Alexis Martín-Tamayo ha seguido de principio a fin las carreras de Maradona y Messi y ha elegido entre ambos. También se acuerda de Mágico González. Tras el repaso a sus inicios, Míster Chip conversa en esta segunda parte de la entrevista sobre periodismo, política y deporte.

—Entiendo que cuando lo fichó Javier Ares dejó el trabajo de ingeniero…

—Qué va. Estuve compaginando la radio con mi trabajo de ingeniero en Telefónica cuatro o cinco años más. Llegó un momento en el que no me daba la vida. Tuve que decidirme por uno o por otro. Y dejé el trabajo de ingeniero. Estuve compaginando ambas cosas durante bastantes años.

—¿Quién le apodó Míster Chip?

Ares. El primer día que llegué al programa, me dijo que la mejor manera de vender un producto como el mío era a través de un personaje y no de una persona. La forma de convertir a una persona en un personaje es a través de un apodo. Me puso ése como me pudo poner otro.

—¿Cuánto le debe usted a ese apodo?

—Al apodo no sé, pero a Javier le debo todo. No sólo por el apodo, sino por la oportunidad que me dio, por lo que me apoyó siempre, lo que confió en mí, la paciencia que tuvo conmigo… Yo soy una persona con mucho temperamento y él conmigo ha tenido una paciencia tremenda. Me dio una oportunidad en el momento más difícil de mi carrera profesional: cuando tuve que dejar mi carrera como ingeniero para dedicarme a esto. Él me dio el empujón que yo necesitaba y la confianza, porque para mí ese paso era como un salto al vacío. Me dio lo que yo necesitaba para cambiar de profesión y fue un visionario. Incluso lo vio antes que yo. Me convenció de que el tema de los datos tenía un futuro.

«Estuve trabajando para construir una plantilla de baloncesto en base a unos requisitos estadísticos que yo tenía»

—¿Cuántas veces ha visto la película Moneyball?

—Una. Creo que no se asemeja a mí. Hubo una época, cuando estaba en Badajoz, que montamos un equipo de baloncesto y teníamos unos recursos económicos muy limitados. En aquella época, casi no existía internet; muy poca gente tenía acceso. No existía ninguna página web como hay ahora en internet. En aquel momento, tener un archivo estadístico como el que tenía yo era muy valioso, porque no se podía consultar online. Estuve trabajando durante un tiempo con Martín Fariña, que era el entrenador del equipo, el Círculo Badajoz. El equipo empezó en la segunda división del baloncesto, la actual LEB Oro. Compramos una plaza en esa categoría. Con el dinero gastado, nos quedamos prácticamente sin dinero para fichar jugadores. Entonces teníamos que construir una plantilla de cero, pero prácticamente sin dinero. Estuve trabajando para construir esa plantilla en base a unos requisitos estadísticos y a una serie de jugadores que a él le pasaban los representantes. Pasaban primero por su filtro y luego por el mío. Él me pedía una serie de datos y yo lo buscaba en mi base de datos. Eso sí que se parece bastante a lo que se hizo en Moneyball. No sé si en España ha habido alguien que haya hecho algo parecido a lo que hicimos nosotros en Badajoz.

—¿Qué puesto ocupaba en el equipo?

—No tenía ningún puesto en concreto, ayudaba al entrenador a fichar jugadores. Él era el que tomaba las decisiones, el que ponía el primer y último filtro, pero varios de los filtros intermedios los ponía yo; tenía esa información estadística que él requería y que no encontraba en ningún lado. Los agentes le podían dar información muy interesada, pero necesitaba tener información objetiva para fichar a alguien a bajo coste y saber que le iba a dar un rendimiento. Sería algo parecido a una secretaría técnica, pero no tenía ningún puesto en el equipo. De hecho, yo no cobraba, lo hacía por puro hobby y porque tenía amistad con Martín y le ayudaba en lo que hiciera falta. Al final, aquel equipo, como estaba construido desde cero, se convirtió en mi equipo. Tenía pasión absoluta por aquel equipo. Yo vivía en Madrid e iba todos los fines de semana a Badajoz a ver los partidos. Ese equipo funcionó muy bien, fuimos campeones de liga y estuvimos a punto de ascender. Además, la cosa funcionó bastante bien. Eso sí que es parecido a Moneyball, pero lo que yo hago ahora no.

—Dígame si me equivoco. ¿Badajoz, Real Madrid y Selección son sus equipos? ¿Por ese orden?

—No. El primero es la Selección y el segundo es el Badajoz. No hay más.

—¿Con cuántos equipos de fútbol colabora?

—Ninguno.

