A Alexis Martín-Tamayo (Badajoz, 1973), más conocido como Míster Chip, siempre le interesaron los números. Tanto que comenzó a jugar con ellos y con las estadísticas para no aburrirse mientras veía los partidos de fútbol. Estudió Ingeniería de Telecomunicaciones y trabajó como ingeniero, pero siguió construyendo su base de datos hasta que Paco González le dio a finales de los 90 su primera oportunidad en Carrusel Deportivo. Al tener que compaginarlo con su trabajo, tuvo que dejarlo un año después. En 2007 le volvió a picar el gusanillo. Le mandó una carta a Javier Ares para participar en Radioestadio y tres días después de entrevistarse con él ya formaba parte del programa. Hasta ahora.

—Empezó a recopilar datos en el Mundial de 1982 con 9 años. ¿Recuerda por qué comenzó a hacerlo?

—Empecé porque tenía al lado a un amigo de mis padres al que le gustaba el fútbol. Nunca había visto un partido en mi vida. Más allá de explicarme en qué consistía el juego, no me explicó mucho más. No entendía muy bien los primeros partidos que veía; me aburría un poco. Por seguir viéndolo y estar pendiente de lo que pasaba en el campo, empecé a tomar notas.

—¿Qué datos le llamaban más la atención y qué hacía con ellos?

—Me llamaban la atención cosas curiosas que pasaban en los partidos, cosas en las que se puede fijar un niño: si alguien le daba de una forma especial al balón, si le daban de tacón, si alguien metía de cabeza… Anotaba cosas en la que se fija una persona que nunca ha visto un partido de fútbol y que no entiende lo que está pasando. Intentaba apuntar todo para luego, revisando las notas, aprender algo más. Era para no aburrirme, básicamente.

—¿Qué pensaban en su casa de esa afición tan extraña?

—No me acuerdo. A mis padres nunca les gustó el fútbol. Por eso yo tardé tanto en ver mi primer partido. En mi casa no se veía fútbol en la tele; se veían películas u otra cosa. Mis padres no eran conscientes de que a mí me estaba entrando el gusanillo por el fútbol. Supongo que les chocaría que un niño, que nunca había visto un partido de fútbol, empezara a ver uno detrás de otro. Más allá de eso, nunca me dijeron nada.

—¿Qué sueño tenía en aquella época? ¿Quería ser futbolista como el resto o ya se imaginaba ingeniero?

—Quería dedicarme al fútbol. Cuando empecé a aficionarme al deporte y empecé a ver partidos, como todos los niños, quería imitar lo que hacen los jugadores en el campo. No sé si hasta el punto de querer dedicarme a eso profesionalmente, porque cuando tienes nueve o diez años no tienes las ideas muy claras. Me atraía jugar al fútbol con mis amigos y en los recreos.

—¿Le tenían en el colegio por un niño raro?

—No. Nadie en mi clase sabía que me dedicaba a eso. Era una cosa que hacía cuando veía los partidos en mi casa. No es como ahora que los chavales se reúnen a ver los partidos en casa de alguno. Yo veía los partidos solo en mi casa y no comentaba eso con nadie. Simplemente hablábamos de los partidos, no les comentaba lo de las anotaciones. Tampoco me parecía que fuera algo relevante.

La universidad

—¿Cuándo supieron sus amigos lo que usted hacía?

—Cuando me di cuenta de que el tema de los datos podía ser interesante fue en mi etapa universitaria. Empecé a tomar datos por aburrimiento, pero acabé haciendo de aquello un hobby. Al final, el fútbol me acabó gustando. Aunque empecé a tomar los datos porque no me gustaba, seguí tomándolos. Me gustaba tanto ver los partidos como tomar mis anotaciones. A medida que iba aprendiendo más de fútbol, esas anotaciones iban siendo más precisas. Iba apuntando cosas que iban siendo más interesantes. Cuando entiendes lo que está ocurriendo en el campo, es más sencillo apuntar cosas relevantes o destacadas. Se convirtió en un hobby apuntar cosas mientras veía el fútbol. Lo llevé hasta el extremo de convertirlo, no en un trabajo, pero sí en un entretenimiento adicional.

Cuando llegué en la universidad, veía en el colegio mayor los partidos con mis amigos. Ellos me veían con el ordenador anotando cosas y me iban preguntando. Sabían a lo que me dedicaba durante los partidos y me preguntaban cosas que iban surgiendo en el juego y que en la televisión no daban, porque en los 90 la cultura de los datos no estaba tan extendida. Los comentaristas que estaban en televisión no tenían ese tipo de información y se limitaban a contar lo que ocurría en el campo. Mis amigos me hacían preguntas y surgió ese tipo de entretenimiento.

