Ya no quedan delanteros como Carlos Alonso González Santillana (Santillana del Mar, 1952), porque el fútbol es hoy otro. Por eso volvemos a sus goles y a sus vuelos sin motor, a esos remates de cabeza que incendiaban el Bernabéu cada noche europea. Eslabón de un tiempo que se escapó entre remontadas, escalón intermedio entre el fútbol de la furia y los bigotes que quedó atrás con los nuevos aires democráticos representados por la Quinta del Buitre. Todo eso lo vivió Santillana como testigo de excepción durante 17 temporadas en la Casa Blanca. Tiempo suficiente para marcar 290 goles y convertirse en el jugador que más veces vistió esa camiseta (645), solo superado posteriormente por Sanchís, Raúl y Casillas.

Tiempo suficiente también para alzar 9 Ligas, 4 Copas de España y 2 Copas de la UEFA. Y para ese lunar. “Fue la espina que me quedó”. Así habla Santillana de la Copa de Europa, como un lamento que se pierde entre París y una fría noche en Mönchengladbach. En A LA CONTRA repasa toda su trayectoria e insiste en que a Santillana hoy solo le hubiera faltado “un poco más de velocidad” para seguir marcando goles en este futbol moderno que ha arrinconado al delantero centro.

—A falta de playa en Santillana del Mar, ¿dónde entrenaba el niño Carlos aquellos remates de cabeza?

En Santillana del Mar no había ni campos de fútbol. Jugábamos en un prado, aunque tampoco era fácil encontrar prados que fueran llanos. Cuando lo hacíamos poníamos dos piedras como porterías y a jugar. La Roblera, que era un bosque lleno de robles, era otro de los sitios que utilizábamos. Así empezamos. Era lo que había, no había otra cosa. Luego ya con 13 o 14 años tuve la posibilidad de ir a un pueblo cercano, Barreda. Allí sí había campo de fútbol gracias a una fábrica que sostenía al club. Con ese dinero se mantenía un equipo de infantiles, cadetes y juveniles. Aquello era un campo de fútbol de verdad, lo pisé por primera vez con 14 años, siendo infantil. Recuerdo que me pareció una gozada poder jugar en campos con portería.

—¿Y los remates de cabeza?

No recuerdo que de pequeño fuera un gran rematador de cabeza. Eso lo fui desarrollando poco a poco. En juveniles sí que tengo algunas fotos rematando ya de cabeza, pero antes no, de niño en el pueblo no tengo esa imagen, ese recuerdo. Es que además yo no jugaba de delantero centro, yo jugaba de interior, con el 8 a la espalda, por lo que yo no estaba arriba para rematar de cabeza. En esa posición también hacía goles, pero no jugué de delantero centro hasta que llegué al Racing, con Manuel Mora, Moruca, de entrenador. Teníamos dos extremos muy buenos, Isidro y Aguilar —que también fichó por el Madrid— y hacíamos un fútbol muy abierto, jugando por bandas, con los extremos típicos de la época. En ese momento fue cuando en los entrenamientos me dediqué más a los remates de cabeza. Ahí me fui criando como delantero centro. Me ponían balones por un lado y por otro y yo perfeccionaba así los remates.

Racing 1971. Aguilar, primero por la izquierda entre los agachados. Santillana, el tercero.

—¿Quién fue el ídolo de Carlos Santillana?

Nunca jamás tuve un ídolo o un referente. Yo era muy del Madrid, y me fascinaban todos los jugadores del Madrid, pero por el hecho de que jugaran en el Madrid, no tanto por sus características o cualidades. Fíjate que me obsesionaba tanto el Madrid que recuerdo escuchar sus partidos por la radio y aprenderme las alineaciones de los equipos rivales, los que se enfrentaban al Real Madrid. Todavía recuerdo muchas…

—¿Se atreve con alguna?

Sarti, Burgnich, Picchi, Guarneri, Faccheti, Bedin, Capellini,  Jair, Mazzola, Domenghini y Corso. La alineación del Inter que jugó con el Madrid. (Cuartos de final de Copa de Europa 1966/67).

