Juan María Alfaro (Almendralejo, 1935) tenía una brillante carrera en el fútbol, pero una tuberculosis le privó de ser futbolista. Aunque estudió la carrera de Perito Mercantil, se dedicó al periodismo y se especializó en el de datos, hasta el punto de crear una de las mejores bases deportivas del mundo. Conoció a José María García en el diario Pueblo y no se separaron durante más de tres décadas. Alfaro fue el hombre de las estadísticas en sus diferentes programas de radio. Todavía sigue levantándose a las seis de mañana para alimentar su base de datos, accesible en Tercertiempo.es.

—Hoy en día se habla mucho del Big Data, pero eso lo inventó usted hace más de 60 años, cuando empezó a apuntar datos en una cuartilla…

—El primero que dio información sobre estadística fui yo. No sólo de tenis, también de fútbol. Estuve catorce años en Pueblo, que era un periódico de la tarde. Sin embargo, iba también por la mañana y me quedaba en el sótano, donde estaba su excepcional hemeroteca. Con mucha paciencia, fui tomando nota de los datos. Muchos años después, apareció García y trabajamos durante 32 años. Fundamentalmente, yo hacía tenis, pero cuando él vio que yo tenía una base de datos de fútbol enorme, empezamos a ofrecer ambas cosas.

—La fiabilidad de las fichas deportivas que consultaba en los periódicos de la época no debía ser mucha…

—Yo tengo 3.000 libros deportivos. Entre ellos, colecciones completas de As y Marca. Cuando Felipe González bloqueó todos los periódicos de la prensa del movimiento, se cerró Pueblo. Entonces ya no tuve aquella hemeroteca a mi disposición y compraba unas veces el As y otras, el Marca. Aquello fue la continuación de lo que ya no podía hacer en Pueblo.

—¿De dónde le viene la pasión por el fútbol?

—Cuando era pequeño, era del Sevilla. En el colegio tenía un compañero que era también sevillista y su padre era carpintero. En un trozo de madera, pintábamos un escudo, lo redondeábamos en el taller del padre y lo vendíamos. Yo tenía doce años en aquel momento.

—Era sevillista, pero estuvo a punto de debutar con el Extremadura…

—Con 15 años debuté en el Extremadura B. Pero enfermé de tuberculosis. En aquel momento, morían nueve de cada diez tuberculosos. Igual que el coronavirus en la actualidad. Tuve que estar un año de reposo, tiempo que aproveché para seguir con las fichas porque no podía salir. Yo jugaba de interior derecho y el jugador que más me motivaba era Juan Arza. Estuve a punto de debutar con el primer equipo con 17 años, pero antes de salir al campo mi padre me pidió que no lo hiciera porque podía recaer. Con 21 años empecé en Radio Extremadura y luego me fui a la Cope. Curiosamente, el director de la Cope de Badajoz había sido cura en Almendralejo. Hice en la Cope emisiones los sábados y domingos, igual que hice previamente en Radio Extremadura. En total, he estado vinculado al fútbol prácticamente toda la vida.

—¿Qué le decían sus amigos, o su entonces novia, de una afición tan particular como la de recoger datos?

—Otros se iban a tomar copas, pero yo no; a mi edad sigo igual. Actualmente, como no hay fútbol ni tenis, estoy pasando todas las fotos de la historia de los equipos, porque tengo 300 álbumes. Voy por el año 2000. En total, he pasado ya 25.000 fotos.

“Yo había pedido huevos con chorizo y García lo mismo. No quedaban más y le ofrecí la mitad de mi plato. Así empezó nuestra relación”

—En Pueblo coincidió con lo mejor del periodismo español. ¿Recuerda cómo fue su primer encuentro con José María García?

—Sí, la primera vez que lo vi fue en la cafetería. Yo había pedido unos huevos con chorizo. García le pidió lo mismo al camarero, pero no quedaban más. Yo le ofrecí la mitad de mi plato y así empezó nuestra relación. A los dos nos gustaban mucho las pipas de girasol e íbamos al fútbol juntos sin que nos faltaran. También nos preparaba mi mujer unos buenos bocatas…

—¿Cuándo le habló por primera vez de sus estadísticas?