«Una estadística en el fútbol sirve, pero lo más importante es lo que tenga el jugador en la cabeza y las piernas»

—Muchos piensas que en el fútbol importa más la intuición que la estadística. ¿Qué cree usted?

—Desde el punto de vista del jugador, sí. Una estadística en el fútbol sirve, pero lo más importante es lo que tenga el jugador en la cabeza y en las piernas. Te puedes apoyar en la estadística para conseguir dar un paso adicional, pero poco más. La estadística está teniendo ahora mucha importancia a la hora de detectar jóvenes valores. Con modelos estadísticos bien elaborados, se pueden ahorrar un trabajo de campo importante. Hay deportes en los que la estadística es muchísimo más relevante que en el fútbol. Como el béisbol o el propio baloncesto. La estadística en el fútbol es más descriptiva que una herramienta para predecir lo que va a suceder. Sirve para describir qué está pasando.

—Ponga un ejemplo en el que la realidad le haya quitado la razón a la estadística.

—Muchos. Me acuerdo cuando España ganó el Mundial tras haber perdido el primer partido. Eso es algo que nunca había sucedido. No es que la realidad le quite la razón a la estadística; la estadística, en ese caso, describe una cosa que era real. En algún momento, todas las rachas se rompen. Afortunadamente, en aquella ocasión se rompió. Ahora, cuando algún equipo gane el Mundial tras perder el primer partido, se podrá decir que ya hubo uno que lo hizo. No es que la realidad desmienta las estadísticas, simplemente las cambia.

—¿El Mundial de Sudáfrica ha sido su momento más feliz en la última década?

—Profesionalmente, en toda la década y en toda mi vida.

América

—¿Cuándo se enamoraron en América de usted? Lo digo porque tiene una legión de seguidores en Hispanoamérica…

—En América supongo que se interesaron por mi trabajo cuando vieron que yo me interesaba por ellos. Al final, el fútbol en América está muy abandonado, digo desde Europa. En el momento en que las principales figuras del fútbol sudamericano vienen muy jóvenes a Europa, las competiciones que se desarrollan allí tienen muy poco brillo. Todas las estrellas sudamericanas, centroamericanas o norteamericanas ya están en Europa desde muy pequeños. Los torneos que se disputan allí cuentan con estos jugadores durante muy poco tiempo. Al final, han ido perdiendo relevancia. El hecho de que haya una persona de habla hispana que, aunque las estrellas estén aquí, se siga preocupando por esos torneos, siga viendo la Libertadores, Copa América, Concacaf… hace que ellos me devuelvan el cariño. Creo que es por eso por lo que ha surgido esa relación tan bonita que tengo con la gente del continente americano. Siempre he seguido el fútbol de América desde pequeño. Desde que me gusta el fútbol, he hecho todo lo posible por estar al tanto de esas competiciones. Llegó un momento en el que tuve que construir la historia del fútbol hacia atrás. Para eso me tuve que documentar mucho. Siempre estuve muy pendiente de lo que sucedía allí. Tengo unos conocimientos históricos bastante amplios de ese fútbol. Ahora continúo con esa afición. Para ellos, supongo que será muy satisfactorio que una persona de Europa, que además habla su mismo idioma, le dedique tantas horas a su fútbol. Esas mismas estadísticas que yo puedo dar de competiciones como la Champions, Liga española, Mundial… también las puedo dar de sus torneos. Ahí es donde surge esa relación.

—¿Cómo hacía para seguir las competiciones de América cuando era joven?

—Cuando empecé a ver fútbol de forma masiva, con 18 o 19 años, me buscaba la vida. A principios de los años 90, en España ni siquiera daban la final de la Libertadores. En ocasiones sí. Ni te cuento ya las rondas anteriores. Miraba periódicos, revistas de otros sitios… En Marca y As encontraba pequeñas reseñas de resultados de América, pero por el desfase horario que hay no era sencillo. Me tenía que buscar la vida. Cuando en TVE les daba por retransmitir un partido de la Libertadores me facilitaban las cosas. Era complicado, tenía mucho mérito y no era muy frecuente.

—Jordi Évole es el único periodista con más seguidores en Twitter que usted. ¿Para cuándo un programa de televisión en solitario?

—Yo no trabajo en ninguna televisión española, pero sí en ESPN, la cadena de deportes con más prestigio y la mejor del mundo. En España no se puede ver, pero llevo trabajando con ellos 10 años y estoy contento. Ahora tengo tanta tarea que no sé si podría hacer un programa. Si me llegara una oportunidad, tendría que pensarme el aparcar otras cosas, pero si aparco esas cosas, mi trabajo no sería tan bonito. Habría que buscar un equilibrio y no es una cosa que ahora mismo me plantee. Ahora tengo cubiertos todos los frentes.