—Prácticamente pasó de escuchar sus partidos por la radio a compartir vestuario con los jugadores del Madrid.

Para que veas lo que es la vida. Con 14 años pisaba por primera vez un campo de fútbol y con 18 debutaba en el Madrid. Fue todo muy rápido. Yo venía de ser máximo goleador con el Racing de Santander en Segunda División. Y, entonces, llegó la oportunidad de venir al Madrid con Corral y Aguilar. De pronto me vi con ellos vistiéndome en el vestuario del Bernabéu. Para mí todo era un sueño. Tan deprisa, tan rápido. En cuatro años había pasado todo. Entrenar con Zoco, con Amancio, con Pirri, con Velázquez, con toda esa generación del Real Madrid ye-yé. Ante ellos yo me sentía muy verde, había jugadores muy técnicos y yo aprendía cada día, en cada entrenamiento. También me transmitieron toda la sapiencia y experiencia que tenían fuera del terreno de juego para entender la dimensión y lo que significaba el Real Madrid.  Era como una cadena de transmisión de los veteranos a los más jóvenes. Más tarde yo lo hice con La Quinta.

—Hoy ese tiempo y esas oportunidades que le concedieron a usted escasean en el fútbol.  

Totalmente. Eso fue un hándicap para mí porque yo tenía que marcar goles desde el primer día con el Real Madrid y además tenía que aprender muchas cosas, remates de volea, posicionarme en el campo, entender los movimientos de mis compañeros que llevaban jugando más tiempo juntos, etc. Y mejorar mi técnica individual. Eso hoy sería impensable, porque cuando los jugadores tienen 18 años ya llegan con muchas cosas aprendidas y con una técnica depurada. Hoy en día también hay mejores entrenadores, instalaciones y recursos.

—Y cuando se había hecho un hueco en el Real Madrid estuvo a punto de tener que abandonar el fútbol, por una malformación en el riñón. ¿Eso le hizo madurar de golpe?

Fue un drama. Tenía 20 años y me dijeron que tenía una anomalía física y que tenía que dejar el fútbol. Salió en todos los periódicos y para mí era muy difícil de asumir, para mi familia, para mis padres, para todos. Lo pasamos realmente muy mal durante unos meses. Gracias a Dios todo se pudo solucionar y fíjate luego los años que pude jugar, hasta con los veteranos del Madrid. Aquello se quedó en un susto pero es indudable que me ayudó a madurar de golpe.

—Volvió a jugar y dejó imágenes para el recuerdo. En una época con menos televisión y sin internet sus remates de cabeza quedaron inmortalizados en fotografías que aún hoy resultan impactantes.

En realidad hacía más goles con los pies que con la cabeza, pero realmente las fotos de los remates de cabeza eran muy vistosas, muy espectaculares. Los fotógrafos se ponían detrás de la portería, estaban en el suelo sentado y en las instantáneas que hacían parecía que saltaba más de lo que era. Lo espectacular de la foto hacía que muchas veces se pusieran en la portada de los periódicos y guardo muchas cosas de aquella época, guardo casi todas las portadas, recuerdo las de AS en color, por ejemplo. He digitalizado todos esos recuerdos para no perderlos, son cientos de fotos, periódicos y revistas, lo que tengo.

Santillana, en pleno vuelo.

—Algunos de nuestros lectores más jóvenes quizá estén descubriendo hoy que antes de Cristiano Ronaldo usted ya marcaba goles de cabeza estratosféricos.

Cristiano tiene unas condiciones físicas que ya me hubiera gustado a mí tener. La altura, la corpulencia, la agilidad y lo mucho que se cuida. Dios le ha dotado de unas condiciones físicas que yo no tenía. A mí me costaba mucho más trabajo contactar con los balones, yo me tenía que buscar las habichuelas por anticipación, intentar mantenerme un momentito en el aire. Cristiano es una bestia, tiene un salto potentísimo. Marca los tiempos en el remate de cabeza de manera fantástica. A mí me enorgullece que me hayan comparado con él, con un jugador de categoría mundial en esa habilidad o suerte que es el remate de cabeza.