—En Pueblo yo dirigí una revista que era Tenis Pueblo, que salía con el periódico todos los lunes. En aquel momento, yo no había tocado el fútbol, porque había gente muy buena: García, Juan Manuel Gozalo, Miguel Ors, Rene Piñero…

«Bernabéu me decía que yo era el único periodista al que recibía en pijama»

—Usted también ha entrevistado a personajes como Bernabéu o Kubala. ¿Cómo eran ellos? No sé si en alguna ocasión les habló de alguna estadística…

—A Kubala lo entrevisté cuando la Selección se concentró en el hotel Barajas y era un tipo muy educado. Coincidí también con él en Ámsterdam, en un partido del Madrid. Bernabéu me decía que yo era el único periodista al que recibía en pijama, porque iba siempre a verlo en agosto a Santa Pola. Él tenía un chalé allí y siempre me atendía muy bien. No se cansaba de hablar de fútbol.

—¿Qué le llevó a García a mandarle cubrir el tenis alrededor del mundo?

—Mi base de datos ya era bastante buena cuando García me mandó a cubrir el tenis. De hecho, me la contrataban en Montecarlo, en Amberes, en el Conde de Godó, la Federación Española de Tenis… Ellos tenían acceso a mi ordenador. Yo solía llegar dos días antes de los torneos para que los periodistas tuvieran preparados los dossiers. La primera vez que García me envió a cubrir el tenis fue un España-Argelia en Pamplona, en el que Emilio Sánchez Vicario ganó un partido por 6-0, 6-0 y 6-0. Santana era el capitán y yo tenía mucha amistad con él. García vio resultados y siguió mandándome. Cuando empecé a mandarle fichas de fútbol, se quedó maravillado. Además, compré una fotocopiadora en color cuando ni las había.

—García sólo permitía que su hijo Pepe viajara con usted

—Eso se lo dijo en una entrevista a Jesús Hermida. Pepe estudió Periodismo y me acompañó durante un tiempo, porque su padre quería que aprendiera conmigo. Él niño era muy travieso. En Roland Garros se me escapó a las tres de la mañana y amaneció a las 11 del día siguiente. Con la mujer de García también tuve buena relación. Todos los años por Navidad nos regalaba algo. A mí me regaló un crucifijo, un Montblac… De hecho, García comentaba que yo era el único insustituible en su plantilla. Aunque nunca me lo dijo a mí.

—Se hicieron inseparables…

—Yo estuve con él en la Ser, la Cope, Antena 3 y Onda Cero. En su última etapa se estrelló, porque quiso hacer la información en la radio y en la tele. Yo le advertí de que no se podía correr a por dos liebres a la vez, porque se escapan las dos.

—¿Recibió alguna de las míticas broncas de García en directo?

—Jamás. En Nueva York, como eran seis horas menos, hubo un partido de Corretja frente a Sampras. Fue un partido tremendo. García contactó conmigo y yo me enredé antes de decirle el resultado. Él me cortó y me dijo “Alfaro, antes de la filosofía, dime cómo va el partido”. Aquello no fue una bronca, sólo fue una enseñanza. Ahora te cantan el gol y a los 20 segundos, te dicen el equipo que ha marcado. Actualmente, el periodismo ha bajado muchísimo.

—¿Estaba más desarrollado el periodismo de datos en países como Estados Unidos?

—Ellos aprendieron de mí. Yo siempre llevaba conmigo un ordenador cuando ningún periodista tenía uno. Pesaba 15 kilos y siempre tuve que pagar exceso de equipaje.

“Mi primer ordenador pesaba 15 kilos y tenía que meter disquete a disquete para ver alguna información”

—¿Cómo era aquel primer ordenador? Supongo que todo el procesamiento de la información sería lentísimo…

—Había que meter disquete a disquete. Por ejemplo, si quería saber los partidos de una temporada de algún jugador, tenía que meter un disquete. Sin embargo, si quería saber los de la temporada siguiente, tenía que meter otro. Aquello no tiene nada que ver con lo que es ahora.

—Aquella máquina debía ser una joya.

—El ordenador iba siempre conmigo. Yo avisaba a la azafata de que era muy frágil y sólo tuve problema con el ordenador en una ocasión, en Australia, cuando me vi obligado a facturarlo. El ordenador era tan grande como un televisor de los antiguos. A Montecarlo, por ejemplo, yo iba en coche desde Madrid. Metía el ordenador en el maletero y tardaba 15 horas en llegar.