«En mi etapa universitaria, veía los partidos con amigos. Ellos me preguntaban datos y yo más o menos hacía de comentarista»

—Hacía usted de comentarista para ellos…

—Más o menos. Yo me di cuenta en ese momento de que a la gente, aparte de gustarle las retransmisiones de los partidos, también le gustaba que le contasen anécdotas y curiosidades. Más que nada porque cuando uno, en los años 80, no podía ver los partidos tenía mucho sentido estar escuchando la radio y que simplemente te contaran los partidos. Al no estar viéndolo, el espectador necesitaba que le dijeran exactamente qué pasaba en cada momento. También tenía mucho sentido leer las crónicas de los periódicos, porque describían cómo había sido el partido y daban una idea aproximada de lo que había pasado. En el momento en que el fútbol se empieza a hacer global, y se empiezan a retransmitir todos los partidos por televisión, a la gente no le interesa tanto que se le cuente lo que está pasando porque lo está viendo. Entonces demandan otro tipo de información que ya no tienen tan al alcance. Eso es lo que me pasaba a mí cuando veía los partidos con mis amigos. Lo que estaba pasando en el campo no hacía falta que lo explicara nadie porque ya lo estábamos viendo nosotros. Sin embargo, había una serie de detalles que sucedían de los que nadie daba el precedente. Como mis amigos sabían que yo los tenía, me preguntaban.

—¿Qué notas sacaba en matemáticas?

—Solía sacar muy buenas notas siempre. En todas las asignaturas solía sacar sobresaliente y matrículas de honor. Me gustaba mucho estudiar y tenía mucha vocación tanto de los números como de las letras. Como los números se me daban mejor que las letras, con las letras me volcaba más porque lo que me gustaba era sacar buenas notas. Si había una cosa en la que estaba más flojo, a eso le dedicaba el doble de horas.

—¿Cuándo empezó a volcar la información que recopilaba en un ordenador? ¿Recuerda aquel primer ordenador?

—Supongo que sería durante la carrera. No recuerdo qué ordenador exactamente fue. En la carrera que hice, aprendí a diseñar bases de datos. Con esa formación informática, empecé a digitalizar todo lo que tenía en papeles, notas, periódicos, anuarios… Lo metí en el ordenador porque llegó un momento en el que tenía tantas cosas apuntadas que resultaba casi impracticable. Aunque tuviera toda esa información, no había una forma muy rápida para conseguir extraerla. Estaba claro que había que conseguir meter todo eso en un ordenador para que él hiciera el trabajo sucio por mí.

—¿Desde la carrera tiene una base de datos fiable?

—La he ido haciendo cada vez más fiable. Empecé haciendo anotaciones muy básicas y luego las fui haciendo cada vez más complejas. Comencé anotando sólo resultados y fui metiendo goleadores, alineaciones… Para repasar los partidos, accedía a hemerotecas y más tarde pude acceder a archivos de vídeo. Fue todo un proceso muy gradual, pero muy lógico. A medida que iba teniendo más información, iba teniendo una base de datos cada vez más fiable.

—Cuando comenta que ha podido acceder a archivos de vídeo, ¿hay alguna televisión que le haya ayudado?

—No. Yo grababa muchas cosas, pero no tenía tiempo de consultarlas. A medida que me ido dedicando a esto desde un punto de vista profesional, he podido establecer relación con otra gente que se dedica a lo mismo. Tengo buena amistad con Maldini. Él tiene un archivo de partidos enorme. Él me deja acceder a esos partidos por si necesito consultar alguna cosa concreta. También he comprado colecciones de vídeos que estaban a la venta y partidos antiguos. En cualquier tienda de vídeos, puedes encontrar partidos de hace muchos años. Al final te acabas buscando la vida. Cuando quieres encontrar un partido concreto, empiezas a mirar por muchos sitios hasta que das con ello.

Maldini

—¿En qué se parecen usted y Maldini?