—¿Y con los defensores con los que usted se zafaba tampoco se lo tenían que poner fácil?

No tiene nada que ver. La gente joven, yo se lo explico a mis hijos por ejemplo, no se lo pueden ni imaginar. A veces íbamos a jugar a campos donde apenas se podía jugar. Algunos no los regaban, otros estaban llenos de barro y a todo eso había que sumar la dureza de la época, lo que se permitía a los defensas, el contacto físico o el marcaje hombre a hombre era mayor. Muchas veces se hace la comparación sobre qué jugadores de aquella época podrían jugar en la actualidad, pero a mí me gustaría ver a los Messi o Cristiano jugar en esas condiciones, en el campo del Elche o en el antiguo Atocha, que muchas veces estaban impracticables. Estoy convencido de que destacarían igual, porque se terminarían adaptando. Pero es que yo he jugado en Vigo con medio metro de agua casi. ¡No rodaba la pelota!

«En los duelos con Arteche o con Migueli saltaban chispas»

—El fútbol que usted vivió era un fútbol más salvaje, más violento, marcado por los duelos físicos. ¿Era un fútbol más puro o simplemente más duro?

Puede ser igual de puro que ahora. Es cierto que todo se igualaba mucho por esas condiciones, te podía ganar cualquiera y ganar una Liga tenía un valor diferente. Quizá era más emocionante y tal vez por eso se apreciaba más el ganar una Liga. Pero yo no soy excesivamente nostálgico de aquella época, ahora los campos son una gozada, los balones son mejores, se juega mejor al fútbol, resulta más espectacular. Antes era más emocionante por la igualdad, pero era muy difícil jugar bien al fútbol y mejorar técnicamente. Lo que primaba antes más allá de la dureza de los rivales era llegar a la portería contraria cuanto antes, meter centros al área y eso redundaba en un peligro constante en las dos áreas. Ahora se apuesta más por conservar el balón y por no perderlo.

—¿Quién fue su rival más duro, con el que más chispas saltaban?

Tenía muchos duelos. Los centrales de aquella época eran muy altos, muy fuertes y pegaban, pegaban mucho. En los duelos con Arteche o con Migueli saltaban chispas. Teníamos unas buenas peleas porque al final también influía la rivalidad, el hecho de que fueran jugadores del Atleti o del Barcelona.

La Copa de Europa

—Su generación se quedó siempre a las puertas de la Copa de Europa, ¿alguna temporada sintió que ese era su año?

Hubo un año que la final se jugó en el Bernabéu, la temporada 79/80 creo recordar, y ese año sí lo vimos muy cerca. Jugamos las semifinales con el Hamburgo y les ganamos en casa 2-0. Era un resultado que prácticamente nos tenía que dar la clasificación para la final que se iba a jugar en nuestro campo. Eso creo que hubiera sido una ventaja definitiva para nosotros. Pero en la vuelta perdimos 5-1; el partido se nos complicó mucho con la expulsión de Del Bosque y los alemanes nos pasaron por encima. Ese año siento que se nos escapó una posibilidad de ser Campeones de Europa casi tan clara como al año siguiente en la final de París, contra el Liverpool.

—¿Qué ocurrió en aquella final de París? ¿Pecó el Madrid de defensivo?

Fue una mezcla de cosas. Afrontamos el partido con bastantes problemas. Stielike salía de una rotura de fibras y apenas había jugado nada antes del partido. Juanito tenía problemas en la rodilla y no sé ni cómo jugó aquel partido, Cunninghan se había roto el dedo gordo del pie dos o tres meses antes y había reaparecido uno o dos partidos antes de la final… No lo digo por desmerecer al Liverpool, pero así llegamos a esa final. Luego es cierto que la sensación en el terreno de juego es que nos vimos incapaces de poder ganar al Liverpool. Los ingleses ya habían sido campeones de Europa y venían con un equipazo. No fuimos capaces de superar aquella responsabilidad y aquella tensión y jugamos un partido bastante pobre.