—¿Recuerda el sitio más extraño donde encontró un dato interesante?

—No sabría decirte, porque tengo 3.000 libros. Entre ellos, el Anuario de Panini desde 1945. También tengo la colección completa de la Guía Marca.

—Supongo que gracias al confinamiento habrá cambiado su costumbre de levantarse a las seis de la mañana para alimentar su base de datos…

—Ahora estoy liado con la Bundesliga, porque como han permitido el cuarto y quinto cambio me ha costado incluirlo en la base de datos. Durante el parón, he seguido trabajando, porque he incluido 25.000 fotos en la base.

—¿Saben los jóvenes quién es usted?

—No lo sé. Hace unos días, me llamó un chaval que iba a hacer la tesis doctoral de Periodismo y que quería entrevistarme. Ahora que soy viejo, estoy volviendo a salir.

—Estuviese donde estuviese, usted le mandaba a García un dossier semanal.

—Era terrible cuando tenía que enviarlos, sobre todo desde Australia. Allí son diez horas más y me pasaba informando todo el día. Luego tenía que prepararle el dossier a García. Normalmente, me llevaba toda la noche. El paquete lo enviaba por DHL, siempre con el miedo de que se perdiera.

—¿Ocurrió en alguna ocasión?

—Una vez no llegó a tiempo y me llamó García. Le dije que fuera a Barajas a recogerlo y que no esperase que se lo entregaran. Mandó a alguien, lo recogió y pudieron dar la información a tiempo. El paquete pesaba casi un kilo. Además del ordenador, yo llevaba conmigo la impresora.  

—Usted ha criticado la forma en que se retiró García. ¿A qué se refería cuando afirmó que quien vive como un valiente debe morir como un valiente?

—García vivió deportivamente como un valiente, pero murió como un cobarde. Él se fue y nos dejó tirados a doscientos. Había algunos que venían a mi casa a pedirme dinero prestado, porque no podían pagar el alquiler o la luz. Yo le pregunté a García por qué lo había hecho y él me dijo que sólo iba a ser un año sabático. Al final, el año sabático se ha convertido en veinte. Eso se lo ha dicho a él. Su hijo hace poco me invitó a comer y se lo dije.

—García no debía ser una persona fácil…

—Yo estuve con él desde sus inicios. A él le quitaron de la sección de deportes en Pueblo porque tenía muchos problemas con Miguel Ors. Lo mandaron a hacer crónicas de toros y luego se marchó a la Ser. García le echó muchas pelotas a la profesión como para retirarse de esa manera. Hay que resaltar, eso sí, que él pagaba muchísimo.

“García y yo teníamos tanta confianza que hasta me enseñaba los contratos”

—Él también ganaba mucho. Se llegó a hablar de 1.500 millones de pesetas (9 millones de euros)…

—En su última etapa, en Antena 3 Radio, sólo ganaba 500 (3 millones de euros). Teníamos tanta confianza que él me enseñaba hasta los contratos.

—¿Por qué cree que el periodismo deportivo ha perdido tanto prestigio en los últimos tiempos?

-Cuando veas El Chiringuito lo entenderás. El periodismo actual son discusiones. Es algo increíble.

—Creo que también fue un gran especialista en quinielas y que llegó a escribir un libro sobre el asunto…

—Un libro, el que me queda. Eso lo hice cuando estaba en Pueblo. A mí me gustaban mucho las Quinielas. Me gastaba 100 o 200 pesetas semanales y acertaba de vez en cuando. Una vez gané cuatro millones (24.000 euros). Eso lo puso Pueblo en primera página, porque a mi mujer también le tocó la lotería.

—La suerte les sonreía…

Pueblo tituló “Juanmar acierta la Quiniela y a su mujer le toca la lotería”. El número fue el 25615, no se me olvidará jamás. Mi mujer compró un billete de la lotería de El Niño y yo ni me había enterado. Estando en el periódico, me pasaron el teléfono y mi mujer me lo comunicó. De quinielas sé mucho, porque yo soy perito mercantil. Yo estudié en Sevilla la carrera de perito mercantil, en la Escuela de Comercio.

—¿Cómo le vino entonces el interés por el periodismo?