—En la pasión que tenemos por el fútbol. A los dos nos encanta. Es nuestra profesión y vivimos de ello; vivimos de una cosa que nos apasiona. Los dos disfrutamos muchísimo cuando vemos los partidos. Los trabajos son diferentes, porque yo me dedico a una parte del fútbol y él, a la otra. Ambas son complementarias. Yo también comento partidos, sobre todo en la radio, y cuando comento mis partidos me valgo de mis propios datos; él lo mismo. Cuando está comentando partidos en la radio o en la televisión, no solamente se limita a contar lo que está pasando en el campo. Él, que ha visto tanto fútbol y sabe tanto de la historia del fútbol, adereza o adorna sus comentarios con detalles, curiosidades o estadísticas que se le vienen a la cabeza en ese momento. Hoy en día, un comentarista no se puede limitar exclusivamente a contar lo que está sucediendo en el campo, tiene que añadir más información, porque si no, no destaca. En ese sentido, Maldini es un adelantado a todos los comentaristas de fútbol que hay. Por lo menos en nuestro país. Lleva tantos años haciéndolo que sabe muy bien lo que quiere la gente y se lo da.

—Él le permite acceder a ciertos partidos de su archivo. ¿Le devuelve usted el favor proporcionándole datos?

—Sí. Cuando necesita algo, me lo pide y yo se lo doy sin problema. Al final, no tenemos ningún acuerdo, ni contrato, ni nada firmado. Simplemente somos amigos. Él sabe lo que yo tengo y yo sé lo que él tiene. Es una ayuda recíproca.

—Hace 25 años, el único que tenía una base de datos era Juan María Alfaro (Almendralejo, 1935), otro extremeño, colaborador de José María García durante mucho tiempo. ¿Se conocen? ¿Le sirvió de inspiración?

—Sí, sí, le conocí una vez. Yo era oyente de García y le escuchaba. Me acuerdo de escuchar la central de datos de Juan María Alfaro. Una vez tuve la ocasión de conocerlo y estuve en su casa. Me enseñó los libros que tenía, las bases de datos… Me pareció una persona muy amable y cercana. Fue un adelantado a su tiempo y el pionero de todo esto. Por lo menos en España. Cuando le escuchaba hablar en el programa de García, no es que dijera que quería hacer lo mismo que hace este hombre, pero al final sí que me sirvió de referencia; sí que influyó en mí y en todos los que nos dedicamos a esto. García, como en tantas cosas, era un visionario y vio muy pronto que el periodismo de datos era muy atractivo. A Alfaro, García le proporcionaba todos los medios, tanto económicos como facilidad para viajar para que pudiera tener una buena biblioteca de la que extraer toda esa información. En realidad, aunque la voz la ponía Alfaro, el tándem que formó junto a García funcionaba muy bien, porque al final Alfaro, como cualquier subordinado, necesitaba del apoyo de su jefe. García vio que aquello gustaba, le apoyó y le dio mucha bola en los programas.

«La base de datos está muy adaptada a mí. Es probable que alguien que entrara no supiera por dónde meterle mano»

—Supongo que su base de datos tiene un valor incalculable para usted, pero póngale precio: imagine que Google se la quisiera comprar.

—No sé el precio que tiene. Para mí es incalculable, porque es el precio de una vida entera dedicado a esto. Si Google me la quisiera comprar, no sé qué le podría pedir. También es cierto que la base de datos está muy adaptada a mí. Si yo le entrego mi ordenador con toda la información, es probable que no supieran ni por dónde meterle mano. Habría que hacer un proceso previo de adaptar la información a que alguien la pudiera entender. Ahora mismo, tal y como la tengo, la puedo entender yo. No sé qué valor podría tener, pero supongo que mucho. Hay muchísimos datos, no sólo de fútbol, sino de cualquier deporte. Ahora mismo, estoy preparando todo lo que tiene que ver con los Juegos Olímpicos, que finalmente se han retrasado. He estado anotando muchas cosas. Tengo muchas bases de datos, no sólo de fútbol. Cuando tienes ahí toda la historia del deporte: ciclismo, automovilismo, motociclismo, tenis, baloncesto… Tengo tantas cosas que no sé ni el valor que tiene.

—¿Cómo recopila tanta información y cómo la procesa después?

—Dedicándole muchas horas al tema. El proceso lo tengo muy estudiado desde hace muchos años. Por tanto, es muy mecánico. Cada competición dentro de cada deporte tiene su manera de introducir los datos. Yo ya tengo todo muy pautado. Es echarle horas para añadir la información. Las bases de datos tienen la estructura necesaria y el número de consultas definidas para que la información salga de forma inmediata. Ese trabajo de post proceso lo hace el ordenador porque ya lo he preparado eso. A lo único que me tengo que dedicar es a picar la información de los partidos que se van jugando, pero también con la vista atrás. Para permanentemente estar actualizando la información del pasado que puede ser mejorada.

