La carrera de Julio Cardeñosa (Valladolid, 1949) está llena de luces y éxitos, pero hay aficionados que lo asocian a una sombra: el gol que falló frente a Brasil en el Mundial de 1978. Más allá de ese episodio, anecdótico a lo largo de toda una carrera, Cardeñosa fue un hábil y elegante centrocampista que habría encajado mejor ahora que en el fútbol de los 70. Viajó a Sevilla en 1974 para ser sevillista, pero en el trayecto se enteró de que finalmente jugaría en el Betis, club con el que ganó en 1977 la primera Copa del Rey de la institución.

—Con 14 años trabajaba usted en una imprenta, ¿qué recuerda de aquellos tiempos?

—Fue mi primer trabajo y me gustaba el oficio. Empecé a los 14 y después de un año allí me dieron una máquina y empecé a editar cosas.

—¿Cómo fue el encuentro de un vallisoletano como usted con la Sevilla de 1974? ¿Qué fue lo que más le llamó la atención de la ciudad?

—El calor. Llegamos en pleno julio y fue horrible; aquello me afectó bastante.

—Usted coincidió con otro zurdo genial en el Betis, Rogelio. ¿Es verdad (como decía él) que correr es de cobardes?

—Él tenía la chispa andaluza y era bastante gracioso; solía decir de vez en cuando cosas así. Tuvimos entrenadores que nos exigían mucho en el aspecto físico y él decía que correr era de cobardes.

—¿Quién fue su ídolo de niño?

—En el primero que me fijé fue en Velázquez, del Madrid.

—¿Quién cree que ha sido el mejor zurdo del fútbol español?

—Es complicado. Habría una amalgama bastante amplia de jugadores, pero no sólo en una época concreta. Cuando yo jugaba, estaban Pirri, Gento, que acaba de retirarse cuando yo empecé… Luego, al fútbol español llegó Maradona, que era un espectáculo.

—Dígame un futbolista actual que le recuerde a usted.

—No lo hay.

—¿Por la posición o por el tipo de jugador?

—Por la posición no es. El fútbol ha cambiado bastante y cada futbolista tiene una forma de jugar. Ahora el fútbol se juega más en corto, pero yo jugaba más en largo. Además, yo tenía compañeros con los que podía jugar en largo. Cada época tiene su fútbol. Y el fútbol de mi época es completamente distinto al actual.

—Xabi Alonso era un futbolista que también jugaba en largo…

—Podría ser, es cierto que Xabi puede recordarme a mí. Alonso o Iniesta son futbolistas excepcionales, pero su fútbol es diferente. Aunque es verdad que Xabi jugaba mucho en largo.

“Mi forma de entender el fútbol encajaría mejor en esta época que en la mía, pero no lo cambio”

—Ellos jugaron en la España del tiqui-taca. ¿Cuánto hubiera dado usted por jugar en ese equipo?

—Era una delicia ver jugar a estos futbolistas. Mi forma de entender el fútbol encajaría mejor en esta época que en la mía, pero no lo cambio. Tanto en la Selección como en mi equipo tuve compañeros técnicamente muy buenos.

—Mi tío me dice que hasta Lo Celso y Fekir el mejor zurdo que había visto en el Betis era usted…

—Es una opinión que agradezco. A la hora de opinar de jugadores distintos, es cuestión de gustos. Y del aficionado del Betis.

—¿Cree que en el Betis faltaban jugadores de estas características?

—Posiblemente sí, porque hemos atravesado una época muy mala con futbolistas bastante mediocres. En los últimos años, nos han venido todos de golpe: Lo Celso, Canales, Fekir… Estos futbolistas son los que nos hacen falta. Gracias a ellos, ha llegado el resurgir del Betis.

—¿Qué tienen los futbolistas zurdos que no tengan el resto?

—Normalmente, el 99% de los futbolistas zurdos son muy buenos técnicamente.

—¿Cardeñosa, Gordillo y Joaquín son la Santísima Trinidad del Betis?

