Después de dos meses confinados en nuestros domicilios ha empezado la  «desescalada». Poco a poco, algunas actividades empiezan a entrar en eso que se ha denominado como «la nueva normalidad». El fútbol, como fenómeno social, ha pactado con el Gobierno que los jugadores de los diferentes equipos empiecen a entrenarse en las instalaciones de sus respectivos clubes. Por supuesto, lo hacen respetando las medidas impuestas por las autoridades sanitarias y pasando periódicamente los tests correspondientes del Covid-19 para evitar contagios con sus compañeros.
El objetivo ya está fijado: LaLiga debería reanudarse el 12 de junio. Quedan once jornadas para terminar y para saber quién es el campeón y quién pierde la categoría.

Los jugadores ya llevan más de una semana de entrenamientos y todavía les quedan tres más para completar las cuatro que tienen de plazo antes de encarar el primer partido. La pregunta es si serán suficientes para garantizar el rendimiento en los partidos que se jugarán cada tres días. La respuesta es NO.

Hay varias razones que intentaré argumentar con datos objetivos y que demuestran que son insuficientes cuatro semanas de entrenamientos por no garantizar la energía imprescindible para competir y evitar lesiones musculares.

La gasolina del jugador es el glucógeno, un compuesto que aparece cuando se metabolizan los carbonohidratos. Este combustible esencial tarda entre 48 y 72 horas en llenar su depósito, con lo que el jugador cuando vuelva a competir tendrá la aguja en la reserva.

Los dos meses de confinamiento han llevado al futbolista a un porcentaje muy alto en la pérdida de sus capacidades físicas fundamentales. Hablamos, en primer lugar, de la capacidad aeróbica (cantidad de energía de una vía metabólica, en este caso la aeróbica). El fútbol es un deporte aeróbico que facilita y suministra oxígeno y la pérdida de más del 8% compromete la recuperación entre esfuerzos. Por otro lado está la fuerza, la capacidad física para realizar un trabajo o un movimiento. En mi opinión es la capacidad más importante, en tanto en cuanto su prestación genera velocidad, que es la distancia que puede llegar a recorrer el jugador en el menor tiempo posible.

Este deterioro es consecuencia de la larga inactividad que el jugador ha sufrido en su domicilio, sólo alterada por la actividad física puntual para completar el plan recomendado por su club. Sin embargo, una cosa es la actividad física y otra el ejercicio. La diferencia está en la intensidad. Es muy difícil que el jugador adquiera en su domicilio los umbrales básicos, para que aplicando porcentajes ya establecidos nos indiquen los estímulos que serán «insuficientes» y los que no son «aconsejables».

Qué duda cabe de que las capacidades apuntadas anteriormente irán mejorando con los entrenamientos. Por ejemplo la capacidad aeróbica, que se basa en la cantidad y que irá aumentando con la sucesión de sesiones de trabajo. Valga un dato: Carlos Lopes fue récord del mundo en maratón con 38 años.

Sin embargo, la fuerza va costar mucho más tiempo que llegue al nivel de antes del parón. El músculo no solo produce movimiento, es mucho más que eso. Es el órgano endocrino más relevante. En todos los deportes es muy importante, pero en fútbol es determinante. El jugador gira, frena, arranca o salta en todos los esfuerzos explosivos que se dan en un partido, más de 200. El músculo, y concretamente la fibra rápida (fast twitch), adorna a los más grandes de este deporte. Ahí tenemos al jugador de moda, Haaland, que se lo rifan los mejores clubes del mundo, entre ellos el Real Madrid. Este jugador de 19 años —87 kilos y 1,94— hizo contra el PSG un sprint de 60 metros en 6 segundos y 64 centésimas. El récord del mundo en esa distancia es del estadounidense Christian Coleman con 6″34.

Estos registros, que están al alcance de muy pocos, son la consecuencia de su potencia (fuerza x velocidad). A los 17 años, Haaland era flaquito y gracias a un trabajo de musculación muy minucioso y muy profesional, ha aumentado su masa muscular en 12 kilos.

Haaland es un atleta que juega al fútbol. Ademas, es un magnifico goleador.
Esto demuestra cómo la fuerza generadora de velocidad en su nivel más alto puede marcar la diferencia en lo que se refiere a la excelencia física, mientras su pérdida y deterioro por el confinamiento puede ocasionar al jugador lesiones musculares. Ya lo hemos visto este pasado fin de semana en la Bundesliga alemana.

Reclutar el máximo de fibras musculares y aplicar el máximo de fuerza en el menor tiempo posible son objetivos básicos de la fuerza en su máximo nivel y requiere mucho más tiempo que cuatro semanas de entrenamiento. No se puede competir sin un estado físico óptimo. Las lesiones musculares aumentarán exponencialmente si obviamos este principio.

Fisiología del esfuerzo dixit.

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