«Ojalá cayera una bomba en este club». La frase la pronunciaba el irreverente Fabio Fognini hace menos de un año. Se atrincheraba en una pista exterior del torneo, donde perdía y su furia hacía eco en las paredes de un club que en 143 años de historia solo se ha inclinado a las bombas y desde este verano también a la pandemia.

Un año después de aquellas funestas palabras del italiano no habrá Wimbledon en Londres. El coronavirus se lo ha llevado por delante como ya hizo antes con la gira de torneos sobre cemento norteamericana, con la temporada de arcilla y con cientos de eventos deportivos. 

Este año los espectadores no tendrán que elegir entre sintonizar la final de Wimbledon o la de la Eurocopa. No tendrán ninguna de las dos. 

No habrá colas nocturnas en Wimbledon Park para conseguir una entrada a poco más de cuatro libras, ni los organizadores tendrán que devanarse los sesos para recoger de madrugada las famosas fresas y tenerlas listas para cuando el torneo abra sus puertas antes del mediodía.

No habrá cientos de personas agolpadas en la colina Murray o colina Henman (depende de en qué época hayan nacido) esperando a ver al sucesor de Fred Perry, ni gente fotografiando en la pista 18 la inscripción que recuerda el mítico encuentro entre John Isner y Nicolás Mahut en 2010. Sí, ese que duró 11 horas y 5 minutos y terminó 70-68 en el quinto set. 

Nadie animará a Roger Federer, Rafael Nadal o Serena Williams ni provocará a Nick Kyrgios o abucheará a Novak Djokovic. Tampoco se borrará el marcador de la final del año pasado, en la que el serbio desenterró los fantasmas de Federer para derrotarle tras tener el suizo dos puntos de campeonato. 

Ningún encuentro borrará ese 13-12 en el quinto parcial hasta 2021. 

Los aficionados no se irán poniendo crema solar mientras recorren los 15 minutos a pie que separan la estación de Southfields de la entrada al torneo, ni se pararán a ver si entre las rejas que separan Church Road y Wimbledon pueden ver a las grandes estrellas entrenándose en la terraza Aorangi.

Federer no destronará a Pete Sampras, Goran Ivanisevic no ganará como invitado, Serena Williams no superará a su hermana, Manolo Santana no será pionero para España, Rafael Nadal no triunfará en la noche de 2008 ni escalará la tribuna principal, Bjorn Borg no doblegará a John McEnroe, Arthur Ashe no será el primer afroamericano en llevarse la copa dorada con la piña en la cúspide, Rod Laver no se sentará en el palco real y Andre Agassi no podrá odiar el tenis, porque no lo habrá.

La hierba se seguirá cortando a 8 milímetros, pero no habrá nadie que la pise. Wimbledon cierra sus puertas, pero volverá en 2021.

El blanco de las vestimentas cambiará este año por el blanco de los fantasmas. No habrá Wimbledon.

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