—Por la emisión que empecé a hacer en Radio Extremadura. De allí pasé a la Cope. Años más tarde, vine a Madrid a ver un partido del Mérida frente al Plus Ultra y me encontré con Miguel Ors. Nos saludamos y él me dijo que había oído hablar de mí. Él me propuso que me viniera a Madrid y eso hice.

—¿Hubo algún momento en el que se sintiera más atraído por los números que por las letras?

—No lo sé. Las quinielas me daban muchas satisfacciones, pero también muchos disgustos. Había días que tenía 14 en el bolsillo, pero en el último minuto se iban. Se ganaba mucho dinero…

“Vi a una persona con un móvil en el hall. Se lo alquilé y el rey Juan Carlos pudo entrar en directo. García estaba contentísimo”

—Cuando llegó a Antena 3 recurrió a la tecnología para ordenar la base de datos. ¿Cuánto le ocupaban las anotaciones y dónde las guardaba?

—En Antena 3, ya tenía un Compac, que tenía diez megas. Ahora tengo miles. Voy a contarte una anécdota relacionada con la tecnología. Fui de enviado especial a Roland Garros y Arantxa Sánchez Vicario se clasificó para la final. Era jueves y la final se jugaba el sábado. A las tres de la mañana me llamó García y me dijo que comprara un móvil porque el Rey estaría en el partido y quería tenerlo en directo. Allí no había móviles todavía, porque era 1989. Me dijo que cerca del Arco del Triunfo había una tienda que estaba abierta toda la noche y que me lo venderían. Cogí un taxi y llegué a la tienda. Efectivamente, estaba abierta y me vendían el dispositivo, pero la tarjeta tardaba siete días en ser activada…

—¿Qué hizo entonces?

-—Pues hice lo que para mí fue la mayor satisfacción de mi vida. Al día siguiente, después de desayunar, vi en el hall a una persona hablando por un teléfono móvil. Le pregunté si me lo alquilaba. Le expliqué que yo era periodista y le conté la situación, pero él me dijo que no era posible. Tuve que tirar de dramatismo y finalmente me lo alquiló. Que conste que el móvil no era móvil, sino inmóvil, por lo grande que era… El caso es que firmé un escrito por el teléfono y pagué muchísimo dinero, creo que 1.000 o 1.500 francos, porque García no ponía pegas en eso. Además, tuve que pagar los pasos. El Rey entró en directo todas las veces que quiso. García se puso contentísimo. Don Juan Carlos llegó a la sala de prensa para saludarnos a los periodistas. Con mucha discreción, le dije que García quería que entrara en directo, pero el Rey no sabía dónde meterse ese cacharro. Entonces, Rafael Cortés Elvira, director del CSD y amigo mío, se lo quedó. Cada vez que llamaba García, se lo pasaba al rey. Profesionalmente, ha sido mi mejor momento.

—¿Cómo fue su relación con el Rey?

—Recuerdo que fuimos en una ocasión los de la sección de deportes de Pueblo a La Zarzuela, porque hicimos un álbum de fotos del Rey y se lo entregamos. Nos atendió de manera muy familiar y sin protocolo. La segunda vez fue en Roland Garros.

—¿Ha trabajado en alguna ocasión para algún club?

—No, pero me llevo de maravilla con el Real Madrid. Quizá viendo como yo trabajaba, les caí simpático. Hace muchos años me dieron un pase permanente, que aún guardo, para entrar gratis en la sala de prensa. También me hice muy amigo de Marta Santisteban, que es la jefa de prensa del Madrid. Nos llevamos como hermanos, porque ella tiene un chalé en Navacerrada y yo tengo otro al lado.

«García se ha convertido en un folclórico, porque está en todas las emisoras y televisiones hablando mal de Aznar y de Florentino»

—¿También se lleva bien con Florentino Pérez?

—Sí. García le ha dado mucha caña. Cuando empezó a hacerlo estábamos saliendo de Onda Cero. Sé que sigue teniendo mala relación con él. García se ha convertido en un folclórico, porque está en todas las emisoras y televisiones y siempre hablando de lo mismo, mal de Aznar y de Florentino.

—¿Conoce los motivos de esa mala relación ?

—No lo sé. Bernabéu tampoco tuvo buena relación con él. Cuando reformó Bernabéu el estadio, García dijo que el estadio se iba a caer. No sé si seguirá teniendo problemas con esos personajes, porque hace veinte años que no hablo con él.

—¿Por qué?