—¿Por entonces ya había esa presión por ganar La Séptima?

Todo influyó porque el Madrid llevaba desde el 66 sin ser Campeón de Europa, se había vuelto por fin a una final y la ilusión era máxima. Pero no lo achaco tanto a esa presión, en realidad no teníamos un equipazo, era un buen equipo, pero habíamos llegado a la final a base de pelea, lucha, orgullo, pero no teníamos mejor equipo que el Liverpool. De hecho, planteamos el partido para intentar mantener el 0-0, jugamos un poco a ver qué pasaba y no salimos a hacer nuestro fútbol. Es una espina que siempre llevo clavada, la de no haber sido campeón de Europa. Luego gané dos Copas de la UEFA pero no es lo mismo.

«Boskov fue el primer entrenador moderno que tuve»

—En aquella final el entrenador era Boskov, le he oído siempre hablar maravillas de él. ¿Fue el entrenador que más le influyó?

Todos los entrenadores te enseñan mucho. Pero tampoco me puedo olvidar de Miguel Muñoz, yo acababa de llegar al Real Madrid con 18 añitos, era un bebé, y desde el primer minuto me puso de titular, me animó y tuvo confianza en mí. Me ayudó porque sabía que yo no estaba técnicamente para jugar en el primer equipo. Pese a todo me mantuvo ahí y eso hay que valorarlo. Esa confianza se la agradeceré eternamente. El recuerdo de Boskov también es imborrable pero por otras razones. Era un yugoslavo que se hizo madridista hasta la médula, vivía totalmente entregado al fútbol, nos enseñó muchas fórmulas de entrenamiento, cada entreno era una sorpresa, hacíamos cosas que jamás habíamos hecho. No solo corríamos para sufrir, como un atleta; sus entrenamientos eran más fluidos, introdujo juegos, nuevas pautas de entrenamiento, lo hacía todo más entretenido y los esfuerzos los hacías igual. Nos abrió una nueva puerta en ese sentido, fue el primer entrenador moderno que tuve. De hecho fue muy influyente en futuros entrenadores como Del Bosque, Juanito o Camacho, que aplicaron parte de lo aprendido con él. Yo les he visto tomar apuntes de técnicas de entrenamiento de Boskov en agendas o libretas.

«Entonces nos desatábamos y aparecían los centros de Chendo, de Gordillo, de Míchel, los remates de cabeza… Y empezaban a caer los goles»

—Entramos de lleno en los ochenta, los años de La Movida, de La Quinta del Buitre y de las remontadas en el Bernabéu, ¿cómo eran esas noches en el estadio?

Las remontadas no pasaban por casualidad. Creo que fue clave la mezcla que hicimos entre los veteranos que estábamos en el equipo y la sangre nueva y la calidad que representó La Quinta del Buitre. Fue una bocanada de aire fresco. Teníamos un equipo muy bueno y sobre todo para jugar los partidos de casa nuestro estilo era ideal, con jugadores como Gordillo y Míchel por las bandas, el carácter de Juanito, por dentro jugaban futbolistas como Martín Vázquez, Butragueño; había jugadores como Valdano o yo mismo que íbamos muy bien de cabeza, y más tarde se unió la pegada de Hugo Sánchez. En cambio fuera de casa nos costaba mucho más ganar porque no teníamos jugadores para el contragolpe, no teníamos jugadores para romper en velocidad y sufríamos mucho cuando nos encerrábamos atrás, por eso nos metían de vez en cuando palizas gordas. Por eso lo fiábamos todo al Bernabéu, por nuestro estilo de juego y las características de nuestros jugadores.

Real Madrid 1987. Chendo, Buyo, Míchel, Mino, Gordillo, Camacho. Abajo, Butragueño, Juanito, Santillana, Sanchís y Gallego.

—Eso que Valdano definió como Miedo Escénico.