­—¿Son muchos los jugadores que se ponen en contacto con usted para solicitarle información?

—Muchos. Hay muchos que me llaman para pedirme datos de sus carreras, algún récord… Me lo piden para contrastarlo.

—Hábleme de su relación con Twitter. Segurola lo definió como un “bar de borrachos” y usted habla de “odiadores profesionales”.

—No me refiero a Twitter como odiadores profesionales, pero sí digo que hay gente que se dedica a eso. Para mí Twitter no es eso. Si lo fuera, me habría ido. Como hizo Segurola en su momento. No creo que Twitter sea un bar de borrachos. O le pillaría en un mal momento a Segurola o no lo supo entender; o no encajó las críticas; o se lo tomó de una forma demasiado personal. Creo que es una herramienta maravillosa. A mí me ha ayudado muchísimo y yo estoy muy a gusto. En general, en las redes sociales y en especial en Twitter. Es una herramienta esencial para mi trabajo.

—En esta etapa de confinamiento, usted recomienda una película diaria. ¿Cómo le da la vida para todo: cine, fútbol, radio…?

—El cine me gusta mucho. Yo no veo televisión prácticamente. Lo que veo en la televisión son películas y series. Ahora me dices cuál es la programación de Antena 3 y no la sé decir. No tengo ni idea de qué están echando. La tele la enciendo para ver partidos, películas y series.

—¿Cómo es un día en la vida de Míster Chip desde que se levanta hasta que se acuesta? He leído que sus horarios son cambiantes…

—Sí, tengo un horario muy cambiante. Hay días en los que me acuesto a las seis de la mañana y me levanto a las tres de la tarde. Otros días me acuesto a las once de la mañana y me levanto a las cinco de la tarde. Depende de lo que tenga que trabajar esa noche, de cómo esté de cansado, de las ganas que tenga… Me adapto bastante bien a los horarios y soy bastante flexible. Por eso cuando me toca viajar a América, no noto jet-lag ni nada. Mi cuerpo está más que acostumbrado a esos cambios bruscos de horario y mi vida es muy sencilla. Cuando me levanto, desayuno, me ducho y a trabajar. Mi vida es trabajar, trabajar y trabajar. En medio del trabajo, voy haciendo cosas: como, recojo a los niños, estoy con mi mujer viendo una película, voy al cine, quedo con mis amigos para cenar… Mi vida es lo que pasa entre los huecos que tengo entre el trabajo.

—¿Cuánto le queda para hacerse rico?

—Ni lo soy, ni lo pretendo. De hecho, yo no tengo mucho dinero porque el dinero que tengo me lo gasto en mi casa, mi familia, mis amigos… En entretenimiento. Tener dinero porque sí en el banco no es mi filosofía. El dinero que uno gana es para gastárselo. Hay que tener unos ahorros para el futuro y pensar en tus hijos, pero no soy de amasar el dinero porque sí.

Relación con la política

—¿Le tienta la política?

—No me gusta nada. Ni me gusta ni la entiendo. Igual que a mi padre ni le gusta ni entiende el fútbol y esa faceta en mi familia la llevo yo, la faceta de la política la lleva mi padre. Es al que le gusta y el que ha estado metido en temas de política toda su vida. Me costaría nombrarte cuatro o cinco partidos que haya en España. Ahora estoy más enterado porque con esta pandemia hay cosas que me indignan mucho y que investigo, más que nada para estar preparado cuando vengan unas nuevas elecciones. España es un país que ha ido siempre bastante bien independientemente de quién lo haya gobernado. Yo he tenido, y creo que todos los españoles, una buena vida. Tenemos un buen sistema sanitario, educativo… Tengo la sensación de que se vive bien en España. Eso hace que te relajes en ese sentido. Si se vive bien con el centro, la derecha y la izquierda, quiere decir que las cosas van bastante bien.

—¿Eso significa que usted no suele ir a votar?

—No, nunca. No voto. Salvo cuando se presentaba mi padre. A él sí que le votaba.

—¿De qué partido era su padre?

—Mi padre estuvo en la UCD y en el CDS. Mi padre fue Consejero de Cultura en Extremadura y ha estado siempre vinculado a la política. Votaba porque me fio de mi padre. Ahora no voto por un acto de responsabilidad. Una persona que no está al tanto de los programas políticos de cada partido me parece que sería un acto de irresponsabilidad que votara. Lo responsable sería conocer el programa de cada partido y obrar en consecuencia. También es cierto que la mayor parte de las veces esos programas se cumplen a la mitad. Antes que dedicar el tiempo que no tengo para leer una cosa que no van a hacer, opto por no ir a urnas. Todo esto que está pasando ahora me está haciendo recapacitar bastante sobre esa situación, porque estamos viendo lo importante que es la gente que gobierna. España ha ido siempre bien, pero ahora no está yendo tan bien y me genera bastante interés saber por qué razón y quiénes pueden ser los responsables. Me estoy metiendo un poco más en el tema, pero es un asunto que lo tengo bastante apartado.