—Desde que se jubiló, y nos jubiló a todos, no he vuelto a hablar con él, sólo con su hijo. Yo lo llamaba cuando se retiró, cuando se suponía que era un año sabático. En Pueblo no se llevaba bien con nadie.

—Siendo un personaje tan controvertido, ¿cómo tuvo usted tan buena relación con él?

-Nos caímos muy bien y él me tenía mucho aprecio. Siempre me citaba por la radio y decía que yo era el mejor profesional.

—Un buen día decidió colgar su base de datos gratis en internet. ¿Por qué lo hizo?

—Porque ya estaba jubilado. Como no tenía nada que hacer, pues me puse con eso.

—Imagínese que le quieren comprar la base datos. Póngale un precio.

—No tiene precio el trabajo de más de 40 años. Esto no es un automóvil. No se le puede poner precio a una base de datos con tantas cosas. A mí me la compró García, porque hizo una web, Libre Directo, con Di Stéfano, Raúl y Guardiola de socios. Hicimos un contrato por 75 millones de pesetas (450.000 euros) en 1999. En la publicidad decía que la base de datos de esa página era la mía. La web fracasó, porque pensó que Villalonga, en aquel momento presidente de Telefónica, se la iba a comprar por 10.000 millones (60 millones de euros). Sin embargo, Villalonga se marchó a México y la página desapareció. A mí de los 75 millones sólo me pagó siete. Me dijo que me lo iba a compensar en colaboraciones con la vía digital y hasta la fecha.

“Míster Chip me dijo que con mi base de datos haría virguerías”

—Míster Chip es el referente actual de las bases de datos. ¿Qué tiene la base de datos de Míster Chip que no tenga la suya?

—En 2006, yo escribí el libro Mis mundiales. Según la UEFA y la FIFA, es el mejor libro que se ha escrito sobre las Copas del Mundo. Yo invité a dos periodistas al Asador Donostiarra a comer. Quedamos allí y apareció Míster Chip con ellos. Me lo presentaron y él me dijo que era un gran admirador, que era ingeniero de telecomunicaciones y que con mi base de datos haría virguerías. Le pregunté que cuánto me iba a pagar y me dijo que no tenía dinero…

—¿Se han cambiado datos alguna vez?

-No. Él sabe mucho y es muy listo. En alguna ocasión, ha dado datos falsos, porque decía que le copiaban. Tuvo un problema con Efe y él dio datos falsos. Eso no lo puede hacer. En ese tiempo, sé que le fue mal. Hace tiempo que no veo su web, porque tengo la mía; más de lo que tengo, no me interesa tener.

—Su base de datos de tenis la vendió a la Federación Internacional (ITF). ¿Ningún club de fútbol le ha hecho alguna oferta interesante?

—Se la vendí a la ITF porque editaron un libro de 700 páginas sobre la Copa Davis y cuando lo leí vi que tenía que muchos errores. En Montecarlo estaba desayunando en un hotel y apareció un periodista inglés, cuya mujer había sido campeona de Wimbledon. Me preguntó por el libro y le comenté los errores. A posteriori, me llamó el secretario general de la ITF y me preguntó por eso. Además de quedarse con mi base de datos para su web, que en aquel momento no tenían, hicieron más libros.

—¿Cuál es el dato estadístico más curioso de los que maneja?

—En la Copa de la UEFA, hubo un jugador que sólo disputó un partido de competición europea, la final. Consulte mi base de datos y averigüe quién es (Anselin Cedric).

—¿Es Messi el mejor jugador de la historia deportiva y estadísticamente?

—He visto jugar a Pelé, Di Stéfano, Maradona… Pero el que más me ha impresionado ha sido Garrincha. Ufarte jugaba casi como él, pero no tenía comparación. Pelé era muy bueno, pero Di Stéfano era increíble. Di Stéfano ha sido irremplazable.

—Siempre se ha dicho de Pelé que a sus estadísticas de goles les faltaba una confirmación oficial…

—Quizá sea de los pocos que tenga un libro que se editó en Brasil donde aparecen todos sus goles. Ahí aparecen más de mil que marcó. En los datos se han mezclado los partidos amistosos con los internacionales, los que jugó con el Santos…

—¿Cuál es la estadística que le haría más ilusión apuntar?

—Que el Extremadura no descienda y que el Madrid gane la Copa de Europa.

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