Eran noches tremendas. Te habían metido 4-1 o 3-0 en su casa y venían al Bernabéu a encerrarse, a defender ese resultado y ese planteamiento a nosotros nos beneficiaba, es lo que estábamos esperando. Entonces nos desatábamos y aparecían los centros de Chendo, de Gordillo, de Míchel, los remates de cabeza, las paredes por dentro de El Buitre, de Martín Vázquez, antes de Gallego. Y empezaban a caer los goles.

—¿Hay alguna remontada más significativa para usted?

Tengo varias. La gente recuerda mucho las conseguidas en los 80, pero la primera que yo recuerdo es antes, a mediados de los 70, en un partido frente al Derby County, también de Copa de Europa (temporada 75/76). Habíamos perdido 4-1 en Inglaterra  y luego ganamos 5-1 en el Bernabéu. Aquella noche marqué dos goles, el quinto ya en la prorroga, fue muy emocionante. El estadio estaba rebosante, fue increíble, había 120.000 personas aquella noche en el Bernabéu. Entonces la gente estaba de pie en el estadio, había un ambiente especial también por el tema de Gibraltar, se hablaba mucho en la prensa de que España tenía que recuperarlo y el partido se entendió también como una disputa política. Quizá la otra gran remontada de la que guardo un gran recuerdo es la del Borussia de Moenchegladbach, cuando levantamos el 4-1 de la ida. Ganamos 4-0. Junto con el partido del Derby County son las dos noches que yo he visto más encendido al Bernabéu.

—Hablemos de La Quinta del Buitre, usted era ya todo un veterano cuando alcanzan el primer equipo, ¿qué supuso aquella camada para el Real Madrid?

Fue una ráfaga de aire fresco que entró de repente en el vestuario del Santiago Bernabéu. Era un nuevo concepto de fútbol, ya se jugaba mejor técnicamente, se raseaba más el balón y ellos destacaban sobre todo por su gran técnica y una calidad individual fantástica. Para nosotros fue una delicia, nosotros los aceptamos muy bien y decíamos “vamos a renovarnos”. Desde el principio nos dimos cuenta de que nos iban a hacer mejores. Siempre pensé que La Quinta del Buitre me iba a hacer campeón de Europa. Es una cosa que siempre les he reprochado (risas). A veces en el fútbol se producen este tipo de injusticias, que esa generación no tenga la Copa de Europa lo es.

—¿Se confiaron?

No creo que fuera relajación nuestra. Es cierto que hablábamos en el vestuario y nos decíamos que con estos nos teníamos que salir. Y de hecho nos salimos, pero es cierto que una vez por ese gran Milan de Sacchi que nos encontramos, otro año por falta de suerte, el año del PSV, ahí también lo vimos muy cerca. Ese año teníamos que haber ganado la Copa de Europa. Quizá esa debería haber sido la Copa de Europa de La Quinta. Me quedé sin esa revancha yo que ya había perdido una final.

—En esos últimos años destacó usted en el papel de revulsivo y resultó fundamental en ese rol.

Cuando el Real Madrid ficha a Hugo Sánchez yo soy consciente de que el titular es él, pero luego tuve suerte de poder estar ahí en los momentos clave. Había partidos de Copa de la UEFA que Hugo se perdía por sanción o porque estaba con molestias o lesionado. Tú siempre tienes que trabajar para tener tu oportunidad y eso es lo que yo hacía. A veces llegamos a jugar juntos también en alguna de aquellas remontadas. Lo difícil para mí era estar preparado, entrenarme todos los días estar a tope cuando el equipo me necesitara y cuando eso ocurría marcar los goles que hacían posibles aquellas remontadas. Lo difícil de asimilar era volver al banquillo el fin de semana después de haber sido el héroe del partido, haber metido dos goles y haber superado la eliminatoria.  Eso psicológicamente era muy duro. En cuatro días pasabas de ser héroe al banquillo. Pero había que dejar a un lado el ego personal y saber cuál era el rol en el equipo, y que era lo mejor para el club. Y el que te quitaba el puesto era Hugo, que era una máquina de marcar goles también.

La Selección Española

—Con la Selección española no hay tantos buenos recuerdos, aunque el 12-1 a Malta, en el que usted marcó cuatro goles, fue para una generación de españoles lo más parecido a lograr un título.