—No, porque no nos podemos olvidar de Luis del Sol, Rogelio, Esnaola… Son jugadores que han sido santo y seña en el Betis. En cada época, han surgido futbolistas que le han dado un plus al Betis. Uno no se puede quedar ni con uno, ni con dos, ni con tres, porque hay una baraja importante de futbolistas que durante muchos años le han dado un servicio importante al club.

Betis 1976-77. Iriondo (entrenador), Esnaola, Bizcocho, Biosca, Sabaté, López y Cobo; Vicente Montiel (masajista), García Soriano, Alabanda, Megido, Cardeñosa y Benítez.

—Dígame desde los ojos de un castellano qué se diferencian el Betis y el Sevilla…

—Somos bastante parecidos en cuanto a lo que son las formas de hacer, ver y jugar. Sin embargo, nosotros hemos pasado una penuria económica muy grande durante muchos años; eso le ha servido al Sevilla para hacer las cosas mejor que nosotros. De ahí han venido sus éxitos.

—Usted compartió época y Liga con Maradona. ¿Fue mejor que Messi?

—Hay que diferenciar momentos. Maradona fue un futbolista descomunal. En su época, había defensas muy leñeros. Las entradas que se hacían antes eran terribles y tenías que andar con mil ojos. Ahora los futbolistas que pegan deben tener mucho cuidado porque hay muchas cámaras y repeticiones. Lo digo sin quitarle mérito a Messi porque es el mejor del mundo actualmente. Pero los jugadores no hacen las entradas de antes, porque si las hicieran todos los equipos se quedarían con uno o dos futbolistas menos. Ahora los jugadores están mucho más protegidos. Las entradas que le hacían a Diego eran tremendas. A Diego, a mí y a todo el mundo. Como no había cámaras, te levantaban del suelo.

—Hace poco entrevisté a Marianín y él me decía que la mitad de los futbolistas de ahora no jugarían si tuvieran delante a Aguirre Suárez y Fernández

—Podría hacer una montaña con los jugadores leñeros de mi época. La mayoría de los centrales ahora no podrían jugar porque estarían siempre expulsados. Aquellos defensas dejaban pasar al jugador o al balón, pero a los dos no. Está claro que Aguirre Suárez y Fernández se llevaban la palma, pero había defensas duros en el Atlético de Madrid, Barcelona, Sevilla, Betis… Además, los centrales, salvo excepciones, no sabían jugar ninguno el balón.

“A los defensas no les hacía falta usar agujas, porque con las patadas y codazos que daban te ponían mirando a Pamplona”

—Gárate dijo en una entrevista que había defensas que usaban agujas en los saques de esquina…

—No quiero decir que no lo hiciera alguno, pero a esos jugadores no les hacía falta, porque con las patadas y los codazos que te daban te ponían mirando para Pamplona.

—¿Y Cruyff, qué lugar ocupa entre los mejores de la historia?

—Está entre los mejores de la historia, sin duda. Está en el mismo pedestal que Maradona y Messi. Yo era un enamorado de Cruyff, porque era espectaculares en sus movimientos y en su arrancada. También le pegaba al balón de maravilla.

—Se le tiene además por un entrenador revolucionario…

—Estoy de acuerdo. Es el único entrenador que ha sido totalmente distinto a los demás y que trajo un concepto diferente de lo que era el fútbol, el de la escuela holandesa. Revolucionó el juego cuando se hizo cargo del Barcelona.

—En 1978 usted estuvo a punto de fichar por el Barcelona, pero en una asamblea los socios del Betis impidieron su fichaje. Amenazaron con devolver el carné si usted se marchaba…

—Estando en el Mundial, Kubala me dio la enhorabuena. Yo no sabía nada y él me dijo que había fichado por el Barcelona. Le dije que era la primera noticia que tenía. Cuando regresé del Mundial, hablé con el presidente y me dijo que me iba a traspasar. Sin embargo, hubo una asamblea de socios, que eran los que mandaban en aquella época, y dijeron que no se traspasaba a nadie. Me volvió a llamar el presidente y me explicó que no me podía traspasar, porque la gente le hubiera matado… Con esas ganas me quedé.

