un disgusto a sus padres cuando optó definitivamente por el fútbol.

—No, no. Un disgusto tampoco. Cuando llegué a Madrid me matriculé en la carrera para continuar con mis estudios, pero rápidamente me di cuenta de que era incompatible entrenar con el Madrid y acudir a la facultad. Eran mis comienzos como jugador y me di cuenta de que tenía que apostar por una de las dos cosas. Se lo dije a mi padre, había fichado por el Madrid y quería probar a ver cómo me iba. Los estudios estarían siempre ahí si lo del fútbol no salía bien. Mis padres lo entendieron y encima en el Madrid las cosas me fueron cada vez mejor: empecé a jugar, a jugar y a jugar. Luego me saqué la carrera de medicina, porque siempre me ha gustado estudiar y pude ejercer en el Real Madrid.

—En aquella época no era muy habitual que los futbolistas compaginaran su carrera deportiva con los estudios universitarios…

—Pues no lo sé. No sé si había muchos o no en aquella época. Yo luego he sido director deportivo, he trabajado con los canteranos, con la gente joven y con los padres de esos chicos. Lo que ha cambiado con respecto a mi época es que todos los niños quieren ser futbolistas y los padres quieren que sus hijos lo sean, porque se gana mucho dinero y se vive bien. En mi época no había ningún padre que dijera ‘mi hijo va a ser futbolista’ y ahora los padres sueñan con eso. Recuerdo que en la Ciudad Deportiva del Madrid fui a hablar con un chaval y con su padre y ya tenían representante. Algo así no tiene nada que ver con nuestra época. Yo quería estudiar porque eso te aseguraba un futuro mejor. Ahora las condiciones han cambiado. También creo que en estos momentos es más difícil compaginar el fútbol con los estudios por la exigencia y dedicación que te demanda este deporte.

—Del Club Atlético Ceuta usted pasó a los 18 años al Granada, ya en Segunda. Y en esa plantilla coincidió con un veterano llamado Arsenio Iglesias (33 años) ¿Cómo era el Arsenio futbolista, era ya un sabio?

—Exactamente, coincidí con él en su último año como jugador. Era uno de los veteranos del equipo, un extremo izquierdo que jugaba muy bien. Luego dio la casualidad de que cuando vino como entrenador al Real Madrid yo estaba como médico en el club. Me llevaba muy bien con él, siempre fue una gran persona, era muy sencillo y humilde. Todo el mundo que ha coincidido con él le tiene un gran aprecio.

—¿Cuál fue el primer contacto que tuvo el Real Madrid con usted? ¿Habló directamente con Santiago Bernabéu?

—Estando en el Granada el primero que se interesó por mí fue el Espanyol de Barcelona, que estaba entrenado por Kubala. Hablaron con mi padre y les dijimos que no podía fichar como profesional, que en todo caso tendría que pedir un cambio de residencia como estudiante para continuar mis estudios en Barcelona. No podía fichar como profesional, porque no lo era, seguía perteneciendo al Ceuta como jugador juvenil. El caso es que llegamos a un acuerdo y se fueron de vuelta para Barcelona. Días después el Real Madrid preguntó por mí y se interesó por mi situación. Yo, naturalmente, les conté que ya había dado mi palabra al Espanyol. Pero el Espanyol terminó echándose atrás porque decía que no me podía hacer un contrato amateur, sólo uno profesional. El Madrid siguió insistiendo, se enteró de la situación y me dijo que me hacían el contrato amateur. Al poco tiempo pagaron la ficha al Ceuta para comprar mi libertad y así me convertí en profesional.

Pirri, recién llegado al Real Madrid.

—En el verano del 64 llega a un Real Madrid en el que todavía están Puskas y Gento, ¿Cómo era la relación de los veteranos con un joven como usted?

—Yo les hablaba de usted. Para mí fue increíble llegar al vestuario y ver a Santamaría, Puskas, Gento, Amancio… yo era un chavalín muy callado y un poco tímido al estar rodeado de tanta estrella. Fue una experiencia muy grande. Cuando empezabas a tener trato con ellos te dabas cuenta de lo fantásticos que eran. Gento, Puskas y Santamaría eran buenísimos: nos aconsejaban, nos ayudaban y nos animaban. Nos tenían mucho cariño. Tengo muy buenos recuerdos de mi llegada al Madrid.