En apenas seis meses toqué el cielo y bajé a los infiernos con la Selección. Los que van del 12-1 a Malta a la derrota en la final de la Eurocopa frente a Francia. Lo de Malta fue algo increíble, una proeza. Y no tanto porque el rival fuera malo o de peor calidad, sino porque había que marcar 11 goles ese día, había que ganar por 11 goles ese día y no otro. Esa diferencia de goles se la puedes a meter a algún equipo, si es inferior a ti, si tienes un día bueno, si te sale todo, pero saber desde antes del partido que solo te vale ese resultado, que hay que marcar ese número determinado de goles, eso es lo que convierte a aquel partido en único. Recuerdo las horas previas en el hotel, cuando hablábamos sobre el partido y decíamos que nuestra pelea era el reloj, no era Malta. Calculábamos y pensábamos cuántas ocasiones de gol teníamos que tener para marcar 11 o 12 goles. Alrededor de 30 decíamos. Nuestro rival no era Malta, era el reloj. Cuando terminó el partido a mí se me pusieron los pelos de punta. Nos decíamos lo hemos conseguido, ¡Hemos ganado al reloj! Y todavía nos sobraron 4 o 5 minutos al final. Esa era nuestra gesta, no solo ganar a Malta, sino ganar por ese número de goles.

—¿Cuántas veces ha vuelto a ver ese partido?

Nunca lo había visto entero hasta el otro día que con este encierro que tenemos lo echaron por Teledeporte. Había visto los goles y algún resumen pero nunca jamás lo había visto entero. El rival como decíamos no era nadie, no era un Liverpool, un Manchester United o un Barcelona, pero me volví a emocionar al recordar sobre todo lo que nos decíamos en el vestuario, en el descanso que parecía prácticamente imposible conseguirlo, aunque había compañeros que animaban y que decían que lo conseguiríamos. Nada más acabar nos dimos cuenta de la repercusión que tendría esa victoria.

«Las dos finales de Copa de Europa que he perdido, tanto con el Madrid como con España, han sido en el Parque de los Príncipes. No sé si habrá pasado otra vez»

—Pero seis meses después el cuento no terminó con final feliz. Otra vez con el Parque de los Príncipes como escenario…

Es que he perdido las dos Copas de Europa, las dos finales que he jugado, una con el Madrid y otra con España, en el Parque de los Príncipes, en el mismo campo. Es algo increíble, no sé si habrá pasado otra vez. No me podía creer que dos veces seguidas pudiéramos fallar en el partido decisivo. Creo que el partido contra Francia lo jugamos bastante bien, sentíamos que la situación estaba bajo control a pesar de saber que Francia era la anfitriona, jugaba en su campo y tenía un equipazo, con Giresse, Tigana y por supuesto Platini. Yo estoy convencido de que si no hubiera sido Francia la que hubiera llegado a la final nosotros hubiéramos sido campeones de Europa.

https://www.youtube.com/watch?v=DW2OdBgBQv0

—¿Aquella falta de Platini que no pudo atajar Arconada dejó sin reacción al equipo?

Con Arconada se fue muy injusto. El mal fario que tuvo en aquella jugada no hace justicia a su gran torneo. Para mí fue el mejor portero de todo el campeonato y si nosotros llegamos a la final fue gracias a él. Nunca había tenido un error así y tuvo la mala suerte de tener ese fallo en la final. Pero su campeonato fue increíble.  Tras ese gol nos volcamos en busca del empate y ya en los últimos minutos nos hicieron el 2-0 en un contragolpe. Fue una pena, pero fuimos derrotados por una gran Francia.

El 9 del Real Madrid

—¿Qué pasa con el delantero centro? ¿Es una especie en extinción?