“En aquella época, Madrid y Barcelona eran lo mejor que le podía tocar a un futbolista. Con esas ganas me quedé”

—¿Su sueño hubiera sido jugar en el Barcelona?

—Sí. En aquella época, Madrid y Barcelona eran lo mejor que le podía a tocar a un futbolista. Con esas ganas me quedé y en el Betis permanecí para siempre.

—¿Cómo se explica que un mundialista como usted jugara la temporada siguiente en Segunda?

—Por la desgracia que tuvimos, que fue gorda. Nos faltó plantilla, porque llegamos justos de gasolina aquel año. Al final descendimos y fue un calvario jugar en Segunda.

—Cuatro años antes, en 1974, usted llegó a Sevilla, pero convencido de que iba a firmar por el Sevilla y no por el Betis…

—En aquella época, teníamos el derecho de retención y los futbolistas no pintábamos nada. Yo sabía que el Sevilla me quería fichar, porque un futbolista, que jugó en el Valladolid y en el Sevilla, habló conmigo antes de que finalizara la temporada para contármelo. Me preguntó si yo estaba dispuesto y le dije que sí, porque quería salir de Valladolid… Estando de vacaciones, me llamó el presidente del Valladolid y me dijo que nos íbamos para Sevilla. Yo no sabía nada del Betis. Cuando estábamos camino de Madrid en el coche para tomar un avión, el presidente me explicó que finalmente nos encontraríamos con el Betis. El Valladolid ya había llegado a un acuerdo y sólo quedaba que lo hiciera yo en relación a mi salario. Así me enteré.

“Cuando estaba en el Valladolid, el Barcelona tenía una opción sobre mí para valorar mi fichaje si yo salía a algún equipo”

—¿Tuvo más ofertas en ese momento? ¿Ya había visto cumplidas sus expectativas en Valladolid?

—En el Valladolid teníamos una penuria económica horrible. Todos los años tenían que salir uno o dos futbolistas porque de otra manera no cobrábamos. Económicamente, el equipo era un desastre. Cuando estaba en el Valladolid, el Barcelona tenía una opción sobre mí para valorar mi fichaje si yo salía a algún equipo. Así que cuando salió lo del Betis, el Valladolid se lo comunicó al Barcelona por si estaba interesado, pero contestó que no. También me hablaron del Atlético de Madrid, pero ya te digo que no nos enterábamos de nada porque no lo comentaban con nosotros. Eran los clubes los que se ponían de acuerdo.

Argentina 78

—Háblenos del Mundial de 1978. Dicen que todo empezó mal desde la concentración…

—La concentración fue un auténtico desastre. Nos alojamos a 60 kilómetros de Buenos Aires, en una finca en medio del bosque. Hacía frío, llovió y no tuvimos contacto con nadie. La cosa fue mal. Para más inri, perdimos el primer partido frente a Austria y la situación se puso bastante fea.

—¿Eran conscientes en el equipo de que el Mundial se jugaba en mitad de una durísima dictadura?

—No. Cuando llegamos todos los equipos, aquello se debió de tapar bastante. Es que no nos enterábamos de eso ni de nada, porque estábamos perdidos en medio del bosque. Salíamos de allí para entrenar, porque entrenábamos en un campo militar. Las otras salidas que hicimos fueron a Buenos Aires, donde fuimos cuatro veces: dos para jugar partidos y otras dos para dar una vuelta por allí. Y a Mar del Plata.

—¿Cree que Argentina ganó por decreto?

—Se pueden hacer muchas especulaciones, pero es verdad que fue bastante anormal que Argentina ganara 6-0 a Perú. No porque tuviera mal equipo, pero que una selección le gane a otra 6-0… Creo que había diferencias entre argentinos y peruanos, pero no tanta como para esa goleada. Quizá hicieron alguna pirueta, pero no se puede certificar.

“Si el campo hubiera estado normalito, hubiera tirado a puerta tras el cabezazo de Santillana”

—Vayamos al España-Brasil. ¿Cuántas veces ha soñado que marcaba?