—¿Se encontró un equipo huérfano de liderazgo tras la marcha de Di Stéfano, se hablaba mucho de él en el vestuario?

—Fue una época bastante difícil para nosotros. Porque el Madrid venía de ganarlo todo, sobre todo en Europa, y de repente aparecen unos chavalines allí. Yo sustituí a Puskas, ya en sus últimos años en el Madrid, Grosso sustituyó a Di Stéfano, luego llegó Velázquez, entró también De Felipe… una serie de jugadores jóvenes. Y, claro, nos comparaban a nosotros con el Madrid de las Copas de Europa y no había color. Nosotros teníamos mucha ilusión porque estábamos empezando pero en ese momento te das cuenta de lo que significa jugar para el Real Madrid. Ganar la Copa de Europa de 1966 fue un gran empujón, un éxito muy grande, nos vino muy bien a los jóvenes.

—¿Tuvo sensaciones parecidas cuando Cristiano Ronaldo abandonó el Real Madrid?

—Creo que no es la misma situación, porque Alfredo estaba ya a punto de retirarse del fútbol. Se marchó del Real Madrid con 38 años para jugar en el Espanyol. Ronaldo se fue con 33 y ahora los futbolistas se cuidan mucho más. Con la condición física que se tiene ahora a esa edad estás perfecto.

«Mis mejores recuerdos en el mundo del fútbol son con el Real Madrid ye-yé»

—A ese Real Madrid al que llegó le costó muy poco recomponerse. Dos años después volvieron a ser campeones de Europa. ¿Cómo era aquel Madrid ye-yé?

—Había un grupo muy joven. Creo que hemos sido el único equipo español que ha ganado la Copa de Europa con once españoles en el campo. Teníamos mucha ilusión y el entrenador, Miguel Muñoz, nos conocía muy bien. Éramos como una familia. La sensación con los compañeros es que eran como hermanos. Mis mejores recuerdos en el mundo del fútbol son de aquella época. Mira que luego he jugado 16 temporadas en el Real Madrid, que he jugado con compañeros como Stilieke, Del Bosque, Paul Breitner, Carlos Santillana, Netzer y he tenido la suerte de compartir equipo con muy buenos compañeros… pero con los ye-yé surgió algo especial.

Betancort; Miera, De Felipe, Sanchis, Pirri y Zoco. Abajo, Serena, Amancio, Grosso, Velázquez y Gento.

—Repasando la lista se ha codeado usted con lo mejorcito de Europa en aquellos años.

—La verdad es que el Madrid siempre ha tenido mucho tacto para fichar jugadores. Los fichajes que venían de fuera siempre servían para elevar el nivel. El prestigio que tiene y ha tenido el Madrid siempre es por el nivel y la calidad de los jugadores a nivel futbolístico y humano. Esos jugadores son los que han hecho grande al Madrid y ese camino es el que ha seguido en las décadas posteriores.

—¿Por qué no ganó más Copas de Europa ese equipo?

—Bueno, es que nos encontramos con auténticos equipazos en aquel momento. Primero con el Inter de Milán de Helenio Herrera, con Luis Suárez y Corso, que eran muy buenos; luego apareció el Ajax de Cruyff, que era toda una revolución; más tarde el Bayern de Beckenbauer. Había equipos muy buenos, competíamos con ellos pero perdíamos porque eran superiores a nosotros.

—Cómo explicaríamos a los más jóvenes quién era Pirri, un todo campista al estilo de Gerrard, Lampard, Mätthaus o Hierro?

—Empecé siendo delantero y goleador. Además era muy habilidoso, regateaba muy bien. En el Granada jugaba prácticamente de segunda punta. Pero cuando vine al Madrid jugaba en el mediocampo, pero no había perdido mi olfato goleador y me iba para arriba, me daban libertad para moverme por el centro del campo y subía y bajaba. A mí siempre me ha gustado más atacar que defender, sin duda. Siempre me he considerado un centrocampista, aunque en mis últimos años en el Madrid jugaba de hombre libre, al estilo del líbero pero por delante de la defensa, me sumaba al centro del campo y arriesgaba con los pases. Y seguía metiendo goles, yo he metido goles toda mi carrera. De hecho, mis estadísticas como goleador, para jugar casi toda mi vida como centrocampista, no son nada malas (172 goles oficiales con el Real Madrid). Se podría decir que era un jugador que iba de área a área, que trabajaba mucho e incluso había partidos en que hacía marcajes al hombre. Miguel Muñoz, muchas veces, me pedía que hiciera marcajes individuales, porque físicamente era muy fuerte y eso que los entrenamientos no eran como los de ahora.