—¿De cuántos ordenadores dispone usted para su trabajo?

—Tengo muchos en casa. No es cuestión de capacidad, porque actualmente en un ordenador cabe prácticamente todo. Es una cuestión de comodidad el disponer de tantos ordenadores. En todos tengo todo, pero trabajo con varios a la vez para que la introducción de la información y el chequeo de los datos sea más sencillo.

—¿Cuánta gente trabaja para usted?

-Tengo gente que me ayuda, sobre todo en el proceso de introducción de los datos. Cuando quiero introducir una nueva competición en mi archivo, supone tener que meter los datos desde los orígenes. Tendría que meter desde el primer campeonato al último. Yo me encargo de diseñar la estructura para un deporte, pero picar toda esa información me impediría seguir con mi día a día. Para ese proceso, sí que hay gente que me echa una mano. Cuando está la información en bruto metida, yo me encargo de depurarla y de ponerla en su sitio.

El periodismo

—¿Se planteó estudiar en algún momento Periodismo o tuvo claro desde el primer momento que lo suyo eran los números?

—En alguna ocasión. Me gustaba tanto el tema del deporte que en alguna ocasión sí que me puede plantear estudiar Periodismo, pero no como una vocación. Tenía un expediente académico muy bueno y no quería desaprovecharlo en una carrera que no se necesitaban tan buenas notas para estudiarla. Al final, me decanté por una carrera de ciencias.

—Y descartó las letras…

—Tenía claro que no iba a hacer una carrera de letras. A mí lo que me gustaba era la ciencia. Dedicaba más tiempo a las letras en mis estudios, porque tenía una capacidad inferior a la de los números. Si un jugador es zurdo, tiene que potenciar más la derecha para ser ambidiestro. Hay jugadores que se conforman con ser zurdos y otros que se conforman con ser diestros. Yo quería manejar las dos piernas y por eso me dedicaba más a las letras. Cuando tenía que tirar un penalti, siempre lo tiraba con la misma pierna, la buena. En el momento de elegir la carrera, quería elegir una que tuviera que ver con lo que a mí me gustaba realmente, que eran las ciencias y los números. Ahí había un abanico muy grande: matemáticas, física, las ingenierías… Me fui decantando por la nota, por el hecho de que la nota me permitiera acceder a una carrera de mayor o menor rango.

—¿Quién descubrió que además de ingeniero de telecomunicaciones era un gran comunicador? ¿Quién le puso un micrófono delante?

—La primera vez que me pusieron un micrófono delante fue en la Ser. Me lo puso Paco González. Fui a visitarle un día a la radio, en Gran Vía. Cuando me vine a trabajar a Madrid, estaba trabajando en Telefónica, pero también tuve un año de trabajo en el Santander Central Hispano. Estábamos también por esa zona y me pillaba bastante cerca. Un día me decidí a hablar con Paco. Ni siquiera recuerdo bien por qué lo hice. Creo que ni llamé por teléfono, que me planté allí directamente. Fue a finales de los 90. Llegué y dije que quería hablar con él. Paco siempre ha sido muy amable conmigo y me ha tratado de maravilla. Me atendió, me preguntó qué quería y le expliqué a lo que me dedicaba. Me dio una oportunidad para trabajar en la radio y estuve trabajando con ellos un año. No trabajaba los fines de semana, sólo entre semana en los partidos de Champions. Era una época en la que la información no estaba tan al pie de la tecla como ahora. Si uno estaba viendo los partidos de los equipos españoles en la Liga de Campeones, esos equipos estaban inmersos en grupos con clubes de otros países. Esto que nos parece hoy tan habitual, tener al momento los goles que se están marcando en cualquier campo del mundo, en aquella época no era tan sencillo. Ni siquiera la UEFA tenía una página web donde se actualizaran los resultados; ni existían las aplicaciones que hay ahora para saber al momento lo que estaba sucediendo. Yo tenía una red de contactos por toda Europa que me permitían, a través de correos electrónicos, saber con un retraso, como mucho de un minuto, los goles que se estaban marcando en cualquier partido de la Champions.