—Ni en las repeticiones lo meto… He visto la jugada repetida un par de veces. El campo estaba horriblemente mal. Si el campo hubiera estado normalito, hubiera tirado a puerta tras el cabezazo de Santillana. Sin embargo, se me quedó algo atrás con el barro, botó mal… Cuando me puse en orientación a la portería para tirar, me fijé más en el balón que en la portería, porque la había visto vacía… Cuando tiré a gol, no me di cuenta de que Amaral estaba debajo de los palos.

—¿Ha pensado alguna vez de qué manera habría cambiado su vida si hubiese marcado?

—Cuando fallé la ocasión, todavía quedaban 20 minutos de partido y jugábamos frente a Brasil. No sabemos qué hubiera pasado si hubiera marcado. Posiblemente, si hubiéramos ganado, hubiéramos hecho una clasificación decente y hubiéramos pasado otra eliminatoria. Como no lo hicimos, fue un pequeño fracaso de todos.

—Tras su fallo frente Brasil, ¿qué fue lo que más le dolió de lo que leyó y escuchó aquellos días? El fallo de Salinas frente a Estados Unidos también fue considerable y no se cargaron tanto las tintas…

—Tampoco escuché ni leí mucho, porque cuando regresé del Mundial cogí a la familia y me fui de vacaciones.

España en Argentina 78. Miguel Ángel; Marcelino, De la Cruz, San José, Pirri y Migueli. Abajo, Dani, Rubén Cano, Asensi, Cardeñosa y Rexach.

—¿Le convirtió aquel episodio en una persona más seria?

—Siempre he sido igual. A mí no me cambió ni para lo bueno, ni para lo malo. Tenía que ser consecuente tanto con las alabanzas como con las críticas, porque podía jugar bien o mal.

—Mucho se habla de su fallo, pero poco de su asistencia a Rubén Cano en el partido de clasificación frente a Yugoslavia…

—Habitualmente nos fijamos más en lo malo que en lo bueno. El partido frente a Yugoslavia fue un partido durísimo, que lo trabajamos bastante bien. Aguantamos todo lo que pudimos y más a pesar de lo que nos hicieron los yugoslavos: patadas, escupitajos, codazos… Fuimos capaces de sobreponernos y la recompensa llegó en una jugada que hilamos entre todos. Centré y le llegó fenomenal a Rubén. Fue una alegría, porque hacía años que España no estaba en la fase final de un Mundial.

—¿Ha sido ese el partido más duro que ha jugado en su carrera?

—Sí, fue horrible. Desde el minuto uno. Creo que los yugoslavos se equivocaron, porque tenían muy buenos futbolistas. Ellos pensaron que, dándonos patadas nos iban a achicar y se equivocaron. Salió la raza española y nos dijimos: si ellos dan, nosotros también. Se endureció más el partido porque el árbitro fue un desastre. Fue un inglés que lo permitió todo. No se cómo no acabó en una guerra.

“Llegamos dos horas antes al estadio y estaba lleno. Salimos a ver el césped y nos tuvimos que meter dentro, porque nos llovió de todo”

—¿Qué pensaron cuándo le dieron el botellazo a Juanito?

—Al estadio llegamos dos horas antes. Cuando salimos al césped, el campo ya estaba lleno. Nos tuvimos que marchar del campo porque nos llovió de todo. Esa fue la bienvenida y nos dimos cuenta de lo que podía pasar. Cuando sacamos de centro, le dio Rubén Cano la pelota a Juanito y le pegaron una patada que lo voltearon. A raíz del gol, ellos se vieron perdidos y fue tremendo.

—Dicen que los jugadores de antes no podrían jugar en el fútbol de ahora, más físico y rápido…

—Eso es una chorrada. Es verdad que en mi época jugábamos de una forma distinta. Todos los equipos defendían de tres cuartos para atrás y dejaban salir al contrario. También había más espacios, porque había mucho 4-4-2… Lo que ha cambiado es la preparación física, que es mucho mejor, y que los equipos son mejores tácticamente. Un futbolista de mi época, si lo prepararan físicamente como a los actuales, podría jugar ahora sin problema.

—Volvamos al Betis. ¿Hubiera destituido a Quique Setién?