—Su relación con las lesiones es particular, habrá perdido la cuenta de los percances que ha tenido…

—Han sido bastantes las fracturas que he tenido. Una vez me fracturé el brazo, otra vez la clavícula en el 68, en un partido frente al Barcelona, luego en Málaga me rompí una pierna tras un choque. Y además he tenido bastantes lesiones musculares porque en nuestra época no había una gran preparación física. Nosotros hacíamos mayores esfuerzos en los partidos que en los entrenamientos y eso es un error, porque hay que entrenarse al mismo ritmo que se juega. Me he roto alguna vez los dedos de la mano y algún dedo del pie. Pero he jugado casi 600 partidos con el Madrid y nunca he tenido un esguince de tobillo o una lesión de rodilla. Eso no sé lo que es y ahí he tenido bastante suerte, porque he sido un jugador que siempre iba al choque y que nunca fue con miedo a las disputas. Ese tipo de lesiones sí son más problemáticas para un futbolista.

—Vio y sufrió a Johan Cruyff de cerca, ¿Estuvo Cruyff a la altura de Maradona, Messi, Pelé o Di Stéfano?

—Sí, sí, totalmente. Cruyff era muy bueno, macho (resopla), era espectacular. Sobre todo el Cruyff del Ajax. Cuando vino al Barcelona los primeros años estuvo muy bien y luego bajó un poco el nivel. Pero era un fuera de serie, al nivel de los mejores del mundo sin duda.

Partido de Copa de Europa frente al Borussia de Moenchengladblach. En la imagen Camacho, Pirri y Benito intentan taponar un disparo de Dietman Danner. CordonPress.

—Ustedes estrenaron las famosas remontadas europeas en un partido contra el Derby County

—Es cierto, habíamos perdido 4-1 en su campo y luego en el Bernabéu les metimos cinco. También en la Copa del Rey, en un partido contra Las Palmas remontamos un marcador similar, les metimos cinco también. El estadio Santiago Bernabéu siempre ha impuesto mucho a los rivales. En aquellos años el público apretaba bastante, la gente iba al campo convencida de que iba a haber remontada y, gracias a Dios, eso se ha seguido repitiendo a lo largo de los años. Y el equipo se contagiaba también de aquel ambiente. Yo tengo un gran recuerdo con toda aquella gente de pie, entraba más público que ahora. Se ha criticado mucho que si el Bernabéu no anima, que si es un estadio más callado… pero lo cierto es que tú tienes que dar algo a los espectadores para que ellos te apoyen. En el Bernabéu, si ven tu entrega, si ven que lo das todo, te van a responder y te van a animar.

—Como jugador ganó 10 Ligas en 16 temporadas, entonces se valoraban más las ligas, ahora parece que solo vale ganar la Champions ¿A qué lo achaca?

—La clave de todo es que ahora no tienes que ganar la Liga para jugar la Copa de Europa. Antes para jugar el máximo trofeo tenías que ganar la Liga. Por eso para nosotros lo más importante era ganar la Liga. Eso ahora también es diferente y hace que los jugadores se tomen las competiciones de otra manera. Porque el prestigio de la Copa de Europa ha seguido intacto, o ha aumentado incluso.

—Quizá usted fue de los últimos representantes de aquello que se llamó la Furia española, ¿cree que esa etiqueta perjudicó al fútbol español y a la Selección?

—Sí, eso de la Furia española nos perjudicó. Venía de mucho tiempo atrás, de épocas anteriores, pero yo creo que nunca existió la furia española, cada uno tiene su carácter, su forma de ser, esto es un deporte en el que tú te entregas al máximo para ganar y a veces lo consigues y a veces no. No concibo eso de la furia, a nosotros nos lo decían cuando jugábamos, pero nunca supe lo que era. Si entregarte al máximo para tu equipo es tener furia, pues vale. Pero yo no lo comparto.