—En ese sentido, se parece usted a Maldini. Él también desarrolló una red de colaboradores para intercambiar los partidos…

—Él para conseguir vídeos de partidos y yo para conseguir datos y resultados. Con eso fue con lo que le fui a Paco. A él le pareció una idea fantástica. Cuando Alfaro entraba al final de los partidos de los equipos españoles, daba un resumen con resultados finales de lo que había pasado en el resto de partidos de Europa. Supongo que los cogería de algún teletipo de la Agencia Efe. Informar de lo que estaba pasando en Dinamarca, Hungría, Rumanía… no se podía hacer. Había que esperar que finalizasen los partidos para que la información llegara, salvo que hubiese algún enviado especial en esos campos, porque el resultado era trascendente para los equipos españoles. Cuando le conté a Paco que podía conseguir esos resultados en tiempo real, me dijo que me incorporara al programa e hicimos algo muy interesante, porque era algo que no tenía nadie. Estuve un año porque yo tenía un trabajo muy exigente. Yo salía del trabajo y a las ocho de la tarde tenía que estar en la radio. De la radio salía a las doce y a las ocho tenía que estar en mi puesto de trabajo en el banco. Aguanté así un año, pero no pude aguantar mucho más y lo tuve que dejar. Fue Paco el primero que me dio la oportunidad.

Radioestadio

—¿Cuándo volvió a tener otra oportunidad delante del micrófono?

—En 2007. Yo había cambiado de emisora. Siempre fui oyente de Carrusel Deportivo, pero un día haciendo zapping, en 2005 o 2006, me topé con el programa de Javier Ares, con Radioestadio. Me gustó mucho; me recordaba a mis inicios con el fútbol. En el programa de Ares y Taboada no estaban retransmitiendo los partidos desde el minuto uno al noventa y contando todo lo que pasaba en el partido. Al final, es verdad que, salvo que esté jugando tu equipo, o salvo que el partido sea de primer nivel … no sé si tiene mucho sentido contar durante 90 minutos ese partido, sobre todo ahora que no se juegan los partidos a la vez. En los 80 o los 90, se jugaban cinco o seis partidos a la vez y sí era interesante saber qué pasaba en todos los campos. Pasando de un campo a otro y contándote que había goles, expulsiones… se iba el programa entero. Sin embargo, ahora que no se juegan simultáneamente los partidos y los programas duran diez horas; estar diez horas retransmitiendo el fútbol del minuto uno al noventa, se haría insufrible, porque hay partidos que son unos tostones…

Así que me encontré con un programa en el que el fútbol era el hilo conductor, pero venía acompañando de mucho entretenimiento. Lo mismo se ponían a contar chistes, que hablaban de películas, de series de televisión… Todo eso manteniendo la conexión con los campos. Si pasaba cualquier cosa en los campos, rápidamente conectaban. No era estar el 100% del tiempo en el fútbol, sino un 60 o 70%. El resto del tiempo entretenían con otras cosas. Esa fórmula me encantó y me pasé de Carrusel Deportivo a Radioestadio. De hecho, fue en esa época cuando el resto de radios empezaron a hacer lo mismo. Hoy en día, todos los programas de retransmisión de partidos en cadena son así. Son programas de entretenimiento que usan como base el fútbol. Eso se lo inventó Javier Ares, que me contó más tarde por qué lo hizo. Él, cuando llegó a Onda Cero, se vio con la imposibilidad de competir contra un gigante como era la Ser. No tenía las armas para competir contra ellos. Entonces se inventó un programa diferente. Esa fue su forma de atraer oyentes. Fue una fórmula ganadora y Javier consiguió una audiencia muy grande; una audiencia como nunca había tenido Onda Cero. El resto de radios fueron adaptándose poco a poco a esa nueva forma de retransmitir los partidos.

—Entonces fue Ares quien le dio la segunda oportunidad...

—Sí. Estuve dos o tres años escuchando Radioestadio y me volvió a picar el gusanillo. A pesar de que seguía trabajando en mis cosas de ingeniero, yo quería volver a los medios de comunicación. Un día le escribí una carta en la que le conté que había pasado de escuchar Carrusel Deportivo a Radioestadio y que quería trabajar en ese programa. Él me entrevistó en la radio y le conté lo que yo hacía. El hecho de que fuera un programa de entretenimiento más que de retransmisión de fútbol me facilitaba mucho la vida. Con las anécdotas e historias de fútbol que yo puedo contar, encajaba muy bien en un programa así. Sería bastante más difícil encajar todo eso en una retransmisión de un partido desde el minuto uno al noventa. Vi que mi trabajo podía tener mucha salida y él también lo vio. A los tres días de aquella entrevista, estaba trabajando con Ares.

MAÑANA, SEGUNDA PARTE…

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