—Usted que sabe de números, ¿podría decirnos cuándo llegaremos al pico de contagios y muertes por coronavirus?

—Ya me gustaría saberlo. No tengo ni la más remota idea, pero espero que sea muy pronto. Todos los días miro las cifras que da el Ministerio de Sanidad con la esperanza de que el número de contagios y de fallecidos empiece a descender. No sé cuándo será el cambio de tendencia. Creo que ahora los españoles estamos haciendo las cosas bien, casi todos. Estamos actuando con bastante responsabilidad. Llevo 30 días metido en casa y no he salido ni para hacer la compra. También es verdad que me lo puedo permitir. Hay gente que hasta el pasado fin de semana no se lo podía permitir porque tenía que ir a trabajar.

—Al margen de Messi, ¿cuál es el mejor futbolista que ha visto?

—Que yo haya seguido su carrera de principio a fin, Maradona.

«Quizá el mejor pico de Mágico González es mejor que el de Maradona y el de Messi, pero…»

—¿Por qué cree que Messi es mejor que él?

—Para mí el mejor futbolista que he visto es Messi. Puede ser que el mejor Maradona sea superior al mejor Messi, porque sea más genial. Pero comparar a dos jugadores por el mejor pico de uno de cada uno no me parece justo. Quizá el mejor pico de Mágico González es mejor que el de Maradona y el de Messi. Sin embargo, a un jugador no se le puede evaluar por su pico, hay que evaluarlo por su trayectoria. La trayectoria de Messi es muy dilatada y lo suficientemente amplia en el tiempo como para que cualquier otro jugador al que yo haya visto se le quede bastante atrás.

—Una cosa es saber de fútbol y otra es tener buena memoria. ¿Usted está de acuerdo con eso?

—Claro. Pero comparado a cualquier ámbito de la vida. Lo primero que hay que definir es qué es saber de fútbol. Para mí, saber de fútbol son muchas cosas al mismo tiempo: ver un partido y saber qué esta pasando, que es lo más importante, mirar a un equipo y entender por qué hace determinadas cosas, conocer la historia del deporte, saber quién fue el goleador más grande de la liga alemana, saber quién es el lateral derecho de Ghana… Uno no puede conocer este deporte si desconoce por completo todo lo que ocurrió hasta que él nació. A través de la historia, hemos visto cómo han cambiado las tácticas. Toda la evolución se puede entender si la conoces. Y por supuesto que saber de fútbol es saber golpear el balón, que sólo lo pueden hacer los jugadores. No hay nadie que las reúna todas.

—¿Cuántas veces le han acusado de manipular números?

—Permanentemente. Cuando uno pone un tuit en el que un jugador o un equipo no queda muy bien parado, tienes que partir de la base de que el tuit va a recibir una serie de respuestas negativas. Hay que discernir la importancia que tienen esas respuestas. En Twitter, el peso lo lleva la mayoría silenciosa, es decir, la gente que lee el tuit y no siente la necesidad de escribir nada.

—Dígame un ídolo que tenga en el deporte y otro en el periodismo.

—Mis ídolos son mis padres. No tengo ídolos en ningún tipo de faceta. Un periodista que me ha ayudado, y por la referencia que ha sido siempre, es Javier Ares. Sé perfectamente lo que han luchado mis padres por sacarme a mí y a mi hermana adelante. Eso es lo que a mí me realmente me motiva.

—¿Por qué cree que los periodistas deportivos han perdido tanto prestigio en los últimos tiempos?

—Porque el periodismo se ha convertido en quién da más espectáculo, quién dice la tontería más grande, quién pega la voz más alta… Esa parte del periodismo ha adquirido mucha relevancia. Sería lo que yo llamo periodismo/espectáculo. La tenemos por todos lados: en televisión, radio, prensa… Al final es una parte del periodismo más a lo que ha sido el periodismo tradicional. A cierta gente el periodismo que hay ahora nos choca. Ese periodismo nos pone a todos en el mismo saco, cuando realmente hay muchos tipos de periodismo, tantos como posibles audiencias. Es bueno que haya mucho tipo de audiencias y que sea la audiencia quien seleccione el tipo de periodismo que desea consumir. No soy reacio a ningún tipo de periodismo, pero hay uno que me gusta más que otro. Ese es el que intento practicar.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here