Pirri intenta cortar una internada de Uli Hoeness en los cuartos de final de la Eurocopa de 1976. Alemania Federal pasó a semifinales tras el 2-0 de la vuelta. CordonPress.

«De la Quinta lo que más destacaría es lo madridistas que eran, cómo querían al club»

—Usted se retiró en 1980 y en 1983 irrumpió La Quinta del Buitre. ¿Se les veía venir? ¿En qué cambiaron al Real Madrid?

—Recuerdo que estaba jugando en México cuando La Quinta del Buitre empieza a ser conocida. En el 84 entré como médico del Real Madrid, cuando La Quinta había llegado ya al primer equipo. En el Madrid siempre ha habido generaciones fantásticas de jugadores. Lo que ocurrió con La Quinta del Buitre es que una irrupción así con tantos jugadores tan excepcionales no es normal, que te salga un Míchel, un Butragueño, un Sanchís, un Martín Vázquez… todos juntos, es algo inaudito, es lo que le ocurrió al Barça luego con Xavi, Iniesta, Puyol, Busquets… Desgraciadamente eso no es lo habitual. Eran todos jugadores de muchísima calidad y jugadores muy carismáticos también. Fue una época importantísima para el Madrid, hicieron historia para el club y la única pena es que aquella generación no ganara una Copa de Europa. Yo, que he visto toda su carrera en el club, lo que más destacaría es lo madridistas que eran, cómo querían al club.

—¿Quién fue el mejor de La Quinta o el que más le gustaba a usted?

—Eran jugadores muy buenos. Me cuesta mucho quedarme con uno. Todos tenían mucha calidad y cada uno en su estilo y en su posición eran muy buenos. Además eran todos muy buena gente.

—Como director deportivo no tuvo usted mal ojo. De una tacada se fichó a Mijatovic, Suker, Roberto Carlos, Seedorf o Panucci. Ahí se sentaron las bases de la Séptima.

—Sí, tuve la suerte de estar de director deportivo y los últimos cuatro o cinco meses de director general deportivo, en la época de Lorenzo Sanz. Y tuvimos la suerte de ganar en cuatro años dos Copas de Europa, la Séptima con Heynckes y la Octava con Del Bosque. Y además cambiando bastante el equipo, el bloque, de una final a otra. Creo que se hicieron bien las cosas y además trabajé con bastantes entrenadores en esa época, con Capello, con Toshack, con Heynckes, con Del Bosque, todos muy buenos la verdad. A veces tienes que tener ese punto de suerte y acertar en los fichajes, porque para jugar en el Real Madrid no vale cualquiera. El Bernabéu es el estadio que más le impresiona a un jugador. Yo he visto a jugadores buenísimos en los entrenamientos que luego el día del partido no rendían, no daban la talla.

—Justo antes de abandonar el club realizó usted el famoso Informe Pirri, que luego se publicó en la prensa. Aquello provocó un terremoto en la Casa Blanca…

—Trascendió a la prensa pero no debía de haber trascendido. Son informes privados, algo habitual en el club. Aquello no me gustó en absoluto. Cada uno cumple con su trabajo y yo lo único que hacía era analizar a los jugadores y hacer una serie de recomendaciones. A mí me dolió mucho, me hizo daño personalmente, me sentí muy incómodo cuando lo vi publicado en un periódico. Aquel informe no se hizo porque tuviera manía a nadie, yo siempre he sido profesional cuando he trabajado como médico, como futbolista o como director deportivo, siempre miraba lo mejor para el club y para el jugador. No miraba ninguna otra cosa.

—El tiempo le terminó dando la razón en la mayoría de los casos...

—Sí, pero no me gusta, eso es lo de menos. Yo preferiría que no se hubiera filtrado nunca con independencia de que el tiempo me haya dado o no la razón.

—Se le ve poco en los actos institucionales del club y usted es una de las grandes leyendas del Real Madrid, ¿se considera reconocido?

—Bueno, pues lo cierto es que no tengo mucho contacto con el Real Madrid. A mí siempre que me ha llamado el club he atendido su llamada, pero no han contado conmigo para nada, aunque no hay ningún problema en ese sentido. Lo que ocurre es que yo no tengo relación con los directivos actuales del club.

—¿Cómo valora el paso de Mourinho por el Real Madrid?