—En el momento que se hizo, daba un poco lo mismo. El año anterior nos dio bastante porque nos metió en Europa. En la segunda temporada llegó un momento en que el equipo perdió lo bueno y se quedó en casi nada. Muchas veces veías al equipo y no te decía ni arre ni so. Pienso que los propios futbolistas habían perdido la confianza en él o se habían acomodado y jugaban al paso de la gallina.

—¿Cuál es el estilo que debería definir el juego del Betis por su tradición histórica?

—Es cuestión de cada entrenador. Este año, casi con los mismos jugadores que tenía Setién, el equipo juega de una manera completamente distinta. Habitualmente, los entrenadores tienen sus ideas e intentan hacer que valga lo que ellos piensan. Si un técnico es inteligente, es él quien se debe adaptar a la plantilla y no viceversa. Posiblemente, por eso al Betis este año le haya costado bastante más entrar en la parte que el entrenador quería. Al principio, el equipo estaba entre mitad de Setién y mitad de Rubí. Y muchas veces el equipo no daba las posibilidades que tenía.

—¿Cree que Rubí fue intransigente al principio de la temporada?

—Lo que creo es que los jugadores estaban acostumbrados a la forma de jugar de Setién. Ellos se sentían a gusto y el paso que tenían que dar hacia lo que Rubí les planteaba les costó bastante más de lo que ellos pensaban. Al entrenador también.

“Toda la travesía del desierto que hemos tenido durante estos años ha sido por Lopera”

—¿Qué opinión tiene de Lopera? ¿Fue bueno o malo para el Betis?

—Al principio lo hizo bien, pero después fue un auténtico desastre. Toda la travesía del desierto que hemos pasado durante estos años ha sido por Lopera.

—En alguna ocasión, usted ha defendido la pillería en el fútbol. ¿De qué manera repercute en el fútbol profesional lo poco que juegan los niños en la calle?

—Esto es un juego. Si te fijas en ciertos futbolistas, practican el fútbol del barrio: yo la tengo, me la quedo y me lo como. La prueba evidente está en Maradona, en Messi… El futbolista vivo e inteligente se busca sus cartas para solventar los problemas, de la misma manera que los defensas aprovechan su físico para hacerles frente.

—Aspas es otro jugador con picardía de barrio…

—Es otro de ellos, porque protesta al árbitro, se deja caer… Él busca sus artimañas para beneficio propio y del equipo. Luego el árbitro está para creerle o no. Son jugadores que al árbitro le complican la vida.

—¿Quién ha sido más importante en la historia del fútbol español, Luis Aragonés, Del Bosque o Guardiola?

—Cada uno en su época. A Luis lo tuve en el Betis. Duró poco tiempo, pero era un hombre sabio, había vivido lo que era el fútbol y como entrenador tenía una mentalidad completamente abierta. Era capaz de sacarte lo que no tenías, porque estaba muy encima del jugador y hablaba mucho con los futbolistas. Del Bosque fue el intermedio entre lo viejo y lo nuevo. Lo que hizo fue coger un poco de todos los entrenadores que tuvo en el Madrid, porque tenía la escuela del Madrid, algo que llevó a la práctica en el conjunto merengue y la Selección. En cambio, Guardiola ha sido el que ha mamado toda la vida del Barcelona y, sobre todo, de Cruyff. Si uno mira el equipo de Cruyff y el de Guardiola, son calcados.

—¿Por qué como entrenador su carrera fue tan efímera?

—Porque hubo un problema familiar en casa y lo tuve que dejar. Primero era la familia.

—Usted se quedó a vivir en Sevilla cuando se retiró. ¿Hay algo todavía que no entienda de los sevillanos?

—No. La vida de los sevillanos es muy fácil. Les gusta vivir y estar en la calle, y la temperatura tiene mucho que ver. El sevillano es una persona muy agradable y alegre.

—¿Feria o Semana Santa?

—He vivido las dos cosas. En mi época de joven, viví poco la Feria, porque estaba en activo y era más complicado. No me gustan mucho las aglomeraciones y he vivido las dos cosas poco, pero las he vivido. Son dos acontecimientos importantísimos para la ciudad.

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