No hay nada más subjetivo que la manera que tenemos cada uno de interpretar el arte, en cualquiera de sus manifestaciones.

Bajo esta coartada universal se han cometido todo tipo de tropelías y atentados contra el buen gusto a lo largo de la historia. El que dijo; «Para gustos los colores», nos podría haber ahorrado muchas penurias y sufrimiento de haber permanecido callado.

El «artista» que tuvo a bien presentar un cubo con una fregona en Arco, el primero que arrojó un cubo de pintura a un lienzo en blanco, los escultores que exponen sus obras en las rotondas…¿qué tendrían en la cabeza cuando idearon semejantes fechorías? ¿Cómo encontraron la forma de llevarlas a cabo? ¿Qué mecenas lunático les brindó la posibilidad de perpetrar sus obras?

En la música, los estafadores del talento son mucho más implacables, porque nos los encontramos a traición en cualquier parte. Cuanto más alto sea el piso al que vayas, más posibilidades hay de que suene «Despacito» en el hilo musical. Nos llegan periódicamente modas musicales, a cual más dañina y que tienen por objeto abducir las mentes de los menos formados y más influenciables —niños, jóvenes, futbolistas, etc—. Y deja unas secuelas muy complicadas de sanar. 

Uno que ya tiene una edad, ha pasado por el acid house, el bakalao, la música electrónica (que yo recomiendo escuchar en la bañera, a ver si hay suerte) y demás tsunamis de mal gusto e inexistente talento. Pero lo de ahora es lo peor con mucha diferencia. El p*** reggaetón… ¿Quiénes le pusieron el nombre? ¿Ziggy Marley y Don Mickey en una noche de farra?

Las letras de las.. iba a decir canciones, parecen hechas por el Fary en su primera época, su etapa azul. Es imposible que los autores de tales ripios hayan cogido un libro en su vida —ni para calzar el mueble de la Playstation—. Qué estructura; qué construcciones verbales; qué sujetos, sobre todo qué sujetos.

La moda entre las estrellas del género es llevar la ropa donde no es y hacerse tatuajes en los tatuajes. No leen en castellano, pero llevan en el brazo en perfectos caracteres chinos: «La raposa está en la repisa», y en el otro brazo: «A siete pasos del chopo hueco». No es casualidad que el bagaje cultural entre los adalides de este movimiento sea como las perlas. ¿De brillante? No, de escaso.

Los libros

Y lo peor de todo es la desfachatez a la hora de exhibir su ignorancia. Como si tener dinero te otorgara un salvoconducto para ir por la vida como un ser superior. En esta práctica, tenemos algunos ejemplos también entre jugadores de fútbol de élite. Entre risas, el otro día, uno de ellos se jactaba en la tele de no haber pisado la biblioteca de su barrio nunca. Hace algo más, otro contestaba en una entrevista que no estaba leyendo ningún libro porque no tenía tiempo…

-—¡¡Aguanta la «pedrá» !!

Fue uno distinto al que quería ir a Austria a ver los canguros, por cierto.

Siguiendo con los artistas del timo, llegamos a los que se atreven con los libros. Nada tendría que darles más respeto a los famosetes de tres al cuarto, sin oficio ni beneficio, que enfrentarse al papel en blanco. Solución, ayudarse del «negro». ¿Como va a haber alguien que crea, que un tertuliano de reality de Telecinco ha podido juntar frases, una detrás de otra; sujeto, verbo y predicado, hasta llegar a la página 200 ? ¿Qué clase de editor realiza ofertas a ese tipo de famosos, que lo son por el ejercicio de casi todos los músculos menos el cerebro, para publicar un libro?

Si lo hacen, es porque hay un retorno, de eso no hay duda. Y ahí es dónde nos damos cuenta de que estamos en un círculo vicioso, la sociedad nos quiere educar para entrar en la rueda del negocio fácil. Gran parte de la población rechaza tratar de disfrutar una obra maestra pictórica, musical, cinematográfica o literaria, por no realizar los esfuerzos que demandan. Es más fácil comprar palomitas y pasar dos horas viendo explosiones, superpoderes, violencia y sexo gratuitos, que meterse en un film con mensaje y talento detrás, que nos haga pensar. Pero si lo logramos, la satisfacción es inmensamente mayor. O eso creo yo, claro. 

En el fondo, lo digamos o no, todos pensamos: «El gusto es mío».

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here