—Es un puesto que se va perdiendo. Y eso se explica porque se intenta llegar tocando hasta el área rival, sin perder el balón, teniendo mucha posesión  y ahí se acortan los espacios, y terminan arrinconando al delantero centro contra los defensas. Eso complica tu labor salvo que tengas unas condiciones excepcionales como rematador de cabeza o seas un killer tipo Luis Suárez, sino es complicado que puedas subsistir. Por eso salen jugadores como Benzema que aportan más cosas, que cae a las bandas, que técnicamente es buenísimo. El delantero centro que vive solo en el área, en los últimos 20 metros y que espera los centros desde la banda prácticamente ya no existe.

—A Luis Suárez no le hubiera costado mucho adaptarse al fútbol de los 70, ¿no cree?

Muchos pueden decir que técnicamente no es tan exquisito como otros delanteros que ha tenido el Barcelona, pero a mí dame un jugador que hace 30 o 40 goles al año. Ves a algunos equipos como el Barcelona, toque para un lado, toque para otro y a veces te desesperan. Es otra filosofía claro está, ahora prima más tener el balón y que el contrario no te haga daño. Claro que con Messi todo es más fácil. Hay muchos equipos que tocan, tocan y tocan y luego no tienen a un Messi que desequilibre. Si el Barcelona ha hecho lo que ha hecho ha sido gracias a Messi. Tenía otros jugadores como Xavi, Iniesta, los ha tenido toda la vida, antes estaba Guardiola, que eran de toque, que eran muy buenos, pero en la última parte del campo el que rompía y desequilibraba las defensas era Messi. Sin él los partidos serían lentos y aburridos.

—Salvando las distancias es lo que le ha ocurrido al Madrid con la marcha de Cristiano, que se ha quedado huérfano de gol.

Un delantero así se echa en falta siempre que no está. El delantero que mete goles, que está siempre arriba, que remata de cabeza, que le pega bien con los dos pies, que está atento a cualquier fallo defensivo… ese jugador siempre va a existir, tiene que existir en los equipos. Si quieres ganar los partidos necesitas este tipo de jugador que arriesga, ya sea en un pase, en un centro, en un disparo. Por eso hay que valorar a jugadores como Cristiano, que lo intentaba una y otra vez, que lo intentaba hasta cuando no le salía. Es lo que hablábamos antes de Luis Suárez. Cristiano era un goleador voraz.

«No es lo mismo jugar para el Dortmund que para el Real Madrid. A Mbappé sí le veo más hecho. Rompe a cualquiera por velocidad»

—¿Qué le parece Halaand? ¿Reúne las cualidades de ese 9 moderno?

A Halaand lo he visto poco. Es un tipo muy grande, muy joven. Cuando veo jugadores así pienso que luego hay que verlos en el Madrid. Porque no todos aguantan igual el peso de la camiseta, jugar en el Real Madrid  no tiene nada que ver con jugar en cualquier otro equipo del mundo. Eso te lo digo yo. Aquí hay mucha presión por parte de la prensa, de los aficionados, hay que tener la cabeza muy bien amueblada. Halaand tiene un gran físico y seguro que mete goles, pero hay que ir con cautela, jugar en el Madrid no es lo mismo que jugar en el Borussia Dortmund.

—¿Se traía antes a Mbappé, entonces?

Sí, este está más hecho. Pero lo que marca la diferencia en el caso de Mbappé es que tiene una velocidad increíble y eso hoy en día es muy importante. Además tiene gol pero yo lo que más destaco es cómo rompe en velocidad a la defensa. Eso te da muchas más posibilidades, aunque pueda parecer un poco anárquico a veces, y todavía tenga registros en los que pueda mejorar. En esa evolución del 9 que hablábamos este sería el ejemplo ideal, porque va a meter muchos goles y también va a dar muchas opciones de gol a sus compañeros.

—Por último, ¿en qué futbolista se ve reflejado Carlos Santillana hoy?

Pues de los que han pasado por el Real Madrid había cosas de Zamorano o de Morientes en las que me veía reflejado. Ahora mismo te diría Aduriz, que para mí es el mejor especialista rematando de cabeza, por la técnica tan depurada y por cómo marca los tiempos en el salto. Ha sido un jugador que ha dado mucho al Athletic de Bilbao, pero con las condiciones que tiene seguro que podía haber aspirado a ganar más títulos en otro equipo.

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