—No me gusta opinar de una persona que no he conocido. Yo no estaba en el club en esa época y lo único que conozco de Mourinho es lo que me llegaba desde los medios. No soy quién para valorar su trabajo, ni a él ni a los que han venido posteriormente.

—¿En el Real Madrid se ha sido justo con Iker Casillas? La sensación es que salió por la puerta de atrás.

—Casillas ha sido una leyenda para el Real Madrid, ha sido un jugador carismático. Casillas ha sido el Madrid, así como suena. Y, hombre, cuando un jugador así no sale como se merece, a los que hemos estado tanto tiempo en el Madrid nos duele. No sé qué problemas podría tener con Mourinho, cuando lo quitaron del equipo y pusieron a Adán. No conozco qué pasó. A mí me hubiera gustado que una leyenda del Madrid como Casillas hubiera salido de otra manera, reconocido por el público del Bernabéu, por su gente.

¿En eso es en lo que más ha cambiado el club con respecto a su época, en el trato con el jugador?

—Pues mira, el club no tiene nada que ver. El Madrid al que yo llegué no tiene nada que ver con el Real Madrid actual. Cuando yo llegué el Madrid era una familia, nos conocíamos todos, los empleados, los directivos. Si teníamos cualquier problema íbamos a hablar con Raimundo Saporta, con Agustín Domínguez, incluso con el presidente en algún momento. Había una relación y un contacto entre el jugador y el club. Se trataban incluso aspectos que no eran deportivos, se debatía de todo. La relación era muy familiar. Ahora el Madrid es una empresa. Los jugadores tienen muy poco contacto con el personal del Madrid, la relación es escasa. La relación, en todo caso, es con los representantes de los jugadores que son quienes manejan sus carreras. Son épocas completamente distintas, lo que no quiere decir que una sea mejor que la otra. Es consecuencia de cómo ha ido evolucionando el mundo, la sociedad. Ahora la televisión, la publicidad y el marketing tienen un peso mucho más importante de lo que tenían antes.

—Y Zidane, ¿es el entrenador perfecto para el Real Madrid? Algunos le achacan que no tiene suficientes conocimientos tácticos…

—Siempre me ha costado eso de decir este es el entrenador ideal para el Real Madrid. Lo que te puedo decir es que Zidane ha hecho un gran trabajo con el Madrid, está haciendo las cosas muy bien y ahí están los títulos. Me gusta mucho su comportamiento, lo que transmite a todo el mundo, es un tío muy tranquilo, no quiere ser protagonista en nada, él se limita a hacer su trabajo y lo hace muy bien. Esperemos que esté muchos años en el Madrid y para eso solo le van a valer los resultados. Aquí puedes tener un comportamiento excepcional pero si no consigues resultados te mandan para casa a los dos días. 

—Ahora a los ‘canteranos’ se les va a buscar a Uruguay, Brasil o Noruega, ¿con eso no se pierde identidad?

—El Madrid es el equipo que más ha trabajado la cantera. En mi época: Velázquez, De Felipe, Grosso… todos estos eran de la cantera. Luego llegó La Quinta y el Madrid sigue teniendo una cantera fantástica que surte de jugadores a todos los equipos de La Liga. Ahora existe la libertad de traer jugadores extranjeros para la cantera, pues perfecto. El que valga y llegue hasta el primer equipo fenomenal y el que no, pues seguro que puede jugar en otro equipo de Primera.

—¿Le recuerda en algo Hazard a Amancio?

—No, no. El que más se parecía a Amancio ha sido Butragueño, tenía movimientos parecidos. Amancio es que ha sido un fuera de serie, Hazard también es bueno, muy bueno, pero Amancio ha sido fantástico, son estilos diferentes. Amancio empezó jugando en la posición de extremo en la época de Di Stéfano, pero luego se fue recolocando hacia el centro, porque el que jugaba más pegado a la banda era Serena.

—Vuelva a ser por un momento director deportivo, ¿para la delantera el Real Madrid necesita más a Mbappé o a Halaand?

—El jugador de futuro es Mbappé, sin duda. Desde hace un par de años se le ve que va a ser un jugador importante, que va a marcar una época. Luego la decisión es del Real Madrid, pero aquí siempre vienen los mejores. Aunque es cierto que ahora en el mercado hay más competencia, hay más clubes que pagan muchísimo y no siempre puedes traer lo que quieres.

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